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9 de julio de 2011

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ASESINADO EN GUATEMALA
EL CANTAUTOR ARGENTINO
FACUNDO CABRAL

EP / Buenos Aires

El cantautor argentino Facundo Cabral ha muerto asesinado en la madrugada de este sábado cuando se dirigía en un vehículo al aeropuerto de la Ciudad de Guatemala para abandonar el país tras una gira de varios conciertos.

El coche de Cabral fue ametrallado por un grupo de individuos que lo asaltaron sobre las 5.20 horas (13.20 hora peninsular española) en el bulevar Liberación, en el centro de la capital guatemalteca. Cabral viajaba junto a su representante, David Llanos, y con Henry Fariña, procedentes del hotel Tikal Futura, donde estaba hospedado el cantautor.

El conductor de uno de los vehículos que acompañaban al de Cabral dijo que el ataque fue perpetrado por hombres que se desplazaban en dos vehículos. Los guardaespaldas de Cabral intentaron evitar el asesinato, pero no lo lograron impedir.

Esta mañana la Policía guatemalteca ha localizado una camioneta con impactos de bala en su chasis y varios chalecos antibalas y casquillos en su interior.

"Es triste que este hombre que le cantaba al amor, a la paz y a la alegría haya perdido la vida por unos bastardos en Guatemala", ha declarado el portavoz de la Presidencia guatemalteca, Ronaldo Robles, quien aseguró que se ha puesto en marcha una investigación y que esperan capturar a los responsables del crimen.

Robles ha explicado que el presidente, Álvaro Colom, "está consternado por este hecho cobarde", y aseguró que tres equipos especializados de investigadores han sido asignados para trabajar en este caso.

Mientras, en Argentina, los principales medios de comunicación se hacen eco de la noticia del asesinato de Cabral, de 74 años, y sostienen citando fuentes del Gobierno guatemalteco que se trata de "un atentado planificado". El propio presidente Alvaro Colom se lo habría comunicado a la presidenta Cristina Fernández, según la noticia DyN.

25 de junio de 2011

EL TEATRO CAMPOAMOR DE LA HABANA



Lo que queda del teatro
 Campoamor de La Habana


La siguiente crónica titulada Teatro Campoamor,
de Miguel Barnet, fue publicada en el libro Arquitectura cubana.
Metamorfosis, pensamiento y crítica (textos de varios autores).

En mi trono de la adolescencia vi desfilar por el teatro Campoamor a las cupletistas andaluzas engordadas con jamón de Jabugo y panes de ajo, a los tenores desafinados que cantaban Granada o Júrame con sacos de tres botones y pelos envaselinados, a las coloraturas que aullando hasta rajar el tímpano se empinaban para alcanzar el agudo de Soledad de Rodrigo Prats, al viejo Bringuier y Alicia Rico improvisando morcillas salidas del ingenio criollo para salvar aquellos sketches borrosos escritos por chupatintas que quedaron para siempre en el olvido. Al mago Mandrake con sus pantalones anchos y sus dientes de oro coruscantes y fríos. El mago Mandrake que un día desapareció para siempre en una calle de La Habana que hoy llamamos centro. La populosa calle Industria y el café de enfrente del teatro, donde mis tíos paternos se daban cita con las artistas argentinas llegadas en compañías de tango que se despedazaban a causa de repentinos amoríos tropicales.

En el Campoamor vi por primera vez a Rita Montaner cuando le espetaba un insulto irrepetible, acompañado de sendas bofetadas en pleno rostro, a un desconocido. Vi películas como Friné, la cortesana, y Nobleza baturra, de Imperio Argentina. ¡Échale guindas al pavo!, ¡Y oí a Lola Flores taconeando en el escenario, ¡Que viva el Campoamor¡

Pero ya en esos años que vagamente vienen a mi memoria el Campoamor no era ni la sombra de lo que había sido; un teatro tipo vienés, de herradura, para voces pequeñas y gastadas, para zarzuelas y operetas, engalardonado con orla doradas y lámparas de rococó donde lo más granado de La Habana se daba cita y las “chusmas diligentes” se apelotonaban en el gallinero para cazar un gallo, chiflar o tirar un huevo a un cantante a quien esa noche se le habían unido el cielo y la tierra.

El teatro Campoamor abrazó su cenit con las veladas afrocubanas organizadas por Fernando Ortiz y la Hispanocubana de Cultura, donde el antropólogo cubano llevó al escenario por primera vez los tambores batá de Pablo Roche en 1936. Ese mismo año Ortiz auspició por la Hispanocubana el Festival de Poesía que dirigió Juan Ramón Jiménez. Voces jóvenes se escucharon allí: Lezama, Cintio y Fina estuvieron presentes. Juan Ramón, pese a su carácter venático, le insufló mucho aliento a la poesía cubana. “¡Que exquisito bocado esta isla, y qué peligroso!”, exclamó el poeta andaluz en La Habana.

Figuras como Eusebia Cosme y Berta Singermann ilustraron lo más cálido y profundo y también lo más epidérmico y pintoresco de la poesía negra en boga, tantas y tantas cosas… Hoy las cáscaras del Campoamor son lo único que queda de aquel teatro donde con pantalones bombachos celebré mis nueve años de edad. Un lamentable tren de bicicletas y un nido de ratas se exhiben en aquella esquina de glorias remotas.

¡Teatro Campoamor, no dejes que lo que queda de ti caiga estrepitosamente al suelo! ¡Yérguete como lo que fuiste, un coloso de la comedia y el vodevil, de la zarzuela y la opereta, del vernáculo y de las ensaladillas humorísticas! ¡Que como en el pasaje de Elías del Antiguo Testamento surjas de tus huesos hoy secos, y de tus cenizas! Amén.

13 de febrero de 2011

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PEDRITO RICO

Lola, mañana es el día de San Valentín y si bien mi recuerdo hacia la persona de Pedrito Rico es permanente en estas fechas especiales siento y me duele más su ausencia, Por ello quisiera recordarlo a través de una poesía que titulé La campana del ángel(inspirada en su canción "Oye mi campana" y dice así:

Ayer tarde descubrí
en mi corazón la campana
que me hacía sonreir
pese a las penas del alma.
Busqué en vano entre las rosas
su alegre campanilleo,
en el arte celestial
y en el ruiseñor y su gorjeo.
Mas, en ningún rincón hallé
ese tañer de campana
que lograba diluir
las tristeza que guardaba.
Fue allí que vislumbré
tu imagen clara en el agua
y entonces vi tus manos
agitando la campana
y comprobé que eras tú
quien mis heridas sanaba.

Muchas gracias y un beso de

Marta Améndola 

9 de enero de 2010



El inolvidable Tres Patines

Leopoldo Fernández interpretó durante varias décadas el popular personaje de Tres Patines en el programa radial La Tremenda Corte, que todavía hoy se difunde en muchas emisoras de América Latina y en alguna emisora de Miami y se distribuye en video y DVD, gracias al nuevo formato digitalizado.

Fernández nació en Jagüey Grande, Cuba, el 26 de Diciembre de 1904. Cuando era todavía un niño debió abandonar sus estudios y ponerse a trabajar como repartidor de pan para ayudar a la economía familiar.

Su afán de superación lo llevó a hacerse telegrafista, oficio que luego cambió por el de tabaquero en la pequeña ciudad de Güines, al sur de La Habana. En esa industria fue parte de toda una tradición: se convirtió en lector de tabaquería, trabajo que tiene la responsabilidad de leer periódicos, revistas y libros a los tabaqueros mientras éstos trabajan.

En 1926 regresó a Jagüey Grande y formó una compañía teatral con unos amigos. El regreso a su ciudad natal coincidió con el paso por ella de la compañía mexicana de teatro de Blanquita Gómez, que lo contrató para que se incorporara a la gira del espectáculo por toda Cuba.

Regresó a Jagüey Grande tras la gira y retomó su compañía. Viajó a La Habana y conoció a otros actores que eran grandes figuras del teatro vernáculo cubano, como Candita Quintana, Federico Piñero, Alberto Garrido y Mimí Cal (la Nananina de La Tremenda Corte), que seria su compañera de vida por espacio de 16 años.

Comenzó el éxito de Leopoldo Fernández, y viajó a Puerto Rico, Colombia, República Dominicana y Venezuela, país en el que tuvo una gran acogida y trabajó durante siete años. Volvió a Cuba en 1939 y conoció a Castor Vispo, escritor, y a Mario Barral, productor.

En esa época filmó varias películas junto a su amigo de siempre Anibal de Mar, como Hotel de Muchachas, Olé Cuba, y tantas más que con el paso del tiempo se han perdido en el olvido.

En 1941, la emisora radial RHC Cadena Azul inauguró La Tremenda Corte, con un éxito que aún no ha cesado en América Latina. Sin embargo, su nombre ha sido borrado del panorama artístico de la Cuba de Fidel Castro, y el programa fue eliminado de las radioemisoras cubanas hace más de 40 años, aunque en estos momentos, se produce en la televisión de Cuba, una parodia llamada Jura decir la verdad, con buenas intenciones, pero actuación mediocre.

Fernández también era conocido por el personaje de Pototo, que igualmente interpretaba de manera magistral dentro de los cánones del teatro tradicional cubano, personaje que diera inicio a un show de televisión en el año 1955, El Show de Pototo y Filomeno.

Cuando ya era un hombre famoso, llegó el proceso revolucionario de Castro en 1959, un desastre para muchos artistas de su tipo, que acostumbraban a criticar a los políticos a través de su arte, con humor y picardía. Muy pronto salió de Cuba y se estableció en Miami.

La llegada a Miami, junto a tantos artistas cubanos, fue crítica, debido a muchos factores de la época, como el idioma y la falta de teatros en español, y los artistas cubanos tuvieron que realizar diferentes trabajos que no tenían nada que ver con su arte.

Ya en Miami, se incorporó a los teatros que iban surgiendo junto a otros artistas cubanos, llegando hasta realizar una película en colores, Tres Patines en Acción, dirigida por Manny San Fernando y filmada en Puerto Rico y Miami.

Jamás dijo una mala palabra en televisión o radio y su humor hoy en día no pasa de moda, demostrando que para hacer reír no hace falta ser grosero. ¡Qué cosa más grande la vida!

Leopoldo Fernández murió en Miami el 11 de noviembre de 1985. Hasta él, nuestro más sincero y humilde homenaje, donde quiera que esté y que sepa que por lo menos muchos cubanos te recuerdan con cariño.
Dios te bendiga, Tres Patines, Pototo, Agente 3K3, Leopoldo Fernández. El más grande cómico de Cuba de todos los tiempos.

Waldo Fernandez / Marakka 2000
Reproducido de http://cubahumor.blogspot.com
Foto: Google
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8 de enero de 2010



La Bella Otero,
la bailarina española
de los versos de Martí

Ana Dolores García

Aunque José Martí no nos diera el nombre de aquella bailarina, inspiración que fuera de unos de sus más conocidos versos sencillos, se da por descontado que se refería a «La Bella Otero», a quien tuvo oportunidad de admirar en una de sus actuaciones en Nueva York en 1890.

Contrario a lo que muchos creen y a lo que ella misma pregonara, la bella Otero no era andaluza ni gitana aunque bailara flamenco y por bulerías. Había nacido en Galicia, en un pequeño pueblo de la provincia de Pontevedra, Ponte de Valga, el 4 de noviembre de 1868, hija de madre soltera. Su verdadero nombre era Agustina Otero Iglesias. El Agustina lo cambió por Carolina cuando huyó de casa y del pueblo, harta de estrecheces y maltratos, y víctima de una agresión sexual con tan sólo diez años.

Deambulando sin rumbo y sin amparo llegó hasta el vecino Portugal y allí se enroló en una compañía de titiriteros de poca monta, con la que recorrió pueblos y aldeas. Fue adquiriendo «mundo» y malas artes para sobrevivir, que la llevaron hasta Barcelona con apenas veinte años y una ya larga experiencia en el mercado del amor. Allí conoció a un banquero que la convenció para ir a Francia y la lanzó como bailarina.

Bella, inteligente y calculadora, pronto comenzó a hacerse conocida por si misma en toda Francia con sus bailes andaluces. Llegó a ser uno de los personajes más populares de la belle époque y, a pesar de no ser bailarina profesional, gracias a su sensualidad y gracejo pudo contarse entre las primeras bailarinas españolas que alcanzara fama internacional en toda Europa y en América, con presentaciones en Nueva York, Argentina y Cuba.

En París fue figura principal del Folies Bergère, y también en el Cirque d' Été durante los mejores años de los espectáculos presentados en ese recinto parisino. A la par de sus triunfos y recorridos artísticos, supo vender a más alto precio sus caricias. Entre sus amantes se contaron soberanos y personajes de la política y la alta burguesía: Guillermo II de Alemania, el Rey Leopoldo de Bélgica, el Zar Nicolás II de Rusia, y los Reyes Alfonso XIII de España y Eduardo VII de Inglaterra.

Con tal carrera artística y amorosa logró una gran fortuna que, sin embargo, perdió fácilmente arrastrada por su adicción al juego. El Casino de Montercarlo fue su principal beneficiario. Tanto, que vencida por la vejez y la pobreza, el Principado de Mónaco le otorgó una pequeña pensión con la que pudo vivir el resto de sus días en Niza, en la Costa Azul francesa. Allí murió en 1965, alcanzando casi el centenario, sola y sin un céntimo, como cuando escapó de su Ponte de Valga natal.

Ana Dolores García
Ilustraciones: Google


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9 de diciembre de 2009

Eusebia Cosme,
la voz de ébano en el recuerdo

Lucas Garve

Hay una mujer negra, artista refinada, que traspasó con su arte la frontera de su patria. Conocida como la Voz de Ébano, realizó una carrera plena de éxitos trascendentes hasta poco antes de fallecer en Miami, Florida, en la década de los 70.

Eusebia Adriana Cosme Almanza vio la luz en Santiago de Cuba en 1911. Fue hija única de Leocadia Almanza y de Germán Cosme y quedó huérfana temprana edad. Pero el destino de una estrella es determinante, y una familia santiaguera bien acomodada la recogió y se ocupó de darle una educación a la altura de la época.

Eusebia se fue a vivir a La Habana aún joven, y pudo concluir sus estudios de música y piano, declamación y locución en el Conservatorio Municipal de Arte de La Habana. En 1930, en pleno auge de la poesía vanguardista, la poesía de tema negro se impone y Eusebia Cosme debuta con éxito de público en el legendario teatro Payret, presentada por González Marín.

Prosigue su carrera en la radio, el teatro, y siendo ya una figura conocida, se abren para ella las puertas de la cultura, el Lyceum de La Habana, por ejemplo, donde recibe su consagración como declamadora de poesía de tema negro. Más tarde, en el teatro Principal de la Comedia, obtiene su triunfo en la escena, y desde ese momento su fama crece. Eusebia estuvo presente con su arte de la declamación en todos los escenarios de más prestigio en Cuba.

Ella recorre, de cierto modo, el camino abierto en Cuba por Berta Singermann, pero su preferencia son los poemas de tema negro de Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, Félix B. Caignet, de Luís Palés Matos (Puerto Rico), de Andrés Eloy Blanco (Venezuela) y de los prominentes poetas estadounidenses Langston Hughes y Paul Laurence Dunbar, los que apuntalan el éxito de su arte declamatorio.

A partir de 1937, Eusebia Cosme, ya reconocida en la escena cubana, se lanzó a una gira internacional, despegue de una carrera de relieve brillante. En consecuencia, recorrió las capitales de Latinoamérica, Europa y los Estados Unidos para afirmar su triunfo.

En 1940, la artista se radicó en Nueva York. Trabajó en la CBS donde fundó el programa radial El Show de Eusebia Cosme. Pero no olvidó su tierra natal, ni a sus compatriotas, y ayuda a los cubanos artistas que llegaban a Norteamérica. Regresó a La Habana ese mismo año y obtuvo de nuevo, con su voz, múltiples conquistas al ofrecer recitales de poesía al público más exigente de la capital, en el Teatro Auditórium de la Sociedad Pro Arte Musical, y en el Principal de la Comedia.

Consolidada su carrera de declamadora en los años 50, hace radio y televisión e ingresa en 1955 en una compañía de teatro mexicana, para una segunda etapa de su carrera artística internacional que la lanzó al cine mejicano y estadounidense.

Los años 60 fueron sus años de tránsito en el cine, medio donde se destacó en los papeles de la Sra. Ortiz, en el filme El prestamista, de Sidney Lumet (1964); en 1966 interpretó el papel de Mamá Dolores en la película basada en la radio novela El derecho de nacer, de Félix B. Caignet. Papel que le ganó aún mayores reconocimientos.

En Cuba, hoy, es una desconocida. Siendo ella quien marcó el camino del arte declamatorio, junto al maestro Luis Carbonell, quien la conoció en Nueva York en 1946. Nadie habla de ella en su patria. Sin embargo, la mayoría de sus éxitos los debió a la proyección artística de los males de la época, como la discriminación racial y la desigualdad social.

Fuente: CubaNet
Foto: Google,
Eusebia Cosme en el film «Flores Blancas para mi hermana negra» que protagonizara con Libertad Lamarque

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17 de septiembre de 2009


Belisario López y su Charanga

Ana Dolores García

Fueron más de treinta años durante los cuales nuestra juventud del siglo XX bailó al compás del ritmo de la charanga y la flauta de Belisario López. Amenizó bailes y fiestas desde su fundación en 1928 hasta los comienzos de la década de los 60, en que abandonó Cuba al arribo del comunismo castrista.

Belisario López había nacido en Cárdenas el 7 de octubre de 1903. Las primeras notas musicales las aprendió de su propia madre. Más tarde la familia se trasladó a La Habana y allí, a la par que continuaba profundizando su afición y conocimiento musical, completó la carrera de Leyes en La Universidad de La Habana. Luego ejercería las dos profesiones: flautista brillante y abogado exitoso.

Comenzó su quehacer musical profesional tocando la flauta con la orquesta de Neno González, y bien pronto creo su propia orquesta o «charanga»

«Charanga» es un término que tiene varias acepciones. El diccionario de la RAE lo define como «banda de música formada por instrumentos de viento y percusión, generalmente de carácter jocoso. En España se usa para designar a grupos que tocan su música por las calles animando fiestas y celebraciones populares. En Cuba el significado es algo diferente y se aviene muy bien con la definición dada por la Academia de la Lengua.

Su origen cubano no provino precisamente de España, sino de la denominada charanga francesa. Ésta era un conjunto de música de cámara compuesto por instrumentos de cuerdas y flauta, que durante el siglo XVIII interpretaba en Francia mayormente danzas y contradanzas. Su existencia se extendió hasta las colonias francesas en América, y cuando la rebelión haitiana en la parte occidental de la Isla La Española, llegó a Cuba a comienzos del siglo XIX junto con los franceses que escapaban y los esclavos que traían con ellos. En Cuba se le fueron incorporando instrumentos de percusión, y ya a comienzos del siglo XX se hicieron muy populares interpretando un nuevo género: el danzón.


De entonces a acá las charangas cubanas se han multiplicado y aunque el danzón ha ido quedando en el olvido, las charangas subsistieron y subsisten con los sucesivos ritmos del son, chachachá y salsa.

Según Israel Sánchez–Coll en un extenso y documentado trabajo sobre Belisario López, su orquesta amenizó durante 17 años consecutivos las populares verbenas bailables que se celebraban en los Jardines de La Tropical, en Marianao, y estableció el record de haber amenizado 325 fiestas bailables en un solo año. En la Sociedad La Esperanza, en Bacuranao, fue durante veinte años la orquesta que tocaba en las fiestas de fin de año.

Además de todas estas actuaciones que se extendían por sociedades y centros nocturnos del interior de la Isla, Belisario López y su orquesta grabaron numerosos «elepés» y «singles» para la RCA Víctor. Se hicieron populares en toda Cuba a través de sus actuaciones radiales, comenzadas en la década de los años 30 en la radioemisora «El Progreso Cubano», devenida posteriormente en «Radio Progreso». También la orquesta era habitual en programas musicales de la CMQ y la RHC Cadena Azul, las dos emisoras más importantes de nuestra radiodifusión. Luego, al advenimiento de la televisión comenzaron sus presentaciones en el canal 6 de la CMQ.

En 1960 Belisario López emigró a Nueva York. Allí reconstruyó una orquesta y se presentó en los más exclusivos escenarios y salones, desde el Paladium y el Waldorf Astoria hasta el Carnegie Hall. Allí siguió grabando discos, y allí murió el 19 de noviembre de 1969. Le sobrevivieron su esposa, América López, y un único hijo, Otto López.

Para Israel Sánchez-Coll, Belisario López fue uno de los «tres grandes» del danzón puro cubano junto con Cheo Belén Puig y Antonio María Romeu.

Ana Dolores García

Para ampliar sobre la vida y obra de Belisario López:

http://www.comoenla.com/nostalgias/Texto/06%20Belisario.htm

Para escuchar «El pregón de la Montaña» por la Orquesta de Belisario López:

http://www.youtube.com/watch?v=ZoHneUHrG5s

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10 de septiembre de 2009


Recordando a Osvaldo Farrés

Armando López

No se puede hablar del bolero sin Osvaldo Farrés. Nuestros padres se amaron con sus poemas cantados; nosotros nos enternecemos con sus sencillas melodías. Quizás, quizás quizás, Toda una vida, Tres Palabras y Acércate más, han hecho amarse al mundo, en las voces de Nat King Cole, Doris Day, Bing Crosby, Johnny Mathis, Maurice Chevalier, Plácido Domingo, Edith Piaff, Katina Ranieri, Pedro Vargas, Toña La Negra, Lucho Gatica, Olga Guillot, Sara Montiel…

Y lo insólito es que, medio siglo después, esas canciones se siguen cantando en todo el mundo. Lo demuestran los reportes de derechos de autor de la SACEM (Asociación de Autores y Compositores y Editores de Música) y las interpretaciones de Luis Miguel, Paloma San Basilio, Enrique Iglesias, por sólo mencionar algunos reincidentes de estos inmortales boleros.

La banda sonora del filme de Almodóvar La Mala Educación lo reafirma. Farrés sigue de moda.

Y no griten los cultos de conservatorio (y los envidiosos del talento ajeno), si afirmo que uno de los compositores más interpretados de Cuba (más de 300 canciones) no sabía escribir música, ni tocaba ningún instrumento, que fue un muchacho de poca escuela, del pueblito de Quemado de Güines, a quien su maestra de tercer grado le reprochó: "tú no naciste para el campo". Y corrió a La Habana, con una maleta de madera repleta de sueños, a ganarse la vida a cómo podía: de mensajero en bicicleta, de pone muelles en colchonerías, decorador de vidrieras de El Encanto, y hasta como pintor de paisajes.


«Porque todos esos óleos de guaracheras y cubanas palmas que asoman en las paredes de mi casa en Nueva Jersey —aclara Fina del Peso, novia, esposa y musa inspiradora del compositor— los pintó Farrés sin recibir una sola clase de pintura»
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¿Un artista total? ¿Un genio del Renacimiento?, pregunto a su fiel enamorada. «Un simple hombre, -responde-, pero tocado por Dios».

Los recuerdos de Fina
«Conocí a Osvaldo cuando yo acompañaba a mi hermana, la actriz Asunción del Peso, hasta la CMQ de Monte y Prado -el rostro de Fina se ilumina-. Por entonces, era el jefe de Publicidad de la cerveza Polar, y yo casi una niña. Ya había compuesto su popular guajira Mis cinco hijos (Pedro, Pablo, Chucho, Jacinto y José), tan popular en la voz de Miguelito Valdés, cuando nos volvimos a encontrar. Yo había terminado el Instituto, Farrés se me acercó y me dijo con picardía: “Señorita, ¿esas piernas las pidió prestadas o son suyas?”.

Como en La Habana los piropos vuelan, mi papá puso el grito en el cielo: Farrés era un hombre mucho mayor que yo, y estaba divorciado (pecado mortal para la época). Me enviaron a Santa Clara, con mi tía, pero de nada valió. Hasta allá Farrés me mandó a decir que escuchara La Hora Polar, donde Pedro Vargas estrenaría la canción que él había escrito para mí. Cuando El Tenor de las Américas cantó: “Toda una vida, me estaría contigo, no me importa en qué forma ni dónde, ni cómo, pero junto a ti…”, sabía que ya amaba a aquel hombre que me llevaba 30 años, y para siempre.

Cuando en 1946 Farrés lanzó El Bar Melódico, en Radio Cadena Azul, me pidió que fuera la coordinadora del programa. Pronto pasamos a CMBF TV y de ahí a CMQ Televisión en horario estelar, los miércoles a las nueve de la noche. Osvaldo, con su desenfado campesino, entrevistaba a los artistas, contaba anécdotas de la farándula, pero a veces me llamaba frente a las cámaras, y hasta me ponía a cantar (Fina había ganado interpretando boleros en La Corte Suprema del Arte ).

Trece años permaneció El Bar Melódico en los primeros lugares de popularidad. La Habana era plataforma de lanzamiento artístico. Para triunfar en América, había que conquistar La Habana. Por El Bar Melódico pasaban todas las estrellas que nos visitaban, desde Josephine Baker hasta Nat King Cole, Maurice Chevalier y Sarita Montiel. Y hacíamos cultura.

Una vez al mes, celebrábamos La Sala de Conciertos, con las grandes figuras líricas: Manolo Álvarez Mera, y hasta la orquesta de Paul Tsonka, con 101 músicos. En Nochebuena, celebrábamos La Cena de las Estrellas, cubanísima, con puerco asado, y fricasé de guanajo (pavo). Por allí desfilaron Rita Montaner, Alicia Alonso, Lola Flores, y no sólo artistas, también pintores, escritores, y gente de pueblo, que Farrés decía que no había grandes ni chiquitos; le encantaba mezclarlos a todos".

Una voz misteriosa
¿Cómo componía Farrés? Por inspiración, letra y música le venían juntas, -afirma Fina del Peso. Y eso ocurría en un santiamén, como si una voz misteriosa le dictara sus canciones. Luego, corría hasta mí, texto en mano, para que me aprendiera la melodía y se la cantara a una pequeña grabadora. De ahí, llamaba a un músico de escuela para que le escribiera las notas en el pentagrama. Podía ser Fernando Mulens, su entrañable amigo, u otro cualquiera.

Tenía un oído musical muy especial. Si a la hora del arreglo los orquestadores le equivocaban una nota, de inmediato saltaba. ¿Habría algo mágico en sus canciones? Porque de sólo oírlas, el público las repetía, las hacía suyas. Pocos compositores cubanos tuvieron tantos éxitos como Osvaldo, lo que producía envidia, rumores de que compraba sus canciones, bajezas, y es que sólo Lecuona, Roig y Farrés pudieron vivir en Cuba de sus derechos de autor.

Era un hombre tierno, con disposición para las letras amorosas, pero su producción abarcaba todos los géneros, desde guarachas y rumbas hasta zarzuelas, -agrega la albacea de los recuerdos del compositor. ¿Quién no recuerda En el Mar… la vida es más sabrosa…, que popularizó el filme de Cantinflas Sube y Baja? ¿Su canción preferida? Sin duda, Madrecita , que le dedicó a su madre, a quien adoraba; canción tan sencilla, directa y hermosa, que los niños de Cuba y muchos países de Latinoamérica aún cantan el Día de las Madres en las escuelas, colocando en su pecho una flor roja, o blanca si son huérfanos: “aunque amores yo tenga en la vida, que me llenen de felicidad, como el tuyo jamás madre mía, como el tuyo no habré de encontrar…”

Pero fueron sus boleros románticos los que alcanzaron mayor fama internacional. ¿Cómo surgió Tres Palabras? —pregunta la coordinadora de El Bar Melódico. Pues la mexicana Chela Campos, muy de moda, le insistió en que le hiciera una canción. Farrés le respondió que a veces no le llegaba la musa, y pasaba meses sin escribir. Y Chela ripostó: “Ay, maestro, no se me haga el difícil, que con tres palabras se hace una canción”. Y aunque Farrés protestó: “¡No me llames maestro” (se decía maestro de nada), llegó a la casa y escribió su inmortal: “son tres palabras solamente mis angustias y esas palabras son: cómo me gustas'".

Una vez, en Judea, rumbo a Belén, -Fina muestra fotos de aquel viaje- a donde habíamos ido a conocer los lugares sagrados del cristianismo (Farrés era muy creyente), un chofer de barba negra y espesa puso en su grabadora Quizás, quizás, quizás, cantada en hebreo".

Quedé atónita, y después que cerré la boca no me contuve y tuve que confesarle: “¡Mi esposo es el autor!”. Y qué emoción, ese hombre bajaba y subía la cabeza, como rezando, en señal de respeto, y allí mismo, en medio del desierto, detuvo el auto frente a un pastor de ovejas, intercambiaron palabras y a dúo comenzaron a cantar en hebreo: “Yo siempre me pregunto que cuándo, cómo y dónde/ tú siempre me respondes quizás, quizás, quizás”.

Pero fue en el famoso Lido de París, cuando tocaron Acércate más y Tres Palabras , que lo empujé a saludar al director de la orquesta. Y hubo que ver lo colora'o que Osvaldo se puso cuando tocaron la fanfarria de trompetas, encendieron las luces, y el animador anunció en francés, inglés, alemán y español que se encontraba presente el famoso compositor cubano Osvaldo Farrés, y el enorme cabaret se vino abajo en aplausos.

La comunión perfecta
Farrés no lo querría, pero era una celebridad. Las populares orquestas de la BBC de Londres, de Mantovanni, de Henry Mancini (por citar unas pocas), grababan su música. Sus temas se cantaban en veinte idiomas. Cantinflas enamoraba con sus boleros en el cine mexicano, Esther William en Hollywood, Charles Aznavour en Francia, Elio Pinza en Italia, y hasta pajarillos caricaturizados silbaban la melodía de Tres Palabras en la película Música Maestro, de Walt Disney.

El mismo Farrés no se explicaba tanta fama. Quizá se deba a que en la canción, la poesía se logra de la comunión entre letra y música, y en los boleros de Farrés esta comunión es perfecta. Tal vez porque nunca le cantó al amor fatal, fracasado, imposible, como tantos boleros cubanos y mexicanos de la época.

En algunos coqueteó con la tristeza, pero sin disfrutarla, como en sus bolerones de vitrola Para que sufras, No me vayas a engañar y Estás equivocada , tan populares en las voces guaposas de Celeste Mendoza y Rolando Laserie. Los textos del autor de Acércate más son en su gran mayoría alegres, optimistas, para que los enamorados se quieran más.

¿La política? Cuando Prío se postuló a la presidencia (1948), le pidió a Farrés el tema de campaña, y él le compuso la conga: “Ahí viene la aplanadora con Prío adelante y el pueblo atrás”. El ex líder estudiantil ganó abrumadoramente y, poderoso agradecido, le dijo: “pide por esa boca” (costumbre de la época), pero Farrés le respondió: “se la escribí al amigo, no al presidente”.

El golpe de Estado de Batista fue un golpe bajo, al que sobrevivimos -Fina vuelve a empuñar sus recuerdos- pero cuando Fidel llegó a la Habana, Farrés me advirtió: “Tenemos que irnos, esto será un desastre”. ¿Cómo escapamos de Cuba? Por un contrato en España, para escribir una zarzuela. Pero no regresamos. Y saquearon nuestra casa de la Avenida Calzada. Toda la música, las fotos con los más grandes artistas del mundo, los discos atesorados por décadas, los quemaron en medio de la calle. El compositor premiado por la Orden Carlos Manuel de Céspedes, la más alta que otorgaba Cuba, se convirtió en traidor por el único delito de querer vivir en libertad.

Osvaldo Farrés vivió hasta su muerte en West New York añorando volver a su patria. En 1980, escribió para Selecciones de Reader Digest: "La música, al igual que los perfumes, es portadora de elementos intangibles que, unidos a una mirada, o al roce de una manos, hacen posible el nacimiento de un romance que, extendiéndose más allá de ese momento, puede prolongarse toda una vida".

Entiendo por qué Fina del Peso, la musa inspiradora de Toda una vida, una de las más hermosas canciones que se hayan escrito, nunca se volvió a casar, y nos invite a una misa en memoria del compositor, amante esposo, consejero y amigo, en la Ermita de la Caridad, templo del exilio cubano, el jueves 22 de diciembre, a las ocho de la noche.

Armando López, NJ
Para Cubaencuentro.com, Madrid / Diciembre 22, 2005
Reproducido de
http://baracuteycubano.blogspot.com
«Madrecita» en la voz de Rocío Jurado:
http://www.youtube.com/watch?v=LyWmqZgHq4c

28 de agosto de 2009


Adiós a Manolo Torrente

Arturo Arias-Polo

El polifacético artista cubano Manolo Torrente falleció en Miami el pasado jueves 20 víctima de varios problemas de salud. Tenía 83 años.

Considerado como una de las estrellas más versátiles de su generación, Torrente paseó su arte por numerosos países durante más de medio siglo desde 1948, año en que ganó el primer premio en el programa Voces nuevas del circuito CMQ de La Habana y se dedicó por entero al canto. Pero antes Manolo se había graduado en Ciencias Agrícolas y se había destacado en el deporte. En esa faceta alcanzó el título de campeón nacional de los 5000 en carreras de fondo y compitió en numerosos eventos en Centroamérica a lo largo de la década de los años 40.

Sin embargo, el verdadero despegue artístico de Torrente se produjo una década después, cuando cantó en varios clubes capitalinos, participó en los programas de la televisión estadounidense Arthur Godfrey Talent Scouts y Toast of the Town de Ed Sullivan, y recorrió varios países latinoamericanos. Al regresar a Cuba a mediados de los años 50, Manolo figuró en el elenco del popular programa de televisión El casino de la alegría y los shows del Casino Parisién del Hotel Nacional. En 1957 actuó en Panamá.

Pero al año del triunfo de la revolución cubana, en 1960, el cantante viajó a México con la decisión de no regresar a su país. Allí trabajó en centros nocturnos y poco después se trasladó a Las Vegas para convertirse en productor de Latin Fire, un espectáculo que recorrió el mundo hasta 1982, cuando hizo temporada en el Hotel Eden Roc de Miami Beach.

Manolo será recordado por sus presentaciones en Puerto Rico acompañado por la orquesta de Julio Gutiérrez, sus apariciones en los programas de televisión Cocktails for Two,

Broadway Goes Latin, entre otros espacios realizados en la ciudad de los casinos, y Latin Extravagance, la producción que lo trajo al Hotel Fountainebleau de La Playa. A mediados de los 80 el artista produjo Noche cubana en el Southeast Plaza de Miami, donde participó en actos patrióticos en apoyo a la causa de la libertad de Cuba.

Desde que se mudó a Miami a principios de los 90, Manolo se mantuvo tan activo como en sus años mozos. Entre el 2001 y el 2007 produjo y actuó en El amor todo lo puede (2004) y Nada tengo mientras no tenga patria (2006), entre otros espectáculos, que solía cerrar con el tema Gracias, Señor.

“Llevaba muy bien su apellido'', expresó la soprano Tania Martí, quien compartió el escenario con él en varias ocasiones y participó en los servicios fúnebres que se le ofrecieron en la iglesia Iglesia Bautista Buenas Nuevas el domingo pasado. `”Era un soñador que siempre estaba creando. Todo el mundo lo quería''. Entre sus recuerdos, la intérprete se refirió a aquellos programas de la CMQ habanera en que Manolo aparecía montado a caballo.

“Fue un hombre muy apuesto en su juventud y en su madurez'', destacó. Otro que también rindió tributo póstumo al cantante ese día fue el cantautor Lázaro Horta, quien lo acompañó al piano en numerosas ocasiones. ``Manolo se deprimió desde que comenzó a perder sus seres más queridos. Pero yo prefiero recordarlo como el artista apasionado que siempre estaba hablando de Cuba. ¡De verdad que era un torrente!''.

Manolo Torrente deleitó a su público por última vez a principios del 2007 en el Teatro Bellas Artes. Su voz quedó registrada en varios discos con composiciones de autores cubanos y de otras partes de Latinoamerica.

Arturo Arias-Polo
Reproducido de El Nuevo Herald
por LavozdeCubalibre.com
Recibido gracias a Lidia Orosa y Joe Noda.
Foto: Ana Margarita Martínez Casado y
Manolo Torrente, Mariaargeliavizcaino.com

20 de agosto de 2009

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Efemérides:
Rita Montaner

Humberto Vinasco Rojas

El 10 de octubre de 1957 Cuba tributó un gigantesto homenaje a una de las artistas más queridas en todos los tiempos. Artistas y personalidades de la farándula que secundaron la iniciativa del compositor Osvaldo Farrés, desfilaron por el escenario de la CMQ-TV en señal de gratitud y cariño por quien había llevado los ritmos cubanos a los más encumbrados escenarios del mundo. Rita Montaner, persona objeto del homenaje no estuvo presente y sólo pudo seguirlo por televisión.

Rita de Cuba, Rita la Única, como la llamó Nicolás Guillén no asistió porque estaba en su lecho de enferma y conmovida sólo pudo escribir un mensaje publicado pòr el diario Avance: Pueblo mío, después del homenaje arrollador e indescriptible, no encuentro palabras para dar las gracias y mi corazón hace mucho tiempo que se los di. ¿Qué más puedo decir? ¡Que Dios los bendiga!

La villa habanera de Guanabacoa fue siempre uno de los puntos fundamentales de la cultura tradicional cubana. Y tal parece que no le fue suficiente dar al mundo a una artista como Rita Montaner (quien nació el 20 de agosto de 1900), porque allí también nacieron Ignacio Villa y Fernández, el inmortal Bola de Nieve, y ese genio musical que fue Ernesto Lecuona.

Según el historiador y folklorista Rogelio Martínez Furé, en el medio en que creció Rita curiosamente afloraban y coincidían diversas tendencias de nuestra cultura. Por un lado la música salonière, tradición musical más clásica, y por otro los toques de los tambores en las fiestas lucumíes o congas, el ritmo y colorido de las comparsas que desfilaban por las calles y el pregonar de los vendedores ambulantes. Hay que anotar que en su sangre llevaba la predisposición musical, por nacer también de la mezcla portentosa de blanco, su padre Domingo Montaner, y mulata criolla, su madre Mercedes Facenda.

Cuando tenía 10 años fue matriculada en el Conservatorio Peyrellade, actividad que combina con caligrafía, bordado y clases de francés, inglés e italiano. Su talento musical sin embargo, opacaba sus demás cualidades y en 1917, recibe una medalla de oro por la interpretación al piano del Concierto op.25 en sol menor de Félix Mendelssohn acompañada de un quinteto de cuerdas.

En 1918 se casa con Alberto Fernández Díaz y por las mismas fechas empieza a estudiar canto con el español Pablo Meroles, para reforzar los conocimientos vocales que ya tenía, sin pensar en hacerlo profesionalmente. Sin embargo, en 1922 realiza tímidas presentaciones teatrales, lo que anima al compositor Eduardo Sánchez de Fuesntes, autor de la famosa habanera a convencer al marido de Rita para que la deje participar más activamente. Un movimineto que secundaban además de Lecuona y otros grandes compositores, Jorge Anckermann y Gonzalo Roig, que intentaban rescatar las obras musicales cubanas para contrarrestar el avance de ritmos extranjeros como el tango argentino y el jazz estadounidense.

Al lado de importantes figuas de la música, entre 1923 y 1925 obtiene éxitos resonantes, lo que hace que su marido, ya por aquel entonces un médico exitoso, viaje con ella a Nueva York queriendo alejarla del ambiente artístico. Las vacaciones sin embargo sólo valieron para que, tras participar en una función benéfica, fuera contratada para una gira por toda la Unión con los Follies Schubert y la revista Una noche en España.

Regresa a Cuba y en septiembre de 1927 realiza su primera presentación profesional en su tierra, con la obra Niña Rita (o La Habana de 1830), de Lecuona, donde maquillada de negro y vestida con calzón y chaqueta de algodón interpreta un calesero llamado José Rosario, que al abrir el telón sale cantando el tango-congo de Eliseo Grenet: ¡Ay Mamá Iné!.. ¡Ay Mamá Iné!.. Todo' loj negro' tomamo' café..

En su libro Ese músico que llevo dentro, Alejo Carpentier escribe: La gran revelación de esos días fue la arrolladora personalidad de Rita Montaner que, en el repertorio recién creado, se afirmó rápidamente como una intérprete difícil de igualar. Había abandonado sus aspiraciones primeras, renunciando al concierto y a la ópera, para poner su auténtico talento al servicio de la música popular de Cuba. Dotada de un sentido rítmico fenomenal, manejándose con garbo y soltura, sabiendo hasta dónde podía valerse de los recursos adquiridos con el estudio del canto, Rita Montaner, capaz de solfear como pocos, tenía un instinto particular para estar dentro y fuera de la música interpretada, añadiendo lo suyo a cualquier melodía -como hacen los músicos de jazz- aunque estando siempre en hora de verdad, en cuanto a la partitura misma se refiriera...

Su marido no es de la misma opinión y le pide el divorcio. Rita contnúa obteniendo éxitos y graba sus primeras canciones: ¡Ay mamá Inés!, Canto Siboney, la criolla-bolero Te odio y el pregón El Manisero, que acababa de componer Moisés Simons, sin imaginarse nadie que sería uno de los temas clásicos de la música cubana de todos los tiempos, y que la versión de Rita significaría su consolidación como cantante denro y fuera de su patria.

Viaja a París haciendo escala en Nueva York, lo que aprovecha para grabar los temas Frutas del Caney, de Félix B. Caignet, ¿Qué es el danzón? de Moisés Simons, Júrame, de la mexicana María Grever y Lupisamba o yuca y ñame, de Sindo Garay.

En 1929 estrena en Cuba seis obras suyas, Estudio para violín y piano, Arrolla (comparsa), En tu boca (tango-canción), Así eres tú (bolero), Ma'Isabel (tango-congo) y Memorias dulces (canción). Viaja nuevamente a EEUU en 1931 y Al Jolson, famoso por El Cantante de Jazz, le integra en la obra The Wonder Bar haciendo célebres los temas El Manisero y Siboney.

En 1933 viaja a M'exico con Ignacio Villa, Bola de Nieve, y comparte créditos con Gloria Marín, Néstor Mesta Chaires, los Trovadores Tamaulipecos y el comediante Don Catalino. Surgen dificultades por una serie de comparaciones periodísticas tendientes a enfrentarla con María Antonia Peregrino, (Toña la Negra), y de inexplicables actitudes hostiles asumidas hacia la artista cubana por el compositor Agustín Lara y el tenor Pedro Vargas. (Ramón Fajardo, Rita Montaner, pag. 19, Ed. Letras Cubanas 1993)

Antes de regresar a Cuba, Rita toma parte en la cinta La noche del pecado, y Bola de Nieve se queda en México como pianista de Pedro Vargas.

Reaparece en La Habana en 1935 presentando los personajes de zarzuelas y sainetes líricos cubanos que se harían inmortales: María Belén Chacón, de Prats; Cecilia Valdés, de Roig y Rosa la China y María la O de Lecuona.

Gilberto S. Valdés, un novel compositor, le da sus composiciones Bembé, Ecó, Tambó, Ogguere, Mango mangüé e ¿Illé-nkó? Ille-nbé, de claros ancestros negros afrocubanos.

Participa en la películas cubanas Sucedió en La Habana y El Romance del Palmar, dirigidas por Ramón Peón. Viaja a Venezuela, visita Nueva York e interpreta por primera vez Amalia Batista.

En 1941 interpreta la novela Cecilia Valdés por CMQ y da a conocer su personaje de La Chismosa, que en 1942 vuelve a encarnar en la RHC-Cadena Azul en el programa Yo no sé nada, y ue es suspendido por el gobierno por sus críticas virulentas. Es por esos días cuando Guillén la bautiza Rita de Cuba, Rita la única... pues sólo ella y nadie más ha hecho del solar habanero, de la calle cubana, una categoría universal...

En Buenos Aires actúa al lado de Hugo del Carril, Libertad Lamarque, Luis Sandrini y Nini Marshall entre otros, y de regreso a La Habana en 1945 es nombrada Reina Nacional de la Radio en un concurso del diario Mañana. La ceremonia tuvo lugar en el Teatro Nacional, donde estuvieron Luciano Chano Pozo -el más grande percusionista que ha dado Cuba- y el gran sonero Abelardo Barroso.

Desde su posición se permite criticar: Mientras se pagan altos sueldos a artistas extranjeros, Carmelina Delfín, premiada en EEUU por su Himno a la Victoria, no tiene trabajo en Cuba. Lecuona tiene que organizar recitales por cuenta propia para subsistir, y muchos más buenos artistas apenas tienen para comer... Esto no debe ser. Esto debe terminar.

En 1947 participa en María la O en México y trabaja junto a Pedro Infante en Angelitos Negros. En 1950 y en pleno auge del cine asteca, participa en Ritmos del Caribe, Víctimas del pecado (de Emilio el Indio Fernández), Anacleto se divorcia, Pobre corazón, Al son del mambo, Negro es mi color y en 1954, en la secuela de Píntame angelitos blancos.

En ese mismo año se presenta en la Habana con Benny Moré y el Trío Matamoros en la revista La calle, y viaja al año siguiente al Perú, donde actúa al lado de Luho Gatica y Miguelito Valdés. En 1956 interpreta brevemente el personaje de la Lengualisa, estrena la ópera La Medium y la obra Mi querido Charles en la sala Hubert de Blank.

A comienzos del año siguiente es contratada en exclusividad por el programa Jueves de Partagas del canal 6 de televisión, animado por Enrique Santiesteban y dirigido por Amaury Pérez.

En julio de 1957, durante una función de la obra Fiebre de Primavera, de Noel Coward, empieza a bajar el tono de voz inexplicablemente. Durante el descanso pide sal y yodo, que se le aplica junto con radiaciones de una lámpara de rayos infrarrojos, pensando en una inflamación de la garganta. Tras frotarle la espalda y pies con alcohol, salió a cantar de nuevo, saliendo ovacionada del teatro.

Nadie imaginó ni remotamente, que eran los primeros sítomas del cáncer en la laringe que la abatió finalmente, muriendo a la una de la madrugada del 17 de abril de 1958. La oración de Germán Pinelli en su sepelio concluye diciendo: Hoy no sabemos si dar el pésame a sus hijos y nietos o a nosotros mismos. Rita, mira un poco hacia esta tierra. Descansa en paz, Rita montaer.

Humberto Vinasco Rojas
http://fc.retecivica. milano.it
Ilustración: web



19 de agosto de 2009


Martha Pérez

Ana Dolores García

La radio local de Miami ha trasmitido esta mañana la triste noticia del fallecimiento de la diva cubana Martha Pérez. Nacida en 1924, Martha Pérez figura en los anales de nuestra música como una de las más brillantes voces de nuestra lírica operática. Mezzosoprano innata, se distinguió igualmente como soprano en numerosas zarzuelas. Tenemos que agradecerle, no sólo que paseara el nombre de Cuba por escenarios tan excepcionales como el de Alla Scala, en Milán, templo de la ópera, sino también su incansable esfuerzo por promover el arte lírico en la ciudad de Miami a través de la Sociedad Grateli, de la que fue fundadora y una de sus más entusiastas propulsoras.

Recuerdo haber oído cantar por primera vez a Martha Pérez en «Cabalgata Musical», compañía lírica eminentemente española que alcanzó gran popularidad en Cuba a mediados del pasado siglo. Fue durante una gira por las ciudades de Cuba durante la cual la compañía se presentó en Camagüey.

Había sido alumna del renombrado músico Paul Csonka, radicado en La Habana, y luego prosiguió sus estudios en Italia. Allí, en el mencionado teatro de Milán, cantó como mezzosoprano el papel de la gitana Preciosilla en La Forza del Destino, de Verdi, en el año 1956.

Sus actuaciones en La Habana fueron siempre numerosas bajo la égida de la Sociedad Pro Arte Musical. Es además clásica la grabación que hiciera de la Zarzuela «Cecilia Valdés» contando con la dirección musical de su autor Gonzalo Roig.

Martha Pérez renunció a seguir cosechando éxitos en Cuba y prefirió marchar al exilio en el año 1960. Su labor en Miami podrá se contada más ampliamente por quienes disfrutaron de su arte y de sus esfuerzos por dotar a la ciudad de un espectáculo lírico de verdadera calidad.

Descanse en paz esta gran cubana.

Ana Dolores García
Ilustración: web

14 de agosto de 2009

Nuestros músicos de ayer:
El Trio Servando Díaz

Ana Dolores García

Uno de los conjuntos vocales más populares de Cuba durante los años 40 y 50 del siglo pasado fue el del Trío Servando Díaz. Lo integraron, durante la época de sus grandes éxitos, Servando Díaz, director y fundador, Otilio Portal y Cuso Mendoza. Voces, guitarras y maracas que fueron a las guarachas lo que los Matamoros al son y el dúo de las Hermanas Martí a las canciones tradicionales.

Servando Díaz había nacido en 1912 en Güira de Macurije, provincia de Matanzas, el mismo pueblo donde lo había hecho un año antes otro grande de nuestra música popular: Arsenio Rodríguez.

Comenzó a hacerse conocido con sus interpretaciones a través de Radio Progreso, en La Habana, y fue precisamente esta radioemisora la que lo urgió a formar un trío. Tenía veinticinco años cuando en 1937 se unió a Otilio Portal y a Cuso Mendoza. Sólo dos años después ya se habían convertido en artistas exclusivos de la RCA Víctor, con la que grabaron sus mayores éxitos en discos de 78 revoluciones. También los contrató con exclusividad la radioemisora CMQ. Sus guarachas se fueron haciendo populares en toda Cuba a través de la radio, y ello les facilitó una exitosa gira por las principales ciudades de la Isla, a la par que sus actuaciones eran muy aplaudidas en los centros nocturos de La Habana.

Musicalmente el trío estaba formado por Servando Díaz como primera voz, Cuso Mendoza como segunda, y Otilio Portal como tercera. Las guitarras eran las de Servando y Otilio, mientras Cuso se encargaba de las imprescindibles maracas. Deliberadamente se distanciaron de los sones cantados por los Matamoros, y concentraron sus interpretaciones en las guarachas como en las del propio Otilio del Portal, o las de Ñico Saquito (María Cristina me quiere gobernar), Chano Pozo (Param pan pin), Osvaldo Farrés (Mis cinco hijos), y muchas más. Fueron siempre «los trovadores sonrientes».

En 1941 dieron el salto a Puerto Rico y allí grabaron en 1942 el bolero de Consuelo Velázquez «Bésame mucho». Su grabación fue la primera que se hiciera de este famosísimo bolero que ha llegado a ser considerado como la composicion más popular de la música latina del siglo XX.

A su regreso a Cuba fueron contratados por la RHC-Cadena Azul, la otra pujante radiemisora cubana, propiedad del «guajiro» Amado Trinidad. Allí sus actuaciones fueron reservadas a programas estelares.

Viajaron después a Estados Unidos. El cabaret «La Conga» de Nueva York los firmó para actuar durante cuatro semanas, las que se prolongaron a cinco meses. Cimentada ya su popularidad, actuaron ante los micrófonos de la NBC y la CBS y en centros nocturnos y teatros de las principales ciudades del país.

Cuso Mendoza decidió permanecer en los Estados Unidos, por lo que en 1943 se incorporó al trío el santiaguero Aníbal Carrillo que, sin embargo, se separó del grupo al poco tiempo, al igual que Otilio del Portal que formó su propio trío. El conjunto de Servando Díaz continuó renovándose y actuando, pero sin el éxito de los años anteriores hasta que se disolvió definitivamente en el año 1960. Servando Díaz, que estaba casado con una puertorriqueña, abandonó Cuba y se estableció en Puerto Rico, donde falleció en 1985.

Otilio del Portal, compositor y guitarrista, nació en Camajuaní, Las Villas y comenzó su quehacer musical en distintos conjuntos musicales del entorno natal hasta que llegó a La Habana y al poco tiempo -1937- se integró al trío de Servando Díaz. Es el autor de numerosas guarachas populares como «Me lo dijo Adela», «Deja que suba la Marea», «A romper el coco». También incursionó en el ritmo bolero, guajiras y mambos.


Ana Dolores García
Foto: Google


3 de agosto de 2009

El Teatro «Alhambra» de La Habana


El Teatro Alhambra de La Habana fue inaugurado el 13 de septiembre de 1890. Situado en la esquina de las calles Consulado y Virtudes, sus comienzos fueron de un género más serio y lírico que el que luego le dio la fama que goza en la historia de nuestro teatro vernáculo.

El local era un caserón de una sola planta que había servido sucesiva e infructuosamente de taller de herrería y salón de patinaje. El teatro fue inaugurado por una compañía de zarzuelas españolas y, desde luego, aquellas funciones no estaban limitadas a la audiencia masculina que caracterizó posteriormente la etapa más popular del Alhambra, aunque ya las mismas comenzaban a matizarse con chistes de doble sentido y picardías que, por supuesto, eran muy del agrado del público. Tenía un fuerte competidor en el “Albizu”, otro teatro habanero de la época, con muy buen ambiente y fama.

En 1898 cambió de nombre por el de “Casino Americano”, sin que lograra alcanzar mucho éxito por ello, hasta que dos años más tarde el local fue alquilado por Federico Villoch, Miguel Oreja y José López Falco, con quienes comenzó una temporada que marcó el rumbo definitivo del original Alhambra” En 1900 empezó esta nueva etapa del Alhambra, que quiso y logró ser ventana hilarante del acontecer cubano, de su política y de sus costumbres.

El género, desde luego, no era nuevo en Cuba, porque quedan crónicas de ensayos anteriores. No podemos olvidar que ya en 1868 fue precisamente una representación teatral, la del juguete cómico «Perro huevero aunque le quemen el hocico» en el teatro Villanueva de La Habana, la que, con sus ironías vedadas y chistes mordaces en las fechas en que los cubanos se levantaban en armas, contribuyó a encender los ánimos políticos en La Habana y a favorecer el ambiente propicio para los sucesos que culminaron años después con el fusilamiento de los estudiantes de medicina.

Federico Villoch (1868-1954) fue el más prolífero de los libretistas del “Alhambra” y uno de los mayores responsables de su éxito durante los treinta y cinco años en los que se subía y bajaba el telón tres veces cada día. Se le considera autor de cientos de libretos, algunos tan exitosos como “La Casita Criolla” y “La Isla de las Cotorras”. Se le llegó a llamar “el Lope criollo” y Antón Arrufat, escritor y crítico bien exigente, ha manifestado de él que: "Su teatro [...] no sólo es importante por el valor del libreto, -menor, sin dudas, pero firme y delicioso-, sino para la comprensión de la historia de nuestro teatro y como documento para el estudio de la sensibilidad de las tres primeras décadas de este siglo ." [XX]

Conocidos humoristas cubanos como los hermanos Gustavo y Francisco Robreño compartieron con Villoch en la creación de los libretos. Por el popular escenario desfilaron notables figuras de nuestra farándula, como Enrique Arredondo, Arquímedes Pous, Blanca Becerra y Carmita Quintana entre muchos más, sin contar a las hermosas vedettes que deleitaban a todos con sus bailes provocativos.

La música fue también uno de los elementos importantes en cada representación, que habitualmente comenzaba con los compases de algún danzón conocido. Intercaladas en la trama podían escucharse igualmente otras melodías, guarachas, sones o rumbas.

Jorge Anckermann (1877-1941) comenzó a colaborar en el “Alhambra” en 1911 poniéndole música a los libretos de Villoch. Suya fue la música de “La Casita Criolla”, en la cual estrenó el género del “tango congo”, así como su inmortal guajira “El Arroyo que murmura”. A Anckermann se le cuentan más de 500 partituras y unos 1159 números musicales.

Otros músicos del “Alhambra” que contribuyeron con sus creaciones fueron José Marín Varona, Rafael Palau y Marín Mauri. Fue Mauri precisamente el primer compositor del “Alhambra”.

Los personajes representados en el “Alhambra” fueron siempre los mismos: el gallego, el negrito y la mulata, entes míticos de nuestra más legítima idiosincrasia. A la chanza y la parodia no escapaban tampoco el guajiro, el bobo, el chino, el botellero… situados en cualquiera de nuestros escenarios típicos y naturales: el solar o la calle, y con el lenguaje habitual de esos lugares pero, eso sí, salpicado de dichos y frases no aptos para los oídos de las damas de aquella época.

El teatro Alhambra cerró sus puertas el 18 de febrero de 1935, al desplomarse el techo de su vestíbulo. Con él concluyó un capítulo único en la historia del teatro cubano.

El Alhambra, como todo en esta vida, tuvo detractores y seguidores. Detractores en el aspecto moral y también en el de su valor literario y artístico por la generalmente pobre calidad de sus repetidos argumentos y diálogos. Para algunos críticos sólo se trataba de un espectáculo chabacano y vulgar. Seguidores, fácil es suponerlo, no hace falta decir que fueron muchos.

A pesar de sus detractores, el Alhambra ha quedado en nuestra historia como testigo elocuente y excepcional de nuestro folclore, de la representación de nuestros estereotipos, de la afición innata que tenemos a la burla para usarla como arma poderosa, y de esa proverbial costumbre del cubano de reírse de sus propios problemas.

Ana Dolores García
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Ilustración: web