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7 de abril de 2014

De pionero a joven comunista



De pionero
a joven comunista
  

Alejo3399, como siempre dibujando la realidad de Cuba con su especial manera de narrar. El Timbeke reproduce este post publicado en su blog. Las foto van por cuenta propia.


 Hoy es 4 de abril y en Cuba se celebra el Día de los Pioneros y de los militantes de la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas). Yo una vez fui las dos cosas, es decir, primero una y luego la otra, y acumulo recuerdos bastante dicotómicos de ambos “perteneceres”.

A los Pioneros se entra de forma automática cuando uno tiene que abandonar su educación para comenzar a ir a la escuela… No dan allí “carneses” de ningún tipo ni hacen reuniones periódicas, de modo que lo divertido del asunto consiste en ser niños (as)…, y relacionarte casi exclusivamente con un grupo humano de intereses y experiencias más o menos similares a las tuyas.

De mi etapa como pionero— entre 1991 a 1998—, conservo los tatuajes del famelismo del Período Especial. ¡Cómo olvidar las sopas de letricas y el arroz pre-cocido a la hora del almuerzo!: jugábamos a hallar las letricas necesarias para componer nuestros nombres… pero ni para eso alcanzaba la ración y había que hurgar en la sopa de los demás… 

El arroz lo hacíamos bolitas pegajosas y las lanzábamos de una mesa de bagazo a otra, buscando impactar en el pelo de las niñas, o en los cuadros de las paredes del comedor, que paradójicamente contenían mejores comidas que nuestras bandejas de aluminio. En mi escuela se cocinaba con leña, y todo tenía un sabor a humo que llegó a parecerme sabroso.

Las meriendas eran otro problema; no había de nada pero compartíamos los panes. A través la cerca del patio una señora gorda vendía durofríos de Toki (refresco instantáneo) que ni estaban duros ni estaban fríos porque hacía tremendo calor, pero lo importante era mover las mandíbulas. Algunos niños llegaron a fabricar “refresco de tiza”: polvo de tiza disuelto en agua… y le juro por mi madre que no exagero.

En pre-escolar, como había pocos juguetes, los niños hurtaban la plastilina “medio básico” de la escuela. La sacaban de gramo en gramo, escondida debajo de las uñas de las manos, hasta que al pasar de algunos meses ya uno podía sentirse dueño de una bolita de plastilina más o menos del tamaño de un garbanzo…Una vez pensé que cuando fuera grande y tuviera dinero iba a comprar una gran cantidad de plastilina. Eso no ha pasado: ya soy grande, pero ni tengo dinero ni venden plastilina en las tiendas…

También hacíamos barquitos de papel y picúas con las hojas de las libretas, compulsivamente. Inventábamos parodias y canciones, trabalenguas. Recolectábamos porquerías del suelo como cristales, botones, piedras brillantes, etiquetas de productos, chapas de botellas; y echábamos a fajar hormigas bibijaguas a la hora del recreo. Algunos fuimos exploradores: aprendimos a hacer fogatas, a dormir en hamacas, y a comer verdolagas con sal o plátanos burros asados bajo las cenizas del carbón.

Pero el plato fuerte de mi mundo pioneril era “dar cuero”: las listas y escalas de guapería no se basaban allí en empujones o piñazos, sino en la capacidad expresiva que tuviera cada cual para “berrear” (poner bravo o hacer llorar) a otro niño. Algo cruel: no había reglas, se podía hablar de defectos físicos, de enfermedades, de la familia, todo se valía…todo menos apartarte del duelo con los ojos aguados, porque entonces perdías e ibas a parar al fondo de la lista.

Los días 4 de cada abril hacíamos una fiesta sincera en la que cada niño traía un plato de su casa: casquitos de guayaba, frutabombas en almíbar, kakes, pudines…, y había cadenetas de periódicos Granma guindando del techo del aula, y música grabada y relajito autorizado.

Eso fue para mí ser pionero, y debo confesar que todo me pareció muy divertido. Entre la escuela primaria y mi proyector soviético, fui feliz. Solo sufrí un poquito aquella vez en que no aguantaron más mis pies, que se negaban a dejar de crecer y mantenerse ajustados al tamaño impuesto por mis primeras zapatillas. Ese día la maestra tuvo que llamar a mi casa para que me trajeran otros zapatos… y cuando me quitaron las zapatillas tenía los dedos cianóticos, que inmediatamente regresaron a su lugar y se acabaron los dolores…

La UJC, por otra parte, no fue una etapa feliz. Ser de la UJC, para mí, no fue ni remotamente sinónimo de ser joven. En la secundaria le dijeron un día al grupito de los inteligentes y los disciplinados: “el 14 de junio hay que ir por la mañana a la Plaza a un acto y a recoger el carné de la Juventud…” y eso fue todo: el 15 ya era militante, y hubo reuniones y sanciones y cotizaciones y marchas de reafirmaciones y muelas bizcas de secretarios generales. Incluso los que no pertenecían a la UJC eran designados como integrantes de una cosa que se llama el “Universo Juvenil”…

Las fiestas del 4 de abril fueron fiestas poco creíbles, sin entusiasmo: obligatoriedades, seriedades, tareas, compromisos, cumplimientos de planes de diversión. Hasta lo más creativo me pareció enrarecido, esta frase por ejemplo: “¡caballero, aquí lo que hay es que darle play al combativimómetro!”…. La combatividad es una de las cualidades morales exigidas por la UJC, y por más que leo y releo el diccionario no entiendo exactamente a qué se refiere.

Los jóvenes, por naturaleza, festejarían de corazón el florecimiento de sus proyectos de vida, el avance en sus expectativas profesionales, el logro de independencia económica o las condiciones necesarias para formar una familia propia, los viajes de vacaciones, una vida culturalmente plena: no restringida al reguetón de moda, a lo que aparezca en una memoria flash o a las rimbombantes Ferias del Libro sin novelas de Padura; festejarían acaso la sintonía con los avances tecnológicos… o incluso la esperanza viva de que sucediera lo anterior en plazos racionales, y determinado por el esfuerzo y la capacidad de cada cual. Pero no creo que sea el caso ahora mismo.

Según lo veo yo, desde mi subjetiva ventana, ni las posibilidades legales para comprar carros    y casas, ni un pasaporte azul engavetado, ni una ley para atraer dinero extranjero, ni los discursos más optimistas, han logrado deshacer tantas robustas ganas de irse del país en busca de vidas mejores. Ahora mismo muchísimos jóvenes están revueltos con la noticia de la supresión de la carta de invitación para viajar a Ecuador, y tengo socios vendiendo hasta la córnea del ojo para enrolarse en la merca pacotillera…

Los que quedemos aquí, por las razones que sea, tendremos que asumir combativamente, no solo la falta de amigos y el desabastecimiento de preservativos, sino también una futura asignación de seis o siete hogares de ancianos para cada uno…

Reproducido de El timbeke

22 de enero de 2014

En Cuba la cuarta parte de las mujeres se practican un aborto



Cuba: La cuarta parte
de las mujeres en edad fértil
se practican un aborto

La Habana.- Iván García/Especial Dla    

A sus 40 años, Julia (los nombres están cambiados) no es una mujer feliz. En lo personal las cosas marchan bien.

Casada desde hace tiempo, tiene casa propia y un negocio particular que le reporta razonables beneficios. Sentada en la sala de su casa, mientras le acaricia la cabeza a su perro, Julia siente que su vida no tiene sentido. “Debido a dos embarazos ectópicos no puedo tener hijos.
 
A los 26 años ya me había hecho cuatro abortos. Algunos con medicamentos contraindicados, como el Rivanol. Yo utilizaba el aborto como un método anticonceptivo”.

Probablemente Cuba sea un país líder en la práctica del aborto a nivel mundial. Es casi una industria. Amparadas por leyes nacionales, casi la cuarta parte de las mujeres en edad fértil, va al quirófano cuando sale embarazada.

El doctor Jorge Peláez, experto del Grupo Nacional de Ginecología y Obstetricia, perteneciente al Ministerio de Salud Pública, advierte que el aborto voluntario, que es legal en Cuba, constituye un problema de salud ya que "se está utilizando por los jóvenes como método anticonceptivo, regulatorio de la fecundidad. Te encuentras pacientes que han tenido tres y hasta seis interrupciones".
 
Según la última Encuesta Nacional de Fecundidad, que data de 2009, un 21% de las mujeres cubanas de entre 15 y 54 años ha tenido al menos un embarazo que acabó en aborto provocado o en una regulación menstrual.
 
De acuerdo a la encuesta, ese comportamiento está asociado a la "confianza en el sistema nacional de salud, en el ejercicio del derecho de accesibilidad a ese servicio y en la seguridad, más que en el conocimiento, de los riesgos que implican cualesquiera de esos procederes para la salud de las mujeres".

Lo que no dice la investigación o callan los especialistas, es por qué las mujeres prefieren abortar antes que tener un hijo no planificado. Cuba presenta un elevado índice de envejecimiento: para 2025, el 30% de la población será mayor de 60 años.

Existe una palpable crisis de fecundidad. El descenso de la tasa de natalidad, bajo promedio de hijos por mujer y la decisión de postergar la edad del primer parto, son cifras que hablan por sí solas.

Yanelis, 22 años, los fines de semana se prostituye por 25 pesos convertibles. Ya se ha hecho tres abortos. “No me quedó más remedio en los dos primeros embarazos. Mi casa es una pocilga. Tenemos sólo dos cuartos y residimos nueve personas. Estaba enamorada de un muchacho y teníamos planes de casarnos, pero ¿dónde íbamos a meter al niño?  El tercero fue un accidente con un español. En plena faena se rompió el condón”.

Como promedio, las adolescentes se inician en el sexo antes de cumplir 16 años. Y aunque en todas las farmacias se venden preservativos chinos, a 0.20 centavos de pesos la cajita, la ligereza e irresponsabilidad de hombres y mujeres es colosal.

“Los homosexuales compran más condones que los heterosexuales. Yo vendo más preservativos a los niños, que los utilizan como globos, que a las parejas”, dice la dependiente de una farmacia.

Eugenia, quien alquila habitaciones para citas, se alarma: “En cada cuarto, encima de una gaveta, siempre pongo un paquete de condones. Cuando se van, cambio las sábanas, limpio y veo que muchas veces no utilizan los preservativos”.

Carlos, sociólogo, considera que la clave está en las duras condiciones de vida del cubano. “Con un salario de 20 dólares mensuales, una casa con goteras en el techo, desayunando solo café y sin saber que van a comer esa noche, es muy difícil tener un hijo”.

Más del 50% de las viviendas en Cuba están en regular o mal estado constructivo. Y, lo habitual, es que dos o tres generaciones vivan bajo el mismo techo.
 
Hablé con catorce mujeres, en edades comprendidas entre 17 y 40 años. Once habían tenido uno o más abortos. Las razones fueron diversas: mala calidad de vida, falta de dinero, deseos de emigrar o un proyecto profesional futuro. Doce de las catorce mujeres coinciden en algo. Quieren tener hijos, pero no en Cuba.

16 de noviembre de 2010


RESPETA MIS CANAS

* Elsa M. Rodríguez

* Desde mediados del Siglo XX hasta la fecha, estamos viendo la rapidez con que se crean nuevas cosas que hacen la vida más fácil y que nos van abriendo el intelecto cada vez más obligándonos a mantenernos al día de todas las cosas nuevas y haciendo que los niños tengan unos días escolares muy largos y unas vacaciones muy cortas. Es mucha la información a la que hay que acceder si no quiere uno quedarse encerrado en la cueva del pasado.

Ciertamente muchos de los inventos han mejorado la forma en que vivimos, han hecho que nuestras vidas duren más años y han convertido el recorrer las distancias que antes eran enormes, en travesías rápidas y cómodas. Hoy los pueblos estamos más cerca uno del otro y deberíamos tener una mejor comunicación.

Lo malo de caminar tan de prisa es que en el camino nos vamos dejando cosas que son como fardos que pesan mucho y que no nos permiten ir a la velocidad requerida en estos tiempos. Parte de lo que dejamos detrás, es la buena educación y consiguientemente los buenos modales. 

Así hoy las personas que hemos vivido unos cuantos años nos quejamos de que los jóvenes no respetan nuestras canas, esto dicho en sentido figurado ya que una gran mayoría de las personas de la tercera edad pintan sus canas de color. En realidad lo que se quiere decir es que ya la juventud no quiere perder un tiempo que no le sobra escuchando a los mayores, y a veces sin ellos quererlo pueden con esta actitud ofender a los mismos. 

No es su culpa, ellos no pueden adaptar su paso al de los más viejos, y además francamente, también tenemos que reconocer que hay muchas personas entradas en edad que no se respetan a si mismas. 

Esto lo vemos frecuentemente en las clínicas tan de moda ahora para los que pertenecen al "Club de los Abuelos", que vemos a las señoras tratar a todos los que las atienden como si estos fueran sus nietos o nietas, y a los señores olvidarse que ya su hora de galantear a las jovencitas pasó y no se dan cuenta de lo ridículos que se ven tratando de tontear con una chica que bien podría ser su nieta, o como en un caso que observamos hoy a un hombre mayor decirle a una joven, empleada del lugar, lo siguiente: "El día que me quede viudo, me caso contigo". 

Este hombre faltó el respeto a la joven que por cortesía no contestó, se lo faltó a su esposa que no estaba presente y a sí mismo porque olvidó que así con esos comentarios no hay nadie que pueda respetar sus canas.

Elsa M. Rodríguez
Hialeah, FL
lapupasmiami@att.net