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12 de noviembre de 2017

LA ZARZUELA EN CUBA

La Zarzuela en Cuba
(Parte 1ª, Los Orígenes)

El teatro Tacón, inaugurado en 1838, fue en su época  el teatro más grande y lujoso del continente americano y, por sus cualidades técnicas, el tercero del orbe, después de la Scala de Milán y la Ópera de Viena. Fue demolido en 1906 para la construcción el majestuoso edificio del Centro Gallego de La Habana.   

Alberto Joya (Mayo 1998)
La Habana fue durante el siglo XIX una de las plazas teatrales mas fuertes de toda la América Latina. La frase “Para triunfar en América hay que pasar por La Habana”, constituyó una premisa para todos los actores y compañías lírico-dramáticas que querían probar suerte en tierras trasatlánticas.  Llegaban primero a los teatros de La Habana y del éxito –o del fracaso conquistado en la presentaciones que allí se hicieran- dependía el arribo a otros pueblos americanos.
Como muestra basta citar a los actores españoles Andrés Prieto (discípulo de Maiquez, el renovador de la técnica de actuación en España) y Matilde Díaz, llamada la perla del teatro español, y a los compositores Manuel Fernández Caballero, que residió durante algunos años en la provincia de Matanzas y colaboró como director de orquesta en La Habana, y Joaquín Gaztambide, que se presentó durante un año al frente de su compañía en el Teatro Tacón.
Desde finales del siglo XVIII el teatro lírico, en relación con el resto de las manifestaciones  teatrales, ocupaba un lugar especial en el ambiente cultural de los principales centros urbanos de Cuba. La construcción del primer teatro en la capital, en 1776, el Coliseo, mas tarde nombrado el Principal, fue el acontecimiento que impulsó la difusión del teatro lírico y de la música en general en todo el país.
En 1790 aparece el primer número del Papel Periódico de La Habana, en el que se anuncia que una compañía española está actuando  permanentemente en el Teatro Principal, haciendo tonadillas escénicas donde se suman  canto y baile. Esto propició  que se iniciara en la vida de la aristocracia española  y de la burguesía criolla  -quienes financiaban el mantenimiento de los lujosos espectáculos líricos-  el gusto por este tipo de actividad cultural, convirtiéndose  casi en un hábito que se extendió a todo lo largo del siglo XIX.  El desarrollo que iba alcanzando cada centro urbano y en especial la capital de la isla,  estaba marcado por la construcción de nuevos teatros, de sociedades y liceos.
Hasta el momento, la referencia mas antigua que se conoce  sobre la primera zarzuela estrenada en La Habana aparece en el Papel Periódico anunciando su estreno  para el 29 de octubre de 1771. La zarzuela en un acto se titula El alcalde de Mairena, y su autor se nombra Joseph Fallótico. Desgraciadamente no se ha podido determinar si era realmente una zarzuela pues se ha perdido la obra. Todo se diluyó en las noticias de la prensa.
Las tonadillas llegan a Cuba procedentes de España, como los cantores y los músicos, pero rápidamente van surgiendo sus émulos criollos; es aprendizaje directo, porque no hay sitio todavía para academias musicales. La tonadilla comienza a declinar en La Habana a principios del siglo XVIII, pero continuará existiendo en el interior de la Isla.
La tonadilla es la madre del teatro bufo cubano. En la última década del siglo XVIII y durante la primera mitad del siglo XIX son muy inestables las representaciones de los espectáculos de zarzuela. Hasta el estreno de El Duende, de Luis Olona y Rafael Hernando en el Teatro Tacón en 1853, no se introduce definitivamente el género en Cuba, a juzgar por la cantidad de títulos  que aparecen citados en los anuncios de la prensa después de esa fecha.  En ese mismo año se  estrena El tío Caniyitas de Soriano–Fuentes con mas de treinta funciones. Jugar con Fuego, de Ventura de la Vega y Barbieri, y El Valle de Andorra de Olona y Gaztambide entre otros muchos títulos.
A partir de este momento ocurrirá un desenfrenado consumo de zarzuela, que no es mas que el reflejo de la vida teatral que transcurría en la Metrópoli. Las reiteradas presentaciones de los espectáculos zarzuelísticos por los intérpretes y compañías españolas incitaron cada vez mas a los empresarios dueños de teatros en Cuba. Ellos, ávidos por encontrar novedades y atracciones para el buen recaudo  de sus fondos, promovieron entre los compositores y artistas residentes en Cuba la creación de zarzuelas.
Surge entonces  el primer título que se conoce como escrito en Cuba y no precisamente de autor cubano: Todos locos o ninguno, del catalán José Freixes, estrenada en el Teatro Tacón el día 3 de marzo de 1853. A este estreno 
Del pintor costumbrista
Víctor Landaluze
siguieron en ese mismo año: Colegialas son colegialas del mismo autor pero arreglada  por Víctor Landaluze, caricaturista y dibujante costumbrista vasco radicado en Cuba que incursionó en el género, Apuros de un bautismo, de Rafael de Otero, Por los parneses de Romero y El delirio paternal de José Robreño, son tres títulos de autores cubanos.
En el Teatro Villanueva, en 1954, triunfa otra compañía española de zarzuelas, y continúan surgiendo los compositores verdaderamente cubanos, aunque todavía inspirados en motivos  y música de corte español. La otra gran ciudad, Santiago de Cuba, no quiere ser menos y comienza a programar compañías de zarzuelas como la de Robreño, que llevaba algunos años triunfando ya en La Habana. 
Pero, ¿cómo eran estas primeras zarzuelas en Cuba? ¿Representaban un reflejo de la zarzuela española?  Analicemos: Antes de tomar auge la novedosa zarzuela, existían otros géneros líricos como los sainetes y las tonadillas escénicas. Recordamos que la primera zarzuela de la que se tiene noticias [en España] fue El jardín de Falerina de Calderón de la Barca y Juan Risco en 1648, y el auge que tomaron los sainetes de don Ramón de la Cruz, que nació en 1731. 
Toda esta larga historia del teatro lírico en España, es asimilada en un corto período de tiempo. Las zarzuelas en Cuba no surgieron como resultado de un proceso orgánico en el desarrollo teatral. Su presencia, su nacimiento, se debió, como diría alejo Carpentier,  “a fenómenos de aportación, injertos y trasplantes que resultan insólitos para quien pretenda aplicar determinados métodos de análisis de un arte regido  por un rejuego constante de confrontaciones  entre lo propio y lo ajeno, lo autóctono y lo importado”.


Este rejuego constante preparó el camino para la determinación de los elementos esenciales del teatro lírico cubano. Existen referencias sobre la aparición de esos primeros rasgos criollos a finales del siglo XVIII y principios del XIX, que nos permiten apreciar que a partir de esos años ya es notable el propósito de diferenciar el lenguaje dramatúrgico de las composiciones españolas, aunque continúe manteniéndose la estructura y la denominación genérica, “se habla, se pleitea, se reza y se tañe a la española, pero no como en España”.

(Continuará)

23 de julio de 2017

AY, MAMA INÉ...

Ay, mama Iné
Mama Inés es un personaje un tanto novelesco, que muchos relacionan con la “Dolores Santa Cruz”, arrancada de la novela costumbrista "Cecilia Valdés" de Cirilo Villaverde; otros, con la “Mamá Dolores” de otra novela más reciente, "El Derecho de Nacer" de Félix B. Caignet.

Lo cierto es que Mama Inés es un personaje representado como real que proviene de la época de la esclavitud africana. Mamá Inés es una negrita conga que llegó a Cuba entre los esclavos traídos de África, voluptuosa, de cara linda, rumbera y simpática, que desborda bondad y alegría por donde quiera que pasa.

Mamá Inés es un personaje secundario de la zarzuela “La Niña Rita” o “La Habana de 1830”, con música de Eliseo Grenet y Ernesto Lecuona. Viste una típica bata cubana larga y blanca llena de vuelos, rematada con una tira bordada y pasacintas rojas. Lleva en la cabeza un pañuelo rojo graciosamente anudado sobre la nuca y en una de sus manos enarbola un aromático tabaco habano.

Entre giros y giros de sus bailes se detiene de vez en cuando para echar al aire densas bocanadas de humo con las que dice "espantar los malos espíritus". Sólo interrumpe su sandunguero ritual para saborear, entre buchito y buchito, el deleitoso aroma del negro café cubano acabado de colar.

Se trata de un tango-congo incluido en la mencionada zarzuela. La canción de Grenet, Ay, Mamá Inés, se hizo popular y continúa siéndolo hoy día. Su origen  proviene de una comparsa  de 1868, pero en esta nueva versión se convirtió en el tema emblemático de la vedette Rita Montaner.

"Ay mama Iné, ay mama Iné, todo lo negro tomamo café".
Mamá Inés vive con su hija Belén en el barrio de Jesús María, una antigua y humilde sección conocida por La Habana Vieja. Mamá Inés no pierde de vista ni un minuto a su bella hija Belén y, en otra parte de la misma pieza musical, lo expresa así.

Aquí tamo tó lo negro
que venimo a rogar
que nos conceda permiso 
para cantá y bailar
Ay mamá Iné, Ay mamá Iné
Todo lo negro tomamo café.

Pero Belén, Belén, Belén
aonde anda tú metía 
que en too Jesús María
yo te buscá y no te encontrá.
Yo estaba en casa e madrina
que ayer me mandó buscá
en el solar de la esquina
que ella vive en el manglar. 
Ay, mama Iné…

Y como apunta Juan F. Pérez en su blog, «para que no se borre de la memoria, porque los que vienen detrás nunca tuvieron la oportunidad de disfrutar de los preciosos carnavales de la Cuba republicana, recordamos que por las calles de La Habana siempre aparecía alguien que disfrazado de Mamá Inés marcaba con pasitos de conga el final del desfile de carrozas y comparsas, mientras un carro de charangueros con cornetas y timbales, tambores y maracas la acompañaba para arrollar al compás de su pegajoso estribillo melódico: 

Ay mama Iné, ay mama Iné, todo lo negro tomamo café».

No te lo pierdas por Bola de Nieves o Rita Montaner, son clásicos.
      (Primera grabación de la canción)
Fuentes: 
Migdalia María estrada  en:

wikipedia.org



23 de abril de 2017

ISADORA DUNCAN EN LA HABANA


La Cuba de los años 1900s…
 
Isadora Duncan en La Habana
Por Xiomara Lamera

Isadora Duncan (1878-1927) visitó La Habana. Llegó a Cuba procedente de Nueva York en la mañana del 23 o del 24 de diciembre de 1916, y se hospedó en el suntuoso hotel Plaza, ubicado desde 1909 en una de las esquinas del Parque Central. En la galería de visitantes famosos del hotel, situada en el quinto piso, hoy puede apreciarse su retrato.

Asombro de su tiempo, Isadora integra el grupo de «monstruos sagrados» de la danza. Hablando de ballet, desde mediados hasta fines del siglo XIX gozaron del favor popular las representaciones espectaculares, de carácter realista y local, para las cuales se movilizaban grandes masas. Mucha de la música de más efecto fue escrita entonces y después por compositores franceses. La aparición de Coppelia (1870), del maestro galo Léo Delibes, marcó una época. Y es precisamente Isadora, la «excéntrica bailarina» nacida en Baltimore (EE.UU), la «sin técnica», quien inició la reacción contra ese espíritu de megalomanía y realismo.

Isadora copió sus actitudes y trajes de los vasos cretenses y de las estatuillas de Tanagra que vio en el museo del Louvre, y mezcló los movimientos clásicos con algunos aprendidos de los pájaros, las olas y otros exponentes naturales de la gracia en acción. Vivió algún tiempo en Rusia, enseñó allí su arte, y en cierto modo influyó sobre el coreógrafo y bailarín Mijail Fokine, considerado como el auténtico creador del ballet moderno, e inspiró al futuro empresario Serguei Diaghilev, el creador de los ballets rusos que revolucionarían la estética coreográfica.

En su obra Isadora Duncan en La Habana, publicada por Ediciones Gran Teatro, Francisco Rey Alfonso descubre dos motivos básicos que podrían aducirse en la creación del hálito de misterio que hasta nuestros días rodeó la presencia de la Duncan en La Habana: uno, la marcada indiferencia de la prensa local, que casi en su totalidad ignoró el hecho; y dos, la índole novelesca del pasaje de su autobiografía Mi vida [escrita bajo su dictado por el periodista norteamericano Douglas McRose], donde Isadora narra su experiencia en un café habanero con tales tintes de singularidad, que, para algunos, cobra un carácter inverosímil.

Con todo, el periodista Francisco Acosta, colaborador de Social, se alzó con una entrevista a la gran diva, que publicó en el número de la revista correspondiente a enero de 1917 bajo el título de "Isadora Duncan. Hablando con las diosas". Como en su momento procedió Francisco Rey, atendiendo a las increíbles, para la época, declaraciones de Isadora, así nosotros reproducimos aquí, fielmente, una parte de aquella conversación:

El paso de Isadora Duncan por La Habana fue meteórico. Nos hemos perdido una manifestación de su arte, que es [algo] así como servicios divinos celebrados en una vieja catedral. [...] Expuse a Isadora mis esfuerzos en pro de una vulgarización artística en La Habana, donde manifestaciones musicales del más alto grado eran casi desconocidas y solicité su opinión sobre el particular.

«Va usted por mal camino», me contestó. «¿No hay arte nacional aquí? Pues créelo usted. Usted quiere traer a La Habana a grandes artistas contemporáneos, que expongan la decadencia de Europa: hace usted mal. Europa es un continente salvaje, lo está demostrando con esta horrible guerra. Yo creí haber logrado mi ideal estableciendo una gran escuela gratuita para enseñar el arte clásico y los bailes de la antigua Grecia. Después de haber organizado clubes y sociedades en Atenas que marchaban con el mayor entusiasmo, fundé Le Dionysion. Hoy en día, debido a Europa, esta bella posesión está en manos de la Cruz Roja Francesa, a la que la he prestado y donde se alojan ochocientos pobrecitos heridos... No... En cuestiones de arte hay que tener patriotismo como se tiene en política. De nada vale que usted traiga a La Habana [a] grandes artistas, [a] virtuosos eminentes. Los mensajes que traigan [Rudolf] Ganz y Madame [Ethel] Leginska y [Albert] Spalding, y otros más, no llegan al pueblo, porque estos hablan un idioma que el pueblo no comprende. El mensaje de estos artistas [cuyas próximas actuaciones en la capital de la Isla ya eran anunciadas por la prensa] solo alcanza a un reducido número de personas que no pueden divulgarlos.

«La Historia de Cuba es riquísima en manifestaciones de sacrificio, abnegación y verdadero heroísmo, llevado a cabo por grandes patriotas que han bajado a la tumba ciñendo los laureles de los mártires. En arte, como en patriotismo, hay que ser mártir. Para fomentar el amor al arte, en este país, el más bello que mis ojos han visto, y los he recorrido todos, hay que empezar con los niños. Hay que educar a esos niños, enseñarlos a caminar, a correr graciosamente, a mirar el cielo y el mar, a comprender la belleza de la campiña, de los árboles, de las flores. Aquí tienen ustedes un clima ideal y a la orilla del mar deberían formar un teatro al aire libre, donde se representaran obras de la antigua Grecia. Esos niños traerían [a] otros más, y poco a poco iría creciendo su clase y aumentando el interés por el culto de lo bello, que es lo artístico. Aquí hay músicos cubanos; ellos escribirían obras que tuviesen por tema los cantos populares del pueblo. Poco a poco se iría formando un arte cubano, que tuviese un sello tan individual y característico como el arte griego o el arte ruso.

«Pero si aquí impera el fox-trot y el one-step, esas horribles contorsiones que se verifican en salones y cabarets al son de música que inspira miedo, por la falta de ritmo y de melodía, se encuentran irremediablemente perdidos y el culto del baile moderno, parisién o neoyorquino, será siempre una barrera infranqueable para el desarrollo de un arte nacional y para la apreciación genuina del arte clásico.»

Isadora Duncan murió en Niza, a consecuencia de un raro accidente: la larga bufanda de seda que llevaba anudada en el cuello fue a enredarse en el eje de una rueda trasera del auto donde viajaba y la ahogó... 25 años después, en un artículo publicado en El Nacional de Caracas, Alejo Carpentier afirmaba que sin el influjo de esta «revolucionaria de pies desnudos» no hubiéramos conocido «esas dos realizaciones cimeras del ballet moderno» que son L´aprés midi d´un faune [La siesta del fauno, estrenada en Cuba en el Teatro Auditorium de La Habana en la velada fundacional del Ballet Alicia Alonso, antecedente del Ballet Nacional de Cuba, el 28 de octubre de 1948], con coreografía original de Vaslav Nijinski —el famoso bailarín ruso de procedencia polaca— y música de Claude Debussy —el célebre compositor francés—; y el Dafnis y Cloe [estrenada por el BNC en noviembre de 1982], con música del también francés Maurice Ravel.

Un tiempo antes, en La música en Cuba (1945), el propio Carpentier había explicado cómo se descubrieron en Cuba «los cantos populares del pueblo» que Isadora Duncan propuso como estímulo a nuestros compositores, y cómo el arte musical cubano alcanzó el «sello individual o característico» que auguró la gran danzarina. Si bien las reflexiones de Isadora en La Habana de entonces resultarían extrañas, sus conceptos no son para los cubanos de hoy nada extemporáneos. Con naturalidad podríamos haberla escuchado hablar así en los últimos congresos de los escritores y artistas (1998) y de los periodistas (1999) de Cuba, primeros pero seguros "pasos" en nuestro "adagio colectivo" por una cultura general.

Fuente:La Jiribilla, Hilario Rosete Silva
Recogido de Pablo Álvarez, Recordando a nuestros pueblos.

 
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15 de diciembre de 2016

CANTAR PARA DIOS

 
Cantar para Dios
La Coral Cubana de Miami ha estado de aniversario por partida doble durante este año. Celebran los 60 años de su fundación original, como Coral Juvenil Cubana (1956-1962), y su refundación en 1962, en Miami.

Dirigida por Carmen Riera, surgió como coro de la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana.

A la llegada del castrismo al poder, muchas de sus voces salieron al exilio y volvieron a reunirse en Estados Unidos, sumando voces nuevas. En Miami, donde contaron especialmente con el apoyo de Mons. Agustín Román, se convirtieron rápidamente en el coro de la Arquidiócesis.

Carmen Riera (1937-2011), una cubana nacida en Valencia, España, llegó a Cuba con cinco años. Aprendió la música con su madre, asistió al Conservatorio Peyrellada y recibió clases de Gonzalo Roig y de maestros corales alemanes. Enseñó música en el Colegio de las Dominicas Americanas desde sus 14 años. Su memoria es una gran inspiración para los miembros de la Coral, que destacan que su mérito radica no sólo en haber fundado el coro sino también en su labor para preservar la cultura cubana.

La Coral Cubana ha participado prácticamente en todos los actos solemnes sacramentales de la Arquidiócesis de Miami, comenzando por la Misa que ofrecieron los refugiados cubanos por la memoria del presidente Kennedy, oficiada por el Cardenal Richard James Cushing, en esa época Arzobispo de Boston.

Recuerdan especialmente la celebración del Bicentenario de Miami; la Misa por la muerte de los miembros de Hermanos al Rescate asesinados por Migs soviéticos de Cuba; la Misa en la iglesia Gesu por el descanso de Celia Cruz, y una oficiada por el Papa Juan Pablo II en Roma.

La Coral Cubana ha cantado en las iglesias de barrios humildes, en asilos de ancianos, cárceles, colegios y orfelinatos. Han participado en diversos programas radiales y televisivos y han grabado seis discos.

Ensayan una vez a la semana y no cobran por sus actuaciones ni perciben beneficio económico; son una organización cultural sin ánimo de lucro. Los ingresos que reciben en las pocas ocasiones en las que se cobra entrada para sus conciertos se destinan a obras de caridad y, en la actualidad, a una especial: para pagar al artista que esculpirá un busto de Carmen Riera, para el que el Condado de Miami ha concedido un espacio en el Dade County Auditorium.

Cantar en la Coral ha sido el ejercicio de un ministerio para sus miembros, que repiten palabras de Carmita: “Cantamos para Dios”.

Después de la muerte de su fundadora, Mons. Román le pidió al matrimonio Trujillo que no dejaran morir la obra de la Coral. Darleene toca el piano, su hija la flauta y Andrés Trujillo, su actual director, es un hombre asombroso que toca varios instrumentos y hace la proclamación de los salmos a capella.

“La Coral es una familia”, explica Andrés Trujillo. La forman unos 35 miembros. Entre sus integrantes hay personas de otras nacionalidades: Nicaragua, Puerto Rico, Santo Domingo, Venezuela, México, Perú, Honduras, Ecuador y Colombia.

Trujillo es como un niño travieso que disfruta de las actuaciones de la Coral de una manera muy peculiar. Con frecuencia, le auxilia la talentosa directora coral Greisel Domínguez porque, a la más mínima, Trujillo “echa mano del violín, del cencerro (¡nos parece que de todo lo que pueda sonar...!)  y le vemos todo el tiempo haciendo caras”.

El repertorio de la Coral Cubana incluye más de 200 piezas del arte vocal europeo, clásico polifónico, americano, cubano y arreglos afro. Y, aunque no es el coro de ninguna parroquia ni sus temas son exclusivamente religiosos, la coral tiene un amplio repertorio concebido para los dos momentos litúrgicos más importantes de la Iglesia: la Navidad y la Pascua de Resurrección.

http://www.miamiarch.org/CatholicDiocese.php?op=Article_cantar+para+dios_S

**** La Coral Cubana ofrecerá este domingo 18 de diciembre su tradicional Concierto de Navidad, en la iglesia St. Dominic, Miami, a las 3:00 PM. Entrada: $20.00

12 de marzo de 2016

Sobre los Rolling Stones en Cuba

Sobre los Rolling Stones en Cuba

El próximo 25 de marzo actuarán en el estadio “Ciudad Deportiva  de La Habana. Tras los rumores que circulaban se ha confirmado la noticia del concierto de sus Satánicas Majestades, solo cuatro días después de la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Husein Obama.  

TRES OPINIONES

Paquito DRivera, músico: Uno de los grandes del saxo latino.

"Qué generosos son los socialistas con el dinero ajeno", comenta Paquito D'Rivera al enterarse de que el concierto será en el Estadio Nacional y gratuito. "Todos los hoteles donde se hospeden y lugares en los que toquen han sido robados a sus legítimos dueños; todo ha sido decomisado", añade. El emblemático músico de jazz, que tuvo que exiliarse hace 35 años, opina por teléfono desde Los Ángeles que con el concierto "los Rolling Stones legitiman al Gobierno" cubano. "Igual que el Papa y Obama", en alusión al reciente viaje del pontífice a Cuba y la visita que el presidente estadounidense prevé hacer a la isla.

Reconoce que para los habitantes y músicos del país caribeño, que llevan décadas "sin todo tipo de derechos", el concierto va a ser algo "grande". "Pero que toquen los Rolling Stones no mejora absolutamente nada", afirma. "Yo no iría, y no lo celebro". Y añade: "Las aspiración no tiene que ser cambiar la plantación de los esclavos, sino liberar la plantación de una vez".

Wendy Guerra, escritora: Desde La Habana

“Empataremos la película con el resto del mundo”, comenta la escritora Wendy Guerra al explicar la trascendencia del concierto de los Rolling Stones en La Habana. “Este país ha demostrado que puede pasar cualquier cosa, las cosas no siempre son como uno piensa. Este concierto supone dos cosas: el fin de la política musical y una ruptura con la estética oficial. Es una apertura ideoestética, en ese estadio solo se habían celebrado conciertos oficiales, se habían hecho discursos y partidos de béisbol. Durante décadas, los setenta, los ochenta, los noventa… mucha música ha estado prohibida. Ellos eran uno de los nombres que no se podían sintonizar en las radios. Ni imitar su estética, te detenían.

Yo iré por mi madre, que trabajaba en una emisora, no soy demasiado roquera pero es una actitud política. De triunfo. Mis padres los escuchaban en casa, muy bajito, llegaban de contrabando desde Miami.

Aquí es difícil el transporte, así que llevaré a los vecinos que pueda. Lo que se oye es que la entrada será libre. De otra manera mucha gente no se lo podría permitir. Por fin se rompe la estética.  Es cierto que ahora hay cierto relax y la gente escucha lo que quiere en sus casas, pero antes no se podía y ahora en los sitios oficiales tampoco.

Esto, junto con la visita de Obama y con el desfile de Chanel en La Habana, es un regalo. La marca francesa desfilará por primera vez en Latinoamérica y han elegido nuestra ciudad. Por fin nos están dando la oportunidad de elegir, nunca la habíamos tenido. Creo que después de esto pueden dejar que los niños vayan con pelo largo a los colegios”.

Donato Poveda, músico: Ha compuesto canciones para Julio Iglesias o Chayanne.

Donato Poveda es otro artista cubano que reside en Miami y opina que la visita del legendario grupo es “maravillosa”. “Si el presidente de Estados Unidos puede ir a Cuba, cómo no van a ir ellos. Cuba es más grande que un presidente o un grupo musical. Que vayan todos los grupos que quieran”.

“Lo único que no me parece bien es que yo no pueda ir”, afirma Poveda que ha sido nominado en varias ocasiones para los premios Grammy. La última actuación de Poveda en Cuba fue en 1988 y el año siguiente abandonó la isla. Desde 1992 vive en Miami y aún recuerda con cierta amargura que una vez fue detenido poco antes de una actuación en la Universidad. Su aspiración, dice, es volver a actuar algún día en una Cuba en libertad.

Del diario El País, Madrid.

15 de diciembre de 2015

Décimas guajiras al Niño Jesús para un villancico cubano

 
Décimas guajiras al Niño Jesús
para un villancico cubano

Niño que tiemblas de frío
en la cueva de Belén,
ven a mi Cuba y te haré
una cuna en mi bohío.
Un concierto de sinsontes
tendrás en cada mañana
y con luceros y soles
de mi cielo tropical
haré una linda corona
a tu madre virginal.
 
Los guajiros de mi Cuba
te traerán frutas sabrosas:
mameyes de roja pulpa,
recia piña, dulces mangos,
y la rica raspadura
de rubio y dulce melado;
y para alegrarte a ti
también te regalarán
con los puntos de sus tiples
que acompasen su cantar.

Y cuando la noche caiga
sobre la verde sabana,
cuando la brisa marina
despeine las altas palmas,
yo te cantaré una nana
al compás de una guajira.
Niño que tiemblas de frío
en la cueva de Belén,
ven a mi Cuba y te haré
en mi corazón un nido.

Manuel Fernández

10 de noviembre de 2015

¿Cuándo mataron a Lola?


¿Cuándo mataron a Lola?

Ciro Bianchi Ross
30 de abril de 2011

Se recicla de nuevo un correo electrónico sobre un conocido bolero-son, que constituye una de las mas populares leyendas musicales cubanas, sin ser realmente cubana. Ciro Bianchi Ross, periodista, escritor e investigador concienzudo que no se deja arrastrar por leyendas fantasiosas, nos deja un mejor recuento de la historia de Lola y su bolero. Y al igual que se desvirtúa la fecha del crimen, también puede sospecharse de los demás ingredientes de la historia tal como se cuenta, así como del supuesto comentario del Presidente Grau en un discurso official.

“Hay preguntas a las que puede responder cualquier cubano. ¿A qué hora mataron a Lola?, es una de ellas. Todos los que nacimos en esta Isla sabemos que el hecho ocurrió a las tres de la tarde. No se pregunte más. Porque a la hora de su muerte se constriñe todo lo que conocemos acerca del personaje… Nada podemos decir sobre Lola y, aunque sepamos la supuesta hora de su muerte, no llegaremos jamás a precisar la fecha en que la mataron….

Señala el envío que se trató de una prostituta a quien uno de sus amantes fulminó con una puñalada en el pecho. Agrega que el crimen en efecto ocurrió a las tres de la tarde de un día de 1948. Su autor fue un médico famoso que pensó que el incidente, dada la mala vida de la occisa, ocuparía apenas un par de párrafos en la crónica roja de los periódicos de entonces, sin saber que quedaría grabado para todos los tiempos. No podía imaginar el sujeto que el presidente Ramón Grau San Martín ya a fines de su mandato, que concluyó el 10 de octubre del año mencionado, iba a referirse al suceso en uno de sus discursos. Dice el mensaje que el mandatario interrumpió sus palabras, miró su reloj y anunció al auditorio que eran ya las tres de la tarde. Precisó: «La hora en que mataron a Lola».

Un relato lleno de imaginación si se quiere y hasta creíble. Pero no es cierto. Este escribidor no descarta que Lola fuese una prostituta...  pero un periodista, por su formación profesional, tiende a contrastar cuanta información allega. Es una manera de asegurar que no se irá «con la de trapo» si la publica. Sucede que cuando recibí el mensaje electrónico con la historia de Lola, historia que, por otra parte, estaba yo ya cansado de buscar sin éxito, me puse a darle vueltas al asunto y concluí que una de las maneras de confirmar la veracidad del relato era corroborando la fecha en que el bolero-son aludido se compuso.

Y aquí viene lo interesante. Lola se estrenó en Nueva York el 27 de noviembre de 1935, es decir, 13 años antes de lo que afirma el cuento que circula a través de Internet. Para remate, no la compuso un cubano, sino un puertorriqueño, Rafael Hernández.

Todo esto me lo contó el doctor Cristóbal Díaz Ayala, el destacado musicógrafo.  …Me dice Díaz Ayala en su respuesta:

«Lola es un bolero-son de Rafael Hernández, que grabó el cuarteto Machín en Nueva York, en noviembre 27 de 1935. No recuerdo que en alguna declaración Rafael aclarase si se refería a un hecho real, que pudo haber sucedido en Puerto Rico o en Cuba, donde también vivió, y más probable todavía en Nueva York o en México, donde vivió en fecha más cercana a su composición, porque la suponemos escrita muy cercana a la fecha de grabación, ya que para aquellos tiempos la necesidad perentoria no permitía “engavetar” las canciones».

 No para ahí la confusión. No son pocos los amantes de nuestra música que piensan que Rafael Hernández es un compositor cubano. Ocurre así, escriben Olavo Alén y Ana Victoria Casanova, no porque confundan simplemente el lugar de nacimiento de tan insigne músico, sino porque están convencidos de que muchas de sus composiciones llevan un sello de cubanía inconfundible.

Baste decir que Rafael Hernández no es solo el compositor de Lola, sino además, entre otras muchas, de Cachita, El cumbanchero, Capullito de alelí y Campanitas de cristal. La versión de Buche y pluma na’ma en la voz del Trío Matamoros fue el primer gran éxito del compositor boricua interpretado por músicos cubanos. Son piezas que todos en algún momento hemos tenido como creadas en la Isla…

Hernández vivió en La Habana entre 1919 y 1922. En esa época el compositor, nacido en 1896, trabajó como trombonista en la orquesta del teatro Fausto, de esta capital. Cuando regresó en 1939 era ya todo un maestro a quien intérpretes y compositores cubanos admiraban….

Rafael Hernández murió en San Juan, Puerto Rico, el 11 de diciembre de 1965.  

 

23 de diciembre de 2014

Xiomara Alfaro, la risa y la canción

 
La risa y la canción

Rev. Martín N. Añorga

           Hoy quiero dedicar mi artículo a Xiomara Alfaro, una gloria musical de Cuba  cuya voz paseó el mundo. Ha sido llamada “La Alondra de la Canción” y también “El Ruiseñor de la Canción”.  Xiomara está disfrutando de un merecido retiro en un acogedor pueblo del suroeste de Florida, y ya no aparece en los grandes escenarios que en el pasado les fueron propicios, aunque estamos seguros de que personas incontables la identificarían por su voz única y preciosa entonando la bella melodía Siboney.  Xiomara es una voz de ayer que se hace siempre de hoy.

            Siboney es una antológica canción que compusiera el legendario autor Ernesto Lecuona en el año 1929. ¿Recuerdan sus frases iniciales?  “Siboney, yo te quiero, yo me muero por tu amor”.  Esa canción ha sido traducida a varios idiomas.  En inglés la hizo famosa Bing Crosby en el año 1945; pero en nuestro idioma, la glorificó Xiomara Alfaro “con su voz de soprano de coloratura de impresionantes agudos”.

            Conocí personalmente a Xiomara y a su esposo el genial músico panameño Rafael Benítez, hace un par de décadas. Hoy día Rafael y Xiomara cuentan encantados más de 50 años de un matrimonio feliz y ejemplar. Son cristianos militantes que viven y proclaman con nobles actos la fe que les sostiene.

            Algo que me ha llamado la atención de Rafael y Xiomara es la sencillez que les caracteriza. Viven humildemente, sin las paredes cubiertas de proclamas ni las vitrinas repletas de trofeos. Hablar con ellos es un contrato con la alegría. A Xiomara hay que escucharla reír. Si bien su canto es un regalo celestial, su risa es un encanto, desbordante, musical y contagiosa. Parece una adolescente cuando expresa su alegría. La hemos visto con la salud quebrantada; pero jamás con su risa clausurada. Le hemos conocido, como a todo ser humano, en momentos de quebranto y dificultades; pero jamás la hemos visto huérfana de su risa. Es una mujer feliz, con larga historia de triunfos sobre sus hombros, siempre anclada en los brazos de su esposo, y haciendo gala de una simpatía con perfil angelical.

            Xiomara nació un sábado 11 de mayo, pocas horas antes de la celebración del Día de las Madres. El año no lo mencionamos a pesar de que a ella no le molestaría, sino porque a nosotros nos interesa ser respetuosamente discretos. Su primera intención fue la de hacerse enfermera, vocación  propia de alguien que ama al prójimo que espera que manos amables le alivien el dolor; pero le gustaba cantar, a solas y sin maestros.

          Cuenta ella que conoció a un joven bailarín llamado Alejandro a quien le gustaba escucharla cantar, y en cierta ocasión la invitó a que acudiera al Teatro Martí donde se llevaría a cabo el ensayo de una revista musical llamada “Batamú”. El director y compositor de la revista, el profesor Obdulio Morales le pidió que interpretara una canción. “Yo canté Siboney” –cuenta Xiomara, y añade con matiz de ingenuidad, “y acto seguido me contrató”.  Ese fue el comienzo de una larga carrera de más de medio siglo de éxitos continuados, y siempre coronados con una avalancha de aplausos.

            Poco después Xiomara fue estrella en la revista “Bobelle”, en el afamado centro nocturno “Sans Souci”. Y casi de inmediato cantaba ya como parte de un coro en uno de los más conocidos cabarets del mundo, “El Tropicana”, donde posteriormente fue aclamada como intérprete de canciones como “Luna Rosa”, “Moliendo Café”, “Serenata Mulata” y su inseparable “Siboney”.

            El destino de Xiomara estaba diseñado.  Ya conocida como excepcional intérprete de la música en todas sus variaciones, fue contratada por Katherine Dunham, famosa intérprete de la danza, coreógrafa, autora, educadora y activista social, quien falleciera a la edad de 96 años dejando atrás una estela de respeto para las personas de la raza negra que incursionaron por los bellos caminos del arte.  Por vez primera participó Xiomara de una gira por el continente europeo, actuando en España, Portugal, Bêlgica y Francia, llegando, incluso, a Grecia.  Después de este recorrido extra continental, Rafael y Xiomara fueron conquistadores del mundo en reiteradas ocasiones.

          Al regresar a La Habana volvió, ya como intérprete de fama mundial a El Tropicana, y de aquí se convirtió en la viajera que difundió en disímiles escenarios la voz de la música cubana, con espíritu patriótico y muy respetable profesionalismo.  Cuando uno habla con Rafael Benítez, esposo y admirador número uno de Xiomara, se fascina escuchando las anécdotas de las experiencias vividas en las grandes ciudades de América Latina, Estados Unidos, Europa y otros distantes rincones del mundo. “¡Conozco más de 36 países!”, interviene Xiomara, y exclama que como Cuba no hay otro lugar. Ha hecho saber que cuando muera debe ser incinerado su cuerpo y esparcidas sus cenizas alrededor del mar que acaricia las costas cubanas.

            Un dato muy especial sobre Xiomara es que no tan solo se presentó en teatros y centros nocturnos de renombre, sino que fue estrella radial y actriz de cine. Participó en el filme “Mambo”, con Silvana Mangano y Victorio Gassman.

            Pudiéramos seguir la espléndida carrera de Rafael y Xiomara; pero queremos dedicar parte de este trabajo para referirnos a estas dos distinguidas personalidades en términos de la amistad que nos hermana. En cierta ocasión, ya Xiomara había abrazado la fe evangélica, le pregunté cómo se sentía en el ambiente un tanto mundanal de los clubes nocturnos. Nos confesó que jamás bebía alcohol ni caía en temas impropios de su acreditada identidad profesional.  

          Es más, me dijo en medio de su sonora y contagiosa risa, que siempre terminaba sus presentaciones cantando el “Padre Nuestro”. Le pregunté asombrado, “¿El Padre Nuestro en un cabaret?”. “Pues sí, - me respondió- y si viera como la gente guarda silencio y hasta baja la cabeza, usted no lo cree. Los más grandes aplausos son como un amén a mi Padre Nuestro”.

            Por varios años Rafael y Xiomara participaron de los servicios de Acción de Gracias que celebrábamos en la iglesia de la que fui pastor. Los feligreses no cabían en el templo y afuera del mismo se congregaban para disfrutar de las melodías de Xiomara numerosas personas. Eran mañanas que se convirtieron en inolvidables.  

          Recuerdo que terminadas las actividades se aglomeraban sobre Xiomara, para abrazarla y agradecerle el regalo de su prodigiosa voz, sin que ella manifestara molestia alguna, haciendo una larga fila, los feligreses agradecidos.  No olvido a la ancianita que no quería separarse de Xiomara.  Me dijo, entre lágrimas, que siempre quiso conocerla y que ahora no quería apartarse de ella.

            Durante una larga etapa de diez años Xiomara y Rafael se fueron a residir a la populosa ciudad de Atlanta. Pocas veces vinieron a Miami a participar de actos artísticos, aunque visitaron la ciudad de Tampa, donde Xiomara cubrió de gloria, con el matiz angelical de su voz, los cielos de la histórica urbe donde pronunciara Martí uno de sus más preciados discursos.

            No olvido su última aparición pública en los predios del  Auditorio Dade County. Por el escenario desfilaron figuras casi míticas de la canción. Recuerdo que Blanca Rosa Gil dejó el escenario del famoso anfiteatro con el eco de una de sus más lindas canciones.  Le correspondió  después el número final a Xiomara Alfaro, en una noche que se sentía adolorida para permanecer de pie. Apareció, con su baja estatura, andando despacio y se situó con aire triunfal frente al micrófono. Cuando soltó el poder de su voz, se estremeció el público.  Vi lágrimas en los rostros y hasta vi agigantarse a aquella mujer que nos llenaba el corazón de ternura.  La aplaudieron, de pie, por varios minutos al tiempo en que los gritos de alabanza  resonaban como un impresionante coro de tributos.

            Confieso que esa noche, lloré. Le dije después a Xiomara que nunca había  experimentado una tan intensa emoción.  Ella, con una sencillez adorable, susurró una humilde frase de gratitud a Dios.

            Dos palabras he usado para referirme a Xiomara Alfaro: “RISA Y CANCION”, y lo he hecho así porque Xiomara canta pintando flores en el cielo y ríe con una felicidad y una alegría que nos contagia el corazón de paz.

   Diciembre del 2014