7 de marzo de 2010


Anoche fui a mi pueblo

Lolita Lafuente

Anoche fui a mi pueblo.
Nadie me conocía
allí en el propio suelo
de aquella ciudad mía.
Yo lo miraba todo
con pena que dolía...
Y sentí que mis ojos
el llanto humedecía...
Aquello era mi pueblo
el pueblo en que naciera.
El pueblo en que mis padres
forjaron mil quimeras;
en el que alegremente
mi juventud viviera...
Esas calles oscuras,
silentes y vacías,
¿son aquellas que entonces
feliz yo recorría?

¿Acaso ésta es Maceo,
la Calle del Comercio?
¿Y cómo es que no veo
el popular Ten Cent?
La Principal no encuentro...
¿Es que cerró también?
Y la Casa Mendía...
¿Dónde está el Gran Hotel,
la Librería Rodríguez,
El Gallo, La Sirena,
y la peletería
de aquella gente Mena
que eran Jorge y Emilio?
¿Y la ferretería
tan popular de Antón?
El Globo, La Violeta...
tampoco está Casildo,
no está La Creación,
ni El Encanto tampoco
con su gran distinción...
Pensé que aquella calle
pudiera estar cambiada;
pero que otros lugares
que en tiempo de mi infancia
me fueron familiares
tendrían que estar iguales.

Seguí pues caminando:
Llegué a La Soledad.
Busqué La Norma en vano
porque no la encontré;
lo mismo que fue en vano
buscar a Sabatés...
Volvime bruscamente
y por Estrada Palma
no vi a Valdés Jiménez.
¡Lavernia ya no estaba!
No estaba el Bar correo
ni había el Bar Miranda...
Sentí que todo aquello
me hacía mucho daño,
porque mi propio pueblo
me resultaba extraño.

Y quise refugiarme
de aquella pesadilla
y corrí a albergarme
donde fui una chiquilla.
Calle General Gómez...
Buscando mi palacio,
mi hogar, Quinta Simoni,
caminé sin descanso...
Allí llegué anhelante.
Pero otro cuadro triste
de nuevo me esperaba,
otro cuadro muy triste...
No estaban ya los arcos
de aquel portal querido;
no estaba la baranda
de hierro enmohecido...
De aquella mi casona
de historia agramontina,
¿sólo quedaba ahora
sus muros hechos ruina!

Y tomando en mis manos
un puñado de tierra,
con los ojos nublados
mirando aquellas piedras,
¡maldije el comunismo
que a mi pueblo adorado
sepultó en el abismo!
Y en mi puño cerrado
sentí que la tibieza
de mi tierra llamaba...
Desperté. Y con tristeza
¡descubrí que lloraba!


Lolita Lafuente Salvador, poetisa y escritora camagüeyana, fallecida en Miami el 24 de junio de 2004. Sus padres fueron Medardo Lafuente y Lola Salvador, educadores y poetas. Su niñez transcurrió en la Quinta Simoni, colonial casona llena de historia. Versificadora fácil, los principales temas de sus poesías son el amor y la añoranza de su ciudad natal,

Foto: Google
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2 comentarios:

  1. Que acertada has estado Lolita en publicar esta emotiva poesía de la inolvidable Lolita Lafuente Salvador.¡Cuánto exrañamos su presencia y talento!
    Que época aquella en la que podíamos saborear cada nueva poesía, cada sabio comentario de esta excepcional mujer.
    Maggie

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  2. Verdad, Maggie, ¡qué época aquella en la que pudimos disfrutar de esas poesías de Lolita Lafuente participando en un ambiente de plena confraternidad cibernética! Pero en fin, aquellos fueron otros tiempos. Lolita ya no está y la confraternidad se fue diluyendo hasta desaparecer. Nos quedan sus poemas para seguirnos contagiando de nostalgia y de su inmenso amor al terruño y a la patria.
    Lola

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