9 de febrero de 2016

Final del carnaval: el entierro de la sardina


El Entierro de la Sardina, Francisco de Goya
 
Final del carnaval:
El entierro de la sardina

Estos días de Carnaval en muchas localidades de España y hasta de la América hispana asistimos al popular ENTIERRO DE LA SARDINA, una fiesta pagana cuyos orígenes se remontan nada menos que al siglo XVIII, cuando al rey Carlos III se le ocurrió organizar una fiesta un Miércoles de Ceniza con el propósito de que el pueblo cumpliera con el deber de no comer carne durante la Cuaresma.

A la fiesta mandó llevar sardinas, pero el día fue tan caluroso que todo el producto se perdió, hasta tal punto que no pudieron degustarse por el olor que desprendían. Inmediatamente el rey ordenó enterrarlas en la Casa de Campo. Este hecho, lejos de aguar la fiesta, la animó de tal modo que desde entonces, año tras año, se celebra esta curiosa procesión.

A partir del Miércoles de Ceniza, según la tradición cristiana, se inicia la cuaresma (los cuarenta días de ayuno anteriores a la Pascua), sustituyendo el consumo de carne roja por pescado y marisco. Pocos años después del fallecimiento de Carlos III, Nicolás Appert descubriría el sistema de conservación de los alimentos. El rey no hubiera tenido el problema con la sardina, pero nos hubiéramos perdido una jubilosa celebración.

Hay también otras explicaciones sobre esta festiva costumbre que precede al inicio de la cuaresma.  

El historiador Gómez Salazar plantea una explicación que tiene mas que ver con lo político que con lo religioso. Parece que Grimaldi, el último de los ministros de Carlos III, apodado como “la sardina” por su delgadez y su atildada figura luciendo tisú de plata, cuando abandonó España fue despedido por el pueblo de Madrid con una mascarada en la que el citado hombre llevaba una sardina.

Otra versión sobre el origen  nos explica que la costumbre de enterrar la sardina nació hace tres siglos en Madrid durante las fiestas que se celebraban para anteceder a la Cuaresma. Tal día como hoy se reunía la gente en el campo y lo que se enterraba, en efecto y como reclama la lógica, no era un pez, sino un cerdo abierto en canal al que se llamaba “cerdina“. La tradición se fue extendiendo por otros pueblos y ciudades del país, en forma oral y, confundiendo los términos, la “cerdina” acabó en sardina, y así, por la vía de la confusión lingüística, la sardina se ha convertido, sin lugar a dudas, en la protagonista del final de las fiestas de carnaval.

Cualquiera que fuese el origen, lo cierto es que esta tradición echó raíces. En 1839, Mesonero Romanos describe la fiesta y a las personas que la celebran con todo tipo de detalles, desde el pelele que previamente había estado expuesto ante la vista de todo el barrio hasta los coros que acompañaban y seguían a la extraña procesión.  

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