14 de mayo de 2016

LA REINA QUE TUVO QUE COMPRAR LA MITAD DEL MUSEO DEL PRADO

La Reina que tuvo que comprar
con su dinero
la mitad del Museo del Prado

Nunca España se lo ha agradecido bastante. Y es que es muy difícil mencionar el nombre de esta Reina sin que alguien desvíe la conversación hacia sus escándalos amorosos, relatados ya tantas veces que llegan a aburrir. Pero Isabel II no sólo amó; también reinó, con sus errores y sus aciertos.

Una de sus decisiones más trascendentes fue el gran gesto de generosidad que esta Reina hizo hace 150 años para mantener unida la colección de pinturas que ella y su hermana, la Infanta Luisa Fernanda, habían heredado de su padre, Fernando VII, y de sus antepasados.

El Rey difunto había trasladado más de tres mil cuadros desde sus Palacios al Real Museo del paseo del Prado, para que pudieran ser contemplados, pero los cuadros seguían siendo de su propiedad.
 
Al morir, Fernando VII dejó un quinto de su herencia a su esposa, la Reina María Cristina, y el resto, a partes iguales, a sus dos hijas. Si cada una se llevaba lo que le correspondía, la maravillosa colección de pintura que habían reunido los Reyes de España, desde tiempos de Isabel La Católica, acabaría dividida.

La solución la propuso el duque de Híjar, director del Real Museo, quien sugirió que Isabel II comprara con su dinero las partes de su madre y de su hermana. La colección de pinturas y obras de arte fue tasada en 152 millones de reales, e Isabel tuvo que afrontar este elevado gasto, con lo que salió muy perjudicada en el reparto. Más aún, cuando poco después se aprobó una ley, a petición suya, que distinguía sus propiedades personales y las propiedades de la Corona, que hasta entonces formaban una misma cosa.

El Real Museo del Prado  pasó a formar parte del patrimonio de la Corona. Lo que había comprado meses antes a su hermana y a su madre dejaba de ser suyo, pero la colección de pintura permanecía unida.

Tres años después, estalló la Revolución de 1868, Isabel partió al exilio y los bienes de la Corona fueron nacionalizados, aunque con el paso del tiempo todos ellos se mantuvieron al servicio de la Familia Real y hoy forman parte del Patrimonio Nacional de España.  La única excepción fue el Museo del Prado, que se le retiró a la Corona y pasó a depender del Estado (primero del Ministerio de Hacienda y ahora del de Cultura).

En el exilio, Isabel II tuvo que vender valiosas joyas para mantener a la Familia Real. Para ella, la compra de los cuadros fue un mal negocio personal, pero a España no le pudo dejar un mejor legado. Aunque 150 años después, los dos millones y medio de personas que cada año visitan el Museo Nacional del   Prado pasen ante su cuadro ignorando su sacrificio.

Fuente: Amudena Martínez-Fornés, abc, Madrid
Ilustración: Óleo de Federico Madrazo, Museo del Prado

12 de mayo de 2016

Historia de la cerveza en Cuba

Historia de la Cerveza en Cuba

Ana Dolores García

Las primeras cervezas que degustaron criollos y españoles en Cuba fueron inglesas y llegaban a nuestra isla contrabandeadas desde Jamaica a través de la provincia oriental cubana. Su consumo no era muy notable pero  luego, allá por el año 1762 cuando  la capital de la colonia y su importante puerto fueron ocupados por Ingleterra, -que por aquel entonces sostenía una guerra con España-, la importación de cerveza inglesa se hizo legal y su consumo se tornó mas fácil.

En tal sentido se cuenta que “con esta medida, la cerveza inglesa entró en grandes cantidades… Curiosamente y de acuerdo con la prensa de la época, las damas se inclinaban por la marca británica “Ale”: suave, clara y -segun decían- beneficiosa para los males de estómago. De cualquier forma, era de las cervezas de mayor demanda junto con la “Cabeza de Perro”, también inglesa, preferidas entre aquel amplio muestrario de mas de cien marcas distintas. Otra de las que gozaba grandemente del gusto de los bebedores era la “Tennet Lager”, a tal extremo que en la isla se hizo popular el nombrar simplemente “laguer” a la cerveza.

La historia de una cerveza hecha en Cuba no comenzó sino hasta el año 1841 al surgir en La Habana una pequeña cervecería en la que se intentó sustituir la cebada, elemento de necesaria importación y esencial de esta bebida,  por el jugo de la caña de azúcar, experimento que resultó fallido. Existió también otra pequeña cervecería en la ciudad de Cárdenas, en la costa norte de la provincia de Matanzas que, aunque logró subsistir hasta 1883, tampoco pudo competir con las cervezas importadas.

La subida de los impuestos a las cervezas de importación creó un prospecto más halagüeño para la industria local y permitió que surgiera  en Marianao, en el área conocida ya desde entonces como “Puentes Grandes”, una nueva fábrica de cerveza en 1888.

Fue en realidad el inicio feliz de una pujante industria cervecera que, aunque su producto inicial no se distinguió precisamente por una buena calidad, esta se mejoró prontamente con la ayuda de maestros europeos.  

Su fundador fue un español natural de “La Mortera” en el Valle del Piélago en Cantabria, Ramón Herrera Sancibrián, quien junto a su familia se instaló en La Habana a finales del siglo XIX.  Don Ramón dirigió primeramente sus actividades empresariales a la industria naviera, y luego compró en Puentes Grandes una fábrica de hielo que llamó “La Nueva Fábrica de Hielo S.A,”. También era de su propiedad otra antigua fábrica de hielo en el barrio de Palatino, que luego fusionó con la Nueva Fábrica de Hielo de Puentes Grandes. Sus descendientes adquirieron  de su propietario Andrés Fernández, la “Tropical”, que ampliaron y modernizaron, y lanzaron una nueva  “Tropical” que superando su pobre calidad inicial llegó a obtener primeros premios en Exposiciones internacionales europeas en sus distintas variedades: Tropical Clara, Tropical Oscura Excélsior,  una cerveza clara que se llamó “Cristal Palatino”, cerveza tipo Munich oscura “Tivoli”, y la “Maltina Tívoli”. La empresa de la familia Blanco Herrera continuó extendiéndose mediante la adquisición de la “Havana Brewery”, y la produción de la marca Tivoli.

La cerveza Cristal fue poco a poco ganando en preferencia a la Tropical aunque fueran elaboradas por la misma empresa. Porque tal como la anunciaban, era “clara, ligera y sabrosa”.
Al arribo del castrismo, todas las empresas privadas fueron confiscadas por el gobierno. No fue hasta el año 1997 que la Cristal reapareció comercializada por la compañía Bucanero S.A. y la entidad canadiense Cerbuco Brewing Inc., subsidiaria de la Compañía Belga Interbrew NV.  
Fue también en Puentes Grandes donde comenzó a producirse la segunda de las más populares cervezas de Cuba, la Polar, en el año 1911. Sus propietarios, secundados por la Beer Company International, fueron unos catalanes radicados en Cuba, la familia Zorrilla y Giraudier. El lema publicitario que explotaron hasta que dejó de producirse por igual motivo que las otras cervezas cubanas existentes fue: “La cerveza del pueblo, y el pueblo nunca se equivoca”.

Una nueva cerveza surgió en el mercado cubano en 1927. La presentaban Emilio Bacardí y su gran empresa elaboradora del mundialmente famoso Ron Bacardí. Fue la cerveza Hatuey, que por su calidad y la inteligente publicidad con que fue lanzada, pronto se convirtió en la preferida del 50% del los bebedores cubanos. Se elaboraba en la Planta Modelo del Cotorro y la de Manacas en Las Villas. Fue “la gran cerveza de Cuba”.

Otros cervezas que se venden en la Cuba actual: Bucanero, Tínima, Guamá, Varadero, Cacique, Mayabeque…

11 de mayo de 2016

Miguel de Cervantes: 4º Centenario de su llegada a la Historia

Miguel de Cervantes,
Cuarto Centenario de su llegada a la Historia

Nicolás del Hierro

El 23 de abril de 1616, Miguel de Cervantes se despedía de la vida. Se le quebraban las cadenas del ser y el existir para pasar, afortunadamente, a la inmortalidad que la literatura ofrece a sus elegidos.

Su existencia personal dejaba de ser creadora en la gran parcela terrenal del idioma castellano; pero también desde aquel mismo día la virtud de su palabra escrita impulsaría con mayor fuerza la hasta entonces impecable altura que, desde lustros atrás, ya hubiera comenzado a ser el trampolín que agigantara la perpetuidad con su literatura.

No pocas veces, paradójicamente, el cuerpo de la persona donde radica el genio ha de tragárselo la tierra para que el nombre del mismo se prolongue en la constancia a través de su quehacer anterior.

Aquel luchador de Lepanto, presidiario, cobrador de alcabalas, buena persona y permanente buscavidas, magnífico prosista, ponedor de su propio pensamiento humano en el cerebro y labios de un tranquilo neurótico, aquel “famosillo” entrecomillado, junto a famosos de turno que, como poeta, mintiera asegurando que fuera ésta, la ciencia del verso, “una gracia que no quiso darle el cielo”, le bastó sola su mano derecha para escribir la mejor prosa española que haya dado jamás la literatura en nuestro idioma.

Perdonad que me cite en uno de mis ya antiguos sonetos dedicados al genio cervantino; un soneto que repite su auto-rima:

 De una mano tan sólo, de la mano
tan sólo con que el hombre, el escritor,
se sirve cuando escribe, cuánto amor
pudo salir, Cervantes, de una mano.

No hacía falta más, sólo tu mano
derecha y tu cerebro soñador,
soñando que la vida y su dolor
estaban al alcance de tu mano.

Tú eras la vida misma, la existencia,
el fruto y la razón, eras conciencia,
de noble humanidad, eras el brote

más puro del amor, naturaleza,
la poesía misma, la grandeza…
Y te nos diste todo en Don Quijote.

Esto, que sucedió con don Miguel, no es una excepción ni mucho menos, pero sí lo es un vivo ejemplo, un gran ejemplo. La segunda parte de El Quijote, sumó y acrecentó el acierto que ya obtuvo en la primera, no sólo por el éxito editorial sino también por lo que suponía la corona literaria del escritor casi septuagenario, que había peleado durante toda su vida entre las luchas de guerra, las sociales y las del espíritu, pero sobre todos con las económicas, dentro siempre del duro resultado que la cruda existencia le proporcionó en los personales campos de todas sus batallas, y cuyos ecos triunfales le llegaban postrado en un sillón donde, todavía, el escritor incombustible y nato, daba los postreros retoques a la última de sus novelas, “Los trabajos de Persiles y Segismunda”, cifrando en ella sus mayores esperanzas, pero harto convencido de que aquello era el final de su existir. No en vano su confesional apoyo sobre los versos de antiguas coplas en la dedicatoria que, desde esta obra, hizo al conde de Lemos:

      “Puesto ya el pie en el estribo,
 con las ansias de la muerte,
 gran señor, ésta te escribo...

Premonitorio, y adivinando cercana su terrenal despedida, lo escribiría en su casa de la madrileña calle de León, en el hoy “Barrio de las Letras”, o de “las Musas”, barrio que hicieron inmortal las triunfadoras obras literarias que salieron de mentes y de plumas, de dramaturgos, poetas y escritores que en aquel Siglo de Oro español lo habitaron, nombres y apellidos tan ilustres como fueron y son Lope de Vega, Quevedo y el propio Miguel de Cervantes, entre otros, aseverando los investigadores y biógrafos de éste que tal dedicatoria al Conde resultó ser lo último escrito por el “Príncipe de las Letras”, muy pocos días antes de aquel infausto 23 de abril, cuyas cercanas, próximas y nominadas calles podemos recorrer aún cualquier día, incluso visitar la casa donde alguno de ellos próceres habitara entonces.

Lo cierto es que, de una u otra forma, una vez más la desidia nacional y el generalizado poco aprecio de los valores personales en los momentos de la existencia de quienes están dotados de méritos para una mayor atención con su persona, sus restos quedaron confundidos en el osario común, casi imposible de identificar cuando el nombre se inmortalizó a través de la obra y quisieron recuperarse.

Sí quedó a buen recaudo el manuscrito de “Los trabajos de Persiles y Segismunda”, en los que tantas esperanzas había puesto Cervantes, terminados como estaban y en vías, entonces, de hallar el privilegio necesario para su publicación, que pronta y afortunadamente consiguiera su viuda doña Catalina Salazar y Palacios y que vendiera a Villarroel.

 La obra apareció en librerías en los primeros días de 1617, alcanzando desde el primer momento tal popularidad, que aquel año se hicieron siete ediciones de la misma. Pero luego, como es bien sabido, la generalizada, extensa y maravillosa obra cervantina, quedaría minimizada ante la magnitud y grandeza de “Don Quijote de La Mancha”, imponiéndose en el mundo de las traducciones, publicaciones y lecturas. 

Se dice, y es la pura verdad, que el mejor homenaje que podemos hacerle a un autor, vivo o ya no entre nosotros, es leerle en sus obras.

Por ello, cuando de nuevo el 23 de abril celebremos el Día del libro y con él el de Cervantes, o lo que supone mayor fuerza aún, el mismo día en el que ya vayan a cumplirse o se hayan cumplido cuatro centurias de tres importantes eventos literarios en la vida y en la obra del mejor y más universal prosista que hayamos tenido en nuestro idioma (obran completa de Don Quijote: 1615; fallecimiento del escritor: 1616, y publicación de Los trabajos de Persiles y Segismunda: 1617).

No deberíamos dejar de ejercer este ejemplo en la extensión de su obra y a través suyo, porque amplio es el mundo de las bibliotecas, inmenso el de las librerías, o lo que hoy nos impulsa con mayor fuerza, la digitalización de los libros y la fecunda publicación de tan inmortales y conocidos títulos.

No dejemos, pues, de viajar por ellas, de visitar unas y otras, abordando con un diálogo entre todos, los ambientes, medios y modos para llegar a la mejor lectura en castellano que mantienen los siglos.
 
Publicado originalmente en la Revista La Alcazaba:
Todos los derechos son reservados por el autor o los autores

28 de abril de 2016

Sobre el nuevo Arzobispo de La Habana


Sobre el nuevo Arzobispo de La Habana

Roberto de Jesus Quiñones Aces
Cubanet.

GUANTÁNAMO, Cuba.- Ayer martes 26 de abril del 2016 el arzobispado de La Habana informó que el papa Francisco nombró como nuevo arzobispo de La Habana al monseñor Juan de la Caridad García Rodríguez, que hasta ese momento se desempeñaba como Arzobispo de Camagüey.

Juan de la Caridad García Rodríguez pronto cumplirá 68 años. Estudió Filosofía y Teología en el Seminario San Basilio de El Cobre y en el Seminario Mayor de San Carlos y San Ambrosio en La Habana. Fue ordenado sacerdote el 25 de enero de 1972 y su ejercicio pastoral ha estado constreñido hasta ahora a las diócesis de Ciego de Ávila y Camagüey, en las parroquias de Morón, Ciego de Ávila y Jatibonico. También fue vicario en la vicaría Ciego de Ávila-Morón. En 1989 fue nombrado párroco de Florida. Fundó y dirigió la escuela para misioneros de la diócesis de Camagüey.

El 15 de marzo de 1997 fue nombrado obispo auxiliar de Camagüey y recibió la ordenación episcopal el 7 de junio de ese año. El 10 de junio del 2002 fue nombrado arzobispo de Camagüey.

Un suceso importante para la Iglesia Católica Cubana

Este nombramiento se produce a consecuencia de la renuncia que el cardenal Jaime Ortega y Alamino presentó a su santidad el papa Benedicto XVI el 18 de octubre del 2011 y que ahora se ha hecho efectiva.

Aún se desconoce la fecha en que el nuevo arzobispo tomará posesión de su cargo pero no es un secreto que su nombramiento ha ocurrido en una coyuntura muy difícil para nuestra patria, en la que confluyen tres circunstancias ineludibles: 1) El nuevo contexto político creado entre Cuba y EEUU luego del restablecimiento de las relaciones diplomáticas; 2) El recién terminado   Séptimo Congreso del Partido Comunista de Cuba y el anuncio de cambios hecho por la cúpula gobernante y 3) El éxodo indetenible de los cubanos, unido al creciente descontento popular y a la progresiva fortaleza de la oposición pacífica.

La Iglesia católica cubana aspira a recuperar espacios que le han estado vedados desde 1959. Constituyen anhelos irrenunciables del laicado católico —compartidos por hermanos cristianos de otras denominaciones— que sus hijos puedan estudiar en colegios religiosos y que todos los cristianos contemos con los medios de comunicación que ayuden a la formación de nuestras familias. Ambos son derechos humanos violados sistemáticamente por el gobierno cubano.

A pesar de tener una agenda muy apretada, el monseñor Wilfredo Pino Estévez, obispo de la diócesis Guantánamo-Baracoa y sacerdote camagüeyano que trabajó con Juan de la Caridad, tuvo la gentileza de responder algunas preguntas a Cubanet relacionadas con este importante suceso para la Iglesia católica cubana:

Pregunta: El nombramiento del monseñor Juan de la Caridad García Rodríguez como arzobispo de La Habana ha tenido gran repercusión. Usted trabajó con él en la archidiócesis de Camagüey, ¿qué cualidades cree que distinguen al monseñor Juan? ¿Lo sorprendió este nombramiento?

Respuesta: Monseñor Juan es el hombre de la misión y de la caridad. Son dos cualidades que lo distinguen por encima de otras más que tiene. Su lema es la conocida expresión de San Pablo: “Ay de mí si no evangelizo”. Ciertamente es un hombre que no descansa, que busca llegar con el evangelio a todos los rincones posibles de nuestra geografía y que, para ello, invita a todos a ir de misión con él. Es misionero las 24 horas del día y los 365 días del año. Por otra parte, vive preocupado y ocupado en lo que se refiere a los necesitados de ayuda, a los enfermos, a los minusválidos, etc. Siempre anda buscando cómo alimentar a los que no tienen mucho o casi nada. Lo mismo hace gestionando pampers o medicinas.

En cuanto a que si me sorprendió este nombramiento respondo categóricamente: En lo absoluto. Yo siempre pensé que en Juan brilla de manera especial “el olor a ovejas” del que habla el Papa Francisco tan a menudo. Además, tuvo la escuela del monseñor Adolfo Rodríguez (anterior arzobispo de Camagüey), cuyo proceso de canonización va adelante. Yo no olvido las veces, cuando el monseñor Juan era el sacerdote párroco de Florida, que se iba en un camión a traer leña del monte con la que poder cocinar los dos almuerzos que preparaba cada semana para llevar a más de 200 personas necesitadas… Es un hombre, además, que se conoce todas las salas de los hospitales de los pueblos por donde ha pasado: sabe si la sala de ortopedia queda entrando a la derecha, o si cirugía está en el tercer piso… Y, aunque parezca un poco sorprendente: ¡le encanta la pelota! Y siempre que puede, la ve por televisión. Es capaz, incluso, de discutir sobre el tema con otros “peloteros”…

Pregunta: Seguramente este nombramiento hecho por el papa Francisco implicará otros movimientos dentro del Episcopado cubano y nuevos nombramientos de obispos. ¿Lo cree usted? A propósito, ¿pudiera compartir con los lectores de Cubanet cómo se nombra a un obispo, qué es lo que determina que un sacerdote sea nombrado obispo y otros no? ¿Se exige determinada edad para que un sacerdote pueda ser obispo?

Respuesta: Por supuesto que debe haber nuevos nombramientos. Ahora el papa tendrá que nombrar un nuevo obispo para Camagüey, y también está pendiente el nombramiento del obispo para Ciego de Ávila porque ya su obispo actual, monseñor Mestril, ha llegado al límite de edad y ha debido presentar su renuncia. También, en su momento habrá que nombrar otro obispo auxiliar para La Habana en sustitución de Monseñor Petit, cuya renuncia por límite de edad también fue aceptada hoy por el sumo pontífice.

Con relación a la pregunta sobre cómo se nombra un obispo y las demás: Compete a las Nunciaturas Apostólicas en cada país presentar al Santo Padre los posibles candidatos al Episcopado. Esa lista la brinda la Nunciatura al papa después de escuchar en Cuba a muchas personas y consultarlas por escrito “bajo secreto pontificio”: obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, laicos. Esto hace que el último que se enterará será el propio que es nombrado. En ese momento, el elegido es consultado, siempre bajo secreto, si acepta o no. Si su parecer es positivo, la Nunciatura informa a Roma y ya se fija una fecha y hora en que se hará público el nombramiento. En Cuba, generalmente, nos enteramos temprano, al amanecer, porque la hora que se fija son las doce del día, hora de Roma, y como tenemos seis horas de diferencia con Roma, pues nos enteramos a las 6 de la mañana. Por supuesto que el candidato debe tener ya un tiempo en que ha ejercido su labor sacerdotal.

Pregunta: Desde la visita de Juan Pablo II a Cuba el gobierno cubano y la alta representación de la Iglesia católica se han acercado, han dialogado y es conocido el papel mediador de la institución en la solución de varios conflictos. Este nombramiento se produce en un contexto histórico significativo, además de que será ejercido en La Habana, donde los conflictos sociales y políticos cada día son mayores. ¿Usted cree que el monseñor Juan de la Caridad seguirá la misma línea del cardenal Jaime Ortega y Alamino o cabe esperar de él un mayor acercamiento a los cubanos que sufren por causas políticas?

Respuesta: Acabo de leer una declaración del monseñor José Félix, secretario adjunto de nuestra conferencia de obispos, con la que estoy de acuerdo: Pienso que la relación entre Juan y el Estado será positiva. Los cambios positivos que ha registrado la relación han dependido también de circunstancias que van más allá de la misma vida de la Iglesia. Es decir, hay unas circunstancias políticas que favorecieron el que la Iglesia pudiera tener mejores espacios para cumplir su misión. Esos espacios todavía no son suficientes. Hay mucho que hacer todavía en el tema de la libertad religiosa, acceso a los medios de comunicación, así como la presencia de la Iglesia en la educación de las nuevas generaciones de cubanos.

No se trata de seguir “líneas” de tal o cual persona. El monseñor Juan va a seguir la “línea de Jesucristo y su Iglesia” que quiere que “todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. No se cansará de llamar a todos a la conversión. Estoy seguro que la gente toda lo va a sentir cercano. Y será un ejemplo para todos, como lo ha sido siempre para mí. La gente no va a olvidar sus homilías porque le habla al pueblo sencillo, y con ejemplos y anécdotas a su alcance. Fue capaz, en medio de su homilía en la solemne ordenación episcopal del Obispo de Bayamo-Manzanillo y el de Cienfuegos, de mencionar el nombre de un personaje de la novela brasileña que en ese momento se televisaba en Cuba, lo que provocó muchas risas entre los presentes. Quizás el “secreto” del monseñor Juan es que dedica mucho tiempo en las madrugadas a rezar… Sencillo, humilde, entregado al servicio de la Iglesia.

26 de marzo de 2016

¿Dónde te han puesto, Señor?


¿DÓNDE TE HAN PUESTO, SEÑOR?

Que intento llevarte al mundo, y no puedo.
Que quiero buscarte en la tierra de los vivos
y, algunos, me dicen que hace tiempo que estás muerto.
¿Por qué te resistes, Señor?
¿Por qué no te encuentro allá donde yo quisiera?
¡Respóndeme, Señor!
Que yo creía haber dado contigo en el camino fácil
y mi corazón me dice que es todo lo contrario.
Que en la calzada polvorienta puedo ver tus huellas.
Que en la muerte es donde encontraré vida.
Que en la prueba es donde me haré discípulo tuyo.

 ¿Dónde han puesto tu Cuerpo, Señor?
Que, según me dicen,
en las heridas del mundo es donde sangra tu costado.
Que, según me cuentan,
es en el llanto de los más débiles
donde puedo sentirme acariciado por tu mano.
Que, según pregonan tus amigos,
es en la verdad y en la justicia
donde Tú escribes con letra clara y firme.

¿Dónde, Señor, está tu Cuerpo Vivo y Glorificado?
Que temo, y muchas veces, mirar hacia otro lado
buscándote entre los mil maquillajes
que cubren y disimulan rostros
de los que prefieren no aparentar como humanos.
Que temo, y muchas veces,
perderme en otros amaneceres
que no son precisamente albas de Pascua ni de Vida,
sino fuegos simples y artificiales.

Javier Leoz, Betania.es
 

24 de marzo de 2016

Sermón de la Siete palabras con Sabor a Misericordia

  
Sermón de las Siete Palabras
con sabor a Misericordia

El Gólgota es la cuna que espera acoger el aparente final de la pasión y muerte de Jesús. Y, clavada en ese monte, la cruz es un micrófono abierto desde el que Cristo dirigirá las palabras que jamás ningún hombre se atrevió a pronunciar con tanto corazón, vértigo y paz.  En una situación crítica, Jesús, silabea palabras de perdón y de amor, de ternura y de comprensión.  Sigue uniendo al cielo con la tierra y a la tierra con el mismo Dios.  Las últimas siete palabras de Jesús en la cruz constituyen la firma de su propio testamento y, por lo tanto, la culminación de aquello que tantas veces había prometido: la fidelidad a Dios y a los hombres pasa por la negación de uno mismo.  Las últimas siete palabras de Jesús es la alocución con más pasión y con más desgarro realizada desde el púlpito de la cruz; el momento cumbre donde Jesús no cede un ápice dejando que todo se cumpla en aquel siervo doliente en la cruz.  

Siete palabras salidas de los labios de Cristo; siete palabras que nosotros estamos llamados a pronunciar y escuchar con emoción, con respeto, con fe y con esperanza, con contemplación y adoración. Siete palabras…. pero pudieran ser (en el interior de cada uno) miles de palabras más.  Siete palabras sostenidas en un pentagrama reducido a dos líneas, en una cruz, y con dos notas con común denominador: AMOR A DIOS Y AMOR AL HOMBRE.  Si la caridad es la viga que sostiene a la Iglesia (en labios del Papa Francisco) no menos cierto es que la cruz es la que sostiene en muchos momentos nuestros afanes, trabajos, sufrimientos, contradicciones, penas, traiciones, silencios, fe y esperanza.

Acerquémonos, en este Año de la Misericordia, a la fuente y exponente de la MISERICORDIA que es la cruz.

 
PALABRAS DE MISERICORDIA

  «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34)
De qué distinta manera, y con qué amplitud, se ve el horizonte del mundo desde tu cruz Señor: el hombre contra el hombre, el mundo contra el mundo. Caminamos sin sentido y haciéndonos las mismas preguntas que ayer. Ni pensamos lo que decimos ni, otras veces, decimos lo que pensamos. Somos los eternos inconstantes e inconscientes en nuestras decisiones y  luchas. Hoy y aquí, también Señor, seguimos clavando en abundantes maderos invisibles y visibles a muchos de nuestros hermanos que no han cometido otro crimen que no haya sido sino el  de vivir.

Errores y falta de visión, pequeñeces y limitaciones, ansia de poder e incapacidad de reconocimiento de culpas hacen que arriba y abajo, en miles de nuevos Gólgotas se alcen cruces que nos enseñan el valor del sacrificio, de la entrega, de la verdad… aunque tengan que ir firmadas y regadas con sangre. Hoy, desde el madero, no buscas perdón para los demás (como muchas veces pienso yo)… lo pides y lo buscas también para mí y por mí.

¿También podrás perdonarnos todo esto Señor?
Sabor a misericordia tiene tu perdón Señor.

 
«Hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc 23, 43)

Yo también, Señor, quisiera ser un buen ladrón al término de mis días. Poseer la habilidad de aquel que, con un «acuérdate de mí», ejerció magistral y profesionalmente su profesión (con más tacto y argucia que nunca) hasta en el mismo patíbulo de su vida: ser ladrón. Pero buen ladrón. ¡Acuérdate de mí! Y te robó tu reino, Señor. ¡Acuérdate de mí! y la humildad pudo más que todas las maldades que lo acompañaban hasta entonces. ¡Acuérdate de mí! y el cielo se le abrió como una posibilidad real y segura. ¡Acuérdate de mí! y, a dos ladrones gemelos en delitos pero con diferentes actitudes al final de sus vidas, se les ofreció un paraíso para encontrar en uno la burla y en el otro la fe como respuesta.

Yo también Señor, de verdad, quisiera aprender y ser un “divino ladrón” cuando desde mi personal cruz contemple la tierra como el paraíso que nunca fue, y el cielo como la realidad que me espera. Una por una, te lo pido Señor, no olvides mi nombre. Por cierto, Señor, a tres personas que esperaban (el buen ladrón, Juan y María) les dirigiste palabras de misericordia. En cambio, al mal ladrón que te insultaba, le ofreciste tu silencio.

¿Me hablas a mí, Señor? ¿Dónde me ves? ¿A qué lado de la cruz?
Tus palabras, Señor, tienen sabor a misericordia.

 
3ª «He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre» (Jn 19, 26)

 La cruz produce sufrimiento reclamando ayuda y solidaridad. Nos dejaste huérfanos, Señor. Por tres días pensábamos que la oscuridad se extendería como un manto negro y definitivo sobre  la luz. Pero fue entonces cuando la fidelidad y la esperanza sonó en tus labios con un nombre: MARÍA. Fue, Señor, a la segunda persona a la cual   tú hablabas. Ella, María, esperaba.  Nos la dejaste militante al pie del Misterio en la cruz y clavada como dulce espina en el corazón de todos los creyentes. Ni tan siquiera en esos últimos momentos la quisiste sólo para ti. Nos la ofreciste triste pero esperanzada. Mirando a la cruz pero con los brazos abrazando a la tierra. Con el corazón fundido a su Hijo, que moría injustamente, pero latiendo con los vivos deseos de ser Madre de todos.

Sí; tú, Señor, nos dejaste como Madre a María y hoy, muchos años después, te pedimos que le hagas sabedora de lo siguiente:  que, a pesar de los pesares, aquí sigue teniendo muchos hijos que le tienen como modelo, guía y referencia para la vida cristiana. En innumerables advocaciones (en montes y llanos, valles y plazas, ermitas y catedrales), Tú, Señor, nos dices: ¡pueblo aquí tienes a tu madre!

¿Siento a María cercana a mi fe?
María, Señor, tiene sabor a misericordia divina.

 
PALABRAS DE VERTIGO
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46)

Subir a la cruz es saber relativizar  la grandeza de un paisaje que se nos presenta espléndido pero engañoso. Es ver a la deriva  un hombre que sigue gritando con el grito del mismo Cristo: ¡DIOS POR QUÉ NOS HAS ABANDONADO!  Uno se acerca a la prensa de cada día y puede llegar a concluir que la ausencia de Dios produce tensiones y desgarros, muertes e injusticias, guerras fraticidas y desenfreno, mediocridad y vida que ya no es vida. En medio de todo eso, la cruz sigue destellando luz y poderío donde se agolpó la desesperanza. Sigue pidiendo a voz en grito, alzada y victoriosa,  hombres y  mujeres que quieran ser semilla de nuevos mundos y de nuevos modos, de nueva vida y de nuevas vidas, de renovada fe y de renovadas conciencias.

No; no es Dios quien ha abandonado al mundo, es éste quien (orgulloso y altanero, juez y dueño de sí mismo) dejó de usar el ascensor de la Fe para encontrar respuestas a su entorno y hallar en la cruz un disparadero de lo mejor de sus fondos humanos. Y en medio de todo ello….el silencio aparente de Dios. Cuántas veces sentimos que vives abandonado porque nosotros, Señor, te hemos dejado sólo.

¿Acompañas a Cristo en su pasión por el mundo?

Tu soledad, Señor, tiene sabor a misericordia.

 
5ª «Tengo sed» (Jn 19, 28)

Aquel que todo lo pudiera haber tenido, siente sed. Aquellos que todo no podemos ni a todo llegamos, apenas tenemos sed de nada o de muy pocas cosas. Hace tiempo, Señor, que nuestro paladar es insípido para las realidades que en verdad son importantes. Hace tiempo, Señor, que el gusto se nos perdió peregrinando y apurando  licores que nos envenenan y nos hacen dar por cierto lo que luego resulta ser falso. Hace tiempo, Señor, que tenemos sed de apariencia y de poder, de dinero y de comodidad. 

Hace tiempo, Señor, que soberbios y ensimismados nos cuesta pedir lo que necesitamos, solicitar aquello que carecemos y, cuando llaman a nuestra puerta, también nosotros bajamos al fondo de nuestro corazón ofreciendo altas dosis de vinagre despejando  de hermanos los senderos por los que discurrimos. Hace tiempo, Señor, que el mundo perdió la sed por aquello que merecía la pena.

¿Qué hacer para tener esa sed tuya Señor?

Tu sed de nosotros tiene sabor a misericordia.


PALABRAS DE PAZ
6ª «Todo está consumado» (Jn 19,30) 

No hace mucho tiempo, Señor, que recorría las orillas de un sembrado. Salió el propietario y me dijo: «ya ves…todo ha acabado». Por supuesto que no, contesté, ahora es cuando comienza a tener potencia lo    que en apariencia es fracaso y cansancio, hastío y absurdo. Ahora es cuando vendrá la fuerza de lo alto y, después de un letargo, se disparará airosa y pletórica la semilla que con pena y sacrificio se echó al surco de la tierra. Así es tu muerte Señor.
 
Semilla que se consumirá por nosotros hasta el último aliento. Pero no temas, Señor, la tierra no tendrá su última palabra. La humillación y el desgarro habrá merecido la pena. La sangre será abono y riego sin medida. Tus lágrimas respuesta al hombre que salvación quería y no la encontraba.

A muchos cristianos acomplejados, por lo que sea, les ha entrado en la vena una sensación: “todo ha terminado” “no hay nada que hacer”. 
Tu consumación, Señor, tiene sabor a misericordia.

 
7ª «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23, 46)
Es la hora del silencio. La cabeza se inclina. El cuerpo se estremece. Los ojos se cierran.
 
El velo se rompe en dos. La gente se lamenta por lo que pudo y no quiso o no supo hacer. El amigo que sigue llorando por la triple negación profesada y amargamente llorada a pie de calle. Y, allá al fondo, un árbol sostiene la figura de aquel otro que mucho vendió por el ruin tintineo de treinta monedas, creyendo que su pecado era mas grande que la misericordia divina.  Tan sólo, al pie de la cruz, permanece silenciosa e intacta, virginal y dolorosa la que mantiene abierta la esperanza y el inicio de la Iglesia: María, recostada en el pecho de aquel que tuvo el suyo en el de Cristo cuando compartía la última cena… Allá al fondo, Señor, ¿no lo oyes..? se escucha el clamor de  la ciudad, de este mundo. Las innumerables cuestas y calvarios del nuevo Gólgota que te clava y te humilla, te margina y te olvida.

Allá al fondo, Señor, ¿no lo oyes? Son las risas de los eternamente insatisfechos que condenan al que pregona la verdad.y no perdonan, que mortifican al justo que defendió la justicia, y amordaza 

Allá al fondo, Señor, ¿no la oyes?... es la voz nítida pero convencida de los muchos creyentes que seguimos entregando nuestras vidas al soplo del Espíritu que habita en nosotros.

Allá al fondo ¿no los oyes? los que blasfeman, profanan o ridiculizan la fe cristiana.

Los refugiados atenazados por un mundo indiferente.

Los cristianos masacrados ante el silencio vergonzoso de Occidente. Los nuevos Herodes que quieren sustituir navidades por semanas blancas o la Pascua por los días de primavera.

Los nuevos Herodes que utilizan la espada de su lengua y leyes afiladas para cortar todo lo que suene a vida divina, trascendencia o presencia pública del cristianismo a pie de calle.

Encomendarse a Ti, Señor, es saber que nunca nos faltará la fuerza que viene de lo alto. Nunca, Señor.
Tu último aliento, Señor, tiene sabor a misericordia del Padre.
 
Javier Leoz