2 de febrero de 2016

500º Aniversario de la muerte de Fernando el Católico


Fernando “El Católico”,
tan odiado por la nobleza castellana
como por los nacionalistas catalanes
(Conclusión)

César Cervera
 
Castilla le ignora; Cataluña le ataca

El otro de los problemas contemporáneos en torno a la figura de Fernando es que la mitología nacionalista le ha convertido en el objetivo habitual de sus ataques. Al principio, los autores catalanes, coincidiendo con el movimiento cultural de la “Renaixença”, elogiaron al monarca que «reuniendo en una sola corona la de Aragón y la de Castilla, había hecho grande a la de España», escribió en 1846 Antoni de Bofarull en su libro “Hazañas de los catalanes”. Sin embargo, el surgimiento del nacionalismo catalán a finales del siglo XIX hizo que la imagen de Fernando sufriera un vuelco.

A partir de entonces el nacionalismo le presentaría como el hombre que había propiciado el declive de Cataluña en favor del dominio de Castilla. Estos autores, entre los que se incluían el poeta romántico Ángel Guimerá o el escritor nacionalista Enric Prat de la Riba, destacaban que el ascenso de los Reyes Católicos había traído consigo el declive económico y demográfico de esta región de la Corona de Aragón.

¿Cuánto hay de cierto en el retrato de Fernando como destructor de las instituciones y del progreso de Cataluña? A juicio de Kamen «no hay ninguna prueba ni evidencia histórica que apoye o sostenga estas afirmaciones». Si bien durante el siglo XV tuvo lugar un claro declive económico en la ciudad de Barcelona –enclave comercial de la Corona de Aragón y sus territorios en el Mediterráneo–, éste se produjo antes de la llegada de los Reyes Católicos.
 
Entre 1462 y 1472, la ciudad de Valencia alcanzó un mayor desarrollo y superó por primera vez comercialmente a Barcelona. Fue una crisis pasajera motivada por razones demográficas y por epidemias, que no remitió definitivamente hasta el siglo XVII. Echarle la culpa a los Reyes Católicos carece de base.

Lo que los nacionalistas se cuidan en ocultar es que Fernando dio carpetazo a los conflictos que su padre, Juan II de Aragón, había mantenido con la ciudad de Barcelona por distintas cuestiones. Fernando fue visto como un amigo y un libertador de las tierras catalanas, al menos al principio del reinado. Durante su etapa como Conde de Barcelona –señala Jordi Canal en su reciente “Historia Mínima de Cataluña" (Editorial Turner, 2015)– «se dieron pasos definitivos para la recuperación económica de Cataluña tras la crisis iniciada con Juan II en el trono».

Fernando, no en vano, reformó las instituciones aragonesas: reforzando la representación del monarca en los reinos a través de la figura del virrey e introduciendo la moderna Inquisición a mitad de la década de 1480, lo cual levantó, como resulta evidente, enormes quejas en este territorio. Pero si hubiera que definir el reinado de Fernando y su relación con Barcelona, el punto a destacar sería su pragmatismo y su intención pactista.

Tal vez el intento de magnicidio del 7 de diciembre de 1492 sea el principal culpable de distorsionar la auténtica relación entre Cataluña y los Reyes Católicos. Así, cuando salía de la capilla de Santa Ágata de una audiencia de justicia, el Rey Católico fue acometido por un payés llamado Joan de Cañamares que le infirió una cuchillada en el hombro. «¡O, Santa María, y valme! ¡O, qué traición!», gritó Fernando el Católico al recibir una puñalada en la nuca, según el cronista Andrés Bernáldez.

Inmediatamente, los guardias reales saltaron sobre el agresor, Juan de Cañamares, y no lo mataron allí mismo porque el rey se lo impidió. Prefirió dejarlo en manos de la Inquisición, que lo condenó a muerte por intento de magnicidio. Nunca se hallaron razones políticas detrás del suceso, aunque a la mitología nacionalista no le hayan faltado ganas de insinuarlas.

Henry Kamen se propone en su nuevo libro despojar de mitos la figura del Rey aragonés. Maquiavélico, desconfiado, mujeriego incorregible y conspirador avezado. El carácter del Rey Fernando el Católico ha merecido a lo largo de la historia un saco de elogios y críticas, que, según el historiador Henry Kamen, solo se basan en mitos e imprecisiones.
 
«En realidad, sabemos muy poco sobre su vida, porque la documentación del periodo es malísima, especialmente en lo referido a la Corona Aragonesa», explica Kamen. No en vano, el primer archivo nacional surgió en el siglo XVI en Castilla y, por tanto, la documentación sobre los Reyes Católicos está monopolizada por la figura de Isabel la Católica. «Se le atribuyen a ella muchas cosas que son mérito exclusivo de él», apunta.

En su libro “Fernando el Católico: vida y mito de uno de los fundadores de la España moderna” (La Esfera de los Libros) el hispanista Henry Kamen se propone así unir las pocas piezas documentales disponibles con el objeto de trazar un retrato desprovisto de leyendas sobre Fernando. Antes que él, solo Jaume Vicens Vives logró una aproximación solvente a la figura del aragonés a través de una biografía fuertemente contestada por los nacionalistas. «Los que están fabricando la nueva ideología de Cataluña no saben nada de historia y copian las ideas de los nacionalistas del siglo XIX, que originalmente vieron al Monarca como una figura positiva pero luego le achacaron las culpas de la crisis demográfica que vivió Barcelona durante su reinado», señala el británico.

Pero no solo los catalanes han despreciado a Fernando el Católico. Tampoco los castellanos han mostrado nunca grandes simpatías por un hombre que en realidad solo hablaba castellano y, pese a nacer en la región de Zaragoza, contaba con raíces profundas en el reino vecino. «La nobleza castellana sentía aversión por Fernando, al que llamaban sin fundamentos, de forma despectiva, “el viejo catalán”. A lo mejor tiene que ver con su carácter o su actitud», analiza Kamen. De esta forma, a la muerte de su esposa, Isabel, en 1504, la nobleza castellana se decantó de forma mayoritaria por el extranjero Felipe el Hermoso y por Juana la Loca, mientras el viejo aragonés abandonaba el reino visiblemente ofendido.

La inesperada muerte de Felipe I cuando solo llevaba dos meses en el trono devolvió a Fernando el control de Castilla ante la incapacidad de su hija. «La preferencia de los nobles por  Felipe es mas bien por su hija Juana, lo cual se ve reflejado en que serán sus hijos quienes protagonizan la sucesión», sostiene el hispanista.

Siendo Rey de Aragón, Valencia, Sicilia, Nápoles y Navarra, conde de Barcelona y gobernador del Reino de Castilla, Fernando murió el 23 de enero de 1516 en Madrigalejo, intuyendo que iba a ser el último representante de la dinastía de los Trastámara y, por encima de todo, el primer Monarca en ceñir todas las coronas que constituyen la España de hoy.

«Fernando no fue el unificador de las Españas que reza el mito, pero sí es el iniciador de una gran aventura», asegura Kamen. En su opinión, España nació a través de matrimonios entre una misma familia y no a base de conquistas o reformas administrativas.
 
Los Reyes Católicos nunca fueron conscientes de la envergadura del Descubrimiento de América y su participación en el proyecto fue muy limitada. «El ideólogo del Descubrimiento es un loco, Cristóbal Colón,  que corre con la planificación y con los riesgos. Además, los descubrimientos más importantes se llevaron a cabo después de la muerte de los Reyes». En el momento en que murió Fernando, el dominio español se limitada a varias islas periféricas y en Europa apenas se conocían en ese momento datos sobre aquellas tierras.

1 de febrero de 2016

500º Aniversario de la muerte de Fernando El Católico


Fernando el Católico, óleo de Michel Sittow

Fernando “El Católico”,
tan odiado por la nobleza castellana
como por los nacionalistas catalanes


El pasado 23 de enero se cumplieron 500 años del fallecimiento del Rey de España Fernando "el Católico". Por ese motivo Palmas Amigas presenta este trabajo de César Cervera, y que debido a su longitud ofreceremos en dos partes.
 
César Cervera

Amado por los italianos y los aragoneses; odiado por los nobles castellanos del periodo, que le designaban de forma despectiva como “ese viejo catalán”, y defenestrado por los nacionalistas catalanes de hoy. No parece muy lógico que uno de los estadistas más hábiles de la historia de España sea objeto de opiniones negativas de personas tan distantes. 


Nadie es profeta en su tierra, se suele decir, pero no hay refrán para cuando alguien nace entre dos. Fernando “El Católico” era hijo de Juan II “El Grande”, quien a su vez era descendiente de Fernando de Trastámara, el primer Rey de Aragón procedente de la célebre dinastía castellana que Isabel “La Católica” compartía con su marido.


Por su parte, la madre de Fernando, doña Juana Enríquez, también era Trastámara, pero procedía de una rama derivada de ésta: los Enríquez. Es decir, Fernando era tan aragonés o menos que castellano, cuya lengua era la que usaba a nivel cotidiano, aunque la nobleza castellana pretendiera lo contrario.

Fernando el Católico personificado por Rodolfo Sancho


Nacido en Sos del Rey Católico (al noroeste de la provincia de Zaragoza), Fernando heredó el instinto político de su padre, y ya desde pequeño destacó por su inteligencia. Lucio Marineo Sículo lo describe de niño: «Mas ayudándole las grandes fuerzas de su ingenio y la conversación que tuvo de hombres sabios, así salió prudente y sabio, como si fuera enseñado de muy doctos maestros».
 

A la muerte de su esposa, Juan buscó nuevos aliados en Castilla, pues estaba necesitado de una potencia que pudiera ayudarle a mantener sus posesiones en Italia frente a la amenaza que suponía Francia. La joven hermana de Enrique IV, la futura Isabel “La Católica”, se postuló como la aliada perfecta y la mejor esposa para el joven Fernando. Ambos eran primos en segundo grado y tenían prácticamente la misma edad.

 
Fernando e Isabel se enamoraron de forma instantánea al encontrarse en Valladolid. Fernando, de hecho, estaba considerado un príncipe apuesto con «los ojos garzos, las pestañas largas muy alegres sobre gran honestidad y mesura; los dientes menudos y blancos, risa de la cual era muy templada y pocas veces era vista reír como la juvenile edad lo tiene por costumbre».


En los primeros años de su matrimonio, las circunstancias políticas dieron pocos motivos para reír a los Reyes Católicos. La guerra contra Enrique IV y posteriormente su hija Juana “La Beltraneja” involucró a los aragoneses en el conflicto y fue la probable causa de que la nobleza castellana no terminara de ver con buenos ojos al aragonés. La guerra hace tantos amigos como enemigos.


Fernando no era exactamente Rey consorte de Castilla. Era algo más que eso, tenía competencias que le acercaban a la autoridad de su esposa, que recibía un tratamiento similar en la Corona de Aragón. Solo la Reina podía nombrar a los dignatarios de Castilla, pero el Rey podía hacer uso de algunas rentas castellanas. Bajo estas condiciones, Fernando reinó en Castilla durante treinta años, lo cual no bastó para ganarse la simpatía de los grandes nobles de este territorio cuando Isabel murió en 1504.


La nobleza se decanta por Felipe «El Hermoso»

En noviembre de 1504, Fernando proclamó a su hija mayor, Juana “La Loca”, Reina de Castilla y tomó las riendas de la gobernación del reino acogiéndose a la última voluntad de su esposa. Sin embargo,  Felipe, "El Hermoso" marido de la Reina, se apoyó en varios pesos pesados de la nobleza castellana, véase el Marqués de Villena o el Duque de Nájera, que creían que “el viejo catalán” debía regresar al fin a sus tierras. De esta opinión era Juan Manuel, antiguo embajador de los Reyes Católicos, ahora consolidado como hombre clave de Felipe, que preparó el terreno para la salida de Fernando.


Otros como el Cardenal Cisneros, que anteriormente habían sido fieles a Fernando, se «pusieron al servicio de Felipe I, aun sin oponerse directamente a su antiguo jefe, el Rey Fernando», explica Yutaka Suzuki en su excelente libro “Personajes del siglo XV: Orígenes del Imperio español”.
 

Y aunque en la Concordia de Salamanca (1505) se acordó un gobierno conjunto de Felipe, Fernando “El Católico” y la propia Juana, esta situación terminó con la llegada del borgoñés a la península con un destacamento de hombres armados, quien convenció a la mayor parte de la nobleza castellana, a base de regalos y concesiones, de que él suponía una amenaza menor que la procedente de un Rey aragonés en Castilla.
 

Visiblemente ofendido, Fernando se retiró a Aragón y Felipe fue nombrado Rey de Castilla el 12 de julio 1506 en las Cortes de Valladolid con el nombre de Felipe I. Un reinado que solo duraría dos meses.

 
Fernando era un personaje poco simpático entre los nobles, pero seguía teniendo importantes aliados. Su primo, el poderoso noble castellano Fadrique Álvarez de Toledo, II Duque de Alba, defendió sus derechos cuando todos le dejaron de lado y regresó junto a él cuando la súbita muerte de Felipe I, quizás a causa de alguna clase de veneno, dejó vacante el trono. A su vuelta a Castilla, Fernando, gobernador del reino, encerró en Tordesillas a su hija, que había mostrado un comportamiento inquietante durante el cortejo fúnebre de su marido, y asumió la regencia hasta 1507. Luego sería Cisneros quien sujetaría este cargo hasta la llegada de Carlos I.


El retorno de Fernando a Castilla no obstante, tuvo cierto aire a obligación. No podía olvidar tan fácilmente que la nobleza le había dado la espalda cuando se trató de elegir entre él o un extranjero, por lo que su gobernación en este reino se limitó a mantener el estatus quo sin emprender grandes empresas. Con la única excepción de la conquista de Navarra. Así, Fadrique Álvarez de Toledo anexionó por las armas el Reino de Navarra a la Corona de Castilla, amparado en una bula del papa Julio II, como parte de un complejo plan de Fernando y de su nueva esposa, la francesa Germana de Foix, que no podía involucrar directamente a Aragón.


Por el contrario, Fernando dedicó la mayoría de sus esfuerzos a partir del fallecimiento de su esposa en consolidar sus victorias sobre los franceses en Nápoles y Sicilia. Su labor política allí le granjeó los elogios del afilado Nicolás Maquiavelo: «Vive en nuestros días Fernando de Aragón, Rey de España. Casi puede llamársele príncipe nuevo porque se ha convertido, por propio mérito y gloria, de Rey de un pequeño Estado en primer soberano de la Cristiandad».


No obstante, Henry Kamen advierte en su último libro, "Fernando El Católico",  (Esfera de los libros, 2015), sobre los peligros de quedarse en esta visión mitificada del Monarca, puesto que el filósofo y diplomático apenas coincidió personalmente, si es que lo llegó a hacer, con el aragonés. «Maquiavelo se inventó una figura de Fernando que coincidía con la imagen que los italianos esperaban encontrar en el hombre que había expulsado a los franceses, pero que no era un retrato cierto», recordó el hispanista en una entrevista con ABC el pasado mes de diciembre.


Al igual que los italianos mitificaron las virtudes de Fernando, los castellanos tendieron con el paso de los siglos a rebajar sus méritos y atribuirle a Isabel “La Católica” la mayor parte de los éxitos de los Reyes Católicos. La prueba de ello es el escaso número de biografías dedicadas a este monarca, frente a otros personajes del periodo como su propia esposa, que sí han contado con historiadores interesados en reconstruir su vida.

(Continuará mañana) 

30 de enero de 2016

Castro con una bomba demográfica en mano

 
Castro con una bomba demográfica en mano 

Andrés Reynaldo
 
Carlos Marx escribió en El 18 de Brumario que la Historia (con mayúscula, el comunismo se expresa con mayúscula) suele ocurrir primero como tragedia y luego como farsa. La crisis de los cubanos en Costa Rica, y otras tantas crisis del castrismo, muestran que ambas condiciones pueden darse a la vez.
 
Este es el primer éxodo de cubanos del siglo XXI, primero en que Cuba y Estados Unidos gozan de relaciones diplomáticas y primero en que participan con variado grado de concomitancia, cuando no de metódica coordinación, una amplia red de contrabandistas dentro y fuera de la isla, así como autoridades cubanas, ecuatorianas, nicaragüenses, salvadoreñas, hondureñas y mexicanas.
 
Las víctimas siguen siendo las mismas: cubanos que huyen de la dictadura y buscan en Estados Unidos su tierra de promisión. Hoy, sin embargo, a los fugitivos se les ordeña hasta el último dólar. En los puestos de frontera, se les conoce como “cajeros automáticos”. Han hecho enormes sacrificios hasta acumular una pequeña fortuna. Vendieron sus casas y muebles. Pidieron dinero a sus familiares en el extranjero. Si fracasan, si se dan por vencidos, pueden regresar a Cuba. Es el primer éxodo del ensayo capitalista de Raúl Castro. Ya no se condena el adiós a la revolución. Simplemente se monetiza.
 
El restablecimiento de relaciones con Estados Unidos creó la duda razonable de la derogación o modificación de la Ley de Ajuste Cubano (LAC) y la doctrina de pies secos-pies mojados. Tarde o temprano, la tendencia hacia la normalización obligará a una revisión de la cuestión migratoria. En esa cama no cabe la LAC. Ahora mismo, ya le crujen las costuras. Los republicanos, un sector de los demócratas y un número importante de exiliados quieren derogarla o modificarla para beneficio de aquellos que certifiquen algún estado de oposición política, sea sólido o gaseoso. No para las “mulas”, la clase media raulista, los parásitos de la asistencia social y los defraudadores del Medicare. (Con frecuencia, unas de estas categorías implican a las otras).
 
Curiosamente, la dictadura y sus auténticas víctimas en la isla sudan un igual pánico. A Raúl Castro, el alivio de la presión demográfica le depara un alivio de la presión política. Agréguese el inmediato aumento de las ganancias en remesas y viajes. Para cientos de miles de cubanos, si no millones, la posibilidad de ser admitidos en Estados Unidos representa la única esperanza de libertad y prosperidad. En el fin de la LAC la dictadura tiene un peligro de muerte. Su permanencia, para el cubano de a pie, es una promesa de resurrección.
A una semana de una ronda de conversaciones migratorias, Raúl va a sentarse a la mesa con una oportuna bomba demográfica en las manos. En el año fiscal 2014-2015 han llegado 43,139 cubanos, un incremento de 77 por ciento respecto al período anterior. Más que durante el éxodo de 1994. La actual ola de fugitivos, taponada en México y Nicaragua, sólo puede resolverse por mar o por un puente aéreo. En cuestión de días, la crisis nos pondrá los pelos de punta en Miami.
 
El castrismo domina el arte de convertir su asfixia en una renovada fuente de oxígeno. De cara a un presidente afín y débil, probablemente lo vuelva a conseguir. Mientras tanto, los fugitivos siguen a la intemperie, a merced de ladrones con patente de autoridades y autoridades con oficio de ladrones. Viejos y jóvenes, familias completas y familias rotas. Estudiantes, obreros, cuentapropistas. (¿Cuántos desengañados cuentapropistas habrá entre los fugitivos?) Sin canción de Silvio ni poema de Richard Blanco. Como siempre, el dolor y la picaresca del cubano solo, estafado, desollado. Esperando que alguien le tire un cabo.

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28 de enero de 2016

Soneto a Marti


Soneto a Martí

Pedro Erasmo Callorda

Era un poeta, un soñador, y estaba
enamorado de una blanca estrella:
en el exilio suspiró por ella
cual por su tierra a la que tanto amaba.

Era su novia a la que en verso hablaba
de otra patria a surgir, chispeante y bella,
y el tierno bardo en pasional querella
siempre un beso de luz le reclamaba.

Y nunca la besó: fue a la pelea
como un cruzado, a fecundar su idea
con su sangre... y cayó: fue allá en Oriente.

Y esa noche se vio que, plañidera,
bajó una estrella, le besó en la frente
y se clavó gloriosa en su bandera.

Pedro Erasmo Callorda, poeta y estadista uruguayo.
Foto: Google

27 de enero de 2016

Gracias a él podemos llamarnos teresianos.


 
ENRIQUE DE OSSÓ

Las comunidades teresianas en todo el mundo están hoy de fiesta: es el día de san Enrique de Ossó, su fundador. Había sido un día como el de hoy, en 1896, cuando dejó esta vida terrenal para empezar a compartir con  santa Teresa de Jesús y todos los santos que viven la vida eterna en la Gloria del Reino.

Evoco hoy la figura de este hombre que, tomando a Teresa como modelo de perfección, anduvo su camino para reunir mujeres que bajo la inspiración de la santa castellana respondieran al llamado del Señor  formando futuras mujeres en la virtud y el temor de Dios.

Para ello transcribo algunos párrafos sobre su vida, encontrados en la página del Centro de Iniciativas de Pastoral de Espiritualidad (Cipe). [adg]:

Y hoy, cinco años después, sacamos de nuestro archivo este homenaje a San Enrique de Ossó.

En estos tiempos son menester amigos fuertes de Dios.
 (Teresa de Jesús de Ávila, Vida 15,5)

Este pensamiento teresiano revela a Enrique de Ossó. Su época fue dura; su amistad con Dios, Jesús, intensa; su espíritu teresiano providencial.

Nacido en Vinebre, pueblecito de Tarragona, un 16 de octubre de 1840, hijo de Jaime de Ossó y Micaela Cervelló, fue el menor de tres hermanos: Jaime, Dolores y Enrique. Tras una infancia feliz, el padre, agricultor acomodado, procuró asegurar el futuro de los dos jóvenes: envió a Jaime a Barcelona y a Enrique a Quinto de Ebro y Reus para que aprendieran el oficio de comerciantes. Las previsiones paternas pronto fueron alteradas por uno de los factores distorsionadores de la edad moderna: las epidemias de cólera y de fiebre amarilla. Enrique apenas contaba catorce años cuando murió su madre. En la ausencia, sus palabras: “Hijo mío hazte sacerdote”, cobraron vida propia dejando en la sombra el deseo del hijo: “Quiero ser maestro”. Semanas más tarde, ante la negativa paterna de seguir la vocación sacerdotal Enrique huyó a pie a Montserrat. Movido por su deseo de ser misionero de paz y amor, desconocía en esos momentos que si el enfermo siglo XIX le había quitado a una mujer, su madre, él siendo fiel a su sacerdocio iba a dar al mismo siglo una mujer que lo sanara: Teresa de Jesús.

Desde los primeros años de su vida las obras de Teresa le acompañaron callada pero tenazmente. Su tia Mariana, las visitas a El Desierto de las Palmas, el profesor Dómine Sena, pusieron los cimientos del conocimiento y admiración de la Santa. Las verdades teresianas fueron calando en su interior mientras estudiaba en los seminarios de Tortosa y Barcelona (1860-61 y 1863-66), ejercía como profesor de Física y Matemáticas del seminario tortosino -ya antes de su ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1867- y dirigía la obra del Catecismo en Tortosa. También los acontecimientos que se sucedían a su alrededor penetraban en él: enfrentamientos e intolerancia ideológica, levantamientos y asesinatos, ignorancia y desconcierto, inestabilidad política y guerras carlistas.

Enrique no era hombre que permaneciera impasible ante las situaciones críticas y en el mes de julio de 1872 se sintió interpelado: “¿Qué haría Teresa de Jesús si viviese hoy entre nosotros?” La figura de Teresa emergió con fuerza en su persona y el vigor del espíritu teresiano cobró forma en la creación de la Revista Teresiana. Por medio de la divulgación mensual de sus escritos Teresa de Jesús estará viva, actuará como lo hizo en el s.XVI. Para lograrlo Enrique le pide a Teresa “Alcánzanos de tu esposo Jesús una parte, si no todo, de tu espíritu” El primer fruto de la publicación fue la Archicofradía de Hijas de Maria y Teresa de Jesús. El espíritu de Teresa, más que por palabras, debía transmitirse por la vida de esas jóvenes.

Desde su fundación, octubre de 1873, la archicofradía se extendió por pueblos y ciudades. El Rebañito del Niño Jesús –niños- y la Hermandad Josefina –hombres- en 1876 fueron otras asociaciones que nacieron de esa fidelidad al carisma teresiano. En junio del mismo año fundó la Compañía de Santa Teresa para “la educación de la mujer según el espíritu de Santa Teresa de Jesús”, su obra principal y de la que él mismo decía: “Ha de ser en los últimos tiempos una de la que más y mejor ha de celar la honra de Jesús por medio de Teresa”

Acompañó siempre la acción con la palabra escrita. Escribió un total de 66 obras dedicadas en su mayor parte a fomentar la piedad y orientar las Asociaciones que organizó. Destacamos la Guía práctica del Catequista en 1872 y El Cuarto de Hora de oración de 1874.

 
http://www.cipecar.org/es

23 de enero de 2016

Mis amigos se van de Cuba

 
Mis amigos se van de Cuba
Alejandro Ulloa García
Poco a poco la asfixia hace su trabajo. Primero es imperceptible. Pero de eso se trata. De ir lento. Sin prisas. El primer síntoma apareció hace mucho tiempo con un poco de decepción, de desánimo, nada grave, apenas un pensamiento efímero y al parpadear de nuevo, ni rastro.

Pero años después, uno a uno los miembros ya van cediendo. Las piernas, los brazos. También los ojos. La voz. Sobre todo la voz. Y el cuerpo se fatiga más fácil. Desobedece más fácil. Se enquista y no cede.

Luego es el cansancio que comienza una danza lenta, casi fatídica. Y un segundo después ya el camino está recorrido, y no hay retorno, y no hay más intentos posibles, ni santos griales ni cruzadas que ya no se hayan perdido, ni bolsillos repletos de adolescentes esperanzas que aun luzcan sanos. Es el cansancio el síntoma de lo irreversible, porque lo que sigue luego es simple, es dejar fluir, y solo un avión, una lancha, lo que sea, se revela como única ruta.

He visto a mis amigos, uno a uno, padecer esto. Los he visto cuando apenas notan que el cansancio les quema los pasos. Y luego cuando se percatan de caminar ya en una habitación de paredes móviles –siempre más estrechas–. Ý después, cuando sus ojos ya no encuentran aquí color posible para sus vidas. Y al final, cuando se quiebran, y no hay más chance que escapar, que huir de tanta desazón, de tanta grisura, de tanto horizonte truncado. En esos momentos, sus ojos ya andan ciegos, ya están del otro lado del mar, y mi abrazo es el único talismán que puedo darles para el viaje.

Uno a uno mis amigos se van de Cuba. Lían la mayor cantidad de recuerdos, fotos, direcciones, rostros, y se los echan a las espaldas para emprender el camino. El camino es su única cura posible.

Pero llevan a Cuba en todos sus poros. Porque “el amor, madre, a la patria” no es una raíz que te ancla a la tierra, sino un par de alas que saben volar, y regresar, porque siempre mueren por regresar.

Y sus padecimientos también son los míos, aunque yo, aun, no blanquee mis ojos y los ponga más allá del mar. Porque temo al mar, y a la distancia, y porque he decidido estar del lado de acá, quizá a la espera de ellos, de todo.

Sé que la asfixia empieza por los bolsillos, por las “ganas de hacer” frustradas, por el futuro incierto, o inexistente. Sé que el cansancio ataca cuando, en la soledad de los pensamientos, con el lápiz a punta de cálculo, el presente se desnuda rancio, pequeño, leve, sordo, feroz. Y sé que entonces no queda más que alzar la cabeza, fijar un norte, un sur, un este o un oeste, y trazar una línea roja, a veces, con la garganta apretada en la infinitud de las distancias, de los tiempos… (porque Cuba a veces castiga a sus hijos, los devora, y los sume en la espera, en la nostalgia). Entonces sé que solo les queda fluir, y volar. Que todo es gris en sus ojos, que algún día regresarán.

Y yo padezco como ellos, mis músculos se tensan, se hartan, se fatigan, se cansan, sobre todo, por la distancia que nos parte. Y porque Cuba, aun, se deshace en regresos y despedidas.

Tomado de Esquinas

19 de enero de 2016

Profanación del Mausoleo de Catalina Lasa en Cuba

 
La Profanación del Mausoleo
de Catalina Lasa en Cuba
Zunilda Mata
14ymedio

Los amantes más famosos de la Cuba del siglo XX, Catalina Lasa y Juan Pedro Baró, ya no reposan en el hermoso mausoleo donde fueron enterrados en la Necrópolis de Colón en La Habana. En su lugar, unas tumbas vacías y unas lápidas rotas son el epílogo de un amor que alimentó los rumores e hizo palidecer de envidia a la alta sociedad cubana.

En la avenida que se extiende desde la puerta norte del cementerio hasta la Capilla Central, hay un panteón que atrae los lentes de los turistas y los suspiros de los arquitectos. La obra fue erigida para cobijar los restos de Catalina Lasa, quien murió en 1930, apenas 13 años después de conocer a Juan Pedro Baró en una fiesta a la que ella fue del brazo de su esposo, Pedro Estévez Abreu.

Hace algunos años una reparación ejecutada por la Oficina del Historiador de la capital alimentó la ilusión de devolver al mausoleo su antiguo esplendor. Así lo merecía todo el conjunto y en especial el majestuoso portón, que diseñó la Casa René Lalique de París y que fue presentado en el Salón de Artes Decorativas de la capital francesa en 1925.

El mármol de la construcción vino de Bérgamo, en Italia, y el reconocido arquitecto, escultor y conferencista Luis Bay Sevilla escribió en El Diario de la Marina que aquel panteón, “el de Catalina Lasa, de un gran arquitecto francés, dentro de las normas que señalan el arte nuevo, es único en el mundo”.

Sin embargo, los prolongados retrasos sufridos por las obras de restauración han provocado que el interior de la capilla, construida en mármol blanco y con una media cúpula en forma de vaina, muestre un paisaje desolador, donde una vez todo fue lujo y oropel.

Antes de que las obras reforzaran esa imagen de abandono, ya los vándalos habían hecho su parte, atraídos por la codicia que despiertan los rumores sobre un lujoso enterramiento. Una práctica común en los cementerios cubanos, donde en los últimos años más de un difunto ha sido desenterrado para extraerle desde un anillo hasta un diente de oro.

Un acicate para los saqueadores cotidianos debieron ser las crónicas de la época, que aseguraban que el cuerpo de Catalina fue sepultado con un pectoral de piedras preciosas engastadas en oro formando un diseño de rosas. La posible desaparición de estos objetos debido a la rapacidad que sufrió el panteón podría ser el robo de mayor cuantía llevado a cabo en el camposanto habanero donde abundan las tumbas de personalidades y aristócratas.

Un pariente exiliado de los Baró-Lasa aseguró a 14ymedio que las joyas en el ataúd eran sólo “cuentos de novelistas”. Sin embargo, la versión que se maneja en las calles habaneras es que detrás de las espectaculares puertas del panteón estaba uno de los mayores tesoros sepultados en la Isla.

Guiado por esa historia y con el olfato de un experimentado profanador de tumbas, Angelito, un antiguo sepulturero de la necrópolis, desbarató el año pasado con una barreta y a golpe de mandarria las losas que cubrían los ataúdes de Catalina Lasa, Juan Pedro Baró y la madre de éste.

La acción de este saqueador de tumbas se sumó a los pequeños robos anteriores en el mausoleo, en los que se sustrajeron otras piezas, como varios de los cristales que inyectaban una luz lechosa hacia el interior y proyectaban la figura de una rosa. Los vecinos de la barriada aseguran que después del atraco, Angelito dejó tras de sí un rastro de gastos excesivos y noches de locura.

La investigación policial apuntó hacia el depredador funerario, quien fue apresado y recluido siete meses en el centro penitenciario de Valle Grande, según confirmaron a este diario varios custodios del cementerio. En la redada policial también quedaron bajo investigación otros trabajadores del lugar, pero todos resultaron absueltos por falta de pruebas.

Mientras esa trama criminal transcurría, los turistas enfocaban su lente hacia aquella joya del art déco cubano. Hasta hace pocos meses allí estuvieron los restos de Catalina, quien en la pacata época que le tocó vivir escandalizó a muchos al pedir la separación a Estévez Abreu, hermano del vicepresidente de la República e hijo de la conocida como “benefactora de Santa Clara”, Marta Abreu.

La noticia prendió cual pólvora en una Cuba donde todavía no se había aprobado la ley de divorcio, y la bella matancera huyó junto a su amante. Los enamorados regresaron a La Habana en 1917, donde vivieron juntos hasta que ella falleció, en Francia.

Sin acostumbrarse a la viudez, Baró quiso darle a Catalina en la muerte aquello que su fugaz vida no le había permitido y costeó un panteón de medio millón de pesos en el cementerio habanero. Hoy, un bloque de concreto colocado de manera improvisada por la parte trasera sirve como escalón para asomarse a la que fue proyectada como una vivienda eterna.

Desde esa indiscreta posición y auxiliado por una cámara, es posible captar el deterioro de toda la capilla. Los cristales que cubrían las ranuras traseras ya no están y la cruz diseñada por Lalique corrió igual suerte, como las mamparas de cristal colocadas entre las puertas y el recinto más íntimo de las tumbas.

Una fuente cercana al historiador de La Habana comenta que la complejidad patrimonial del panteón exige un estudio “para su reparación”, aunque un empleado del cementerio confirma que las obras de restauración están detenidas desde hace meses porque “los recursos de la Oficina del Historiador tuvieron que ser destinados a algo aparentemente más urgente” .

Los restos mortales de Catalina Lasa, de Juan Pedro Baró y su madre descansan provisionalmente, y hasta que terminen las obras, en el panteón de los Emigrados Cubanos, el mismo lugar donde reposa Leonor Pérez, madre de José Martí. Mientras, Angelito, el saqueador de tumbas, fue finalmente condenado a 30 años de prisión por daño al patrimonio y profanación.

A pesar de la devastación, algo del brillo de la mirada de quien fuera conocida como La Maga Halagadora queda en el lugar. Una triste presencia, de quien no logró en vida ser aceptada por una sociedad llena de prejuicios y después de muerta ha sido víctima de la expoliación y la indolencia.

Para quienes no conozcan esta historia de amor, o quieran releerla, ofrecemos el enlace al trabajo que sobre ella colgamos en este blog hace exactamente dos años: "Catalina Lasa, historia de un gran amor". Escrita por Gina Picart, es un documento histórico de nuestro esplendoroso pasado.
http://palmasamigas.blogspot.com/2014/01/catalina-lasa-historia-de-un-gran-amor.html

18 de enero de 2016

Semana Social Católica en Miami


  IV SEMANA SOCIAL CATOLICA    

 Miami, Florida
  7 al 13 de febrero 2016

EL  EQUIPO COORDINADOR  DE LAS SEMANAS  SOCIALES 
Y LA  VOCALÍA  DE  DOCTRINA SOCIAL DE LA
ASOCIACION DE  CABALLEROS CÁTOLICOS
TIENEN EL GUSTO DE INVITARLO.
PROGRAMA

Primer día - Domingo 7

- Parroquia de St. Raymond, 3475 SW 17th St, Miami, FL 33145.  
  Misa inaugural 8:00 AM Presidida por el P. Roberto Cid, Director de Radio Paz.
- Después de la Misa ─ Día dedicado al contenido social de Evangelii Gaudium y de la encíclica Laudato Si.
Conferencistas: Francisco Javier Muller (análisis científico) y Sixto García (análisis teológico).

Segundo día – Martes 9


- Parroquia San Juan el Apóstol, 475 E 4th St, Hialeah, FL 33010. 8:00 PM.
Día  dedicado a la Encíclica Rerum Novarum.
Conferencistas: Santiago Cárdenas (contexto histórico), Jesús Permuy  (análisis de la Encíclica)

 Tercer día – Miércoles 10

-
Sala Cosculluela del Colegio de Belén, 500 SW 127thAve, Miami, FL 33184. 8:00 PM.
Día dedicado a la labor social de los Caballeros de la Orden de Malta, los Caballeros de Colón y los Caballeros Católicos.

Cuarto día – Jueves 11

-
Parroquia Corpus Christi, 3220 NW 7th Ave, Miami, FL 33127   8:00 PM.
Día dedicado a la obra del P. José Luis Menéndez. Su experiencia sacerdotal en la aplicación de la Doctrina Social de  la  Iglesia en la pastoral social. Además, nos brindará una exhibición de valiosos objetos históricos.

Quinto día – Sábado 13

-Salón Félix Varela - Ermita de la Caridad, 3609 South Miami Ave., Miami, FL 33133.
 9:00 AM ¨La Economía Social de Mercado en el futuro de Cuba Democrática¨. Conferencistas: Nelson Amaro y Horacio Espino Bárzaga.
11:30 AM. ¨30º Aniversario del ENEC. Homenaje y Actualización del Mensaje¨. Conferencistas: P. José Conrado Rodríguez y Dagoberto Valdés.

Lunes 8 a viernes 12 –  Como parte vivencial de la Semana Social se invita a brindar su ayuda a las Hermanas Misioneras de la Caridad de la obra de Madre Teresa de Calcuta en Miami. Para coordinar ayudas llamar:


Responsable: Hna. Méngala, Dirección: 724 NW 17 St MiamiFl. ─ Tel. 305-326-0032                                                                  

Por el Equipo Coordinador:


Helio J. González   305 439 3773
Santiago Cárdenas 786 282 2544
Efraín R. Infante    305 556 5954

17 de enero de 2016

Que sea yo buen vino, Señor

 
QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR.
Que ponga palabra oportuna
allá donde se desarrolle el desconcierto..
Que irradie música y alegría
cuando brote el escenario de la tristeza y la angustia
 QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR.
Que hable de Ti y de tus hazañas
aún en medio de incomprensiones y vacíos
Que lleve la esperanza y el optimismo
a un mundo que llora perdido.
Que cargue las tinajas de los corazones de las personas
con tu Palabra que todo lo colma y satisface.
Que convierta el vinagre de muchas historias
en el dulce vino de tu fraternidad y de tu Evangelio.,
 QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR.
Que, con María, también abra los ojos
y descubra  os sufrimientos y la escasez
el fracaso y tanto aguafiestas
que abortan el espíritu festivo de la humanidad,
el anhelo de fraternidad de este mundo.
 QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR.
Y sepa darte gloria, por mis obras
Y sepa bendecirte, por tanto signo que realizas.
Y sepa agradecerte, por tantos dones que regalas.
Y sepa alabarte, por salir al encuentro del hombre.
 Gracias, Señor,
tu vino (el único, el mejor y el más auténtico)
alegra la  mesa de toda nuestra vida.
Que en este Año de la MIsericordia,
como buen vino,
sea capaz de ofrecer tu Palabra con mi voz.
tu presencia, en mi entrega,
tu fortaleza, con mi testimonio,
tu amor, a través de mi caridad,
tu corazón, por mi comprensión,
tu reino, en mi forma de entender y de vivir la vida.
Amén.
Javier Leoz, betania.es