14 de septiembre de 2015

HISTORIA Y FAMA DE "LA VENUS DEL ESPEJO" DE VELÁZQUEZ

 
Historia y fama de
La Venus del Espejo,
el  cuadro de Velázquez
Por Will Derusha

Este artículo se centra en un cuadro que revela la manera cómo las obras de arte emergieron de colecciones particulares a la institución del museo, a través de lo cual entraron en el conocimiento público, junto con las ventajas y los peligros concomitantes.

La obra maestra escogida es la Venus del espejo, cuadro de uno de los mejores pintores españoles del siglo XVII, Diego Velázquez.  Antes de 1952, el consenso crítico dio por sentado que Velázquez realizó la Venus entre sus últimas obras, o sea, las que pertenecen a la época de Las Meninas, a partir de 1656.    

Tanto Paolo Veronese  como Peter Paul Rubens retrataron también a Venus vista desde atrás, acompañada de un cupido que sostiene el espejo, pero en los dos cuadros la diosa no está tumbada en un diván, sino que se ha sentado en almohadones.   

Como el único desnudo femenino pintado en el Siglo de Oro español, la Venus es todavía un misterio.  ¿Para qué y para quién la pintó Velázquez?    

Se sabe que en 1677 la obra adornaba el techo de una quinta en las afueras de Madrid, donde acompañaba a otras imágenes desnudas.  En el siglo siguiente Antonio Ponz describe el cuadro como uno de los muchos que observó en el palacio madrileño del duque de Alba, en 1772.  Cuatro años más tarde, el inglés Henry Swinburne también ganó la entrada al palacio e hizo nota de la Venus. Estas dos personas los únicos testigos que han dejado un registro de la pintura en todo el siglo XVIII.

La Venus se quedó con la familia del duque de Alba antes de pasar en 1800 a manos de Manuel Godoy, valido de Carlos IV; un visitante al palacio de Godoy vio la Venus allí, así como la Maja Desnuda de Goya.    Para 1813 había llegado a Inglaterra donde John Morritt -heredero de una gran fortuna-  había comprado la pintura para colgarla cerca del techo  de su mansión.   

En 1857 el hijo de Morritt prestó el cuadro a una exhibición de los «Tesoros artísticos del Reino Unido», celebrada en Manchester. Fue la primera vez que lo veía el público. 

En 1890 la Venus despertó interés y debate en Londres cuando se mostró en la Exposición de Invierno de la Real Academia, después de lo cual la Galería Nacional de Londres puso en marcha una campaña de recaudación de fondos para adquirirla.   

Es más que probable suponer que esta pintura no fue ampliamente conocida ni vista en la España católica. En los siglos XVII y XVIII el único arte público, por lo menos en España, pertenece a las iglesias.

Los museos de arte transformaron para siempre esta situación. Antes de la viabilidad económica de reproducciones fotográficas, los museos ofrecían al público virtualmente la única ocasión para ver el arte, junto con la supuesta influencia elevadora de éste. 

Aludiendo a la Galería Nacional en 1857, el Parlamento declaró que «la existencia de las imágenes no es el objetivo final de la colección, sino solamente el medio para dar a la gente un disfrute que la ennoblece».    En lugar de corromper la moral del público, corrupción que temían tanto la Iglesia como la aristocracia del Siglo de Oro, el gobierno ahora creía que el arte no podía sino mejorarla.

Sin embargo, el arte no le ennoblecía los valores morales a toda la gente, al menos respecto a la Venus del Espejo.  Un martes, 10 de marzo de 1914, una sufragista canadiense llamada Mary Richardson trajo un hacha escondida a la Galería Nacional.  Era seguidora de Emmeline Pankhurst, fundadora del movimiento inglés que estaba en la cárcel por haber instigado un tumulto público.  Como Richardson escribiría años más tarde:

«Me hacía falta hacer un paralelismo entre la indiferencia del público ante la destrucción lenta de la señora Pankhurst y la destrucción de algún objeto extremamente costoso. Una pintura me vino a la mente.  Sí, sí, la Venus que Velázquez había pintado, expuesta en la Galería Nacional.  Era muy apreciada por su valor en dinero.  Si pudiera dañarla, concluí, podría establecer el paralelo».

Sin embargo, un editorial de la época publicado en el Imparcial de Madrid, atribuyó a la navajera un móvil menos altruista, alegando que «María Richardson es flaca, pequeña, y tiene un rostro feísimo.  Esto explica, de cierto modo, su odio por Venus».

El primer golpe hizo añicos el cristal que protegía—sin éxito— la tela.  Debido a que los obreros arreglaban un tragaluz de la galería, el guarda miró hacia arriba, lo que permitió a Richardson seguir hachando.  Ella declaron que fueron cuatro golpes en total, aunque seis pudieron ser fotografiados.  Un par de turistas alemanes acabaron con el vandalismo, golpeándola con los folletos de la exposición que llevaban en sus manos.    

El ataque apareció en primera plana de todos los periódicos, muchas de ellas con reproducciones de la pintura, lo que contribuiyó considerablemente a su fama. 

Algo semejante pasó con el hurto de La Gioconda o Mona Lisa en 1911.  Las nuevas técnicas para reproducir imágenes junto con innovaciones en la distribución masiva de publicaciones, hicieron a La Gioconda” mundialmente famosa, cuando los periódicos dieron a conocer el cuadro del Museo del Louvre a la vez que entretuvieron a los lectores con detalles y teorías del misterio de su desaparición.  De esta forma La Gioconda llegó a ser la pintura más famosa del mundo en múltiples sondeos del siglo XX.  

Por consiguiente, queda probado que el museo resulta un arma de doble filo: colecciona y conserva —arreglando cuando sea necesario— las obras de arte con el propósito de exhibirlas al público y, al mismo tiempo, las expone a riesgos ocultos, tales como el vandalismo y el hurto.

Los ataques a la Venus del Espejo continúan, al menos verbalmente.  La feminista Barbara Hardy, por ejemplo, escribe que el cuadro no es sino una forma de «alta pornografía» que celebra el «sexo corrupto».  Claro que tal afirmación ideológica es insostenible.   

Editado de un artículo de la revista La Alcazaba.
 
** "La Venus del Espejo", convenientemente restaurada, continúa exhibiéndiose en la Galería Nacional de Arte de Londres.

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