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7 de junio de 2012

PHILIP ROTH, PRINCIPE DE ASTURIAS DE LAS LETRAS 2012




Philip Roth
Premio Príncipe de Asturias  de las Letras 2012


Por José Luis Madrigal*

El novelista estadounidense Philip Roth ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012, cuyo fallo ha hecho público el jurado en Oviedo.

El jurado ha destacado la capacidad del novelista para mostrar una compleja visión de la realidad contemporánea «que se debate entre la razón y los sentimientos, como el signo de los tiempos y el desasosiego del presente». El acta del tribunal sitúa la obra narrativa de Roth dentro de la gran novelística estadounidense, en la tradición de Dos Passos, Scott Fitzgerald, Hemingway, Faulkner, Bellow o Malamud.

Sus personajes, hechos y tramas le permiten, según el jurado, conformar esa compleja visión de la realidad y cuenta además con una calidad literaria que se muestra en una escritura «fluida e incisiva». La candidatura de Roth, que se ha impuesto por mayoría, había sido propuesta por Michael Göring, presidente del Consejo de la Fundación ZEIT-Ebelin y Gerd Bucerius (Alemania) y suoeró en la última votación a la del escritor japonés Haruki Murakami.  

 Roth, nacido en Newark (Nueva Jersey) en 1933, es el segundo hijo de una familia estadounidense de origen judío emigrada de Galitzia, una región de Europa Central hoy en día perteneciente a Ucrania, y está considerado uno de los mejores escritores norteamericanos de los últimos veinticinco años.

Propuesto para el Nobel de Literatura en numerosas ocasiones, el autor de "Pastoral americana", por el que obtuvo el Premio Pullitzer en 1998, fue incluido por el crítico literario Harold Bloom entre los cuatro escritores estadounidenses vivos más importantes, cuyos libros reflejan su curiosidad por la identidad personal, cultural y étnica, y la creación artística.

El novelista puede presumir, a sus 79 años, de haber tenido una carrera longeva. Publicó su primer libro de relatos en 1959 y se hizo famosísimo diez años después con la publicación de "El Lamento de Pornoy", una novela en forma de monólogo, procaz y desvergonzada, que está protagonizada por un joven de origen judío obsesionado con el sexo.

El antisemitismo, las titilaciones venéreas y la afanosa ambición marcan sus conflictos

 

La novela marcó a toda una generación y lo hizo de tal manera que, según algunos, las gayolas dejaron de ser asunto tabú desde entonces en la sociedad americana. El mismo título pasó a convertirse casi en un eufemismo para referirse a las prácticas de Onán. Un conocidísimo entrevistador de televisión dijo, al enterarse de que un invitado suyo no había venido a su programa, que a lo mejor estaba agotado por el mal de Portnoy y se cuenta de una actriz que, antes de darle la mano al escritor, se puso los guantes por lo que pudiera pasar.

Su alter ego


Ni esta fama chocarrera ni el mucho dinero que le sobrevino afectaron a la producción de Roth en las siguientes décadas. Entre lo más interesante que escribió entre finales de los setenta y la primera mitad de los años ochenta se encuentra el cuarteto en torno al personaje de Nathan Zuckerman, alter ego del autor. Estas cuatro novelas, de fácil lectura, se caracterizan por la fluidez de la prosa, el ritmo frenético con que se traban las situaciones y el rigor en la observación, a lo cual habría que añadir la sátira social y las zambullidas psicológicas.

En los noventa Roth no decayó en el ritmo de producción, aunque ya con ese paso fondón del escritor consagrado que recorre los mismos caminos sin adentrarse en nuevos territorios. "Operation Shylock", obra en la que trabajó con ahínco, fue un pequeño fracaso y no fue mucho más exitosa su "Sabbath’s Theater", pese a las buenas críticas.

Sus mejores novelas


Así que nadie podía prever que, al ir acercándose a los setenta, Roth produjera algunas de sus mejores novelas, entre ellas «Pastoral americana», probablemente su obra maestra. Nathan Zuckerman, ya mucho más viejo, ahonda otra vez en su propia infancia y juventud, allá en New Jersey, a la vez que se nos presenta de soslayo, en su inconfundible voz, un friso histórico que abarca desde los años de la Depresión hasta los convulsos años sesenta.

El antisemitismo, las titilaciones venéreas y la afanosa ambición marcan muchos de los conflictos en las narraciones de Roth, que es un verdadero maestro a la hora de expresar todas las ansiedades y los miedos, los esplendores y las miserias de su grupo social. En esto nos puede recordar a Woody Allen, con quien comparte, además, el egotismo y la fecunda dedicación a su arte.

***José Luis Madrigal es profesor titular en el Queensborough Community College y el Graduate Center de la Universidad de Nueva York.
Reproducido de abc.es

20 de enero de 2012

EDGAR ALLAN POE

Edgar Allan Poe
Ana Dolores García

Ayer, 19 de enero, se cumplieron 203 años del nacimiento de Edgar Allan Poe, esctritor norteamericano, reconocido como uno de los maestros de la narración breve y creador en ellos del "género negro y de horror".

La fecha no ha pasado desapercibida en los últimos tiempos para no pocos residentes de Baltimore donde se encuentra su tumba, porque curiosamente, desde hacía varias décadas, cada 19 de enero un desconocido depositaba junto ella tres rosas y una botella de coñac a medias. Decimos "depositaba" porque 2009 fue la última fecha en que este devoto homenaje se hizo evidente. Por extraña  coincidencia, en el preciso año en que se conmemoraba el segundo centenario de su nacimiento. 

Se dice que la tradición tuvo su origen por los años cuarenta del pasado siglo XX y saltó a la luz pública en la década de los cincuenta. Es más, en 2007 Sam Porpora, un antiguo historiador de la iglesia de Westmister, en cuyo cementerio contiguo se encuenra la tumba, declaró ser el nocturno visitante, y que lo había hecho para dar publicidad a la iglesia y de ese modo se pudiera recaudar más dinero, aunque esta historia nunca fue confirmada.

Desempolvamos de nuestros archivos la crónica que sobre ello publicáramos el pasado año, (El misterioso admirador de Edgar Allan Poe): 

http://lagacetadepuertoprincipe.blogspot.com/2011/01/normal-0-false-false-false_22.html


pero seguiremos refiriéndonos a este gran escritor y a la leyenda negra -tan negra como los relatos que escribía- que por rencor o envidia fue vertida sobre él con verdadera zaña, y que se prolongó aún después de su muerte. Se afirma que llevó más de medio siglo de investigaciones el deshacer toda la falacia con la que Rufus Griswold enlodó la figura de Edgar Allan Poe.

Se ha pretendido hacer un símil entre esos dos personajes y la supuesta rivalidad entre Salieri y Mozart. No es ése el caso, pues la rivalidad entre los dos músicos es algo que aún no se ha comprobado. La de Poe y Griswold sí que posee historia, e intrigado por ella, Nikolaj Frobenius, un escritor noruego, se empeñó en investigarla y plasmó sus conclusiones en un libro que llamó "La cara del miedo".

Rufus Wilmot Griswold fue también un escritor y publicista norteamericano que ha pasado a la historia literaria por el desafortunado mérito de ser un bien conocido rival de Poe.

Su rencor, odio o envidia fueron tales que, a la muerte de Poe, fue capaz de escribir un desagradable obituario que firmó como "Ludwig" y se publicó en el número del 9 de octubre del New York Tribune. Entre otras cosas, Griswold escribió sobre Poe:

«Edgar Allan Poe ha muerto. Murió anteayer en Baltimore. Esta noticia sorprenderá a muchos, y algunos se apenarán». Agregó que Poe solía vagabundear por las calles, ya fuese «demente o melancólico», mascullando y maldiciéndose a sí mismo; añadió que se irritaba fácilmente, que era un gran envidioso y «consideraba la sociedad compuesta de villanos». La mayor parte de la caracterización de Poe hecha por Griswold fue copiada de una descripción ficticia sobre un personaje de la novela "Los Caxtons", y Griswold no tuvo empacho en reconocerlo posteriormente cuando redactó la "Memoria", un libro-panfleto para continuar en su empeño de desprestigiar la valía literaria y personal de Edgar Allan Poe, aún después de muerto.

El 3 de octubre de 1849 Poe fue encontrado deambulando incoherente por la calles de Baltimore. Fue trasladado a un hospital y falleció cuatro días después. El escritor no pudo ser capaz de explicar lo que le había sucedido. Para colmo, no se conserva el examen médico sino solamente los comentarios de la prensa local en los que se citaba como causa una "inflamación cerebral", ocasionada muchas veces por el alcoholismo. Fue enterrado en la tumba de su abuelo en el camposanto de la iglesia de Westminster.