27 de diciembre de 2014

Fin de los delirios?

 

¿Fin de los delirios?


Por Jorge Edward*


Tuve las primeras noticias de la revolución cubana en la universidad de Princeton, en Estados Unidos del presidente Eisenhower y del vicepresidente Richard Nixon, cuando había terminado mis estudios en Chile y hacía un posgrado en asuntos internacionales. Había un profesor de origen cubano, casado con una norteamericana de fortuna, y por su mansión, alrededor de una piscina hollywoodiense, pasaban revolucionarios en ciernes, miembros del movimiento 26 de julio, exiliados diversos y opositores de todas las tendencias a la dictadura de Fulgencio Batista.

Algunos de esos personajes, el juez Manuel Urrutia, presidente de la república en los años iniciales del castrismo; Felipe Pazos, joven economista que después desempeñó cargos importantes, salieron pronto al exilio. Pero las simpatías por la revolución eran universales; los primeros exiliados, bautizados por Fidel como gusanos, salían de la isla y no eran bien acogidos en ninguna parte, con la improbable excepción de la península de La Florida. Pasaban a ser exiliados apestados. ¡Qué fácil es ser exiliado chileno, me dijo un intelectual cubano en los tiempos del pinochetismo, y qué difícil, qué porvenir oscuro, tiene el exilio del Comandante Castro, el de la gusanera!

Viajé en enero de 1968 a La Habana, invitado por las instituciones culturales de la revolución. Era entonces diplomático chileno de carrera y mi país había roto relaciones con Cuba en 1964. Pero el ministro del Gobierno demócrata cristiano de esos días me autorizó con gusto. Había partidarios militantes de la revolución castrista, pero también abundaban por todos lados los simpatizantes discretos y más o menos secretos. El generalizado espíritu antiyanqui facilitaba las extravagancias ideológicas de todo orden: desde gaullistas y franquistas hasta liberales y centristas mexicanos y sudamericanos.

Cuando regresé a Cuba a finales de 1970, como diplomático encargado de abrir la Embajada chilena, la situación era radicalmente diferente. Una parte influyente del Gobierno recién instalado de Salvador Allende pensaba que la panacea política y económica era Cuba: la respuesta frente a la dependencia y el subdesarrollo de nuestras democracias mediocres.

Me tocaron días difíciles, intensos, marcados por el fracaso monumental de la zafra de 10 millones de toneladas de azúcar que había prometido el Gobierno del Comandante Castro. No tardé mucho en entender que había un desfase completo entre la visión externa de Cuba y las realidades internas. En la noche de mi llegada conversé tres horas, entre las dos y las cinco de la madrugada, en las oficinas de la redacción del diario oficial, Granma, con Fidel Castro en persona, que mientras conversaba conmigo escogía las fotos suyas que debían publicarse en la primera plana del día siguiente, y que de repente, al pasar, con un gesto rápido, me advertía de que eso no era “culto de la personalidad”.

Al final de la mañana siguiente, un sábado, me visitaban en el bar de mi hotel escritores cubanos que había encontrado en mis viajes o que me conocían como lectores. Después del segundo daiquiri, con medias palabras, haciendo gestos, apuntando a los posibles micrófonos, me contaron una historia diferente, de sospechas, delaciones, censuras. Me hablaron de las UMAP, las unidades militares de ayuda a la producción, y de colegas suyos, acusados de vagancia, de homosexualidad, de delitos comparables, que habían pasado temporadas en esos infiernos.

Como venía de un país optimista e ingenuo, utopista y mal informado, donde algunos dirigentes pensaban que la alta inflación serviría para destruir el poder de la burguesía, decidí escribir mi testimonio. Ya sabía, a muy poco andar, que si un régimen parecido se instalaba en Chile, yo sería uno de los primeros en salir al exilio. Lo dije hace poco, en una conferencia pública, en Santiago de Chile, y un viejo amigo de izquierda se retiró de la sala, indignado. Es decir, el conflicto continúa, y después del restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, seguirá vivo, pero con una posibilidad de apertura y de evolución interna que son nuevas, que saludo con el optimismo mitigado, reservado, que las circunstancias permiten.

Cuando salí de la isla al cabo de sólo tres meses y medio, y cuando publiqué en España mi memoria del caso, Persona non grata, me dijeron que mi obsesión por la vigilancia policial cubana era una forma de paranoia. Y recibí en esos días una larga carta de Guillermo Cabrera Infante, exiliado cubano en Londres, y que me decía textualmente: “No hay delirio de persecución ahí donde la persecución es un delirio”.

Como pueden apreciar ustedes, el uso correcto del lenguaje es una virtud esencial. Ahora se ha producido la conjunción de tres personas adaptadas a la circunstancia: Raúl Castro, más racional, menos impulsivo que su hermano Fidel; Barack Obama, que desearía terminar con esta herencia postergada de la guerra fría; y el papa Francisco, que tiene una visión humanista latinoamericana. No es poco, pero no hay que esperar resultados rápidos. Pasaron los años del fidelismo, de la diplomacia impulsiva, de las carreras presidenciales para ir a rendirle pleitesía al Líder Máximo. Nada cambiará, nos asegura en la prensa la hija de Raúl, pero algo ya ha cambiado. La historia es lenta, pero no tiene regreso.

Publicado en El País, Madrid. (Reproducido de Cubanet)

*Jorge Edward, Premio Cervantes de Literatura, escritor, novelista, periodista y diplomático chileno, sus columnas de opinión se publican en El País, Le Monde y Corriere de la Sella. Fue embajador en Cuba del gobierno chileno de Salvador Allende. En el 2010 fue nombrado embajador de Chile en París, por Sebastián Piñera.

Todo tiene su explicación y su origen

 

Todo tiene su explicación y su origen

El roscón de Reyes
Antiguamente, desde mediados de diciembre a finales de marzo era el tiempo de las fiestas Saturnales (en honor de Saturno, dios de la agricultura), durante las cuales Roma celebraba la protección de este dios. Se elaboraban unas tortas redondas con higos, dátiles y miel que se repartían a todos, incluyendo los esclavos. En su interior se introducía una haba y al afortunado al que tocaba era nombrado «rey» y se le permitia casi todo. Hacia el año 1000, la Iglesia transformó la fiesta y la figura del «rey haba» recaía sobre el niño más pobre. Felipe V trajo a España esta tradición del rosco al final de las fiestas de Navidad, cubierto de frutas escarchadas con una o dos sorpresas escondida en su interior.

Los polvorones y mantecados
Los polvorones y mantecados, de tradición andaluza, tienen su origen en el siglo XVI, cuando la época de la matanza, ya que en su elaboración se utilizaba manteca de cerdo. Las ciudades más representativas donde se elabora este tipo de dulces son Antequera (Málaga) y Estepa (Sevilla) de donde se extendieron a otros lugares. En cuanto al polvorón es una especialidad de los mantecados y lleva almendra siendo su forma más alargada y está recubierto de azúcar.

Los canelones de san Esteban
La costumbre de los canelones de San Esteban se conserva en pocos lugares, pero antiguamente era muy corriente por Cataluña. Con la comida que sobraba por Nochebuena y Navidad, se preparaban los llamados «canelones de San Esteba», llamados así porque se comían el día de este santo (26 de diciembre).
abc.es

26 de diciembre de 2014

El lomo de la gitana, relato de Alfonso Usía

El lomo de la gitana

Alfonso Usía

El 24 de diciembre, frío y soleado, me presenté cumpliendo su orden en el despacho del capitán don Rafael Urréjola, un militar estricto y humano, un señor como la copa de un pino. Estaba enfadado con mi humilde ser. Se había enterado de que días antes, incumpliendo claramente con mi deber, le había traspasado mi servicio de guardia en el refuerzo de noche a otro soldado previo pago de quinientas pesetas. –Lo siento, pero lo que usted no hizo cuando le correspondía lo va a hacer esta noche. Hará guardia en la puerta principal en el segundo relevo. Desde las 11 de la noche a las 2 de la mañana del 25 de diciembre-. La Nochebuena en el puesto de guardia.

El campamento de Camposoto, CIR 16, tiene la garita principal en lo alto. Se accede por una carretera sinuosa que sale de San Fernando. En mis tiempos, se sucedían a ambos lados del camino viviendas de familias gitanas y alguna ventilla que otra. Una carretera vigilada en las cunetas por interminables manchas de chumberas y eucaliptos solitarios. A las 11, como era preceptivo, relevé al soldado de guardia del primer turno. Y me preparé, en la más absoluta soledad a pasar mi Nochebuena de centinela, consecuencia del merecido arresto que me había impuesto el capitán. Hacía un frío del carajo. Lo he escrito y lo repito. He estado en Moscú, en San Petersburgo y en Helsinki en pleno invierno. Pero no pasé en ninguno de los tres lugares el frío del invierno andaluz, que cuando se presenta entra en los huesos directamente.

Se acercaba la hora cumbre de la Nochebuena. Las 12 de la noche, el límite del día. Se oían villancicos que aumentaban mi melancolía. Y se acercó una sombra. La sombra tenía dueña, y llevaba un paquete. Le di el «alto», y obedeció a la advertencia. Era una mujer gitana de una venta próxima a Camposoto. –No te asustes, niño, que esto es para ti. Para que te acompañe en la Nochebuena tan triste que te ha tocado-. Y me entregó una bolsita, con un buen pedazo de caña de lomo y media botellita de jerez. –Para que pases mejor la Nochebuena, hijo, y muchas gracias por tu servicio-. Entonces me dio un beso. –Buenas noches, soldadito-.

La gitana, ya de vuelta, volvió a hacerse sombra hasta que desapareció. Me comí el lomo, y saltándome la norma, me bebí lentamente la media botella. Todo me supo y me sentó a gloria bendita. Nunca sabrá aquella mujer maravillosa el bien que me hizo. He pasado muchas nochebuenas desde aquella de mi soledad, y nunca he apreciado lo que he tenido como aquella noche gélida en la isla de San Fernando. Hoy es Nochebuena.

Esta noche, mientras nos reunimos, rezamos, cantamos y cenamos en familia, centenares de soldados hacen guardia en sus regimientos y unidades. Hoy, como todas las noches del año, los pilotos del Ejército del Aire vuelan por nuestro espacio aéreo para amparar nuestra alegría o nuestra nostalgia. Y los buques de la Armada, con sus tripulaciones alerta, navegan por nuestras costas. Hoy, miles de militares cumplen con su deber alejados de los suyos. Y hoy, en distintos lugares del mundo, en los más hostiles, militares españoles y guardias civiles defienden las libertades y los derechos de nuestra civilización.

Hoy, la Guardia Civil y la Policía no descansan. Más aún, trabajan para que la alegría no se enturbie y la gente sea feliz. Hoy, en Camposoto, ocupará un soldado la garita que yo ocupé de centinela solitario. Y es posible que esa mujer sin nombre, aquella gitana con la bondad enroscada en su alma, le lleve la caña de lomo y la media botella de jerez. No se trata de un cuento de Navidad. Es memoria de una noche que vivirá para siempre en lo que me queda de luz. Y una muestra de gratitud a los que nos guardan la felicidad familiar alejados de los suyos, que tanto los añoran y necesitan. Que el Niño Dios premie su lealtad a los españoles.

Remitido por María Teresa Trujillo

 

La Nochebuena que celebrábamos los cubanos

La Nochebuena
que celebrábamos los cubanos

Gladys Linares. CUBANET

LA HABANA, Cuba -Desde el pasado colonial, la Nochebuena y la Navidad son las fiestas tradicionales de la familia cubana, a pesar de las infructuosas artimañas creadas por la dictadura de los Castro para acabar con ella. Estas festividades de diciembre unen a la familia, pues son la ocasión perfecta para manifestar nuestro cariño hacia familiares y amigos.

Jorge Fernández Hevia (68 años) es uno de los miles de cubanos que no ha dejado perder la tradición. Él opina que, aunque no lo parezca, los más viejos transmiten la costumbre a los más jóvenes. Me cuenta que nació y creció en Párraga, un barrio marginal. Su familia era pobre, pero su abuela materna, que era cocinera en una casa de Miami, venía todos los años a pasar la Navidad con la familia y les traía regalos. Hasta que en 1960, los de Inmigración le advirtieron que si volvía a salir no la dejarían regresar, y ella decidió no alejarse definitivamente de su familia.

En Nochebuena nos reuníamos 17 o 18 parientes, entre abuelos, padres, tíos y primos. Se asaba un puerquito en el patio, con carbón y en púas”. Jorge recuerda la calzada de Bejucal adornada con guirnaldas de colores, y a pesar de que era estrecha y con árboles a todo lo largo, se llenaba de quioscos de chucherías como nueces, avellanas, uvas, manzanas, peras, turrones. “Una familia de por allí hacía unos buñuelos muy sabrosos que mi mamá compraba para la cena. Cenábamos sobre las 12 de la noche. El 25 nos ponían ropa nueva, comíamos la montería (la comida de la noche anterior) y por la tarde nos llevaban a ver vidrieras.

Se comía con vino, incluso los niños. Como era una fiesta familiar, los adultos se cuidaban mucho de emborracharse. Siempre había un plato dispuesto para quienes pasaban a saludar, que por lo general picaban algo y se iban a hacer otras visitas. Ahora la comida es casi racionada, no podemos invitar a nadie ni queda nada para la montería. Muchas veces hemos guardado el pollo de la cuota para ese día, aunque siempre he tratado de comprar un pedacito de puerco para comerlo con arroz, frijoles, yuca con mojo y ensalada. Pero este año no sé: esperé mucho y ya la libra de pernil está a 35 pesos”.

Rafaela León Padrón (68 años), por su parte, me cuenta que nació en San Nicolás de Bari, en Güines, en la finca La Guadalupe, donde su familia tenía una pequeña parcela para el autoconsumo que les había dado el tío abuelo, dueño de la finca.

Hasta en el monte, celebrábamos la Nochebuena

Aunque estábamos en medio del monte, celebrábamos la Nochebuena. Las aves, el puerco, las viandas, los dulces criollos como buñuelos, dulce de naranja y de coco, todo salía de la finca, y los tíos de La Habana, que iban a pasarla allá con nosotros, llevaban todo tipos de chucherías como turrones, avellanas, nueces, castañas, uvas, manzanas, dátiles, higos. Y para mi abuela, turrón de yema, su preferido. Mis tíos tenían un negocio de pescadería en La Habana, y llevaban pescado para asar. Llevaban también vino dulce y vino tinto. Siempre sobraba comida. Antes se ponía, además del puerco, guineo y pavo. Algunas familias –como la nuestra- incluso un buen pargo. Hoy solo hay dos opciones: o el pollo de la cuota o un pedacito de puerco.

“En mi casa se criaban dos tipos de puerco: para asar, alimentados con palmiche, porque no tenían grasa y la masa era más sabrosa, y los de ceba. Estos se criaban con un sancocho de viandas, la leche que sobraba, y además caña y miel.

Nancy Martínez Valdés (77 años) nació en Pedroso e Infanta, en el Cerro. Su padre era trabajador de la construcción (granitero de la compañía Luis Mion). “En mi casa se compraba el lechón asado. Pero además, se asaban 4 o 5 guineos que ponían alrededor del lechón. Luis Mion era italiano, y daba un aguinaldo generoso, con el que hacíamos una buena cena: arroz, frijoles negros, congrí, una ensalada de tomates con lechuga americana y rabanitos, turrones de todo tipo (Alicante, Gijona, yema), membrillo con guayaba, dátiles, higos, vino tinto, vino dulce para los niños. Las manzanas se asaban y se acaramelaban. Al día siguiente, la montería. No había 25 sin ropa nueva, y vestidos de estreno nos llevaban a ver vidrieras.

“El puerco se vendía a 25 centavos la libra en pie en Diez de Octubre y Dolores (ya entonces nos habíamos mudado para Lawton). La calzada se llenaba de quioscos y se vendía de todo. La última vez que comí dátiles e higos fue en Alemania, porque aquí hace rato que no hay. Nuestros nietos no los conocen, ni a los albaricoques”.

Después de 1959, cenábamos a escondidas

Otra de mis entrevistadas, una señora que pidió no ser identificada, me contó: Antes, los jefes te daban el aguinaldo, que desapareció con las intervenciones. Después del 59 cenábamos a escondidas, hasta que vino el papa. Como a partir de entonces el gobierno dio el 25 feriado, nosotros nos cogimos el 24, porque aunque la Nochebuena no estaba prohibida por ley, sí lo estuvo tácitamente. Recuerdo que en 1960 yo tenía un bello arbolito de los EEUU, pero el gobierno comenzó una campaña por el arbolito hecho de matas cubanas, y los que ponían los norteamericanos eran mal vistos. Por lo tanto, tuve que comprar el cubano, que no me duró dos años, y luego ya no me atreví a poner el otro”.

Al pedirles que hicieran un cálculo del costo aproximado de una cena de Nochebuena en la actualidad, todos coincidieron en que hoy en día lo más importante es comprarlo todo con bastante tiempo de antelación, porque a medida que se acerca el 24 los precios se disparan, y no bajan sino hasta enero. A diferencia de como ocurría en el capitalismo, dicen algunos, cuando los comerciantes hacían rebajas para las festividades.

Por solo poner un ejemplo, para 4 personas sería: Libra y media de frijoles negros (a 18 pesos) más tres de arroz (a 5), equivalen a 27 más 15, 42 pesos. 6 libras de yuca (a 3 pesos) son 18 pesos. Para condimentos (ajo, cebolla, ají pimiento, comino, naranja agria) se necesitan unos 50 pesos. Un pernil pequeño, de unas 10 libras, puede costar 350 pesos (a 35 pesos la libra de carne para asar), y si es mayor, más caro (hay una carnicería estatal en 15 y Dolores donde el pernil está a 21 pesos la libra, pero según varios de mis entrevistados la realidad es que nunca hay. Algunos dicen que ya traen nombre y apellidos). Una ensalada de tomate (12 pesos) y lechuga (10 pesos por mazo) requiere 34 pesos. En total, alrededor de los 500 pesos, bastante más que el sueldo de un mes.

Hoy, una familia tiene tantos gastos que para Nochebuena compra si acaso lo imprescindible. Delicias como vinos, sidras o turrones son ahora meros recuerdos para muchos, o desconocidas para otros tantos. Solo en un turrón de cada tipo (Gijona, Alicante, yema y nata de nueces, por ejemplo) se gastarían más de 10 CUC. El vino de mesa más barato cuesta más de 4 CUC, con excepción de los dulces y moscatel de fabricación artesanal, que pueden costar entre 35 y 60 pesos cubanos. “No es que nos gusten mucho, pero al menos comemos con vino”, me dice un vecino.

En resumen, opinan mis entrevistados, antes la mesa de Nochebuena era alegre y bien provista. Gracias también a la ayuda de la Iglesia y el gobierno, que daban golosinas para los niños y cenas para los menos favorecidos (sin distinción de ideología o credo). Hoy, en cambio, muchos que ni siquiera se consideran pobres en comparación con la realidad actual, tienen que ajustarse a un presupuesto para poder cenar ese día.

"Versiones" españolas de Santa Claus

"Versiones" españolas 
de Santa Claus


En las tradiciones navideñas de los pueblos antiguos de España se encuentra siempre un personaje peculiar que en la Nochebuena se acerca a los niños para premiarlos.  Es el equivalente al Santa Claus  holandés o germano derivado de la figura de San Nicolás,  pero con características propias. Y es independiente también a la celebración de los Tres Reyes Magos, tradición común en toda España basada en el misterio de la Epifanía del Señor según la fe católica.  De estos personajes autóctonos cuya presencia continúa motivando festejos en algunas regiones españolas, entresacamos los siguientes.  adg
 
El Olentzero u Olentzaro es un personaje de la tradición navideña vasca.  El Olentzero es un carbonero mitológico que trae los regalos el día de Navidad en los hogares vascos.  Una tradición arraigada en las montañas de Navarra y Guipúzcoa, y partes de Álava.   
                                  


El Esteru es un personaje navideño originario de Cantabria.  Se trata de un leñador perteneciente a la mitología cántabra que durante el día de Navidad lleva regalos a los hogares de la región. Se ha recogido documentación sobre esta creencia en lugares de Asturias como Llanes y en los pueblos cántabros de Cobijón  y Ruiseñada, Comillas, municipio este último donde el Esteru goza de gran popularidad y aparece todos los años en su Cabalgata de Reyes, sobre todo en los últimos años del siglo XX y primeros del XXI. Es por tanto, junto a las anjanas, uno de los símbolos más representativo de las navidades en Cantabria.  

El Apalpador, también conocido por el nombre de Pandigueiro es la figura mítica de un carbonero que según la tradición de la Navidad gallega vive en las montañas del este de Galicia  y que baja la noche del 25 de diciembre a tocar el vientre de los niños para ver si han comido suficientemente durante el año, dejándoles un montón de castañas, eventualmente algún regalo y deseándoles que tengan un año nuevo lleno de felicidad y comida.
 
   
 El «angulero»  es una tradición de nuevo cuño que con alguna intención política se está tratando de implantar en Asturias. «Angulero» es el pescador de angulas (crías recién nacidas del pez anguila), y más o menos está inspirado en el olentsero vasco para «combatir la influencia de Papá Noel», que es la traducción española de Santa Claus. 
 
Ilustraciones: Google

24 de diciembre de 2014

Obituario


Obituario

En la madrugada de ayer 23 de diciembre ha fallecido el querido amigo Rigoberto Trujillo, víctima de un infarto masivo. De largo y comprometido historial en las filas de la Juventud Católica, Rigoberto sufrió largos años de condena en las prisiones cubanas. Sus primeros años de exilio transcurrieron en Venezuela.    

Velatorio: Funeraria San José,  250 East 4th Avenue, Hialeah, FL 33010, viernes 26 de diciembre de 6:00 PM a 1:00 AM    

Misa Funeral: Sábado 27 a las 11:30 AM. St. Hugh Catholic Church, 3460 Royal Road, Coconut Grove, FL 33133.

Al consignar esta triste noticia hacemos llegar nuestras más profundas condolencias a su querida familia, y elevamos una oración por el eterno descanso de su alma.

La Nochebuena



La Nochebuena

Rev Martin N. Añorga

La tradición de celebrar la víspera de las grandes fechas de la Iglesia es muy propia de los pueblos iberoamericanos. Una de estas celebraciones, probablemente la más popular de todas, es la Nochebuena, que precisamente mañana disfrutaremos como un  bullicioso preludio al gran día de la Navidad.

La Nochebuena es una fiesta que se adapta a la cultura de los países en los que se celebra. Hoy recordamos nuestras reuniones familiares cubanas. Una verdadera Nochebuena congregaba  usualmente a quince o veinte personas, y a veces más, que de una forma u otra compartían lazos familiares.  El plato estelar de la noche era el lechón asado, con su guarnición de arroz blanco, frijoles negros, ensalada y vianda frita. No faltaban los turrones españoles de todos los sabores ni los tradicionales buñuelos, y por supuesto, la música y la más plena alegría. Incidentalmente recordemos que a nadie se le ocurría ir a un restaurante a celebrar Nochebuena, Esta era una fiesta comprometida con el hogar y la familia.

Una de las “hazañas” del comunismo ha sido la de deteriorar la vieja y añorada Nochebuena, y no porque no haya carne que comer ni dulces que disfrutar, sino porque las familias se han fragmentado debido a ausencias dolorosas y también por grietas ideológicas que nos han separado hasta los términos de un penoso distanciamiento.

En Cuba, los que todavía celebran la Nochebuena, dependen de la ayuda humanitaria de familiares y amigos en el exilio; pero no hay para ellos una abundancia capaz de atenuar los sentimientos de nostalgia, tristeza y frustración que reina en nuestras dispersas familias de hoy.

La Nochebuena también se ha exiliado y donde haya un núcleo de cubanos siempre es una celebración obligada. Son simpáticos los incidentes que se asocian a nuestras Nochebuenas del destierro. Los más viejos siempre pensamos que cada Nochebuena es la última y nos despedimos solemnemente de aquellos con quienes nos reunimos. Mi querida suegra estuvo veintidós años repitiendo el mismo estribillo, hasta que finalmente tuvo razón.  Yo, como cualquier otro compatriota, siempre extraño en nuestra mesa a los seres humanos que han partido, de los que cada año el número aumenta. Lo curioso de una noche como ésta es que a pesar de los momentos tristemente emotivos, siempre reanudamos la alegría y el feliz sentimiento de comunión amorosa con familiares y amigos.

Antes, ya casi no, el lema común era que la próxima Nochebuena la celebraríamos en Cuba. Esa esperanza nos estimulaba para la brega en una tierra que, siendo noblemente acogedora, no es la nuestra. Han pasado 56 años de noche, y aunque debiéramos confiar en la cercanía del amanecer, lo que ya vamos sintiendo es una aplastante resignación. Sé que Cuba volverá a ser libre; pero será para otros. Un medio siglo de ausencia no se repone. Yo, por supuesto, me alegro de que los cubanos de las generaciones nuevas recuperen la Isla cautiva, la vistan de limpio, la decoren con  dedicación y plenamente la sirvan con patriótica abnegación. Para ellos serán las próximas Nochebuenas, quizás no como las de antes, porque el pasado nunca regresa; pero, al menos, enmarcadas en libertad y adornadas de esperanza.

Algo positivo del destierro es que nos ha expuesto a una interesante variedad cultural que antes desconocíamos. En Miami hay Nochebuenas puertorriqueñas, venezolanas, colombianas y de cuánto sitio se nos ocurra pensar. Recuerdo que hace algunos años eran parte de mi congregación un par de familias que procedían de una aldea del centro de la península española. Nos invitaron a que les visitáramos y cuál fue nuestra sorpresa al ver que frente a la casa un grupo de muchachos armaban una hoguera entre aclamaciones y risas. Nos explicaron que en el pueblo de dónde venían era una tradición prender una hoguera en las plazoletas de las iglesias al anochecer de la Nochebuena. Naturalmente, en Miami tal tradición fue clausurada por la policía.

En varias oportunidades hemos participado de las posadas mexicanas. Se trata de un recorrido por diferentes hogares por grupos que cantan villancicos, y reparten golosinas, disfrutando de convite tras convite. Es una costumbre relacionada con la triste experiencia de José y María, los que no hallaron posada para que el niño naciera bajo el amparo de un techo. Hoy día, al estilo mexicano, las puertas se nos abren en el más genuino espíritu navideño.

En un hogar venezolano descubrimos que el héroe de la Navidad no es ni Santa Claus ni Papá Noel, sino el niñito Jesús. Por cierto, nos invitaron a participar de juegos de salón animados con una ronda de golosinas variadas.

En la iglesia que por cerca de treinta años pastoreé en Miami, todos los años publicábamos una lista de las personas que vivían solas, con la petición de que las familias de la Iglesia escogieran a uno o más invitados.  La experiencia fue tal que hasta hoy dura esa preciosa tradición.

La Navidad es una vivencia universal. Al principio del exilio los norteamericanos nos miraban con asombro cuando trajinábamos en la preparación de la Nochebuena. A comienzos de la década de los 60’s vivíamos en una barriada donde residían varias familias anglosajonas. Un año se nos ocurrió invitar a nuestra Nochebuena a unos vecinos de habla inglesa, y se quedaron encantados con la celebración. Creo que a partir de esa ocasión no se perdieron otra fiesta. Una tarde de un veinticinco de diciembre, fuimos invitados a la casa de unos vecinos norteamericanos y descubrimos en la mesa varias pastillas de turrones cortadas en trocitos, y aunque sea para no creerlo, también un exquisito pernil de puerco engalanado con rueditas de plátanos verdes fritos. ¡Es que la Nochebuena es contagiosa!. 

Algo que lamentablemente suele ocurrir en Nochebuena es la pérdida del sentido del límite. El exceso de comidas afecta a personas con problemas de salud y el exceso de consumo de bebidas alcohólicas crea situaciones conflictivas y llenas de peligro. Recuerdo que en los primeros años de mi adolescencia me enseñaron en la iglesia a la que asistía un lema que siempre me ha protegido. Es bien simple: “sé temperante de lo bueno y abstinente de lo malo”.

La enseñanza es clara: celebremos la Nochebuena con una diversión controlada y mientras disfrutamos de nuestra felicidad, hagamos felices a los demás, recordando siempre que el invitado de honor, a quien de ninguna manera debe desairarse, es  el niño Jesús.

Plantas de Navidad: acebo y muérdago

Acebo y Muérdago

 
La introducción del acebo como planta navideña se atribuye a la Iglesia Católica en un intento por sustituir al pagano muérdago, que era un símbolo utilizado por los druidas en las festividades del solsticio de invierno. Pronto la costumbre se generalizó en toda Europa y en América. No obstante, el acebo ya era utilizado por los  antiguos celtas  en sus celebraciones del solsticio de invierno.

Durante las celebraciones de Navidad, calles y plazas se llenan de guirnaldas y adornos.  Junto con el clásico árbol de Navidad o la decorativa flor de Pascua, también encontramos ramos de acebo con sus hojas puntiagudas y sus pequeños frutos rojos.  Existe incluso un canto navideño en inglés, «Deck the Halls with Bucks of Holly», o sea, «Decorad los salones con ramos de acebo», ya que holly es el nombre de esta planta en inglés.

Existen más de 400 variedades de acebos. La más popular por identificarse con la Navidad en postales y adornos, es el Ilex aquifolium, conocido también como falso muérdago. Se trata de  un arbusto en vías de extinción precisamente por el excesivo uso que de él se hace para las decoraciones navideñas. Sus frutos son rojos y carnosos  y sirven de alimento a los animales de los bosques durante la época del invierno. Sin embargo, se les considera venenosos para el consumo humano.

Es un arbusto de rápido crecimiento y de follaje perenne formado por decorativas hojas verde brillante, coriáceas, provistas de dientes espinosos en sus márgenes. Flores pequeñas y blancas, en racimos axilares, que se transforman en atractivos frutos rojos, globosos, que persisten largo tiempo.

Una antigua historia celta "El rey Roble y el rey Acebo" que se representaba de forma popular al comienzo del invierno, contaba cómo el Rey Roble reinaba sobre la mitad luminosa y cálida del año, cuando sus hojas verdes estaban en su mayor esplendor, y cómo el rey Acebo reinaba sobre la parte oscura y fría del año, cuando el Roble perdía sus hojas y el Acebo, sin embargo, mantenía el verde de sus hojas y se adornaba de bayas rojas.
 
Muérdagos

En Europa no es extraño ver en plena época navideña ramas de muérdago adornando puertas y ventanas, o colgando en el techo, ya que  esta planta es considerada como «símbolo» de la buena suerte, sobre todo en unas fechas festivas tan especiales.

Es una planta parásita. Una de sus características es su capacidad para enraizar sobre el tejido vivo de otras plantas y no sobre la tierra. 

Sus bayas, primero verdes y blancas, al madurar contienen una sustancia gelatinosa, con la que se pegan a los troncos, para luego germinar y echar raíces. Crece preferentemente en las ramas de encinas, pinos, manzanos y robles, en lo que a simple vista parece una madeja de tallos en forma de pelota, y se alimenta de la savia de éstos, de ahí su carácter parasitario.
 
Desde tiempos ancestrales, el muérdago ha sido considerado por los celtas como una planta sagrada, asociada a la fertilidad (debido a su permanente color verde), y que, además, trae muy buena suerte. Hay leyendas que le atribuyen poderes mágicos debido a sus particulares características: no se consideraba ni del cielo ni de la tierra, ya que sus raíces no tocan nunca el suelo, pero tampoco se mantiene por sí mismo en el aire. De ahí el hábito de recogerlo sin permitir que caiga al suelo, y después colgarlo del techo. 

La tradición navideña dice que aquella mujer que recibe un beso bajo el muérdago en Nochebuena encontrará el amor que busca o conservará el que ya tiene. Si se trata de una pareja, será obsequiada con el don de la fertilidad.
 
En Estados Unidos o en América Latina se implantó a mediados del siglo XIX, importada de los países del Norte y Centro de Europa. Durante el siglo XIX, en Inglaterra y Francia, los mendigos pedían dinero durante la Navidad con ramas de muérdago en la mano.

Fuentes: Web
Fotos: Google

Aquella Nochebuena de la Cuba de ayer

 
Aquella Nochebuena
de la Cuba de ayer
Martha Pardiño

Sé que […] me voy a acordar de Cuba, como todos los cubanos que andamos regados por el mundo. Sé que me voy a trasladar a esa casita de la Vista Alegre donde la Nochebuena era alegre y familiar. En aquella mesa de blanquísimo mantel almidonado y planchado por mi madre, con la vajilla y las copas y los cubiertos de fiesta, dispuestos con tanto amor y tanto esmero por mi padre.

          Me voy a acordar del olor del lechón que traían ya asado en su tártara de la dulcería de la Esquina de Toyos; del guanajo, del fricasé de guineos, de los frijoles negros y el arroz blanco, de la yuca con mojo y la ensalada de lechuga, tomates y rabanitos. Y de la parte preferida por mi hermana y por mí: la bandeja de turrones españoles y del país, con higos, dátiles, crema de tamarindo y almendra, todos artísticamente colocados por papá, y que de tan solo mirarlos se le hacía a uno la boca agua.

          Y aunque aquí pueda poner una mesa igual, o tal vez más abundante, a aquella mesa de Nochebuena de mi niñez y de mi juventud en mi Habana querida, no es igual, no será nunca igual, porque nos falta ese calor de la familia, de los amigos y de la patria que dejamos atrás.

          Hemos dejado esos recuerdos allá en nuestra isla pero siempre vienen a nuestra mente en estos días aunque a veces nos den tristeza. Es más, estoy segura que necesitamos recordarlos, para no marchitarnos y morirnos de nostalgia.

Hoy, en mi querida patria, todos serán recuerdos también por los que nos hemos ido; tristezas de no poder celebrar la Nochebuena con una mesa familiar llena de alegría y de abundancia. Hoy en mi Cuba querida todo será oscuridad y añoranzas de un tiempo mejor que nunca llegará.

 

23 de diciembre de 2014

La revista Convivencia sobre el restablecimiento de relaciones


Declaración de la Revista Convivencia
desde Cuba
con motivo del restablecimiento
de relaciones diplomáticas Cuba-EE.UU.

Pinar del Río, 17 de diciembre de 2014

Convivencia, Revista Socio-Cultural
dirigida por Dagoberto Valdés Hernández

          1- La revista Convivencia saluda el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la República de Cuba y los Estados Unidos de América. 

          Deseamos que este clima de diálogo y negociación también se establezca entre el gobierno de la República de Cuba y la sociedad civil cubana independiente, dentro del respeto a la unidad en la diversidad, el derecho a la autodeterminación y el ejercicio de la soberanía ciudadana.

           2- La revista Convivencia se alegra por la excarcelación de presos políticos y considera que deben ser liberados todos los presos políticos, incluidos los que están bajo licencia extrapenal en Cuba.

          De igual forma debe cesar toda represión por motivos políticos. El gobierno cubano debe ratificar los Pactos de Derechos Humanos de la ONU y las Convenciones de la OIT, tal como demandan los cuatro puntos de consenso identificados por un grupo creciente y significativo de la sociedad civil cubana.

          3- La revista Convivencia agradece la mediación de su Santidad el Papa Francisco en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la República de Cuba y los Estados Unidos de América.

          Así mismo, deseamos que la Iglesia pueda seguir ofreciendo su servicio de mediación en un posible y necesario diálogo entre el gobierno cubano y la sociedad civil independiente en Cuba, con el consecuente reconocimiento de esta última como interlocutora válida.

          4- La revista Convivencia considera que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la República de Cuba y los Estados Unidos de América levanta un serio obstáculo para que se vea más claro que el diferendo fundamental es entre el gobierno cubano y sus ciudadanos, no entre Cuba y Estados Unidos. Así se podrá comprender que lo más importante para nuestro pueblo es la inclusión, las libertades civiles y políticas, económicas, sociales y culturales y el ejercicio de una democracia cada vez más participativa en Cuba.

          5- La revista Convivencia abriga la esperanza de que este acontecimiento histórico y el levantamiento de todos los bloqueos, especialmente aquel que sostiene el gobierno cubano sobre la iniciativa y el carácter emprendedor de sus ciudadanos, permitan crear las condiciones necesarias para que el pueblo cubano sea protagonista de su propia historia y pueda conducir a toda la nación, incluyendo a todos nuestros compatriotas de la Isla y de la Diáspora, hacia un futuro de paz, libertad, progreso y justicia social.

Xiomara Alfaro, la risa y la canción

 
La risa y la canción

Rev. Martín N. Añorga

           Hoy quiero dedicar mi artículo a Xiomara Alfaro, una gloria musical de Cuba  cuya voz paseó el mundo. Ha sido llamada “La Alondra de la Canción” y también “El Ruiseñor de la Canción”.  Xiomara está disfrutando de un merecido retiro en un acogedor pueblo del suroeste de Florida, y ya no aparece en los grandes escenarios que en el pasado les fueron propicios, aunque estamos seguros de que personas incontables la identificarían por su voz única y preciosa entonando la bella melodía Siboney.  Xiomara es una voz de ayer que se hace siempre de hoy.

            Siboney es una antológica canción que compusiera el legendario autor Ernesto Lecuona en el año 1929. ¿Recuerdan sus frases iniciales?  “Siboney, yo te quiero, yo me muero por tu amor”.  Esa canción ha sido traducida a varios idiomas.  En inglés la hizo famosa Bing Crosby en el año 1945; pero en nuestro idioma, la glorificó Xiomara Alfaro “con su voz de soprano de coloratura de impresionantes agudos”.

            Conocí personalmente a Xiomara y a su esposo el genial músico panameño Rafael Benítez, hace un par de décadas. Hoy día Rafael y Xiomara cuentan encantados más de 50 años de un matrimonio feliz y ejemplar. Son cristianos militantes que viven y proclaman con nobles actos la fe que les sostiene.

            Algo que me ha llamado la atención de Rafael y Xiomara es la sencillez que les caracteriza. Viven humildemente, sin las paredes cubiertas de proclamas ni las vitrinas repletas de trofeos. Hablar con ellos es un contrato con la alegría. A Xiomara hay que escucharla reír. Si bien su canto es un regalo celestial, su risa es un encanto, desbordante, musical y contagiosa. Parece una adolescente cuando expresa su alegría. La hemos visto con la salud quebrantada; pero jamás con su risa clausurada. Le hemos conocido, como a todo ser humano, en momentos de quebranto y dificultades; pero jamás la hemos visto huérfana de su risa. Es una mujer feliz, con larga historia de triunfos sobre sus hombros, siempre anclada en los brazos de su esposo, y haciendo gala de una simpatía con perfil angelical.

            Xiomara nació un sábado 11 de mayo, pocas horas antes de la celebración del Día de las Madres. El año no lo mencionamos a pesar de que a ella no le molestaría, sino porque a nosotros nos interesa ser respetuosamente discretos. Su primera intención fue la de hacerse enfermera, vocación  propia de alguien que ama al prójimo que espera que manos amables le alivien el dolor; pero le gustaba cantar, a solas y sin maestros.

          Cuenta ella que conoció a un joven bailarín llamado Alejandro a quien le gustaba escucharla cantar, y en cierta ocasión la invitó a que acudiera al Teatro Martí donde se llevaría a cabo el ensayo de una revista musical llamada “Batamú”. El director y compositor de la revista, el profesor Obdulio Morales le pidió que interpretara una canción. “Yo canté Siboney” –cuenta Xiomara, y añade con matiz de ingenuidad, “y acto seguido me contrató”.  Ese fue el comienzo de una larga carrera de más de medio siglo de éxitos continuados, y siempre coronados con una avalancha de aplausos.

            Poco después Xiomara fue estrella en la revista “Bobelle”, en el afamado centro nocturno “Sans Souci”. Y casi de inmediato cantaba ya como parte de un coro en uno de los más conocidos cabarets del mundo, “El Tropicana”, donde posteriormente fue aclamada como intérprete de canciones como “Luna Rosa”, “Moliendo Café”, “Serenata Mulata” y su inseparable “Siboney”.

            El destino de Xiomara estaba diseñado.  Ya conocida como excepcional intérprete de la música en todas sus variaciones, fue contratada por Katherine Dunham, famosa intérprete de la danza, coreógrafa, autora, educadora y activista social, quien falleciera a la edad de 96 años dejando atrás una estela de respeto para las personas de la raza negra que incursionaron por los bellos caminos del arte.  Por vez primera participó Xiomara de una gira por el continente europeo, actuando en España, Portugal, Bêlgica y Francia, llegando, incluso, a Grecia.  Después de este recorrido extra continental, Rafael y Xiomara fueron conquistadores del mundo en reiteradas ocasiones.

          Al regresar a La Habana volvió, ya como intérprete de fama mundial a El Tropicana, y de aquí se convirtió en la viajera que difundió en disímiles escenarios la voz de la música cubana, con espíritu patriótico y muy respetable profesionalismo.  Cuando uno habla con Rafael Benítez, esposo y admirador número uno de Xiomara, se fascina escuchando las anécdotas de las experiencias vividas en las grandes ciudades de América Latina, Estados Unidos, Europa y otros distantes rincones del mundo. “¡Conozco más de 36 países!”, interviene Xiomara, y exclama que como Cuba no hay otro lugar. Ha hecho saber que cuando muera debe ser incinerado su cuerpo y esparcidas sus cenizas alrededor del mar que acaricia las costas cubanas.

            Un dato muy especial sobre Xiomara es que no tan solo se presentó en teatros y centros nocturnos de renombre, sino que fue estrella radial y actriz de cine. Participó en el filme “Mambo”, con Silvana Mangano y Victorio Gassman.

            Pudiéramos seguir la espléndida carrera de Rafael y Xiomara; pero queremos dedicar parte de este trabajo para referirnos a estas dos distinguidas personalidades en términos de la amistad que nos hermana. En cierta ocasión, ya Xiomara había abrazado la fe evangélica, le pregunté cómo se sentía en el ambiente un tanto mundanal de los clubes nocturnos. Nos confesó que jamás bebía alcohol ni caía en temas impropios de su acreditada identidad profesional.  

          Es más, me dijo en medio de su sonora y contagiosa risa, que siempre terminaba sus presentaciones cantando el “Padre Nuestro”. Le pregunté asombrado, “¿El Padre Nuestro en un cabaret?”. “Pues sí, - me respondió- y si viera como la gente guarda silencio y hasta baja la cabeza, usted no lo cree. Los más grandes aplausos son como un amén a mi Padre Nuestro”.

            Por varios años Rafael y Xiomara participaron de los servicios de Acción de Gracias que celebrábamos en la iglesia de la que fui pastor. Los feligreses no cabían en el templo y afuera del mismo se congregaban para disfrutar de las melodías de Xiomara numerosas personas. Eran mañanas que se convirtieron en inolvidables.  

          Recuerdo que terminadas las actividades se aglomeraban sobre Xiomara, para abrazarla y agradecerle el regalo de su prodigiosa voz, sin que ella manifestara molestia alguna, haciendo una larga fila, los feligreses agradecidos.  No olvido a la ancianita que no quería separarse de Xiomara.  Me dijo, entre lágrimas, que siempre quiso conocerla y que ahora no quería apartarse de ella.

            Durante una larga etapa de diez años Xiomara y Rafael se fueron a residir a la populosa ciudad de Atlanta. Pocas veces vinieron a Miami a participar de actos artísticos, aunque visitaron la ciudad de Tampa, donde Xiomara cubrió de gloria, con el matiz angelical de su voz, los cielos de la histórica urbe donde pronunciara Martí uno de sus más preciados discursos.

            No olvido su última aparición pública en los predios del  Auditorio Dade County. Por el escenario desfilaron figuras casi míticas de la canción. Recuerdo que Blanca Rosa Gil dejó el escenario del famoso anfiteatro con el eco de una de sus más lindas canciones.  Le correspondió  después el número final a Xiomara Alfaro, en una noche que se sentía adolorida para permanecer de pie. Apareció, con su baja estatura, andando despacio y se situó con aire triunfal frente al micrófono. Cuando soltó el poder de su voz, se estremeció el público.  Vi lágrimas en los rostros y hasta vi agigantarse a aquella mujer que nos llenaba el corazón de ternura.  La aplaudieron, de pie, por varios minutos al tiempo en que los gritos de alabanza  resonaban como un impresionante coro de tributos.

            Confieso que esa noche, lloré. Le dije después a Xiomara que nunca había  experimentado una tan intensa emoción.  Ella, con una sencillez adorable, susurró una humilde frase de gratitud a Dios.

            Dos palabras he usado para referirme a Xiomara Alfaro: “RISA Y CANCION”, y lo he hecho así porque Xiomara canta pintando flores en el cielo y ríe con una felicidad y una alegría que nos contagia el corazón de paz.

   Diciembre del 2014