23 de mayo de 2010


Que no nos falte, Señor,
el viento de Aquel que,
estando reunidos con María,
es huracán que aviva nuestra vida y nuestra fe,
nuestra existencia
y nuestros días hacia la santidad.

Que no nos falte, Señor,
el soplo que refresca y hace más sostenibles
nuestro caminar o nuestros fracasos,
la luz que, en la oscuridad,
nos hace descubrirte,
la verdad que, en la mentira,
nos hace luchar por lo auténtico y verdadero

Que no nos falte, Señor,
el apoyo de tu Espíritu
que es lucha y perseverancia.
El calor que, con su venida,
aporta amabilidad y valentía
cobijo y ternura, alegría y compañía.
El amor de tu Espíritu
que es esencia de tu vida,
recuerdo permanente de tu presencia,
convocatoria a ser tus testigos,
llamada a ser siervos en medio del egoísmo.

Que no nos falte, Señor,
tu Espíritu
que nos hace sentirte a nuestro lado.
Tu Espíritu que nos invita a vivir a Cristo.
Tu Espíritu que nos abre los oídos
a tu Palabra.
Tu Espíritu que nos eleva y sostiene.
Tu Espíritu que derrama, sobre nosotros,
tantas cosas buenas llovidas del cielo.

Javier Leoz, betania.es
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