18 de enero de 2014

El Greco colapsa Toledo



El Greco colapsa Toledo

El Greco colapsó anoche el Casco Histórico de Toledo con el concierto de las viejas campanas de la ciudad que marcó el inicio de la programación para celebrar este año el IV Centenario de la muerte de Doménikos Theotokópoulos. Muchos compararon las riadas de gente con los mejores años del Corpus Christi, aunque dio la sensación de que la avalancha fue mucho mayor.

En la calle Hombre de Palo el público encontró un tapón de varios cientos de metros que hizo casi imposible llegar a la plaza del Ayuntamiento desde Zocodover. Como alternativa, los espectadores optaron por callejear, siguiendo así las instrucciones del director del concierto, el compositor valenciano Llorenç Barber, que contó con la inestimable colaboración de miembros de la Asociación Musical Manuel de Falla de Illescas, de la Asociación Musical San Martín de la Vega, de la Escuela Municipal de Música de Talavera de la Reina y del Conservatorio Profesional de Música «Jacinto Guerrero» de Toledo. Así se lo contaba una joven a otra mientras paseaban por la calle del Comercio camino de la catedral en medio de una noche fantástica. El pintor cretense tuvo la suerte de que hasta la lluvia respetó la sinfonía coral «Grecos Aires» que tocaron las campanas de varias iglesias.

Atasco de gente y coches
Las calles centrales del Casco no solo se colapsaron de público, la mayoría de fuera de Toledo. También varios vehículos tuvieron que hacer una parada improvisada por los ríos de personas que taponaban las arterías. Incluso la Policía tuvo que abrir paso a algunos conductores que no podían avanzar ante el tumulto, como sucedió en el cruce de las calles Alfonso X El Sabio y Navarro Ledesma. O en la plaza de El Salvador, donde varios turismos tuvieron que detenerse.

Hubo momentos en que el espectador tuvo la sensación de que iba en medio de una procesión, como en la calle Hombre de Palo, ya que el público pedía silencio para escuchar la música. En otros lugares, como la plaza de Valdecaleros o la plaza de San Román, el sonido de las campanas rompían el escrupuloso silencio de los que se apostaban sentados sobre piedras o bancos.

El golpe de los badajos estuvo acompañado de una función pirotécnica secuenciada desde la plaza del Ayuntamiento, los Jardines del Tránsito y el Miradero. Y el momento cumbre llegó, después de cincuenta minutos de sinfonía, con un espectáculo de fuegos artificiales que arrancó el aplauso del público repartido por las principales calles y plazas del casco viejo. El Greco no pudo empezar mejor su efeméride.

Manuel Moreno y Elizabeth Bustos,
ABC, Madrid

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