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14 de febrero de 2015

Cartas de amor que han pasado a la historia

 
Cartas de amor
que han pasado a la historia

Mónica Arizabalaga, abc.es

«Esas cartas de amor que leen otros, esas cartas que, frías y desnudas, resistiéndose tiemblan de verguenza frente a los ojos que entrevén obscenos los actos inocentes, los más puros, esas cartas raptadas, violadas quizá por otro amor —irresistible», escribía Jorge Guillén. Y bien sabía de qué hablaba porque durante quince años mantuvo una correspondencia casi diaria con su novia y luego esposa, Germaine Cahen.

El medio millón de palabras vertidas por el poeta en las 793 misivas que le escribió de su puño y letra a su amada entre 1919 y 1935 fueron recogidas en 2010 en “Cartas a Germaine” (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). «No creas que todo mi sentimiento no es más que sensualidad, pero no creas que pueda amarte sentimentalmente, pero sin sensualidad. Te quiero, a ti, mi mujer», le decía el 6 de febrero de 1926 Guillén, que se confensaba en otra «muy tuyo y tuyo siempre».

Con la misma muestra de pertenencia al otro se despedía Beethoven  de su “amada inmortal” en una bella carta de amor en la que le decía: «Tranquila, mi vida, mi amor, sólo contemplando serenamente nuestra existencia podremos conseguir nuestro fin de vivir juntos (...) Siempre tuyo. Siempre mía. Siempre el uno para el otro».

¿Era  su “amada inmortal” Antonie Brentano, la esposa de su amigo Franz? ¿O la condesa Josephine Brunswick? Desde que se encontrara esta carta sin fecha al morir Beethoven en 1827, se ha especulado mucho con quién fue la destinataria de los bellos versos en los que el genial compositor le confesaba que su amor le hacía al tiempo «el más feliz y el más desgraciado de los hombres».

A Simón Bolívar quien le hizo sufrir fue la mujer del acaudalado médico inglés James Thorne. Manuela Sáenz se separó del británico para vivir un turbulento amor con el Libertador. «Cada momento estoy pensando en ti y en el triste destino que te ha tocado. Yo veo que nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y el honor. Lo veo bien, y gimo de tan horrible situación por ti; porque te debes con quien no amas; y yo porque debo separarme de quine idolatro. Sí, te idolatro más que nunca jamás», le escribió Bolívar el 10 de abril de 1825.

Apasionado -aunque lleno de infidelidades- fue también el amor que Napoleón Bonaparte profesó a Josefina. Once días después de su boda, tuvo éste que marchar como jefe del ejército francés a Italia y desde Niza le escribió: «Ni un solo día ha pasado sin amarte, ni una sola noche sin abrazarte en mis brazos, y ni una sola taza de té he tomado sin maldecir la gloria y la ambición que me mantienen alejado del alma de mi vida. En medio de mis ocupaciones, a la cabeza de las tropas, recorriendo los campos, mi adorable Josefina es la única en mi corazón, la que ocupa mi espíritu y atrapa mis pensamientos».

Napoleón acabaría repudiando a Josefina antes de casarse con María Luisa de Austria, tras un romance con María Walewska, con la que tuvo un hijo. Días antes de su abdicación, Napoleón le escribiría sin embargo una última carta: «Adiós, mi querida Josefina, resignaos como hago yo, y no perdáis el recuerdo del que no os ha olvidado jamás y no os olvidará jamás».

Decía Víctor Hugo que «es en las cartas de un hombre donde hace falta buscar, más que en el resto de sus obras, el sello de su corazón y el rastro de su vida» y lo cierto es que desde la primera carta de amor de la historia de la que se tienen noticias, que escribió un tal Gimil-Marduk a su amada Bhibi hace más de 4.000 años en la antigua Babilonia, ha habido tantas como historias de amor y desamor:

Eloísa y Abelardo, Enrique VIII y Ana Bolena, Robert Schumann y Clara Wieck, Víctor Hugo y Juliette Drouet (ella le escribió 18.000 cartas), Paul Verlaine y Arthur Rimbaud, Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós, Oscar Wilde y lord Alfred Douglas, Sigmund Freud y Martha Bernays, Franz Kafka y Milena Jesenská, Antonio Machado y Guiomar, Neruda y Albertina Rosa, Hannah Arendt y Martin Heidegger, Virginia Wolf y Vita Sackville-West...

El filósofo José Antonio Marina, que analizó en “Palabras de Amor” (Temas de hoy, 2009) más de 1.000 cartas, se preguntaba en el libro por qué se escriben cartas de amor. «Por amor, sin duda. Porque el amor es expresivo, porque los amantes están lejanos, porque quieren acercarse, porque se expresan mejor por escrito que de viva voz, por timidez», respondía Marina antes de señalar cómo muchos escritores prefirieron vivir amores distantes, mezcla de pasión y prosa. El poeta Khalil Gibran y la escritora libanesa May Ziadah, recordaba Marina, «mantuvieron una correspondencia que pasó de la amistad al apasionamiento, a pesar de lo cual nunca tuvieron la necesidad de verse».

Otros pasaron su vida juntos, como Winston Churchill y Clementine Hozier. que estuvieron casados años. El primer ministro inglés le confesó a su querida «Clemmie» en una carta sentirse «deudor, si puede haber cuentas en el amor» porque lo que había sido para él «vivir todos estos años en tu corazón y compañerismo ninguna frase puede transmitirlo».

Conmovedoras son las palabras que el filósofo André Gorz dedicó a su esposa Dorine, antes de suicidarse juntos en 2007: «Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, no pesas más de cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. (...) Necesito reconstruir la historia de nuestro amor para captar todo su sentido. Gracias a ella, somos lo que somos, uno por el otro y uno para el otro (...) Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos».

Otras cartas se escribieron pese a que nunca iban a poder ser leídas por su destinatario, como la que le escribió Katharine Hepburn a Spencer Tracy dieciocho años después de su muerte («¿Qué dices? No te oigo...»), la de Yoko Ono a John Lennon, o la del físico Richard Feynman a su difunta esposa, que recoge Shaun Usher en «Cartas memorables» (Salamandra, 2013) : «Tú, muerta, eres mucho mejor que cualquier otra persona viva (...) Amo a mi esposa. Mi esposa ha muerto. Rich. P.D: Perdona que no te envíe esto, pero ignoro tu nueva dirección».

Ilustración: Carta de Amor, óleo de Johannes Vermeer, Rijkmuseum de Ámsterdam 

Amaya y Joan Manuel Serrat en “Palabras de Amor”
https://www.youtube.com/watch?v=xn717Ex2hzo

13 de febrero de 2014

Los amantes de Teruel



Historias de amores

Los amantes de Teruel


Ana Dolores García

La leyenda de los Amantes de Teruel procede de una antigua tradición de esa ciudad medieval en la región aragonesa de España. En el año 1555 se descubrieron en la Iglesia de San Pedro de aquella ciudad los restos entrelazados de un hombre y una mujer que yacían sepultados en una de sus capillas. 

Junto a ellos, y tal como lo atestiguó un notario que presenció el descubrimiento, se encontraba un documento antiguo en el cual se relataba la historia de la que habían sido protagonistas. 

La leyenda, -o hecho real-, ha traspasado siglos, y de ella se conocen diferentes versiones aderezadas más o menos con los detalles conmovedores propios de cualquier historia romántica.

Estamos a comienzos del siglo XIII. Diego de Marcilla, (o Juan Diego Martínez de Marcilla, pues el verdadero nombre se hace borroso con el paso de los siglos), e Isabel de Segura crecen juntos en el Teruel medieval. Con la pubertad, el compañerismo infantil se torna en amor apasionado. 

Pero Isabel era de familia pudiente y Diego no. Era noble aunque sin muchas monedas. El padre de Isabel astutamente ofrece al joven un plazo de cinco años para que aumente sus bienes y pueda así obtener a Isabel en matrimonio.

Diego parte a buscar fortuna, prestigio y fama, y regresa a Teruel tras haberlos obtenido. Encuentra la ciudad engalanada y en fiestas y se entera que el motivo es la boda de Isabel que acaba de celebrarse, apremiada por la insistencia del padre en que desposara a un prominente personaje de la ciudad.

El apesadumbrado pretendiente logra entrevistarse con su amada y ante la ineludible realidad que ya los separa, sólo le pide un beso de despedida. Ella se niega. 

Aunque también lo ama y ha ido al matrimonio obligada por su familia, no puede cometer ese acto de infidelidad a su ya esposo. Ofuscado por tal negativa, Diego se desploma y cae muerto.

Al día siguiente se celebran los funerales de Diego en la iglesia de San Pedro, la misma donde pocas horas antes se desposara su amada. Isabel también se presenta. Se acerca al féretro, aparta el velo de su cara y da al cadáver el beso que había negado al hombre. Los rostros quedan unidos por tanto tiempo que los asistentes comienzan a murmurar ante tal desfachatez. Padre y esposo se acercan para separar a Isabel. Lo hacen fácilmente: está muerta.

Hay quienes afirman que esta leyenda tiene demasiada similitud con una de las historias del Decameron, pero lo cierto es que ha sido objeto de más de veinte poemas por parte de escritores prestigiosos como Tirso de Molina y Juan Eugenio de Harzenbusch. 

También Tomás Bretón compuso una ópera con libreto basado en la obra de Harzenbusch. Además, el hallazgo de sus restos mortales la atestigua.

Estos restos reposan hoy bajo un hermoso mausoleo obra del escultor Juan de Ávalos, sufragados por las donaciones de los enamorados de España, y visitados anualmente por cientos de curiosos turistas.

Teruel celebra cada año alrededor de la fecha del 14 de febrero una quincena de fiestas que han llamado "Las Bodas de Isabel". 

A más de representaciones teatrales de esta bella y trágica historia de amor, los turolenses escenifican torneos de caballeros medievales y espectáculos de danzas, preparan las comidas de la época y reviven con sus vestimentas a un Teruel desfasado pero orgulloso de su tradición.

adgarcia©2008-2014
Ilustración: Google

12 de febrero de 2014

Existieron en realidad Romeo y Julieta?


Historias de amores


¿Existieron en realidad
Romeo y Julieta?
 
Ana Dolores García

La trágica historia de sus amores viene siendo narrada desde hace casi medio milenio pero, ¿sucedió todo así como nos lo cuentan? ¿Cuánta variación puede haber respecto a los hechos, si es que de verdad éstos ocurrieron? ¿Cuánto de adorno, de elementos poéticos y hasta sublimes se agregó a una historia original que pudo no haber sido una tragedia tan romántica?

En el fondo no se trata sino de uno más de los muchos romances que se conocieron y se cantaron en toda Europa, y que sin duda estuvieron basados en hechos reales aunque adulterados. Cada país tenía los suyos, en verso o en prosa, que corrían de boca en boca o se cantaban por juglares, y que fueron conservándose y convirtiéndose en rústicas obras teatrales representadas en atrios de iglesias o plazas públicas.

La primera noticia «cierta» de los famosos amantes ha trascendido gracias a Matteo Bandello (1490-1560), un autor italiano del Renacimiento que recogió de la tradición oral y escribió más de doscientos cuentos o novelas cortas relatando romances y crímenes pasionales, tal vez imitando el conjunto recogido por Bocaccio en su Decameron. Uno de esos cuentos fue precisamente la novela de Julieta y Romeo.

Un editor francés, Pierre Boaistuau, la incluyó en 1559 en el conjunto de Histoires tragiques de Bandello, traducidas al francés. En esta traducción se basó el autor inglés Arthur Brooke para publicar en 1562 su «Historia Trágica de Romeo y Julieta».

Es entonces cuando aparece William Shakespeare (1564-1616) y, recogiendo datos de lo escrito por Bandello en italiano, traducido al francés por Boaistuau y luego al inglés por Brooke, y unido esto a otra obra paralela y sobre mismo tema escrita en prosa por William Painter en 1562, arma su universalmente aclamado drama teatral «Romeo y Julieta», concluido en 1597.

Sobre la veracidad de hechos y personajes persisten las dudas. Se menciona la afirmación de un italiano contemporáneo de Shakespeare de que los jóvenes vivieron realmente en la época medieval. Precisa la fecha: 1303, pero es su palabra solamente. El hecho no ha podido ser comprobado. Se tienen datos de la existencia de las familias Montesco y Capuleto, aunque no hay seguridad de que hayan vivido en Verona. En esa ciudad se conserva y se exhibe una casa en que se dice vivieron los Capuletos, con un balcón muy a propósito para las escenas que contiene el drama.

Lo cierto es que la obra de Shakespeare ha inmortalizado la historia. Basándose en ella, la misma trágica suerte de los dos amantes ha sido contada en óperas, ballets, poemas sinfónicos y versiones cinematográficas. En óperas, se cuentan al menos veinticuatro versiones, la más conocida de ellas es «Roméo et Juliette», de Charles Gounod, estrenada en 1867. Entre los ballets sobresale el que compuso Sergei Prokofiev en 1935. Berlioz le creó una sinfonía en la que solistas y coros interpretan pasajes de la obra. Y Pedro Ilich Chaikovsky estrenó en 1869 la obertura «Romeo y Julieta», que es en realidad un extenso poema sinfónico. No puede dejar de mencionarse la partitura musical del filme «West Side Story», basado en una adaptación del drama shakesperiano al ambiente de las pandillas juveniles en la ciudad de Nueva York.

Las versiones cinematográficas que se han realizado con el argumento de «Romeo y Julieta», suman ya mas de trece desde 1912.  La primera adaptación de mérito la realizó George Cukor en 1936; Renatto Castellani produjo en 1954 la primera versión en colores, y los rusos filmaron el ballet de Prokofiev en 1955.

No faltó Cantinflas con su parodia de 1943. En 1962 se filmó la originalísima «West Side Story» ya mencionada, con música de Leonard Bernstein. La versión cinematográfica más lograda es probablemente la que realizó con su maestría habitual Franco Zeffirelli en 1968.

De los archivos de Palmas Amigas.

11 de febrero de 2014

Los amores de Calisto y Melibea

 
 
Los amores de Calisto y Melibea

Ana Dolores García
 
Los amores de Calisto y Melibea han sido comparados por muchos con los de Romeo y Julieta.
 
“La comedia de Calisto y Melibea” fue el título original de un drama teatral  de 16 actos atribuido a Fernando de Rojas,  publicado en 1499  (o al menos esa es la primera edición conocida), que ha alcanzado más popularidad como "la Celestina", uno de sus personajes. 
 
Tres años después, en 1502, apareció otra edición, esta vez con el nombre de “Tragicomedia de Calisto y Melibea”  y con cinco actos adicionales. Las dos versiones marcaron en gran medida  la aparición de la novela y el teatro modernos en nuestro idioma. 
 
Sin embargo, “La Celestina” –uno de los personajes  de la obra— ha prevalecido a partir del siglo XVI como el título más conocido. La historia, comedia o tragicomedia de Calisto y Melibea ha pasado a un segundo y casi ignorado término. 
 
De cualquier modo, no importa mucho cuál es el personaje que se ha impuesto a la posteridad, porque la obra en sí puede catalogarse como una de las más importantes de la literatura española.
 

"La Celestina", óleo, Pablo Picasso, 1903
 
 Wikipedia nos facilita su argumento:
 
"La obra comienza cuando Calisto ve casualmente a Melibea en el huerto de su casa, donde ha entrado a buscar un halcón que se le ha escapado  y le declara su amor.  Ella lo rechaza, pero ya es tarde, Calisto ha se ha enamorado perdidamente de Melibea.
 
Por consejo de su criado Sempronio, Calisto recurre a una vieja prostituta y ahora alcahueta profesional llamada Celestina quien, haciéndose pasar por vendedora de artículos diversos, puede entrar en las casas y de esa manera puede actuar de casamentera o concertar citas de amantes; Celestina también regenta un prostíbulo con dos pupilas, Areúsa y Elicia.
 
El otro criado de Calisto, Pármeno, cuya madre fue maestra de Celestina, intenta disuadirlo, pero termina despreciado por su señor, al que sólo le importa satisfacer sus deseos, y se une a Sempronio y Celestina para explotar la pasión de Calisto y repartirse los regalos y recompensas que produzca.
 
Mediante sus habilidades dialécticas y la promesa de conseguir el favor de alguna de sus pupilas, Celestina se atrae la voluntad de Pármeno; y mediante la magia de un conjuro a Plutón, unido a sus habilidades dialécticas, logra asimismo que Melibea se enamore de Calisto. Como premio Celestina recibe una cadena de oro que será objeto de discordia, pues la codicia la lleva a negarse a compartirla con los criados de Calisto; éstos terminan asesinándola, por lo cual son detenidos y luego ajusticiados.
 
Las prostitutas Elicia y Areúsa, que han perdido a Celestina y a sus amantes, traman que el fanfarrón Centurio asesine a Calisto, pero éste en realidad solo armará un alboroto. Mientras, Calisto y Melibea gozan de su amor, pero al oír la agitación en la calle y creyendo que sus criados están en peligro, Calisto salta el muro de la casa de su amada, cae y se mata. Desesperada Melibea, se suicida y la obra termina con el llanto de Pleberio, padre de Melibea, quien lamenta la muerte de su hija."
 
Como vemos, la semejanza entre Calisto, Melibea, Romeo y Julieta, sólo podemos encontrarla en la suerte trágica de sus amores.
 
La Celestina fue tema repetido de Pablo Picasso, y su historia y la de los dos amantes fue llevada exitosamente al cine español en 1996.

10 de febrero de 2014

La despedida del soldado




Historias de amores

La despedida del soldado

En la primavera de 2012, en excavaciones en lo que antaño fue el fortín español de Monte Arruit (a unos 30 km de Melilla) apareció el cuerpo momificado de un soldado español. Según cuentan los arqueólogos y antropólogos, las condiciones climáticas de la zona han hecho posible la buena conservación del cuerpo así como la de alguna de sus pertenencias y restos del uniforme.

Entre sus pertenencias destaca una pitillera de cuero y metal con las iniciales P.G., una foto de una mujer joven, una pequeña moneda de plata con la efigie de Alfonso XIII y una extensa carta todavía legible. Todos los indicios, y sobre todo por el lugar del hallazgo y datación de la carta, apuntan a que este hombre fue una de las víctimas de la matanza de españoles acaecida el 9 de agosto de 1921 en Monte Arruit. Es uno de los episodios más lamentables ocurridos en la Guerra del África.

Los investigadores quedaron asombrados al leer la carta que portaba este soldado. El papel amarillento, compuesto por dos páginas y doblado por la mitad estaba metido en un sobre. Los datos personales no han sido revelados por las fuentes investigadoras. En el sobre dice:

Hermano de armas, si lees esto será porque yo habré muerto. Por favor, cumple la última voluntad de este soldado español que ha caído por la Patria y haz llegar esta carta a María […] que vive en Málaga en la calle […]. Sus padres se llaman Manolo y Antonia.

En la carta se puede leer:

Mi dulce María,
Nunca pensé escribir esta carta, pero lo preocupante de la situación me lleva a ello. Llevamos días atrincherados y defendiendo Monte Arruit, apenas tenemos agua y comida. Los moros nos cercan y nos hacen fuego, cada día tenemos nuevas bajas, ya sea por causa enemiga o por efecto del calor, y no tenemos medicamentos ni medios de asistencia sanitaria. Según dicen, el General Berenguer le ha prometido a Navarro que mandarán refuerzos desde Melilla, pero la ayuda nunca parece llegar […] 

En el campamento tratamos de animarnos los unos a los otros; por su parte, día tras día, los oficiales nos recuerdan lo que implica ser un soldado español con arengas patrióticas, pero lo que más nos reconforta, dentro de lo que se puede, es la camaradería que hacemos todos en estos difíciles momentos. La verdad que no sé por qué te estoy contando esto, supongo que por egoísmo al desahogarme con este papel.

No quiero robarte más líneas, ya que esta carta es para ti: la dulce niña de mis ojos, mi morena, mi malagueña, mi razón de vivir, mi anhelo, la estrella que me guía en las noches, la única persona por la cual suspiro día tras día y me reconforta pensar que pronto te veré, que pronto te abrazaré, que pronto te besaré y que pronto me casaré contigo.

Dios sabe lo mucho que te quiero. Aún me acuerdo de la primera vez que te vi, con aquel vestido azul, tu pelo negro azabache recogido en un coco, esos ojos verde esmeralda que son capaces de cegar más que este sol africano y convertir a cualquier hombre en estatua de sal con sólo regalarle una mirada tuya.

Me acuerdo de la canasta de mimbre llena de pescado que llevabas pues venías del mercado y como yo, apoyado en la pared de la calle de mi casa, quedé absorto ante tu belleza. Te eché un piropo cuando pasaste por delante mío, no pensé que me hicieras caso, ya que tal hermosura tiene que estar acostumbrada a que te los digan, pero giraste tu preciosa cara, me miraste y me sonreíste. Bendito piropo aquel.

Te pedí acompañarte a casa para hablarte por el camino y me lo permitiste. Desde entonces fuimos inseparables, me costó que tu padre me aceptara, pero ya sabes que la insistencia siempre ha sido mi virtud. Aún me tiemblan las piernas cuando me acuerdo de aquel primer beso que te robé en la puerta de la casa de tu tía, se nos paró el mundo alrededor en ese instante.

En fin, hay tantas cosas que podría contar… Seguro que mientras lees esto estás esbozando una sonrisa. En estas líneas que llevo hablando de ti se me ha olvidado momentáneamente todo lo que estoy pasando aquí. Siempre serás mi mejor medicina y el remedio de todos mis males. Ya sabes que al comienzo de esta carta te dije que nunca pensé escribirla. Es de despedida, mi amor. Si recibes esta carta será porque yo ya no estaré. No quiero ser egoísta y por ello te pido que no me guardes luto, que no te apenes por mí, que rehagas tu vida lo más pronto posible y que no me eches en falta pues yo siempre estaré contigo en cada momento de tu vida. 

Que seas muy feliz y que hagas realidad todos tus sueños, ya que los míos se cumplieron cuando me dejaste amarte. Quiero que sepas que mis últimos pensamientos son para ti y que siempre te querré y cuidaré allá donde esté.

Monte Arruit a 8 de agosto de 1921.
De tu soldadito,
Pedro.

Según narran las fuentes investigadoras, el 9 de agosto el General Navarro parlamentó la entrega de Monte Arruit con los jefes tribales marroquíes. Las condiciones fueron que los españoles entregaban las armas y saldrían del fortín sin hostigárseles y, además, se proporcionaría transporte a los heridos. Así pues, los soldados españoles desarmados comenzaron a salir de Monte Arruit en columna, pero al poco tiempo los moros, de manera inesperada, atacaron a los españoles desde distintos flancos produciéndose una enorme matanza. De un contingente de 3000 hombres, sólo 60 lograron sobrevivir.

A veces el destino y la suerte se unen. Aunque no ha sido fácil, según revelan los investigadores, se ha podido localizar a familiares de la destinataria (María) de la carta. Antonio, un nieto de esta mujer ha contado que su abuela, aunque se casó años después de lo acontecido en Monte Arruit, siempre tuvo en su mesita de noche la foto de un joven soldado con un rosario sujeto en la esquina del marco.

Durante muchos de años, incluso ya casada y con hijos, día tras día acudía al puerto de Málaga con la esperanza de que llegara el barco que habría de traerlo. Mi abuelo siempre respetó a mi abuela y supo que jamás ocuparía el puesto de aquel primer novio. No obstante, fueron un matrimonio feliz. Falleció en 1987, a la edad de 85 años. Pidió ser enterrada con la foto de su primer amor y el rosario entre las manos.

Reproducido de http://27puntos.blogspot.com