29 de octubre de 2010

Rosendo Rosell


ROSENDO ROSELL

- En homenaje a su memoria, La Gaceta de Puerto Príncipe  le dedica su edición de hoy,  día en que  los restos mortales de este  compatriota que añoraba Cuba las veinticuatro horas de su día serán puestos a descansar en tierra ajena, reproduciendo parte de la entrevista que le fue realizada por Arturo Arias-Polo, de El Nuevo Herald, en Mayo de 2008.

Rosendo Rosell responde con su habitual estilo jaranero «¡Como Dios pintó a Perico!», cuando se le pregunta ¿Cómo se siente a los 90?  Esto ocurre a pocas horas de la presentación de "Un millón de carcajadas", maratón de música y humor en su homenaje patrocinado por la Asociación de Antiguos Empleados de El Encanto, que subirá al escenario del Dade County Auditorium el próximo domingo. 

Sin embargo, las celebraciones en honor al veterano comunicador comenzaron el 18 de abril en el Miami Dade College, donde su presidente, el Doctor Eduardo Padrón le otorgó un diploma de reconocimiento por sus logros a lo largo de 70 años de ejercicio profesional, y se anunció una beca con su nombre. Por si fuera poco, en la oficina del comisionado Bruno A. Barreiro ya se solicitó a la Legislatura del estado de la Florida que la 71 calle de Miami Beach se llame Rosendo Rosell Road. 

«Me gustaría que me recordaran como una persona decente. Si volviera a nacer sería lo mismo que he sido en esta vida» dijo a El Nuevo Herald en su casa de La Playa. «Nací para el escenario, los micrófonos y las cámaras».

Sin abandonar su tono campechano y salpicando la conversación de refranes cubanos, Rosell pasó revista a su trayectoria mientras hurgaba su amplia colección de discos, fotos, documentos y programas. Buena parte de este valioso arsenal la vertió en los cinco tomos de "Vida y milagros de la farándula de Cuba" (Ediciones Universal) -referencia obligada para el estudio del ambiente artistico cubano antes de la Revolución- y es la fuente de su columna dominical en el Diario las Américas.

«Pienso donar todo esto a la Universidad de Miami», expresó apuntando a varios retratos de su época de esplendor en La Habana junto a Olga Guillot y Tongolele. «Con Garrido y Piñero y Ada Béjar me presenté en el primer programa que hizo Manolo Alonso en el Canal 4 de la televisión cubana en el año 50».

Cuando le llegó esa oportunidad ya Rosell era estrella de las temporadas de los teatros Martí, Campoamor y el Principal de la Comedia. Su capacidad para improvisar y aglutinar los mejores artistas en sus propias producciones lo convirtieron en figura imprescindible en los años siguientes. Gracias a su carisma físico y voz, apareció en películas como "Siete muertes a plazo fijo" (1950) -considerada por él como el mejor esfuerzo cinematográfico cubano de la época-, hizo historia en las noches del cabaret Montmatre al lado de Rita Montaner en 1953 y fue imagen de las cervezas Hatuey, Cristal y Polar. «Siempre tuve mucha suerte, porque todo lo que me encargaban lo hacía tan bien que me quedaba en el puesto» confesó con sencillez. 

Desde mucho antes de figurar entre los galanes más condiciados de hace medio siglo, Rosendo colaboró con "El fanal", "El tiempo" y "Jalisco" los periódicos de Placetas, su pueblo natal. Hoy no sólo cuenta con su libro de memorias faranduleras. Su pasión por la creación literaria lo llevó a escribir "Pequeña biografía de un gran pueblo, Placetas" y dos volúmenes de "Cuentos picantes".

«Mis nietos han querido regalarme una computadora» manifestó señalando su máquina de escribir. «Pero les he dicho que yo soy antigüito».

Luego se remontó a su infancia, cuando fue apartador de tabaco, lector de escogida y cantaba tangos en las serenatas pueblerinas, antes de sumarse al jazz band de Polo Madrigal en Sancti Spiritus para interpretar boleros y guarachas.

Como su padre insistía en que fuera abogado, desde muy joven se estableció en la capital con el fin de estudiar Derecho. «Aunque no tenía dinero me sobraba voluntad y deseo», recordó.  «Mientras estuve dos años en la Universidad trabajé en una refinería de Arroyo Naranjo y en el departamento de expedición de [la famosa tienda] El Encanto, al mismo tiempo actuaba en los teatricos de barrios». 

Hasta que en 1938 un representante a la cámara llamado Manuel Fernández Nodarse, amigo de su padre, lo recomendó personalmente al capitán Luis Casas Romero, dueño de la emisora de radio C.O.C.O. 

«El recibimiento fue tan familiar que participé en el Noticiero Relámpago. ¡Sudé más que un contrata'o!» exclamó. Más tarde el escritor Félix B. Caignet -autor de "El derecho de nacer"- lo incluyó en los episodios del detective Chan Li Po. «Lo hice tan bien que Caignet me empezó a escribir viejitos [imita las voces] ¡con sólo 18 años!» Poco tiempo después lo llamaron como animador del cabaret Eden Concert, donde se abrió paso como compositor.

«Allí conocí a una mujer que se enamoró de mí. Entonces yo era un handsome», evocó en tono burlón. «Entre show y show nos íbamos al Malecón, y como el aire le batía la blusa le hice unos versos que decían «¿Te acuerdas?, tenías frío, tu cuerpo esbelto junto al mío enmarcaba en el suelo una visión que tenía por forma un corazón...» 

«Ese poema lo convertí en "Eres", mi primera canción, estrenada por Arsenio Rodríguez, el cieguito maravilloso, director del conjunto. Yo sacaba la letra y la música de memoria».

Le siguieron Calculadora, Sabrosona, Caimitillo y Marañón, Cobarde y un centenar de títulos que con el tiempo aparecieron en el repertorio de la orquesta Aragón, Celia Cruz, la Orquesta de Machito, Rolando Laserie, Cachao, Ñico Membiela, el Conjunto Roberto Faz, Fernando Albuerne y Oscar D' León.

«Yo añoro a Cuba las 24 horas del día, pero si me hubiera quedado allá estuviera preso porque estoy acostumbrado a expresar lo que siento», dijo reflexivo.

En la plenitud de su carrera Rosell abandonó la isla en enero de 1961. Pocos días antes había embarcado a su familia para Miami con los únicos $300 que disponía.

«Me quedé en Cuba para cambiar y conseguir dinero y empezar aquí. Ya yo había renunciado a la televisión, pero el dueño de La Tropical me dijo que me quedara tranquilo para no llamar la atención. Después el locutor José Ignacio Lanza me presentó a uno de los pilotos de la [línea aérea] Braniff, que prometió recogerme a su regreso de un viaje a Buenos Aires. Y así fue, ¡me subí de polizón!».

El panorama que encontró aquí era desolador, pero como no planeaba permanecer fuera de Cuba más de seis meses, trató de adaptarse a las circunstancias.

«Pensaba que aquello no podía durar», dijo en alusión al proceso de radicalización de la isla. «Me alojé en un hotelito con mi mujer, mi hija y mi suegra y enseguida salí a buscar trabajo. Cuando le expliqué al americano dueño del hotel que me habían quitado todo en Cuba, éste me preguntó "¿por qué no llamó a la policía?"», comentó con ironía.

Mientras deambulaba por la ciudad en busca de un sitio donde ejercer su profesión, Rosell se mantuvo como podía.

«Ganaba 75 centavos la hora vendiendo tacitas de café Bustelo en el único market decente que había en la 27 avenida. A las mujeres que me reconocían yo les decía "¡Esto es lo que queda de Rosendo Rosell!' y enseguida me compraban los paquetes para ayudarme».

Andando, fue a parar al desaparecido Teatro Flagler de la 3 avenida, donde estaba de portero un viejo compañero de sus tiempos en la agencia publicitaria Guastella.

«El cuadro era desolador. Él estaba dormido sobre el tambucho de las papeletas. Cuando lo desperté y lo llamé por su nombre, me dijo: "¡Por favor!, no me digas Fidel, ahora me llamo Jimmy''» recordó entre risas. «Luego me llevó hasta donde el empresario, un viejo malcriado de apellido Molina, que descorrió una cortina para que viera las lunetas ocupadas por sólo dos personas dormidas  "viendo" una película».

La situación no lo amedrentó. En pocos días, armó una compañía de revistas con el recién llegado cómico Federico Piñero -«otro que venía equivocado porque pensaba regresar a Cuba en 15 días»- y un grupo de artistas que se sumaron al proyecto.

«Cobramos a 99 centavos la luneta. Había una cola que daba la vuelta a la esquina. Aunque sólo teníamos un fonógrafo para doblar discos, actuaron La India de Oriente, Tito Hernandez, Pipo Piñero, Olga Lidia Rodríguez y muchos más», evocó. «Ese mismo día me dieron la noticia de que mi padre había muerto en Cuba».

Para sorpresa de todos, a la cuarta semana de iniciada la temporada Piñero falleció de un infarto en medio de un ensayo. 

«Nos estabamos muriendo de pura miseria. ¡Ni hablar de televisión!», subrayó. Pero Rosell se abrió paso en medio de los obstáculos. Vendió anuncios de radio y produjo un espacio con su nombre. Más adelante grabó 22 discos de chistes con su voz y organizó espectáculos en el Lincoln Center de New York -junto al empresario Victor del Corral y el cineasta Manolo Alonso-, que incluyeron a Raphael, Sara Montiel, Pedro Vargas, Tito Puente y Blanquita Amaro, entre otras estrellas. 
En cuanto al cine, participó en "The Deadtly Touch" y  "Me casé con un cura".

Como su público jamás le ha fallado, el 17 de julio de 1988 se proclamó Día de Rosendo Rosell en Miami y el 19 de noviembre del año siguiente lo honró con el título de Hijo Distinguido de Placetas.

En todos estos años Rosell nunca se ha sentido solo. Junto a él ha estado Martha Joffre, la mujer con quien se comprometió aquel 25 de junio de 1946 en la Iglesia del Ángel de La Habana Vieja. 

«La adoro», afirmó sin titubear. «Si tuviera que volverme a casar, con ella lo haría otra vez». Muy cerca, el recorte amarillento de una crónica social muestra una bellísima pareja en el instante en que se unió para siempre.

Que el buen Dios  acoja en la plenitud de su Gloria a este cubano ejemplar y virtuoso, campechano y decente, que supo alegrar con su simpatía y sana gracia los agrios años de este largo exilio.

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