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10 de febrero de 2015

¿Por qué se nos pone la carne de gallina?

 
¿Por qué se nos pone la carne de gallina?

Pilar Quejada

Escuchar una canción con un significado especial, sentir una caricia, notar frío o tener miedo tienen una respuesta semejante: nos recorre un escalofrío, en nuestra piel aparecen diminutos montículos y el vello se eriza. Solemos decir que se nos pone la carne de gallina. La expresión hace alusión al aspecto de las aves de corral después de arrancarles las plumas.

Pero ¿por qué respondemos de igual forma ante una situación que despierta el deseo, como una caricia, y ante otra que nos prepara huir o luchar, como el miedo? La razón está la fisiología de las emociones, como explicaba en “Scientific American” George Bubenik, profesor de zoología en la Universidad de Guelph, en Ontario. Esa manifestación no es más que un fenómeno fisiológico heredado de nuestros ancestros animales.

La piel de gallina está causada por una contracción de los diminutos músculos que están asociados a cada pelo. Cada músculo en contracción crea una depresión poco profunda en la superficie de la piel, lo que hace que el área circundante sobresalga. La contracción también hace que el pelo se erice.

En los animales con una gruesa capa de pelo esta erección del vello permite la formación de una capa de aire que sirve como aislamiento y protección contra el frío. Cuanto más gruesa sea la capa de pelo, más calor se retiene. El pelo también se les eriza cuando se sienten amenazados, lo que unido a la espalda arqueada, hace que animales como el gato parezcan más grandes, lo que puede ser útil para disuadir a un potencial enemigo.

Emociones a flor de piel


En las personas, aunque no estamos cubiertos de pelo, la piel de gallina persiste. ¿Por qué? Nuestra especie experimenta la piel de gallina en situaciones emocionales, como caminar hacia el altar el día de la boda, escuchar el himno nacional con motivo de un premio, o ver películas   de terror en la televisión, explica Bubenik. Muy a menudo, una persona puede sentir la piel de gallina muchos años después de un evento significativo, con sólo pensar en las emociones que una vez experimentó, tal vez mientras escucha la canción romántica con la que bailó hace muchos años con el amor de su vida.

El origen fisiológico de todas estas respuestas hay que buscarlo en la liberación de una hormona relacionada con el estrés denominada adrenalina. La adrenalina, que en los seres humanos se produce en dos pequeñas glándulas situadas encima de los riñones, no sólo contrae los músculos de la piel, también influye en muchas otras reacciones corporales, como la respuesta de lucha o huida.

En los animales, esta hormona se libera cuando tienen frío o se sienten amenazados, y prepara para la reacción de lucha o huida. Pero en los seres humanos, la adrenalina también se libera frente a las emociones fuertes, ya sean positivas o negativas. Otros signos de liberación de adrenalina incluyen lágrimas, palmas sudorosas, manos temblorosas, un aumento en la presión arterial, aceleración del ritmo cardíaco o la sensación de "mariposas" en el estómago.

Percepción psicológica


Hasta aquí, la fisiología que explica cómo se produce la piel de gallina. Sin embargo, la percepción que acompaña a cada situación es completamente distinta en nuestra especie.

Para William James (1842-1910), considerado uno de los padres de la Psicología moderna, esas manifestaciones externas son las que componen realmente las emociones. “Es totalmente imposible pensar en qué quedaría reducida la emoción si no estuvieran presentes las sensaciones de latidos cardiacos acelerados, respiración acelerada, labios temblorosos, debilidad en las piernas, carne de gallina o agitación visceral”.

James se refiere en el párrafo anterior al miedo, pero esta descripción encaja muy bien con situaciones placenteras, como una caricia sensual. Y quizá ese matiz placentero que ponemos a la misma reacción en distintas situaciones es lo que nos diferencia de los animales. Lo que hace que una misma reacción fisiológica se pueda racionalizar y percibir a veces como muy placentera.

Esa subjetividad está, cómo no, en nuestro cerebro. Un ingenioso experimento publicado en PNAS  demostraba que una misma caricia puede provocar efectos contrarios dependiendo de nuestras expectativas y creencias. Neurocientíficos del Instituto de Tecnología de California observaron con resonancia magnética funcional la activación del cerebro de varones heterosexuales, mientras eran acariciados en una pierna.

El cerebro y la piel, emparentados


“Aparentemente” las caricias provenían de dos personas diferentes que ellos veían en un vídeo. La primera imagen era de una atractiva mujer que se inclinaba hacia ellos en la pantalla. La segunda, de un hombre que los voluntarios definían como poco agraciado físicamente. Cuando notaban la caricia después de ver a la mujer en la pantalla, la experimentaban como placentera, mientras que les resultaba aversiva (rechazo) cuando seguía a la imagen del hombre.

Lo que los participantes en el estudio no sabían es que en realidad la mano que rozaba su pierna después de la proyección de ambas imágenes era siempre la misma, y correspondía a una mujer. Pero lo más sorprendente de todo fue que esa sensación, placentera o no, se iniciaba en el cerebro cuatro segundos antes de que sintieran el roce de la mano en la piel.

Y es que la piel es la prolongación periférica del sistema nervioso, ambos órganos poseen un origen embrionario común. La piel está muy relacionada con lo que sentimos, como reflejan expresiones como tener los nervios a flor de piel. Entre seis y diez millones de sensores táctiles recogen la valiosa información que llega del exterior y del interior del organismo. La mayoría de estos sensores se encuentran en la piel, con mayor abundancia en las zonas erógenas y alrededor de la boca. La información que recogen del exterior desde los primeros momentos de nuestra vida es crucial para mantenernos a salvo. Y si falta la estimulación táctil, el desarrollo del cuerpo y del cerebro se resiente.

Reproducido de abc.es

21 de septiembre de 2013

Alzheimer


Alzheimer

Su nombre es muy mencionado actualmente e incluso pensamos en él cada vez con más frecuencia.  Para muchos es un personaje familiar, aunque ellos ya no se den cuenta.  Otros hablamos de él como si ya fuéramos amigos, aunque le temamos. Pero… ¿conocemos su cara?  ¿Quién era y cómo era?  

Hoy, que internacionalmente se celebra el día de la enfermedad que lleva su nombre, acerquémonos a él para conocerle mejor,  ya que este alemán se empeña tanto en acompañarnos.
 
Aloysius Alois Alzheimer nació en Marktreit, ciudad de Baviera, Alemania el 14 de junio de 1864 y murió en Breslavia, (ciudad alemana entonces, hoy enclavada en Polonia) el 19 de diciembre de 1915. Miembro de una familia numerosa, creo bajo la férrea disciplina de su padre, quien insistió se educara en los mismos colegios católicos donde él lo hiciera. 

Fue un psiquiatra y neurólogo alemán que identificó por primera vez los síntomas de lo que luego se conocería como enfermedad de Alzheimer.
  
Alzheimer asistió a las universidades de Tubinga, Berlin y Wurzburgo, donde se licenció en Medicina en 1887.  Al año siguiente estuvo cinco meses asistiendo a enfermas mentales, antes de ocuparse de una consulta en un asilo mental de Frankfurt.  

Allí conoció al neurólogo Franz Nissl (1860-1919). Gran parte del trabajo de Alzheimer en patología cerebral se basa en el método de Nissl, que consistía en una tintura de plata de las secciones histológicas. Fue cofundador y copublicador de una revista científica, aunque no escribió nunca una obra en solitario.
  


En abril de 1894 Alzheimer se casó con Cecilia Geinsenheimer, una acomodada viuda judía con la que tuvo tres hijos: Gertrud, Hans y Maria. Cecilia murió en 1901  con sólo 41 años. 

El 25 de noviembre de 1901, Alzheimer se reunió con la paciente que lo haría famoso: Auguste Deter. Su marido la había llevado al hospital por los cambios drásticos que ella había experimentado en un año. Se había convertido en celosa de las cosas más simples en el hogar que ya no podía realizar, veía objetos ocultos, se sentía perseguida y molestada por vecinos fastidiosos. Alzheimer publicó en 1906 los descubrimientos que hizo al examinar postmorten su cerebro. 

En diciembre de 1915 Alzheimer enfermó durante un viaje en tren a Vratislavia. 

Probablemente le afectó una infección  que le provocó fiebre e insuficiencia renal. Murió a los 51 años de un ataque al corazón.

15 de abril de 2013

JUAN CLARK, LA TRAGEDIA DEL SUICIDIO


JUAN CLARK:
La tragedia del suicidio

Por José Clark**

El 27 de febrero del 2013, mi vida cambió para siempre. Mi héroe, mi roca y mi ídolo –mi padre– hizo lo inimaginable y se quitó la vida. Mi padre sufría de una de sus numerosas depresiones, pero nunca esperé algo así. Todo mi mundo se derrumbó, y esto devastó a toda nuestra familia y a todos los que lo conocieron. La historia se había repetido.

¿Quién fue Juan Marcial Clark? Mi padre fue un hombre asombroso, noble y amable que quiso mucho a su familia. Fue un gran padre, esposo, hijo y hermano. Mi padre fue un hombre de mucha fe y tenía un corazón de oro. Siempre trataba de ayudar a los además y le era muy difícil decirle que no a la gente. Fue una persona muy humilde y muy respetuosa. Fue un hombre de honor, de integridad y de compasión. Fue un patriota y un sabio dispuesto a dar su vida por su amada Cuba. Dedicó su vida a su familia y a la causa cubana.

Mi padre padeció de depresión por muchos años. Tuvo uno de sus primeros episodios cuando estaba en el Seminario Jesuita, en Cuba, a mediados de la década de 1950, que lo llevó a dejar el seminario. Toda la familia de mi padre por el lado materno padecía de depresión después de una terrible tragedia.

El abuelo de mi padre sufrió la trágica pérdida de su esposa, dos hijos, su trabajo y su dinero. No vio otra salida que quitarse la vida. Los hijos sobrevivientes encontraron su cadáver y quedaron traumatizados. Todos padecieron de depresión por el resto de sus vidas. En nuestra familia no se podía hablar de esta tragedia.

Sabía que mi padre estaba deprimido pero pensé que lo superaría con el tiempo, como había hecho en el pasado. Mi padre había padecido de depresión anteriormente y hasta estuvo hospitalizado. Nunca imaginé que se quitaría la vida. Pensaba que como era católico, nunca contemplaría el suicidio. Sé que mi padre estaba exhausto físicamente, emocionalmente y mentalmente, y no pudo soportarlo más.

En una carta, culpó a su deteriorada salud y a la recurrencia de su depresión, entre otras cosas. Lo que mi padre y muchas personas que se suicidan no entienden es la cantidad de destrucción y devastación que dejan. Es como una zona de guerra después que se ha lanzado una bomba atómica, donde la destrucción y las ondas expansivas se sienten a muchas millas de distancia y las víctimas tardan mucho en sanar.

Cada 13.7 minutos alguien se suicida en Estados Unidos. Casi un millón de personas hace un intento de suicidio cada año. El 90 por ciento de los que se suicidan tienen un trastorno psiquiátrico diagnosticable y tratable en el momento de su muerte. Los hombres tienen cuatro veces más probabilidades de suicidarse que las mujeres, pero las mujeres hacen tres veces más intentos de suicidio que los hombres. El suicidio es la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 24 años, la segunda entre las personas de 25 a 30, la cuarta entre las personas de 35 a 54 y la octava entre las personas de 55 a 64.

El índice de suicidio ha aumentado desde el 2000 y está en su punto más alto en 15 años. En el 2011, Estados Unidos ocupó el lugar número 34 en todo el mundo en índice de suicidios.

He padecido de depresión y es la peor sensación del mundo. Uno pierde todo el impulso y la motivación, y solo quiere estar echado en la cama todo el día. Uno se siente acobardado y aterrorizado de pedir ayuda porque piensa que es una señal de debilidad. Como me dijo mi esposa: “La depresión no es una señal de debilidad; lo que pasa es que has sido tan fuerte por tanto tiempo que al final te desplomas porque la mente ya no lo soporta más”. La depresión es lo más difícil que he experimentado en mi vida, más difícil incluso que mis experiencias en las fuerzas armadas.

Si usted es una de las millones de personas que padecen de depresión, olvídese de su orgullo y hable con alguien que lo pueda ayudar. No tema buscar ayuda profesional. La Línea Directa Nacional de Prevención del Suicidio es 1-800-273-8255.

La enfermedad mental, la depresión y el suicidio son problemas graves. La depresión no discrimina. Es una enfermedad tan mortal como el cáncer.

**José Clark es hijo del profesor cubano Juan Clark, recientemente fallecido. Escribió esta columna con la ayuda de su hija Jacqueline.

Publicado en El Nuevo Herald
Remitido por Ramón H. Ramos y Joe Noda

30 de julio de 2012

NOTICIAS EN LA WEB


El costo de las medicinas en Estados Unidos es un verdadero escándalo. Treinta pastillas de Lipitor de 20mg pueden costar hasta $150. En cualquier farmacia de España el equivalente es de $7. Las gotas de Nasacort cuestan $165 en Miami y $16 en España. Nexium en Miami cuestan de $180 a $225 por un pomo de 30 pastillas. En España $15 por 28 pastillas. Lo interesante es que se trata del mismo laboratorio, el mismo producto y en muchos casos hasta la misma presentación. ¿Explicación?

Para los lectores de la Esquinita que estén en Medicare aquí van algunos datos que tal vez no hayan leído en los periódicos locales. La prima del seguro de Medicare -por persona- que en la actualidad cuesta $96.40 subirá a $120.20 en el 2013 y $247.00 en el 2014. Provisiones que aparecen en la Legislación del Obamacare.

Reproducido de La Esquinita de Reme
Diario Las Américas