9 de septiembre de 2012

REFLEXIÓN



...Y le presentaron a un sordo, que, además, 
apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. 
Él, apartándolo de la gente a un lado, 
le metió los dedos en los oídos 
y con la saliva le tocó le lengua: 
Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:
-- Effetá (esto es, "ábrete").
Y al momento se le abrieron los oídos, 
se le soltó la traba de la lengua 
y hablaba sin dificultad...
Mc. 7, 31...

Tócame, Señor,
para que oyendo como Tú quieres,
sepa escuchar con nitidez lo que me dices.
Y si a veces, Señor, vuelvo la cabeza
haz que, de nuevo, con la veleta de la fe
me marques el sentido de mi vida.
Perdóname, Señor,
cuando te escucho y finjo no haberlo hecho;
cuando te escucho, y pienso que no es para mí;
cuando te escucho, y me hago el sordo.

Tócame de nuevo, Señor,
Porque a veces estoy demasiado tocado
por las manos de un mundo caprichoso,
de una sociedad corrompida,
de un ambiente que no me deja oír
lo que me produce paz y alegría sin límites.

¿Me tocarás, Señor? 
 ábreme mis oídos, que te escuche;
mis manos, que me dé;
mis ojos, para que vea;
mis pies, para que camine;
mi conciencia, para que nunca te olvide.

Javier Leoz, betania.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario