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4 de enero de 2020

¿EXISTEN LOS REYES MAGOS?





¿Existen los Reyes Magos?

Sí, Leslie, los Reyes Magos existen.


José Ignacio Rivero a Leslie Ricardo.


Querida Leslie:

 Pena me da decírtelo, pero tus amiguitas quizás tengan razón. Si tú no crees en los Reyes Magos, corres el riesgo de que los Reyes Magos no te visiten y se olviden para siempre de ti. Las cosas, Leslie, dejan de tener realidad cuando comenzamos a no creer en ellas. Tú ahora no lo comprendes porque eres una niña; mañana, estoy seguro de que sí.

Te han dicho tus amiguitas mayores que es absurdo aceptar la asombrosa rapidez con que unos cansinos camellos visitan en una noche de esperanzas a millones de niños; que es más lógico suponer que esos juguetes que aparecerán en millones de camitas la mañana del 6 de enero, habrán sido dejados ahí por las manos temblorosas de emoción de otros tantos millones de papás y de mamás que, al dejar los regalos, renuncian incluso a la gratitud de sus hijos atribuyéndoselos a los magníficos Reyes Melchor, Gaspar y Baltasar, que tan buenos fueron con el hijo de Dios cuando vino al mundo.

Esta versión ha sembrado en tu ánimo la duda; y ya no estás muy cierta de si son tus padres los que acordarán de ti esa noche venturosa o los tres monarcas orientales que tanto quieren a los niños que se portan bien.

Pues mira, Leslie, el que existan o no, ello dependerá de ti. Si crees en los Reyes, los Reyes existen y seguirán acordándose de que existe Leslie; pero si Leslie no cree en los Reyes, ¿por qué los Reyes van a creer en Leslie?

Con ellos te ha de suceder ahora lo que te acontecerá, cuando ya no seas niña, con infinidad de cosas en las que tendrás que poner una fe muy grande para estar segura de su existencia. Mañana ya no serán unos Reyes sino quizás un príncipe (¿qué hombre no es un príncipe para una enamorada?) que te ofrendará algo muy distinto de tus juguetes de hoy, y tendrás que creer en el amor, en la eternidad y en lo que parece más imposible: en la eternidad del amor.

Tendrás que creer, sí, pues de lo contrario te será negada esa tremenda y dolorosa dicha que consiste en asomarse a una ventana de fuego para percibir ligeras ráfagas y sordos murmullos del infinito y de la eternidad, esas dos dimensiones de Dios.

Cree, Leslie, cree en los Reyes Magos. Una de las razones porque el mundo está tan triste es porque los niños dudan demasiado pronto de que los Reyes vengan todos los años a la tierra y de que los hombres, muchos hombres, dudan de que hayan venido alguna vez.

¡Si supieras, Leslie, cómo se empobrece el mundo cuando los niños participan de la incredulidad de los hombres, cuando los hombres pierden la ingenuidad de los niños!

Antiguamente, Leslie, los hombres eran más sabios. Supieron enriquecer al mundo con bellas leyendas, y de cada una hicieron una antorcha, y con ellas lo alumbraban. De aquellas claridades aún estamos viviendo, y aunque infinidad de hombres yacen poseídos de la furia de apagarlas todas para asumir en las espantosas tinieblas de sus elucubraciones sin gracias, otros millones de hombres luchan por mantenerlas encendidas. Por eso, Leslie, vivimos aún con alguna claridad. Pero si algún día los niños todos de la tierra dejasen de creer en los Reyes Magos, y los hombres todos de la tierra dejasen de creer en el Niño que tuvo por cuna un pesebre, nos quedaríamos a oscuras como si el género humano hubiese perdido la vista o el sol dejase de alumbrar.

Si supieras, Leslie, lo que te ha de costar con el tiempo creer en la existencia de seres benevolentes que dan algo a cambio de nada, hoy te aferrarías a la idea sana de que existen tres seres reales que te dan algo al precio mínimo de que creas en ellos.

Te han dicho que son tus papás los que compran los juguetes y los ponen junto a tu cama. Si fuese así, no por ello dejarían de existir los Reyes Magos. ¿Quién ordena a los padres que premien a los hijos buenos sino Melchor, Gaspar y Baltasar? Tus padres no tendrían por qué comprarte juguetes en esta ocasión si no fuera por complacer a los Reyes Magos ¿Es que tus padres no te lo dan ya todo? Todo, todo, todo...¡Y a cambio de nada!

¿Quién puso en el corazón de tus padres por ti sino el buen Dios que hizo todas las cosas? Alguien te dirá que hasta los irracionales quieren a sus hijos. Pero es por breve tiempo. Al perro poco le importan sus cachorros, y la perra les disputará a dentelladas la comida, no bien puedan valerse por si mismos. Aunque entre los humanos, tribus hay donde los padres venden a sus hijos como si fuesen terneros, y en algunos países, fuertes y civilizados, donde no se adora a Cristo, los padres se valen de sus hijas para pagar sus deudas.

Los Reyes Magos existen, Leslie. Si fueran unos seres fantásticos, existirían también, porque no hay nada más real que la fantasía. Ella ha poblado el mundo de personajes que tienen mucha más vida que las miríadas de individuos que tus ojos pueden ver y tus manos tocar. Si un prodigio telúrico, desde algún remoto planeta se estudiase este otro en que vivimos, al referirse a, los seres que lo habitan quedarían registrados Don Quijote, Hamlet, Fausto, Don Juan, Ulises y un centenar más de personajes que, al decir del vulgo, no han existido nunca. Y es que los hombres de carne y hueso, querida Leslie, son tanto más reales cuanto más se aproximan a aquellos otros que forjaran o la fantasía de los poetas o el genio de los noveladores o la musa popular.

El mundo, Leslie, está hecho de quimeras, y dile a quien te diga que no existen los Reyes Magos que es un mentiroso delirante, pues existirán, Leslie, hasta que tú misma los destruyas.

Que ellos te colmen de dones, como compensación anticipada de las penas que te reserva la vida, son los fervientes deseos de este tu amiguito que cree en los Reyes Magos como una de las pocas cosas serias en que todavía se puede creer.

José Ignacio Rivero,
Diario de la Marina, 1940.

10 de septiembre de 2019

LA LITURGIA: EL ARTE DE CELEBRA LA FE




La liturgia:
El arte de celebrar la fe

Rogelio Zelada

En una reunión de pastoral y vida parroquial, un grupo de laicos se quejaba ante el párroco porque la celebración dominical de la Eucaristía, “era demasiado larga, insípida, monótona y aburrida”. El párroco, que era quien siempre la presidía, muy molesto, les contestó:

«Pues, prepárense, ¡Que el cielo es una Misa que no se acaba nunca!» Una justificación no excenta de ambigüedad ya que, si bien la Misa no es un espectáculo para entretener  a los creyentes, la forma de celebrar los sagrados misterios de Cristo debe ser el lenguaje con que la Iglesia vibra y hace vibrar la experiencia vital de la comunidad. Un lenguaje articulado en la más profunda convicción cristiana que saca de la historia y de la teología los signos para celebrar y vivir la Fe que ha recibido del mismo Cristo, de la tradición fundante de los apóstoles  y del enriquecimiento que la reflexión a lo largo de siglos ha ido aportando a las formar litúrgicas.

Todo lo que es objeto de la Fe tiene su lugar en la oración de la iglesia. Celebramos aquello que creemos, y toda celebración es una reafirmación en la comprensión de las verdades a las que somos llamados a adherirnos desde adentro. La liturgia no sólo celebra la Fe dentro de un modelo de iglesia, sino que lo manifiesta. No sólo celebra los acontecimientos (el recuerdo del pasado), sino también todas las afirmaciones que brotan de las experiencias importantes que ha vivido y vive actualmente. La ley y las formas de oración, celebración y culto, no son únicamente la ley de la Fe sino también la ley del ser y el hacer de la comunidad creyente, porque hay una relación directa en la manera de entender  el presente en que se vive y, desde esa experiencia compartida, asumir una determinada imagen de Dios, de Cristo de la iglesia y también de la liturgia y de la acción pastoral.

El antiguo lenguaje de la liturgia ha adquirido expresiones más actuales a partir de la gran renovación del Concilio Vaticano II. San Juan XXIII advertía a los padres conciliares que la mejor forma de conservar el tesoro de la tradición y la Fe no era “guardarla en un museo”, sino devolviéndole la vitalidad propia y la necesaria comprensión de los signos y ritos por parte del pueblo de Dios, válido y verdadero celebrante de la liturgia.

En los primeros siglos de la Iglesia se accedía al bautismo a través de una auténtica conversión consolidada por el proceso del catecumenado, que demoraba el tiempo que fuera necesario; una vez que el candidato, después de la cuaresma y en la noche de la vigilia pascual, era plenamente iniciado a través de los sacramentos del bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, el obispo los convocaba a todos durante las siete semanas de pascua para iniciarlos en la comprensión de los contenidos y el lenguaje sagrado de la liturgia. Estas catequesis, llamadas mistagógicas, completaban la instrucción recibida durante el catecumenado y permitían a los neófitos entender el significado de los ritos, signos y símbolos que podían encontrar en las celebraciones comunitarias.

La catequesis Mistagógica era imprescindible para que el creyente accediera al entendimiento del lenguaje litúrgico y pudiera entender los sagrados misterios de Cristo y disfrutar de ellos a plenitud. Con el paso de los siglos y el devenir de la iglesia, estas catequesis fueron abandonadas y la celebración de la asamblea creyente se convirtió  en un rito misterioso al que había que asistir en silencio, sin participación,      exterior, separados por la barrera  del latín, exento  de visibilidad, con el altar ahogado por inmensos retablos, en el que la más importante liturgia, la de la Eucaristía, aparecía como asunto exclusivo  del sacerdote o del obispo, y que nos obligaba a “oír Misa los domingos y fiestas de guardar”, con una actitud pasiva y al menos, aunque tardíamente, siguiendo lo que pasaba ante nosotros con la ayuda de un misal bilingüe.

La renovación litúrgica nos hizo saltar desde la extremada pasividad a la que estábamos reducidos en la liturgia preconciliar a la extrema exteriorización en una participación  plena, activa y consciente de los ritos del culto católico, pero con la deficiencia de la ausencia de una catequesis simbólica que ayudara a la comprensión de la rica tradición celebrante de la Iglesia. Nos queda el reto de asumir el entendimiento del sentido de los ritos del año litúrgico, del valor de las fiestas, de la apropiación de los gestos que se realizan y la palabras que se pronuncian, de asimilar los textos que se proclaman, se recitan y se cantan y en definitiva de dejarse penetrar por las imágenes que se observan y los perfumes que se huelen. Se nos invita a celebrar bien para dar la mejor imagen de una iglesia que, alimentada en el espíritu, manifiesta su verdad en la calidad de los signos.

San Juan Pablo II nos recordaba que «la asamblea litúrgica es el signo de la hospitalidad a Cristo y a los que El ama». Hay que cuidar de la calidad de la liturgia, de los signos, las personas y el lugar  de la celebración de la Fe, para que éstos hablen por sí mismos, catequicen, manifiesten y guíen a Cristo. De esta manera la asamblea de los fieles se transforma en el gran signo de la Palabra de Dios, escuchada y asumid, expresada en la oración, el canto, la música, las personas, los colores, las vestiduras y el silencio, se trata de manifestar la conexión entre lo humano y lo divino para transparentar la presencia de Cristo en el hermoso centro de la liturgia».

Tal como pedía el Papa Pablo VI al comienzo de la aplicación de la reforma litúrgica:«dediquen sumo cuidado al conocimiento y la aplicación de las normas con las que la Iglesia quiere celebrar el culto divino». Y también reconocía en su alocución que esto «No es cosa fácil, es una cosa delicada, requiere asistencia personal. paciente, amorosa, verdadera- mente pastoral».

Y en eso estamos…

Reproducido de “La Voz Católica”, revista mensual de la Arquidiócesis de Miami. Rogelio Zelada es Director Asociado de la Oficina de Ministerios Laicos. 

7 de julio de 2019

ENTRE LOBOS




Entre lobos

Rogelio Zelada

Las palabras del Maestro no encontraron esta vez un buen eco en el corazón de sus discípulos, tanto que de repente todos pensaron o quisieron pensar haber oído mal.  La mayoría no ha podido entender todo el alcance del anuncio de Jesús, pero ha tenido miedo de preguntar su significado. Solo Pedro, que no ha podido soportar que Jesús hable de rechazo, de padecer, de ser asesinado  por la conspiración de los sacerdotes y los maestros de la ley, y que, en privado, lo ha increpado por la imprudencia de lo que considera una locura sin sentido.  Al momento, Jesús, enérgicamente, rechaza la propuesta de Pedro  y lo compara nada menos que con el mismo Satanás: «Pedro, tus pensamientos vienen del mundo y no de Dios».

Una y otra vez Jesús anuncia su dolorosa muerte y el posible destino de martirio de los que deben compartir con él su cáliz. Un camino difícil que, por fidelidad a su maestro crucificado, deberá afrontar la Iglesia a través de los siglos. La vida gloriosa de la resurrección es el final de muchas historias dolorosas que tocará vivir desde el comienzo miso de la fe cristiana creyente.

A Esteban apenas le queda tiempo para perdonar a sus asesinos que lo aplastan tras una lluvia de piedras. Pedro, crucificado con los pies hacia arriba, regará con su sangre la arena de Roma, y Pablo, por ser ciudadano romano, tendrá el “privilegio” de una rápida muerte cuando el verdugo, con un golpe de espada, cercene su cabeza. El martirio será el signo que identifique el más alto honor de las comunidades cristianas de los primeros siglos, y también de toda la historia de la Iglesia.

Visitaba yo en París la iglesia del Convento de los Padres Carmelitas; un santuario que guarda las reliquias de ciento noventa y un mártires del terror, que en nombre de “la libertad, la igualdad y la fraternidad”, la revolución  francesa asesinó en varios lugares de la Ciudad Luz.

El templo guarda en sus nivel inferior  los cráneos de los arzobispos, obispos,  sacerdotes, religiosos y laicos  que, por fidelidad al Evangelio, se negaron a jurar la constitución civil del clero, por considerarla fundamentalmente opuesta a la Fe de la Iglesia.

El templo del Carmen, convertido en cárcel del clero, tenía, a ambos lados de la nave, dos escaleras que conducían a la huerta de los frailes carmelitas: por una debían bajar los que se negaban a firmar la constitución revolucionaria, y allí mismo recibían un disparo en le la sien y sus cuerpos eran arrojados al jardín, a una fosa común; por la otra puerta abandonaban el templo los que se plegaban al miedo y firmaban el acta que disolvía sus vínculos con la Iglesia de Roma.
Bajar a la cripta impresiona hondamente el ánimo del que la visita; cientos de cráneos humanos, cada uno de ellos con la huella de un disparo en la cabeza, se encuentran perfectamente colocados  en unos grandes relicarios encerrados en rejas de hierro.

Todas la víctimas de este martirio colectivo, que sucedió a principios del mes de septiembre de 1792, fueron beatificadas por Pío XI en 1926. Junto a estas reliquias  de los mártires de Francia, por expreso deseo personal, se encuentra la tumba de Federico Ozanam, un laico y político francés  que fundó la Sociedad de las Conferencias de San Vicente de Paúl.

Dos años después del crimen de los mártires de París, diez y seis Madres Carmelitas del Monasterio de Compiégne fueron a la guillotina  por la misma razón que éstos. A las religiosas contemplativas, como a todas las monjas de Francia, les confiscaros sus monasterios , ya que todos los conventos, también en nombre de la “libertad”, fueron suprimidos. La terrible persecución contra la Iglesia y las comunidades religiosas, amparada por una ley del 13 de febrero de 1790, declaró que la vida  conventual y claustral eran “enemigas de la razón”. Las carmelitas descalzas fueron obligadas a dejar no sólo el monasterio, sino también los hábitos religiosos, forzadas por una “revolución” ansiosa por “liberarlas” de aquel “sometimiento contrario a la libertad que era la vida religiosa” y de algo tan ”innecesario“ como el “dedicarse a la oración y a la vida contemplativa”. Las religiosas, desde el más absoluto anonimato, siguieron su vida de comunidad clandestinamente, en algunas casas de fieles católicos.
El culto fue eliminado y sustituido  por el “culto a la diosa razón, con una prohibición que alcanzaba incluso el ámbito privado. Toda expresión religiosa detectada y denunciada podía ser considerada  como alta traición a la revolución, un delito que conllevaba la pena de muerte.

Una denuncia anónima al Comité de Salud Pública desató las iras de las autoridades que detuvieron a las monjas acusadas de burlar la leyes al vivir en comunidad, y fueron condenadas a muerte por “conspirar para restablecer la monarquía  y la preponderancia católica”.  Las trasladaron con las manos atadas a la espalda  la Conciergerie de Paris, repleta de sacerdotes y religiosos condenados a muerte, acusadas de fanatismo, de mantener los votos religiosos, vivir en comunidad y de “apego a esas creencias infantiles y a sus tontas prácticas religiosas”, y de ocultar armas en el convento.

La priora, la M. de San Agustí, bandindo su crucifijo respondió al tribunal: «Esta es la única arma que guardamos en el convento, y jamás hemos tenido otra».
El 17 de julio de 1794, junto a la guillotina, las religiosas renovaron sus promesas bautismales y los votos que las unían al Carmelo. Cantaron el “Te Deum” y subieron tranquilas al cadalso, y las diez y seis  Carmelitas fueron guillotinadas mientrasiban cantando el “Veni Creator Spiritus”. El Papa San Pío X las inscribió en la lista de los beatos mártires el 27 de mayo de 1906.

Como antes, y desde entonces, la lista de mártires de la Iglesia Católica ha crecido y se ha extendido a todas partes del mundo, desde las dictaduras comunistas del este de Europa, al Asía, al mundo árabe, a Latinoamérica, África, India, etc.

Ya lo sabemos, los discípulos no podemos ser menos que el Maestro, y el leño seco no podrá ser mejor tratado que el verde. En definitiva, desde las palabras proféticas de Cristo, no podemos perder de vista  que hemos sido enviados como ovejas en medio de lobos.

Reproducido de la revista “La Voz Católica” de la Arquidiócesis de Miami. Rogelio Zelada es Director Asociado de la Oficina de Ministerios Laicos.

Ilustración: San Esteban conducido al martirio. Juan de Juanes. (Óleo sobre tela, Museo del Prado, Madrid).

13 de abril de 2019

SEMANA SANTA: DÍAS DE MEDITACIÓN

Días de Meditación
Por: Maria Teresa Villaverde Trujillo


Mi infancia religiosa con Jesús y María,
transcurrió  en la parroquia
"El Salvador del Mundo" 
Con las charlas  de Monseñor Alfredo Muller San Martín.


Erigido fue el templo de madera en el 1880 y restaurado en 1807 así como  declarada "parroquia" por el Obispo Espada. Mas tarde reconstruida por orden del Obispo  Félix Solans. Ls últimas reformas del templo  las hizo  el Reverendo Pbro. Marrero en  1908, su parró en aquella época. 

La Sagrada Misa


Los últimos estudios revelan que la Última Cena de Jesús con los discípulos se efectuó en miércoles, tema que mantiene dividido a teólogos e historiadores. Mateo, Marco y Lucas dicen que la Cena coincidió con el inicio de la festividad de Pésaj. Juan señala que se produjo antes. Quizás la discrepancia surgió por el uso de distintos calendarios. La Cena se efectuaba en un lugar llamado el Cenáculo, en una casa que pertenecía a un amigo de Jesus. 

Llegada la hora de cenar se sentó con sus discípulos y les dijo:
“-Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebra hasta que tenga cabal cumplimiento en el reino de Dios. Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.”
Y tomando después el pan, pronunció la acción de gracias, lo partió en pedacitos y se lo dio a cada uno, diciendo:
“-Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.
Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino:
“-Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes…" 
Es el momento en que instituye el Sacramento de la Eucaristía, fuente de la vida cristiana, y se desarrolla en dos distintos momentos que forman un solo culto: la liturgia de la Palabra y la escucha de la Palabra de Dios, y la Liturgia Eucarística con la presentación del pan y del vino, la que contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: Cristo mismo, nuestra Pascua.

El Sagrado Cáliz  

                                                    
El Santo Cáliz en la Catederal de Valencia 

La parte superior de la copa es la que usó Nuestro Señor en la última Cena.Al pie del Santo Cáliz se encuentra una inscripción en letras cúficas.
Según datos tomados del "heraldos valencia":

…el Santo Cáliz de la Última Cena fue llevado a Valencia en el año 1424 por el rey Alfonso El Magnánimo, procedente del monasterio San Juan de la Peña, a donde había llegado la reliquia desde Roma y, antes, desde Jerusalén. El mismo monarca donó la reliquia a la Catedral valenciana.  Sin embargo, en 1809, ante la inminente llegada de las tropas francesas a Valencia, el Santo Cáliz fue llevado a Alicante y, después, a Mallorca e Ibiza, donde permaneció hasta su regreso a Valencia en 1812. 

Finalmente, en 1916, el entonces arzobispo de Valencia, monseñor Valeriano Menéndez Conde, junto con el cabildo de la Catedral, acordó instalar el Santo Grial en la antigua Sala Capitular de la Seo en lugar del relicario en el que permanecía desde el siglo XV.

“...El Santo Cáliz de la Última Cena es una copa que consta de tres partes distintas entre sí. La superior, de piedra ágata cornalina oriental, semiesférica, que mide 9,5 centímetros de diámetro en la boca, 5,5 de profundidad por el interior y 7 centímetros de altura desde la base al borde, procede de un taller oriental, helenístico-romano, fechable entre los siglos II-I antes de Cristo. El pie está constituido por un vaso ovalado e invertido, del mismo color y parecido material que la copa. La vara sirve como elemento de unión entre la copa y el pie, con la añadidura de las asas y de una guarnición de oro puro que soporta el engaste en el pie, añadido posteriormente, de perlas y piedras preciosas...”
 
(Fuente: Heraldos del Evangelio en Valencia)


En la Liturgia cristiana, el cáliz es la copa sagrada –indispensable- para el sacrificio de la Santa Misa y contiene el vino que representa la Sangre de Cristo.  El cáliz nos recuerda ciertos pasajes bíblicos así como en la Última Cena, la copa contenía el vino que significaba ser Su Sangre. 

Alrededor del Cáliz se han forjado bellas historias o narrado sublimes leyendas: alrededor  de la institución de la Eucaristía en la memorable tarde de aquel primer Jueves Santo. 
Según se dice... 
...la historia comienza con José de Arimatea, rico hebreo que se hizo cargo del cuerpo de Cristo para enterrarlo y que, parece ser, se quedó en posesión del cáliz utilizado por Jesús en la Última Cena. Mientras Arimatea está lavando el cuerpo de Cristo, recoge en el cáliz la sangre que se vierte de las heridas.  Esta preparándolo para, -envolviéndolo en una sábana de puro lino-, depositarlo en la sepultura. Tras la desaparición del cuerpo, se acusa a José de haber robado el cáliz y se le encierra en prisión sin alimento alguno.  Allí se le aparece Cristo, quien bañado en una luz resplandeciente, le confía el cáliz, lo instruye en los sagrados misterios de la Misa y desaparece....  

Otra leyenda aflora como complemento de la anterior diciendo que..
...milagrosamente José se mantiene con vida gracias a una paloma que penetraba en su celda y cada día depositaba una Hostia en el cáliz.  En el año 70, Arimetea queda en libertad y marcha al exilio junto a un pequeño grupo de seguidores, entre los que figuraban su hermana y el marido de esta, Bron... Construyen entonces una mesa para sentar doce personas, llamada la Primera Mesa del Grial. Mas un asiento queda vacío: el puesto de Judas Iscariote... 

La traición de Judas
-El beso de Judas-
Obra del pintor italiano Giotto di Bondone
Se conserva en la Capilla de los Scrovegni, PaduaItalia


Habiendo mencionado Jesús que faltaban horas para la celebración de la Pascua, los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás, y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con astucia y darle muerte. Pero decían: 
"No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo"

En aquel tiempo, Judas Iscariote, uno de los doce Apóstoles, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: 
-¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego? 
...y se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Entonces Judas buscaba ocasión propicia para entregarlo.

El primer día de los ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
¿Dónde quieres que te preparemos la Cena de Pascua?

Jesús contestó:
Id a casa de Fulano y decidle: "El Maestro dice: mi momento está cerca;
 deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos
"

Los discípulos cumplieron las instrucciones y prepararon la Pascua..
 Al atardecer Jesús se puso a la mesa con los Apóstoles. 

y despues es negado por Pedro  


Pedro desde lejos seguía a la multitud que llevaba a Jesús detenido a la casa del Sumo Sacerdote. Una vez allí y en tanto presentaban a Jesús ante los miembros del Sanedrin, hicieron fuego en el patio y algunos se sentaron a calentarse y a esperar, …entre ellos Pedro que al hablar lo delata el acento galileo.

Una criada se le queda mirando y exclama:
                      _Tú también estabas con Jesús el nazareno
Mas Pedro negó, 
             -No le conozco, ni sé lo que dices. 
Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: 
             -Éste es de ellos.

A la tercera vez que la mujer insistió Pedro negó y salió afuera...en eso cantó un gallo anunciando la entrada del nuevo día.  

Entonces, Pedro recordó lo dicho por Jesús en la Santa Cena "antes de que cante el gallo me negarás tres veces"

………y caminando lejos de allí se soltó a llorar amargamente.

…y condenado fue  por el Sanedrín.

Al Sanedrín también pertenecían Gamaliel,  Jose de Arimeteo y Nicodemo.

Llevaron a Jesús y lo hicieron entrar en la casa del Sumo sacerdote.
Hicieron fuego en el patio para calentarse, algunos se sentaron
y entre ellos Pedro que los había seguido desde lejos.
En la mañana se reúne el Sanedrín formado por los ancianos, el Sumo Sacerdote y los escribas. El Consejo Supremo esperando encontrar testimonio contra Jesus para sentenciarlo pero no lo hallaban porque los testigos daban falsos testimonios y ninguno concordaba en su declaración:

         _"Le oímos decir que destruirá el templo y lo levantara en tres días"
Entonces el Sumo sacerdote, levantándose interroga a Jesús esperando que El declare que es el Mesías. 
_¿No respondes nada?  ¿Eres tú el Cristo, el Hijo de Dios?
A la afirmación de que Jesús pretendía ser el Hijo de Dios, Él les contesta:
“-Ustedes mismos lo han dicho: sí lo soy”.
Entonces ellos contestan que no hay necesidad de tener testigos; ...y ordenan llevar a Jesús ante Poncio Pilato, miembro de la nobleza inferior de Roma. 



Jesús es juzgado por Pilato, 

Jesús guardó silencio ante el tribunal de Poncio Pilato 

Entonces los miembros del Sanedrín contestan que no hay necesidad de tener testigos; terminada la reunión ataron a Jesus, lo sacan del palacio de Caifás   ...y lo llevan ante Poncio Pilato, el gobernador romano. Ellos sólo buscaban en los testimonios un pretexto para justificar la sentencia de muerte y guardar las formas de la justicia.

Pilato pregunta si él era el rey de los judíos, y Jesús responde:
“-Tu lo has dicho”.
Se presentan acusaciones. Jesús no habla. Pilato dice a los sumos sacerdotes y a la turba que no encuentra ninguna culpa en Él,  pero todos ellos insisten en su culpabilidad.  Pilato decide remitirlo a Herodes que en esos días estaba en Jerusalén y quien desde hacia tiempo deseaba presenciar algún milagro del llamado Hijo de Dios.

Hizo preguntas. Jesús no contesta. Herodes y su escolta se burlan. Le visten de blanco y se lo devuelven a Pilato.  Este convoca a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo; explica que no encuentra ninguna de las culpas de que lo acusan,    ...Herodes tampoco había encontrado. Por lo tanto ningún delito digno de muerte se ha probado. Así pues le aplicaría un escarmiento y lo saltaría.  

Pero es día festivo.  Es ocasión de dejar libre a un preso.  El pueblo pide que suelten a Barrabás. Pilato insiste en dejar libre a Jesús, pero todos gritan:

¡Crucifícalo!   ¡Crucifícalo!
 Y Pilato les decía:
         -¿Por qué? -Qué mal ha hecho?

Y ellos gritaban aún más: 
                                 ¡Crucifícale!


Crece el griterío. Pilato suelta a Barrabás –encarcelado por homicidio- y a Jesús lo entrega a sus verdugos. Pero, antes, Pilato manda traer agua y delante de todos se lava las manos diciendo:

"Yo no soy responsable de la muerte de este 
hombre; es cosa de ustedes"

 
Abril 12,  2019ashiningworld@cox.net 

-Publicado en el semanario LIBRE y en su edición digital LIBREonline-
 Martes,  Abril 2, 2019