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18 de abril de 2013

AMADO TRINIDAD, EL HOMBRE DE LA RADIO



AMADO TRINIDAD:
EL HOMBRE DE LA RADIO


Por Jorge Luis González Suárez
http://www.primaveradigital.org

Amado Trinidad Velazco, nacido en 1893 en la actual provincia de Las Villas, hijo de un comerciante de tabacos, heredó junto a sus dos hermanos ese mercado tabacalero. Juntos fundaron en 1921 la firma Trinidad y Hermanos. En 1939, vendió su parte por dos millones de pesos y se inició en su nueva profesión. El 1 de abril de 1940 se crea, por la fusión de varias emisoras del país con la planta de Trinidad, la nueva empresa radial denominada Radio Habana Cuba (RHC Cadena Azul), radicada en el habanero Paseo del Prado 51.
 

Las características de la nueva emisora quedaron establecidas por cinco puntos fundamentales:

- Destacar la cubanidad.
- Dar protección al artista nacional
- Situar al músico cubano en el sitial que merece
- Llevar al oyente la mejor música
- Brindar al radioescucha un arte superior.


Para conseguirlo, este nuevo promotor pagó salarios muy elevados a todos los artistas, músicos y personal técnico contratados por la RHC con carácter de exclusividad.

Esta radiodifusora ganó con rapidez el favor del público nacional y estableció una competencia con la CMQ, cuyos dueños en ese momento eran Ángel Cambó y Miguel Gabriel, quienes muy pronto se vieron desplazados a un segundo plano.

Para percatarnos de la magnitud de los avances obtenidos por su dueño con el espíritu emprendedor que lo caracterizara, baste citar dos hechos: RHC fue la primera Cadena Nacional Telefónica y contó con el mejor cuadro de artistas y técnicos de su época. Su nómina incluyó 40 cantantes, 34 actores, 18 locutores, 20 escritores, 10 compositores y 10 orquestas.

Algunas de las figuras más significativas de esta empresa fueron los líricos Iris Burguet y Manolo Álvarez Mera; los cantantes René Cabell, Vicentico Valdés, Miguelito Valdés, Joseíto Fernández y Barbarito Diez; actrices y actores como Rita Montaner, Jesús Alvariño, Rolando Ochoa, Leopoldo Fernández, Aníbal de Mar, Otto Sirgo y Rosendo Rosell, toda una pléyade de representantes del arte.

Con la entrada de Goar Mestre a la CMQ comienza lo que la prensa de la época calificó de “fajatina” entre colosos. Este hombre, educado en los Estados Unidos, conocedor profundo del medio, ambicioso y más conservador en aspectos cruciales, emprendió la guerra con los mismos medios de Trinidad, pero en escala mayor.

La contienda se mantuvo a lo largo de toda la década del 40 del pasado Siglo, pero en detrimento del iniciador de las reformas, quien junto a acciones poco certeras, derrochó su patrimonio y fue esquilmado por sus colaboradores.

Este hombre, quien aparte de elevar el nivel de vida de los artistas y músicos cubanos emprendió empresas paralelas como la revista “Ecos de la RHC Cadena Azul, realizó numerosas presentaciones de espectáculos teatrales y musicales por todo el país, fue un benefactor para muchos que solicitaron su ayuda.


El aparatoso despliegue de dinero mediante el cual pretendió acabar con su competidor se convirtió en un boomerang. Esta política empresarial alocada lo condujo al abismo. El día 1ro de marzo de 1954 la famosa emisora permaneció cerrada con una guardia policial en sus puertas: el negocio había llegado a su fin.

Esta no fue su única desdicha. Su esposa, Florángel Cañizo le planteó sus desavenencias conyugales, sobrevino la ruptura del matrimonio y, lo peor para Amado Trinidad fue que esta le negase posteriormente ver a su idolatrada hija, llevándosela consigo. En vano clamó por ella el desventurado padre.

Buscó refugio en su finca San José, próxima a la Habana, dedicándose al cultivo de la tierra. Muchos de aquellos a los que tanto había ayudado le volvieron la espalda. El 11 de agosto de 1955 una noticia conmovió por igual a sus amigos y enemigos: Amado Trinidad Velazco amaneció colgado de una mata de mangos: había consumado el suicidio de un hombre de campo.

Su funeral se celebró en la hoy desaparecida Funeraria Caballero, en 23 y M, en la misma esquina donde tenía establecido su imperio el hombre que lo arrastró a la ruina. Una doliente multitud de artistas, amigos y pueblo acompañó a este Rey Guajiro a lo largo de la calle 23 hasta la Necrópolis de Colón.

En el 87 aniversario de la radio cubana, cuando apenas se le menciona y algunos incluso llegan a criticarlo por presuntas intenciones de enriquecimiento, sirvan estas modestas líneas para recordar a quien entregó fortuna y vida por el fomento de una auténtica cultura nacional.

Valga señalar, por último, que Prado número 54, esquina a Capdevila, donde estuvieron los estudios de la RHC Cadena Azul, es hoy un solar yermo. La tarja que preservaba la memoria del estelar empeño desapareció al ser demolido el viejo edificio. Confiemos en que, algún día, será vuelta a colocar.

Hasta aquí el escrito del Sr. Jorge Luis González Suárez, publicado en el blog  primaveradigital.org.  Estimo oportuno publicar igualmente algunos comentarios enviados al mismo por descendientes de Amado Trinidad Velazco, que esclarecen o contradicen  parte de lo expuesto en el aspecto personal de su biografía.





Chelo Trinidad Canizo said this on 07 Mar 2010 11:27:41 PM EDT

Yo soy la "idolatrada hija" de Amado Trinidad a la cual usted se refiere. El matrimonio de mis padres no se disolvió de la manera tan simple como usted indica en su relato. Claro, que no me imagino que nadie además de mi familia íntima estuviera consciente de lo que pasó entre los dos, y aun podíamos decir, entre todos nosotros. Si quisiera mas detalles, los falicitaré con gusto. 
   


 
Walter Cepero Trinidad  said this on 27 Jun 2010 10:44:33 AM EDT

Por casualidad tropecé con el artículo y me alegra que Ud hable asi de mi abuelo; yo soy uno de los nietos que aun viven en Cuba, hijo de Luisa María, hija de Amado en primer matrimonio con Otilia. Le escribo para hacer una corrección histórica ya que de este matrimonio y de sus hijos y demás familiares no se dice nada en su artículo. Walter Cepero Trinidad.


 
said this on 11 Jul 2011 10:35:09 AM EDT
Hello Walter,

Yo soy María Trinidad la esposa de Amado Trinidad, el hijo de Ramón Trinidad y nieto a la vez de Amado Trinidad Velasco. Al leer su comentario no sabía que Amado (mi esposo) tenía una tía hija de Amado y Otilia. Yo solo conocía a Luis Trinidad que fue padrino de nuestra boda, y creo que Amado (mi esposo) tenía dos años cuando su abuelo murió.

Estoy de acuerdo con usted ya que en el artículo que por casualidad encontré no hacen mención alguna de la Sra. Otilia ni de sus hijos, Ramón, Luis y su mamá Luisa María. No sé cuando fue escrito este articulo pero por casualidad tropecé con él. Yo no conozco mucho de la historia, solo lo que me ha comentado mi esposo y las personas que he conocido, que al ver el nombre de mi esposo Amado Trinidad enseguida nos hablan de su abuelo y del el gran hombre y ser humano que fue. Yo salí pequeña de Cuba y me crié en Miami, pero mis padres si sabían quién era Amado Trinidad Velasco al igual que muchas personas que aun hacen mención de él en este país. Le voy a comentar a mi esposo que tiene un primo en Cuba y espero que el artículo sea actualizado con los demás familiares de Amado y su primera esposa Otilia, ya que mi esposo me ha hablado de su abuela Otilia y me extrañó que no se hiciera mención alguna de su primera familia.
 
Saludos, Maria



N   Nancy Nancy Otilia Cepero Trinidad   said this on 14 Oct 2011 4:15:29 PM EDT
Mi email es...reynanper@yahoo.com


 

 
Nancy Otilia Cepero Trinidad   said this on 14 Oct 2011 4:13:47 PM EDT
Soy la primera nieta de Amado Trinidad Velazco y Otilia Fernández Navarro. Vivo en Canada. El me llamaba Chinita Mía. Quisiera, María Trinidad, esposa de mi primo hermano, hijo de mi tío mayor Ramón Trinidad Fernández....contactaras conmigo.

Remitido por Joe Noda
  

8 de agosto de 2010


Memorias de la radio cubana
( II )

Perla Cartaya Cotta
Palabranueva.org

Pudiera pensarse que la nación empezaba su “era radial” con el pie derecho, como diría cualquier cubano optimista, ante el deslumbramiento de poder oír lo que no veía. Pero aquí, como en cualquier país, su vida dependerá de los comerciantes e industriales que compren horas de transmisión, con programas aprobados por ellos; y mensajes comerciales que ayuden a vender sus productos; claro que eso les permitirá ganarse la vida a actores, locutores y técnicos.

Es cierto que la inestabilidad de la vida republicana, con sus altas y bajas y sus rejuegos políticos, le imponen a la radiodifusión cubana la aparición de los “periódicos del aire”, y las horas políticas –lo cual no me parece mal–, entre ellas, la dominical de Eduardo Chibás y la del periodista José Pardo Llada, diariamente, a la una de la tarde, cuyo lema: “Rompamos el pacto infame de hablar a media voz”, atraía a quienes se oponían al Gobierno.

Pero no faltaron los radioteatros con obras importantes de la literatura universal, las radionovelas y otros dramatizados que, en ocasiones, adaptaron al medio libros famosos: “Eduardo Casado […] Me ubicó en la Mil Diez de narradora de un programa a partir de las obras de Maupassant y de Somerset Maugham –evoca la actriz Tita Elvira Cervera–. Eran bellísimas narraciones escritas por Félix Pita Rodríguez...” (10) Siempre hubo programas dedicados a promover la música cubana en sus diversos géneros, ante la avalancha de ritmos foráneos.

En mi caso personal, cuando mi madre nos hablaba de la convulsa década del 30, decía que los reporteros radiales, cándidamente, se habían apresurado a dar una noticia que resultó falsa: la caída del machadato, ardid del gobierno para desatar la violencia contra el pueblo jubiloso que se lanzó a la calle, frente al Capitolio. Por mi parte, nunca olvidaré que en Camagüey la radio incurrió en el mismo error, al anunciar que “había aparecido el Comandante Camilo Cienfuegos”, palabras que provocaron tras el tremendo júbilo popular –la gente se abrazaba en las calles, las mujeres llorábamos de alegría, hubo hombres que detuvieron el auto para dar gracia a Dios en la vía pública–, la decepción y la tristeza cuando se rectificó más tarde la noticia.

Perla Cartaya Cotta
Palabranueva.org
Foto: Rita Montaner, Google
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5 de agosto de 2010


Memorias de la radio cubana
( I )

Perla Cartaya Cotta,

Palabranueva.net

Cuba fue durante la época colonial de su historia el primer país hispanoamericano en emprender obras imprescindibles con respecto a su necesario desarrollo.. Y no abandonó esta preeminencia al romper sus lazos formales, nunca los sentimentales, con España. Un ejemplo de este aserto es el hecho de que, en la temprana fecha de 1918 también lo fuera al emitir sus primeras señales de radio los equipos artesanales de los radioaficionados habaneros, “[…] cuando sólo transmiten por radio Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y la Unión Soviética

Sin embargo, cuatro años tendrían que transcurrir para la inauguración oficial de la radio cubana. La radioemisora encargada de expandir por primera vez las ondas hertzianas desde esta Isla, fue la estación radiotelefónica montada por la Cuban Telephone Company –en sociedad con la RCA y la Westinghouse – en el edificio, que todavía existe, de la calle Águila; utilizando como símbolo de identificación las letras PWX.

El pueblo –aunque mayoritariamente carecía de los receptores de galena, -así se les llamaba–, que sufría en carne propia, como en cualquier época, los problemas económicos y políticos del país, recibió, con la animación que naturalmente le producen los hechos culturales, el novedoso acontecimiento que tendría lugar el martes 10 de octubre de 1922.


Ese día, a las cuatro de la tarde, el presidente de la República , Alfredo Zayas Alfonso, desde su despacho oficial pronuncia un discurso que, obviamente, desconcertaría al pueblo: lo hace en inglés, es decir, lo dedica al pueblo y Gobierno norteamericanos. Su intervención, captada en ese país “por la emisora newyorkina de Walter Lispenard “[…] marca la primera vez que el jefe de una nación se dirigía a los ciudadanos de otra a través de la radio”. Por la noche tendría ocasión, en el estudio instalado en el último piso del edificio de la calle Águila, un programa de variedades que, de acuerdo con Reynaldo González, fueron “las primeras que se transmiten en español desde América, dos años después que Inglaterra ha iniciado esa modalidad en el mundo…”

Al respecto, Oscar Luis López afirma que, aunque oficialmente la radio cubana nació ese día “[…] no es menos cierto que con anterioridad ya se estaba haciendo radio aquí por un cubano. A partir del 22 de agosto de 1922, la emisora de Luis Casas Romero, con permiso, puesto que no tenía licencia, es en ese momento, a nivel nacional, la única emisora que de forma continuada está en el aire. Después del llamado de atención, y con el cañonazo de las 9:00, tocan un acorde y dicen “las 9:00 en punto”, e inmediatamente viene el parte del Observatorio. A los cuatro o cinco días, su hija, Zoila Casas, pone uno o dos números musicales…”

Esta programación, afirma Oscar Luis López, se mantiene y se amplía hasta que en 1923, oficialmente, obtiene la licencia. La 2LC de Luis Casas se mantuvo varios años en el aire.


Volviendo a la mencionada emisión del 10 de octubre de 1922, vale apuntar como dato curioso la evocación de “un conversador de nuestra cultura”, Eduardo Robreño: nuestro primer programa artístico radial ofreció dos canciones cubanas, Rosas y violetas , del maestro José Mauri, y Presentimiento, del maestro Sánchez de Fuentes; interpretadas vocalmente por “una joven guanabacoense dotada de exquisita voz y singular temperamento”: Rita Montaner.

Y terminó aquella transmisión con la interpretación del danzón Princesita y la criolla Soy cubana , del maestro Luis Casas Romero, quien también dirigió la orquesta que acompañó, en este último número, al tenor Mariano Meléndez. Ellos, por tanto, son los primeros artistas, y Raúl Pérez Falcón el primer animador, que actuaron en la radio cubana.


Las familias que carecían de aquellos radios primigenios procuraron acercarse a los establecimientos cercanos a la Compañía de Teléfonos, que sí los poseían, para disfrutar de la novedad; o fueron a casa de algún amigo que lo tuviera. Posteriormente, bien en ocasión de acontecimientos deportivos, o de amenazas ciclónicas, los más pobres acudían a las bodegas y otros comercios –sobre todo los hombres– “para gozar con el batazo de Sagüita Hernández” o poner a tiempo las tradicionales trancas detrás de las puertas y ventanas para protegerse del viento y de la lluvia. Pero es innegable que, poco a poco, las familias humildes con una entrada mensual estable, adquirieron a plazos accesibles a ellos, radios Philco o de otras marcas

Perla Cartaya Cotta
Foto y texto: Palabranueva.org
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