15 de septiembre de 2013

.Carta Pastoral de los Obispos de Cuba


CARTA PASTORAL DE LOS OBISPOS CATÓLICOS DE CUBA

"LA ESPERANZA NO DEFRAUDA"

                               Romanos 5,5



Saludo inicial
1. Queridos hermanos y hermanas: los obispos de Cuba, dentro de la celebración del Año de la Fe, nos dirigimos a ustedes sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, a los fieles laicos y a todos los cubanos, con el propósito de compartir esta Carta Pastoral que desea aumentar en nuestros corazones la esperanza que debe animar a cada persona y a cada pueblo. Esta invitación a la esperanza parte de nuestra fe cristiana, de la buena voluntad y de la necesidad y el deber de buscar entre los cubanos un futuro mejor para todos.

La Virgen de la Caridad nos abre un camino de esperanza

2.  Al dirigirnos a ustedes en esta ocasión tenemos motivos para estar alegres y confiados en el Señor, pues en esta búsqueda y siembra de esperanza contamos con la presencia maternal y convocante de nuestra Patrona, la Virgen María de la Caridad del Cobre. Todavía permanece vivo en nuestra memoria el gozo que hemos experimentado al celebrar, en el pasado 2012, el Año Jubilar por los 400 años del hallazgo y presencia de su bendita imagen en medio de nuestro pueblo. Ella quiso permanecer entre nosotros como Madre de la Caridad y Madre de los cubanos. A esta celebración fueron invitados todos sus hijos, también los dispersos por el mundo, que se unieron a ella de diversas maneras.

3.  Con el lema "A Jesús por María, la Caridad nos une", la Virgen María de la Caridad una vez más nos unió, pues a lo largo de cuatro siglos "los cubanos nos hemos encontrado siempre juntos, sin distinción de razas, clases u opiniones, en un mismo camino: el camino que lleva a El Cobre" 1.

4.  Nunca fue más cierta esa unidad en la Caridad que en las pequeñas, grandes y  hasta multitudinarias procesiones y peregrinaciones de cubanos que acompañaron la venerada imagen de la Virgen Mambisa en su recorrido por toda la geografía insular. Allí se encontraban el sacerdote y el ingeniero, el militar y el civil, el policía y el recluso, el niño y el anciano, el campesino y el de la ciudad, el católico y el que practica otras creencias religiosas, el funcionario del gobierno y el que se considera opositor, la embarazada y la madre que perdió a su hijo, el que reside en Cuba y el que vive fuera, y muchos volvieron a hablarse, e incluso abrazarse y reconciliarse después de años de estar disgustados y distanciados. 

5.   Nuestra Madre de la Caridad nos acogió a todos y nos cobijó con su manto, recogió las plegarias dichas a viva voz y las que quedaron en el silencio del alma, y todas las presentó a su Hijo Jesucristo. Al igual que hizo el apóstol san Juan al pie de la Cruz, también nosotros la hemos acogido a ella, como madre, en nuestro corazón y en nuestra casa (Jn. 19,27).

La visita de dos Papas marca nuestra historia con un signo de esperanza

6.  Otros dos acontecimientos de profundo sentido religioso han marcado nuestra historia reciente con el signo de la esperanza. En menos de quince años tuvimos la oportunidad de ser visitados por dos Papas. El primero fue el beato Juan Pablo II, tan cercano a nuestra Patria e Iglesia, a las que guardaba de modo especial en su corazón y siempre anheló visitar. 

7. Juan Pablo II llegaba a Cuba en los momentos todavía difíciles del llamado “período especial”, en medio de la desesperanza ciudadana ante un futuro incierto y el creciente desencanto por una propuesta ideológica que, en sus vertientes económicas y sociales pareció ser la solución de todos los males, pero que empezaba a ser cuestionada, en mayor o menor grado, por la población. A su vez, se comenzaba a dar marcha atrás a las tímidas reformas socioeconómicas iniciadas poco antes, por lo que muchos cubanos volvieron a buscar la solución a su desesperanza en una emigración que los llevara a otras tierras. 

8.   En medio de esta realidad, al iniciarse el año 1998, el Papa Juan Pablo II vino como “Mensajero de la Verdad y la Esperanza” a confirmar a los católicos en la fe, a proponer la Verdad inmutable de Jesucristo, a invitarnos a poner nuestra confianza en el Dios que no defrauda, y sin el cual poco podemos hacer (cf. Jn.15,5) y a exhortarnos a buscar entre todos, partiendo de nuestras raíces cristianas, soluciones que hicieran despertar en los cubanos la Esperanza.

9.  La presencia frágil del Santo Padre, ya enfermo, y su palabra enérgica se ganaron un espacio en el corazón de los cubanos. El alma cubana y la Iglesia que está en Cuba no fueron las mismas después de aquella memorable visita. Aquel vibrante llamado suyo: “No tengan miedo de abrir sus corazones a Cristo, dejen que Él entre en sus vidas, en sus familias, en la sociedad, para que así todo sea renovado"2, estremeció el alma de los cubanos y, como efecto de su visita, no sólo recuperamos el feriado de la Navidad, sino que muchos desempolvaron la memoria religiosa por un tiempo adormecida o escondida y no pocos descubrieron, y otros redescubrieron, la Verdad que no cambia, que no viene de hombre alguno porque es de Dios y un buen número de cubanos comenzó a sentir sed de lo realmente espiritual, la necesidad de acercarse a la fe y a recibir los sacramentos de la Iglesia.

10. Y como si Dios quisiera insistir en su amor por este pueblo, trece años después nos visitó el hoy papa emérito Benedicto XVI. Un papa que viajaba poco por motivos de edad hizo la opción de incluirnos en uno de los últimos viajes de su pontificado. Esto no lo olvidamos los cubanos, pues él quiso acompañarnos como “Peregrino de la Caridad” en el Año Jubilar Mariano que celebramos en 2012. Como lo hemos hecho millones de cubanos en cuatro siglos, Benedicto XVI se arrodilló como un hijo más ante la imagen bendita de nuestra Madre de El Cobre y, como el buen pastor que ama a sus ovejas, confió a María el futuro de nuestra Patria "para que avance por caminos de renovación y esperanza, para el mayor bien de todos los cubanos”3. A Ella presentó también "las necesidades de los que sufren, de los que están privados de libertad, separados de sus seres queridos ... de los jóvenes, de los descendientes de aquellos que llegaron aquí desde África ... de los campesinos”4. Y nos prometió que continuaría "rezando fervientemente" para que sigamos caminando hacia adelante "y Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad”5.

La palabra divina y humana de la Iglesia anima nuestra esperanza

11. Juan Pablo II y Benedicto XVI evidenciaron no sólo la dimensión religiosa, sino también la dimensión humana y social de la misión evangelizadora de la Iglesia. Ambos se refirieron a la realidad espiritual y social de los cubanos en la hora presente y de cara al futuro. La Iglesia de Cristo no puede quedarse encerrada en sí misma y satisfecha con atender sólo a quienes la conforman. Juan Pablo II nos había dicho: "El servicio al hombre es el camino de la Iglesia"6 y este servicio al hombre lo brinda la Iglesia sin distinción de personas por su religión, raza, edad, sexo, condición social o pensamiento político.

12. La Iglesia, pues, existe para hacer presente e inolvidable a Jesucristo, anunciar su Evangelio y servir de este modo a la humanidad. Juan Pablo II, en su discurso al llegar a Cuba, expresó su "convicción profunda de que el mensaje del Evangelio conduce al amor, a la entrega, al sacrificio y al perdón, de modo que si un pueblo recorre ese camino es un pueblo con esperanza de un futuro mejor”7. Nos invitó a construir ese futuro "guiados por la luz de la fe, con el vigor de la esperanza y la generosidad del amor fraterno", para lograr así "un ambiente de mayor libertad y pluralismo"8. De modo semejante Benedicto XVI hizo un llamado a los cubanos “para que den nuevo vigor a su fe, para que vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas de la paz, el perdón y la comprensión, luchen por construir una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje más la bondad de Dios”9.

13.  No hay otro modo de ser y hacer Iglesia, también aquí en nuestra Patria, donde el Señor nos llama a consagrarnos a Él anunciando el Evangelio y sirviéndolo en cada uno de nuestros hermanos. Es así como, al observar la realidad que vivimos, al escuchar y sentir en nosotros los anhelos, las esperanzas y las frustraciones de los hijos de Dios en esta tierra, con la confianza puesta en el Señor y alentados por el amor de Nuestra Madre de El Cobre, los obispos estamos presentando a nuestros fieles y a todos los cubanos este mensaje.

El común destino de los bienes materiales y la libertad son fuentes de esperanza

14. Entre las diferentes opciones que se presentan en la búsqueda del bien común la Iglesia opta por aquella que defiende y promueve la libertad responsable del hombre. "Resulta conmovedor –en palabras del papa Benedicto XVI– ver cómo Dios no sólo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla"10. En efecto, la libertad es un don precioso que Dios regala al ser humano, que ha sido creado varón y hembra, a imagen y semejanza de Dios, "para ser fecundos y multiplicarse, dominar los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven en la tierra" (cfr. Gén. 1,27-­28). Toda la humanidad, y en ella nosotros cubanos, estamos llamados a disfrutar de aquella libertad querida por Dios que permite al hombre obtener para sí y su familia los frutos de un trabajo digno y participar de las decisiones que le afectan en su futuro personal, familiar y social.

15.  Sin embargo, no basta con eso, ya que el mismo relato de la Creación nos habla del destino universal de los bienes. Dios quiere también que el hombre viva responsablemente esa libertad. En la narración bíblica, cargada de simbolismo, del asesinato de Abel a manos de su hermano Caín, como consecuencia de celos y envidias de este último, el asesino se esconde e intenta ocultarse de Dios que le pregunta por el crimen: “¿Dónde está tu hermano?”, y Caín le da una respuesta falsa e irresponsable: "No lo sé. ¿Acaso soy yo guardián de mi hermano?" (Gén. 4, 9). Esto nos enseña que la libertad del hombre tiene un límite, no puede el ser humano buscar su propio bien olvidando o aun despreciando u oprimiendo a su hermano. Por eso Jesús, quien entregó su vida por nosotros, nos manda encarecidamente: "Ámense unos a otros como Yo los he amado" (Jn. 15, 12).

16. Si nuestro modo de ver la vida está realmente fundado en la fe cristiana o, sin tener esa fe, respetamos a los demás y queremos crecer en humanidad, entonces “yo sí debo ser responsable de mi hermano”. Tener en cuenta al otro, ayudándolo, ése es uno de los límites esenciales de mi libertad. El "sálvese quien pueda" y el "yo soy libre de hacer lo que quiero" no es la libertad de los hijos de Dios. Sin embargo, el egoísmo humano puede expresarse de variadas maneras, a veces aparentemente contradictorias. La estructuración y organización de las sociedades y gobiernos, tanto ayer como hoy, pueden generar grupos de poder que no siempre representan a todos y no se interesan por aquellos que están fuera de su círculo de pertenencia. Estos grupos anteponen sus intereses a los de sus semejantes, a quienes llegan a ignorar, e incluso, aniquilar socialmente.

17.  Lo dicho en el párrafo anterior evidencia un egoísmo colectivo que será siempre un crimen escandaloso ante Dios, quien sigue demandando una respuesta a los egoísmos individuales y colectivos de hoy: "¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra" (Gén. 4,10). Todos debemos ser responsables los unos de los otros y compartir, aquí y ahora, un espacio, un tiempo y un destino común. Nadie puede reclamar libertad para sí y negarla a otros, o procurar el propio bien y desinteresarse del ajeno. La libertad que Dios concibe para el hombre es una libertad responsable por la vida y el destino de quienes están a nuestro lado. Sí, ¡somos los guardianes de nuestros hermanos! 
18. El Gobierno, por otra parte, tiene la obligación de procurar el bien de todos los ciudadanos y la mejor manera de lograrlo es teniendo en cuenta los justos intereses de cada grupo humano o región que compone nuestra sociedad. Un gobierno responsable del destino común de los ciudadanos debe compartir también su responsabilidad de cuidar de todos con ellos mismos. Así se evita el paternalismo estatal. Este es, también, el mejor modo de evitar la inercia social que posibilita, en muchos, la respuesta irresponsable de Caín: “no tengo nada que ver con mi hermano”. 

19. El Estado participativo debe sustituir definitivamente al estado paternalista. No se debe temer al desarrollo de una autonomía social fuerte y responsable, potenciada desde la base y de acuerdo con las normas de la convivencia civilizada, capaz de desarrollar un trabajo fraterno, según los grupos de interés y las necesidades específicas que unen y animan a diversos grupos humanos en la búsqueda de soluciones propias, sin necesidad de esperar las respuestas y soluciones desde arriba. Esto es lo que la Doctrina Social de la Iglesia llama principio de subsidiaridad y es, en sí mismo, uno de los fundamentos de una sociedad abierta y solidaria.
 
Los cambios alientan la esperanza de nuestro pueblo

20.  Cuba ha cambiado en los últimos años. El presente no se parece a los años pasados. Tampoco los cubanos de hoy somos iguales a los cubanos de veinte o cuarenta años atrás. Es normal que así sea. Tomando como parámetros algunos hechos históricos vemos que la carta pastoral de los obispos de Cuba "El amor todo lo espera", publicada en 1993, contenía varias solicitudes, de las cuales algunas de ellas ya se han alcanzado y otras están aún pendientes. Una nueva generación de cubanos, nacida en estas últimas décadas, tiene su propia interpretación de nuestra realidad, con sus aspiraciones e intereses propios, diferentes de los que tuvieron sus antecesores. Esta generación vive con el firme deseo de que no sólo el presente sea mejor que el pasado, sino que el futuro sea mejor que el presente.

21. Se ha abierto así una etapa de nuestra historia que comienza a mostrar nuevas posibilidades cuando se ponen en práctica en el país un conjunto de medidas que inciden en el entorno económico, social y, hasta cierto punto, político. En las reformas incipientes que se inician vemos ya un reflejo claro, aunque aún incompleto, de demandas largamente anheladas por la población cubana. Somos testigos de algunos cambios, por ejemplo: el retorno de las escuelas secundarias e institutos preuniversitarios a las ciudades, que acerca a los adolescentes y jóvenes a sus familias, la puesta en libertad de presos por sus ideas políticas y otras causas, el usufructo de tierras para el cultivo, la eliminación de ciertas medidas restrictivas que atentaban contra la dignidad de los ciudadanos por ser limitaciones impuestas a la libertad misma de los cubanos, como son las prohibiciones de hospedarse en los hoteles, de crear una pequeña empresa privada o familiar, vender y comprar propiedades o viajar al exterior, etc. 

22. Los obispos de Cuba queremos ver en todo esto, tal como expresamos en la Carta Pastoral antes citada y cuyo vigésimo aniversario estamos conmemorando,  el inicio de un proceso de reformas siempre más amplias en bien de la población y de las nuevas generaciones de cubanos. Confiados en el Señor esperamos que estas reformas, al igual que otras acciones que consideramos necesarias, lleguen ciertamente a alcanzarse, pues experimentamos apremio en la ciudadanía con respecto a esas aspiraciones, ya que en ello tienen puestas sus esperanzas muchos de nuestros conciudadanos. La mejor herencia que podemos dejar a las generaciones futuras es, precisamente, trabajar por lograr un presente mejor.

23.  La urgencia de estos cambios encuentra su fundamento en una experiencia vivida desde las limitaciones, la escasez, la falta de progreso personal o familiar de no pocos cubanos, quienes sienten que la vida se acaba con el paso de los años sin poder concretar las aspiraciones propias de todo ser humano y familia. Entre los más jóvenes hay muchos que no vislumbran aún las condiciones para realizar su proyecto de vida, sobre los cuales incide, con gran atracción, la posibilidad de encontrarlo en otros países.

24.  Es comprensible que existan resistencias internas a cualquier cambio, y no es difícil constatarlo porque los cambios siempre crean incertidumbre respecto al futuro. Esta resistencia se debe también a una mentalidad, o modo de pensar, sustentada en los factores ideológicos que estuvieron en su origen y desarrollo, que se han prolongado en el tiempo sin tener en cuenta que nuestra realidad ha evolucionado y, por ello, actualmente no pocos advierten los aspectos que resultan obsoletos y no viables de esa visión estática de la realidad.

Para que se afiance la esperanza debemos superar nuestra pobreza

25. En nuestro continuo andar por las comunidades parroquiales y casas de misión se hace presente dolorosamente a nuestros ojos, como cubanos y como pastores, la pobreza tan extendida todavía en nuestro país. Es la pobreza material, producto de salarios que no alcanzan para sostener dignamente a la familia, así como otras formas de pobreza que afectan a las personas más vulnerables y desamparadas, aun cuando existe una preocupación social por atender a quienes afrontan esta situación.

26. En Cuba, además, a este tipo de pobreza, debemos añadir la de algunos grupos sociales que normalmente no deberían sufrirla, entre otros, la pobreza material del ingeniero y del trabajador de la cooperativa agrícola, del médico o la maestra, del deportista que da gloria a su patria, o la del pescador cuyo trabajo ingresa divisas al país.

27.      Estos mismos hombres y mujeres que experimentan limitaciones económicas son, con toda razón, por su nivel de instrucción y deseos de mejorar su propia vida y la del país, los que más pueden ayudar a eliminar la pobreza. A pesar de sus dificultades económicas Cuba tiene una tradición histórica de recuperación y unos cimientos científico-técnicos sobre los cuales pueden edificarse las reformas que el país necesita.

28.  Esto último, que se conoce como capital humano, es altamente apreciado en el mundo moderno y ha estado, desde tiempo atrás, en espera de una oportunidad para desarrollar y poner al servicio propio y de la sociedad la incalculable potencialidad de los conocimientos adquiridos en nuestras escuelas y universidades. Con la falta de oportunidades y la emigración se ha perdido mucho y se sigue perdiendo esa riqueza que está llamada a multiplicarse en Cuba. Todo plan de reforma debe contar con esta riqueza humana que también ha costado y cuesta recursos a la nación.

La realización personal es necesaria para la esperanza

29. Cualquier proyecto social debe abrir espacios para los proyectos de vida personal y familiar de los ciudadanos y deben armonizarse mutuamente. Al no haber correspondencia entre el proyecto social y el personal se genera la frustración, y éste es uno de los factores que potencian el deseo de emigrar, sobre todo, entre los jóvenes.

30. En el “Amor todo lo espera” indicábamos que “más que medidas coyunturales de emergencia, se hace imprescindible un proyecto económico de contornos definidos, capaz de inspirar y movilizar las energías de todo el pueblo”11. Las aspiraciones de superación personal deben ser alentadas para lograr así una sociedad civil vigorosa que será siempre un bien necesario para todo país que aspire a una sana prosperidad social y económica, sostenida por sólidos pilares morales y espirituales. Sólo un contexto humano personalizado puede presentar los valores y desarrollar las virtudes que tanto reclama y necesita nuestra sociedad.

Las esperanzas de un futuro mejor incluyen también un nuevo orden político

31.  Como ha venido ocurriendo en el aspecto económico, creemos imprescindible en nuestra realidad cubana una actualización o puesta al día de la legislación nacional en el orden político. Desde hace algún tiempo han surgido incipientes espacios de debate y discusión en diferentes instancias y ambientes, en ocasiones creados por los mismos ciudadanos: intelectuales, jóvenes y otros que, desde la base, han expresado de distintos modos su visión de los cambios necesarios en Cuba con opiniones y propuestas serias y diversas.

32.  Esto indica que Cuba está llamada a ser una sociedad plural, siendo la suma de muchas realidades cubanas o, en otras palabras, Cuba es la nación de todos los cubanos, con sus diferencias y aspiraciones, aunque no siempre haya sucedido así. Debe haber derecho a la diversidad con respecto al pensamiento, a la creatividad, a la búsqueda de la verdad. De la diversidad surge la necesidad del diálogo.

El diálogo entre cubanos abre un camino de esperanza

33.  Así como los obispos lo hemos expresado en repetidas ocasiones a lo largo de las últimas décadas, el diálogo entre los diversos grupos que componen nuestra sociedad es el único camino para lograr y sostener las transformaciones sociales que tienen lugar en Cuba, pues el diálogo siempre es enriquecedor porque brinda posibilidades de aportar nuevas ideas y soluciones a los problemas o conflictos que se afrontan.


34. Como lo ha indicado el Papa Francisco en su reciente visita a Brasil: “Cuando los líderes de diferentes sectores me piden un consejo, mi respuesta es siempre la misma: diálogo, diálogo, diálogo. El único modo de que una persona, una familia, una sociedad, crezca; la única manera de que la vida de los pueblos avance es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar, y todos pueden recibir algo bueno a cambio”12. En el pasado reciente, la acción mediadora de la Iglesia, que condujo a la excarcelación de decenas de presos, es signo de que es posible este camino en nuestra patria, lo cual debería extenderse también a otros sectores y grupos de la nación.
  
Cuba en el concierto de naciones: motivos de esperanza. 

35. En los últimos años también ha habido grandes transformaciones en otras naciones, de modo particular en nuestra región latinoamericana. En un mundo cada vez más globalizado e interdependiente, las necesarias reformas internas, tanto políticas como económicas, pueden ayudar a insertarnos de manera más dinámica y segura en el contexto internacional. Cabe citar aquí las acertadas palabras del beato Juan Pablo II, dichas minutos antes de concluir su viaje a nuestra patria: "En nuestros días ninguna nación puede vivir sola. Por eso, el pueblo cubano no puede verse privado de los vínculos con los otros pueblos, que son necesarios para el desarrollo económico, social y cultural” 13.

36.  Es de resaltar el cambio operado en la política exterior de nuestro país orientada actualmente hacia América Latina, que nos es más cercana y semejante. Sin embargo, estas relaciones no se limitan ni pueden limitarse a la región latinoamericana. En este contexto de política internacional se hace necesario considerar las relaciones de Cuba con los Estados Unidos, que durante largas décadas, de diverso modo y de manera constante y profunda, han afectado la vida de nuestro pueblo. A esto se refirió el beato Juan Pablo II al decir que “el aislamiento provocado repercute de manera indiscriminada en la población, acrecentando las dificultades de los más débiles en aspectos básicos como la alimentación, la sanidad o la educación”14. Y concluyó pidiendo se suprimieran “las medidas impuestas desde fuera del país injustas y éticamente inaceptables”.

37. En Estados Unidos reside un gran número de cubanos y sus descendientes, que siguen considerándose cubanos y aman a Cuba. La cercanía geográfica y los vínculos familiares entre los dos pueblos son realidades insoslayables que deberían tenerse en cuenta en orden a favorecer una política inclusiva, mediante el respeto a las diferencias, que permita aliviar las tensiones y los sufrimientos que padecen numerosas personas y familias, así como un intercambio comercial justo y orientado al beneficio de todos. En este sentido exhortamos, además, a que se fomenten nuevas iniciativas de diálogo que permitan que el deseo expresado por el beato Juan Pablo II de que el mundo se abriera a Cuba y Cuba se abriera al mundo se haga realidad.

La familia y los jóvenes, esperanza de la Patria y de la Iglesia

38.   La familia como institución natural está llamada a ser “escuela de humanidad” y trasmisora de los valores que enaltecen a la persona y la capacitan para una sana y constructiva vida social. Al publicar “El Amor todo lo espera” reconocíamos que en nuestro país “una de las pérdidas más sensibles es la de los valores familiares. Al romperse la familia se rompe lo más sagrado”15. Hoy, veinte años después, dicha constatación no solo no ha mejorado sino que, con dolor hay que reconocer que la vida familiar en Cuba se encuentra muy deteriorada con graves consecuencias que repercuten en la vida de las personas y de la sociedad. 

39.  Es significativo el llamado que han hecho las autoridades del país acerca del creciente deterioro en las manifestaciones de conducta y en la moralidad pública. Ante esto consideramos que no son suficientes las medidas de exigencia y de disciplina, sino que se hace apremiante un proceso educativo que favorezca, en todos los cubanos, el deseo de ser buenos y la práctica de la virtud. A tal fin deben contribuir, conjuntamente, la familia, la escuela, los medios de comunicación y las instituciones religiosas teniendo a los niños y a los jóvenes como los primeros destinatarios de una formación integral. La Iglesia católica, fiel a su misión, y con su experiencia educativa, se siente comprometida a continuar con mayor empeño en la siembra de valores personales, familiares y sociales, y a cultivar la virtud.

40. Nos queremos dirigir, ahora, a los jóvenes con las palabras siempre actuales del Padre Félix Varela que en sí mismas inspiran un digno proyecto de compromiso social: “No hay patria sin virtud ni virtud con impiedad”. Ideal que explicitó el Papa Juan Pablo II al dirigirse a los jóvenes en la Misa celebrada en Camagüey durante su inolvidable visita: "Queridos jóvenes, sean creyentes o no, acojan el llamado a ser virtuosos... sean fuertes por dentro, grandes de alma, ricos en los mejores sentimientos, valientes en la verdad, audaces en la libertad, constantes en la responsabilidad, generosos en el amor, invencibles en la esperanza.... No tengan miedo de abrir sus corazones a Cristo"16.

41.  En continuidad con estas enseñanzas, animamos a los jóvenes a que cuiden su mente, su cuerpo y su corazón, aprendan a buscar siempre la verdad en su vida, para que no vivan en la ilusión o en el vacío existencial, sino edificados sobre el cimiento firme de la verdad. Sólo así se harán dueños y responsables de su vida. "Ustedes son la dulce esperanza de la Patria"17, llamados a construir no sólo la Cuba del futuro, sino la Cuba actual. 

42.  Queridos jóvenes creyentes en Cristo: los exhortamos vivamente a impregnar la sociedad, a partir de las enseñanzas de Jesús –fundamento de la identidad propia de sus discípulos– las actitudes y virtudes que todo joven de recto pensar y sentir debe asumir, que no es otra cosa que vivir con radicalidad el amor, el servicio abnegado al prójimo, con alegría y confianza en Dios. La Iglesia espera de ustedes esa entusiasta respuesta juvenil que es necesaria hoy para cumplir el mandato que Cristo nos renueva sin cesar de evangelizar a nuestro pueblo, y que el Papa Francisco ha pedido con apremio en la recién concluida Jornada Mundial de la Juventud: “Por favor, dejen que Dios y su Palabra entren en su vida. Dejen entrar la simiente de la Palabra de Dios, dejen que germine, dejen que crezca”18. “No tengan miedo. Cuando vamos a anunciar a Cristo, es Él mismo el que va por delante y nos guía” 19

La Virgen María: Madre de la Esperanza

43. Al despedirnos, queridos hermanos y hermanas, pedimos a la Virgen de la Caridad, Nuestra Madre de El Cobre, colme los anhelos de esperanza de todos los cubanos. Y a los obispos, sacerdotes, diáconos, personas consagradas y fieles laicos, nos conceda el amor y el celo apostólico indispensables para anunciar a Cristo a nuestros hermanos, porque sólo es posible evangelizar sembrando en nuestra tierra la esperanza cristiana que se apoya en la certeza de que Dios cumple siempre su promesa: "Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20). Esta promesa de Jesús se cumple hoy y se cumplirá mañana. El viento que impulsa la nave de la Iglesia es el soplo del Espíritu Santo, quien también la protege, fortalece y santifica. Conducidos así por la gracia de Dios, miramos al futuro con esperanza y “la esperanza no defrauda” (Rom. 5,5). 

Con sentimientos de fe, amor y esperanza impartimos a todos nuestra bendición,

La Habana, 8 de septiembre de 2013

+  Dionisio, Arzobispo de Santiago de Cuba, Presidente de la COCC
    Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, Vice-Presidente de la COCC
+  Juan, Arzobispo de Camagüey
+  Emilio, Obispo de Holguín
+  Mario, Obispo de Ciego de Ávila
+  Arturo, Obispo de Santa Clara
+  Jorge, Obispo de Pinar del Río
+  Manuel Hilario, Obispo de Matanzas
+  Wilfredo, Obispo de Guantánamo-Baracoa
+  Álvaro, Obispo de Bayamo-Manzanillo
+  Domingo, Obispo de Cienfuegos
+  Alfredo, Obispo Auxiliar de La Habana
+  Juan de Dios, Obispo Auxiliar de La Habana,  Secretario General de la COCC



Notas:
1
Carta Pastoral “El amor todo lo espera” (8 de septiembre de 1993), n. 2
2
Juan Pablo II,  Visita pastoral a Cuba, Discurso en la ceremonia de bienvenida, n. 2
3
cf. Benedicto XVI, Palabras en la Basílica-Santuario Nacional de la Virgen de la Caridad, El Cobre, 27 de marzo 2012.
4
cf. Ibidem
5
Benedicto XVI, Palabras pronunciadas el discurso de despedida en el aeropuerto de La Habana, 28 de marzo 2012.
6
Juan Pablo II,  Visita pastoral a Cuba, Discurso en la ceremonia de bienvenida, n. 4
7
Juan Pablo II,  Visita pastoral a Cuba, Discurso en la ceremonia de bienvenida, n. 4
8
Juan Pablo II,  Visita pastoral a Cuba, Discurso en la ceremonia de despedida (La Habana, 25 de enero 1998), n. 5
9
Benedicto XVI, Palabras pronunciadas en el discurso de bienvenida en el aeropuerto Antonio Maceo de Santiago de Cuba, el 26 de marzo de 2012.
10
Benedicto XVI, Homilía pronunciada en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, el 26 de marzo de 2012. 
11
Carta Pastoral “El amor todo lo espera” (8 de septiembre de 1993), n. 35
12
13
Papa Francisco,  Discurso a la clase dirigente de Brasil, 27 de julio de 2013
Juan Pablo II,  Visita pastoral a Cuba, Discurso en ceremonia de despedida (La Habana, 25 de enero de 1998), n. 5
14
Juan Pablo II,  Visita pastoral a Cuba, Discurso en la ceremonia de despedida (La Habana, 25 de enero 1998), n. 5
15
Carta Pastoral “El amor todo lo espera” (8 de septiembre de 1993), n. 40
16
Juan Pablo II,  Visita pastoral a Cuba, Misa en Camagüey (23 de enero de 1998), n. 6
17
“Cartas a Elpidio”, Pbro. Félix Varela Morales
18
Papa Francisco,  Misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud, Brasil, 28 de julio de 2013
19
Ib.

Indagación de la chusmería



Indagación de la chusmería


Por Duanel Díaz Infante



En la foto, al fondo, una multitud combativa. En primer plano, cuatro mujeres que también gesticulan y vociferan. Qué no podemos saber, pero lo suponemos: gritan consignas revolucionarias e insultos de todo tipo. Esta foto de EFE capta insuperablemente cierto estilo, una manera de expresión que identificamos como característica de la Cuba de las últimas décadas. 

Como si, tras campear a sus anchas en los años críticos del "período especial", triunfando en las canciones apolíticas de NG la Banda y la Charanga Habanera, la chusmería regresara a su origen revolucionario.

"Bollo pelúo pa' Fidel", coreaba, Belascoaín abajo, una marcha de mujeres en 1959, y podríamos pensar que aquellas son estas, intercambiarlas. Marcha revolucionaria y acto de repudio entregan, ciertamente, una clave fundamental del régimen castrista. Las calles eran, son, de los revolucionarios, y fue ahí, en territorio libre de formalidades "burguesas", donde cundió eso que conocemos como chusmería.

Tradicionalmente la cifra del carácter nacional había sido puesta en el choteo. "Es la desgracia criolla", afirmaba Ortiz en 1907, definiéndolo como la tendencia a considerar como "boberías" los altos ideales que en otras tierras inspiran a los hombres a luchar y esforzarse.

"Esta propensión a chotearse de todo, ha relajado los vínculos del respeto mutuo entre los ciudadanos y borrado las líneas de separación que en todos los países existen entre las diversas jerarquías sociales", señalaba por su parte Mario Guiral Moreno en 1914. 

Para este el choteo era, como para Ortiz, "una cualidad innata de nuestro pueblo" ("Aspectos censurables del carácter cubano", Cuba Contemporánea, febrero de 1914), pero su crítica a la tendencia niveladora del fenómeno transparentaba la repugnancia de los hombres de Cuba Contemporánea hacia el gobierno del general José Miguel Gómez, al que acusaban de haber aupado a las clases inferiores del país, sobre todo a los negros.

Con relación a Ortiz y a Guiral Moreno, la novedad de la Indagación del choteo de Mañach no consiste tanto en reconocerle al choteo un lado positivo (eso estaba ya en el Manual del perfecto fulanista de José Antonio Ramos), como en atribuirlo a factores históricos o coyunturales antes que a los naturales o hereditarios. 

Para Mañach, el choteo corresponde al período de "improvisación nacional", esas dos primeras décadas de vida independiente donde los ideales patrióticos naufragaron en el caciquismo, el peculado y la politiquería.

Más que una cualidad innata del pueblo cubano, el choteo sería entonces un fenómeno transitorio, y Mañach predice su mengua "con el advenimiento gradual de nuestra madurez, con la alteración paulatina de nuestro clima social". 

A la altura de 1928, este reconocimiento refleja desde luego el optimismo de aquella generación que había tenido en la Protesta de los Trece su bautismo de fuego: "El choteo como libertinaje mental está a la defensiva".

A solo días de la caída de Machado, desde la radio Mañach se ufanaba: "liquidamos una fase de improvisación". En 1955, cuando se reimprime la Indagación..., señala en una nota que "el proceso revolucionario del 30 al 40, tan tenso, tan angustioso, tan cruento a veces, llegó a dramatizar al cubano, al extremo de llevarlo en ocasiones a excesos trágicos. Ya el choteo no es, ni con mucho, el fenómeno casi ubicuo que fue antaño…"

Era justo suponer, entonces, que desaparecería del todo con la revolución de 1959, por cuanto la misma encarnaba esos grandes ideales que el choteo criollo rebajaba sistemáticamente. 

Y así lo confirmaba el propio Mañach, cuando en su artículo "La revitalización de la fe en Cuba" (Bohemia, 15 de marzo de 1959), apuntaba: "Nos hablamos con no sé qué entrañable efusión, que no es ya la superficial efervescencia del embullo criollo; con una alegría que en nada se parece a las expresiones relajadas del choteo. Damos la sensación de que por fin hemos tomado en serio todo lo que antaño nos parecía solemne extravagancia".

En este punto fundamental, el irreverente Virgilio Piñera coincidía con el atildado doctor Mañach; "Piñera teatral", originalmente publicado en Lunes de Revolución, es, posiblemente, el documento más conocido de esa crisis general del choteo que trajo la revolución de 1959. 

El cubano era cómico y trágico a la vez, pero según Piñera la Revolución bien podía cambiar ese carácter, toda vez que "esa broma perpetua no es otra cosa que evasión ante una realidad, ante una circunstancia que no se puede afrontar. Frente a una frustración […] por más de cincuenta años nos hemos defendido con el chiste. 

Si no podíamos enfrentarnos con los expoliadores del patrimonio nacional, al menos los ridiculizábamos. […] Esta resistencia hizo que Fidel Castro encontrara intacto a su pueblo para la gran empresa de la Revolución". Si la realidad no era ya insoportable, no había por qué evadirla; chotearla carecía de sentido.

En el periódico Revolución abundan las versiones de la misma idea. Semanas atrás de la publicación del artículo de Piñera, a raíz de una relectura de La crisis de la alta cultura en Cuba, Fausto Masó había reprochado al propio Mañach el "dar como característica principal del cubano el no tomar nada en serio". 

Según el joven periodista, ahí había error: el cubano no respetaba porque "no había nada digno de respeto", de modo que el choteo, en vez de negativo, resultaba positivo. Lo cual no estaba tan lejos de lo que había planteado el propio Mañach en 1928, pero en medio de la confusión generalizada de los nuevos tiempos, los disparates pasaban desapercibidos. 

Masó esgrime la memoria de la revolución del 30 y, desde luego, la evidencia de la revolución del 59, contra aquellos intelectuales que, como Mañach, "nunca creyeron en la capacidad del pueblo cubano" (“Mañach y la baja cultura”, Revolución, 2 de febrero de 1959).

En respuesta a las burlas al doctor Castro por parte de la prensa independiente, escribía Jaime Sarusky: "Desde que la Revolución está en el poder, ya los chistes no son como antes. En otras épocas, el humor iba de abajo hacia arriba. La agudeza del cubano humilde 'que se estaba comiendo un cable y que tenía que inventar para comer' fluía espontáneamente, francamente [...] 

Ahora los chistes salen desde temprano de los bares con aire acondicionado de los clubes elegantes. Y en cada barrio chic se chismea, se balbucea, se pierde el tiempo. Ahora los chistes nacen, se repiten y divulgan a partir de los barrios elegantes. Ahora la contrarrevolución se ha vuelto chistosa" ("Humor y contrarrevolución", Revolución, 5 de mayo de 1960).

La idea era clara: el choteo había pasado del pueblo a sus enemigos; contar chistes no era ya una forma de resistencia, sino desperdiciar tiempo y energías que debían dedicarse exclusivamente a las ingentes empresas de la revolución.

La chusmería emerge
Y es justo entonces, cuando el tradicional choteo se va retirando de la escena histórica, que vemos emerger a la chusmería, inseparable del populismo revolucionario. Carlos Franqui recuerda un discurso de Castro conocido como el de los 143 coños: el Comandante se apartaba del micrófono para decir malas palabras, pero la gente lo oía. 

Esas palabras obscenas, inconcebibles en el discurso de un político tradicional, eran, desde luego, parte de su performance: irrespetando deliberadamente las formas, Castro decía "coño", pero lo que significaba, lo que a su exaltada audiencia quería decir era: "soy uno de ustedes".

Entre tantas consignas de la época, recordemos aquellas donde la alineación cubana con los países socialistas, absolutamente imprevisible unos años atrás, era celebrada en estilo de barrio: "Pim, pam, pum/ Mao Tse-tung". Primero, "Fidel, Jruschov/ Estamos con los dos"; luego: "Nikita, mariquita/ lo que se da no se quita". Y otra muy significativa, que acompañó en 1961 la creación de las Organizaciones Revolucionarias Integradas: "La ORI, la ORI/ la ORI es la candela/ No le diga ORI/ dígale candela".

Basta comparar esta conguita con el lema del Partido Auténtico para apreciar el cambio: "La cubanidad es amor" resulta fácilmente choteable Papaíto Mayarí, la novela de Miguel de Marcos, abunda en ejemplos de ello. De "La cubanidad es amor" a "La ORI es la candela" hemos pasado del orden del choteo al orden de la chusmería. La diferencia no es meramente cuantitativa, sino cualitativa, de esencia. La chusmería no sería un grado del choteo, una exacerbación del mismo, sino más bien otra cosa, algo fundamentalmente nuevo.

Como si se tratara de dos especies: una "republicana"; la otra "revolucionaria". Producto de los tiempos de generales y doctores, los "bombines de mármol" que decía Lorenzo García Vega, el choteo es parte de una economía social que incluye el registro elevado así como su rebajamiento. A la solemnidad de los discursos senatoriales, la formalidad de los elogios académicos, la pompa de los homenajes martianos, correspondía la trompetilla, esa otra costumbre republicana que también fue trastocada por la revolución de 1959.

Quintaesencia del choteo, la trompetilla es negativa, reactiva, se dirige siempre contra algo; la chusmería, en cambio, es más bien positiva: una cierta afirmación: "¡Somos socialistas pa’lante y pa’lante, y al que no le guste que tome purgante!"; "¡Pa’ lo que sea Fidel, pa’ lo que sea!". La chusmería carece de objeto: no es transitiva, sino intransitiva. Antes que acción, es modo, manera. La chusmería no intenta rebajar nada, ella es cuando todo ha sido rebajado —todo menos una cosa: la Revolución.

Ese doble movimiento, por un lado antijerárquico, liberador, por el otro imperativo, autoritario, se encuentra en muchas estampas de aquellos primeros años. En su reportaje Cuba: ZDA, Lisandro Otero anotaba, por ejemplo: "Las puertas del Rector Nicola nunca se cierran. La corriente de estudiantes fluye a través de ellas. Las barreras se han alzado comunicando estratos. En toda Cuba se han abierto las puertas. La resultante, como puede verse en este tubo de ensayos de la Universidad de Oriente, es un estruendo de energías". 

Pero he aquí que mientras se subvierten todas las jerarquías, se constituye una sola autoridad; ese mismo rector entrevistado por el reportero de Revolución afirma, categórico: "Si la autonomía universitaria choca con la Revolución habrá que limitar la autonomía o dejaré de ser rector".

La apertura de las puertas, el levantamiento de las barreras, son inseparables de la entronización de Ella, la Diosa Revolución, como alfa y omega de todas las cosas. La Revolución se situaba, claramente, más allá de toda legalidad, en tanto no constituía ya una representación del pueblo sino una manifestación directa del mismo. 

Si la República, que tenía constitución y estatua, era sobre todo forma, la Revolución era puro contenido, como un río de lava para el que no existía límite, continente alguno. Las puertas se habían abierto, las de los colegios privados, las de los clubes exclusivos, las de las lujosas residencias de Cubanacán abandonadas por sus dueños, las de todas las casas del país: hasta allí llegaba ahora, literal y figuradamente, el pueblo.

Si el choteo, aun cuando expresaba esa tendencia a la familiaridad que los psicológicos sociales habían señalado tradicionalmente en el carácter cubano, no superaba la diferencia entre élite y masas, la chusmería refleja la "rebelión de las masas" que siguió a la revolución de 1959, cuando los estratos sociales que antes estaban más o menos separados se mezclaron en esa "nueva escuela" que sería "cuna de nueva raza". 

La nivelación a la que, según los letrados republicanos, tendía espontáneamente el choteo fue decretada por un gobierno decidido a desplazar, y en última instancia a eliminar, la frontera entre la cultura de élite y la cultura popular.
  
Aquí, desde luego, un señalado antecedente es la Revolución Francesa. Ante la acusación de estar manipulando al pueblo, Robespierre respondió: "Je suis peuple moi-même". ¿Cómo podía estar engañando al pueblo, si él mismo era pueblo? La falta del artículo marca una diferencia importante: en la frase de Robespierre, "pueblo" no es un nombre, sino un atributo; el origen plebeyo se convertía, en el nuevo contexto revolucionario, en un valor. Si ser el pueblo, encarnar a ese multitudinario soberano que representó David en su célebre pintura del Juramento del Juego de Pelota es el deseo de la nueva política democrática, ser pueblo alienta los nuevos usos que la Revolución impone. 

Se sabe que la mayoría de los que tomaron la Bastilla usaban pantalones, y el término "sans-culottes" será reivindicado por ese sector más radical del Tercer Estado, frente al estilo ostentoso y decadente de la nobleza. "Les girondins son les gents comme il faut; nous sommes les sans-culottes et la canaille", dijo el propio Robespierre.

"Viva el harapo señor, y la mesa sin mantel". Cuando el gobierno quiere hacerse uno con las masas, expresándose mediante la palabra maximalista de las Declaraciones de La Habana, produce necesariamente chusmería, esa otra faceta del mismo "pueblo de Cuba" que las firmaba. La conversión del "doctor Castro" en "Fidel" refleja justamente esa correlación: Fidel es la voz del pueblo, es el pueblo, y a la vez es pueblo; no ya un doctor como los políticos republicanos, sino alguien cercano, a quien se llama por su nombre de pila. 

Y si el Comandante en Jefe es Fidel, no hay ya jerarquías que valgan: nadie será doctor, todos somos "dotores". Mientras en asambleas y reuniones interminables el lenguaje hablado adquiere una cierta retórica, entre burocrática y parlamentaria, se va imponiendo una familiaridad sin límites: todos compañeros, todos compadres, todos aseres.

A propósito de la "declaración del carácter socialista de la revolución" recuerda Reinaldo Arenas en su autobiografía: "aquello, poco a poco se fue convirtiendo en una especie de conga, en un carnaval grotesco donde todos, mientras movían las nalgas, hacían los gestos más eróticos y groseros". 

La estampa es, ciertamente, caricaturesca, mas no del todo falsa; en estos años cruciales, van siempre juntas Grandilocuencia y Vulgaridad, como  Auxilio y Socorro (los personajes de Severo Sarduy), o mejor, Cobra y Pup. "La ORI es la candela" sería el complemento necesario de la Segunda Declaración de la Habana ("porque esta gran humanidad ha dicho basta, y ha echado a andar…") Ser pueblo, el único modo posible allí donde el pueblo mismo está en el poder: "Gusanito, no saques los pies, que te coge el comité".  

Bullanga revolucionaria
Fueron, acaso, los escritores de la generación de Mariel quienes mejor captaron esta faceta de la revolución. Ya en un cuento como "La vieja Rosa" (1966), de Arenas, se la presenta como triunfo de la "chusmería"; en su largo monólogo la protagonista, una autoritaria mujer de origen humilde que a base de esfuerzo y astucia ha llegado a poseer tierras, usa la palabra tras descubrir en la reunión donde anuncian la intervención de las fincas de más de cinco caballerías, "encaramados en la tribuna […] las hijas de los Pupos, las putas, y toda la ripiera del barrio". Las hijas de los Pupos, aquellas mismas que, en "Comienza el desfile" (1964), habían dado al protagonista la noticia del triunfo de los rebeldes.
  
 También Carlos Victoria captó con agudeza el ascenso de las masas revolucionarias, la aparente inevitabilidad de ese evento que recordaba cataclismos naturales. Hacia el final de La ruta del mago, Abel se encuentra, por casualidad, en el banco de un parque con dos amigos suyos que atraviesan momentos críticos en sus respectivas vidas privadas. Entonces "unas voces, una algarabía retumbaban cada vez más cercanas, como si estuvieran a punto de irrumpir en el parque. En pocos minutos apareció el tumulto, con banderas, carteles, gritando consignas, vivas y abajos, pidiendo muerte para los enemigos, entonando estribillos, desgañitándose, chiflando, agitando las manos y los brazos. Hombres, mujeres, niños, copaban las aceras, marchaban apiñados, hombro con hombro, sin siquiera mirar al banco donde Arturo, Sofía, Abel y David se habían quedado inmóviles como la estatua, el farol, los arbustos. Los que pasaban portaban la alegría, alteraban el ritmo; mientras que los que estaban sentados en el banco venían a ser lo mismo que el paisaje, sin otra alternativa que dejarse invadir".

La revolución es un torbellino, una ola de ruido y furia que todo lo arrastra. Su fuerza, en este momento primigenio, no radica tanto en los cuerpos represivos que se volverán omnipresentes en la narrativa de los setenta (CDR, PNR, DSE), como en esos cuerpos que marchan "hombro con hombro", la avasalladora multitud que invade el espacio público, desplazando todos los conflictos privados por un único antagonismo: el que enfrenta el pueblo a sus enemigos. 

En esta fase de espontaneidad, anterior a la institucionalización de la década siguiente, esa frontera fundamental entre la polis revolucionaria y la nueva barbarie conformada por los "gusanos" se establece no mediante documentos formales, escritos, sino de manera eminentemente oral, a toda voz. Es a ese ruido ensordecedor, el "estruendo de energías" que celebraba Lisandro Otero en su reportaje de Revolución, a lo que Carlos Victoria llama, justamente, "bullanga".  

Y resulta significativo que esta turba revolucionaria al final de La ruta del mago esté encabezada por la mulata Leonor, una mujer casada que ha desvirgado al protagonista adolescente en una de las escenas del comienzo de la novela. "Al frente de la multitud una mujer de nalgas y senos prominentes cantaba a toda voz el himno nacional; su uniforme viril de miliciana resaltaba su espléndida figura". 

Como la Elena de la noveleta de Desnoes, la bella Leonor es representativa del hombre-masa, de esa marcha revolucionaria donde conga y consigna fueron inseparables. Aun cuando estas mujeres atractivas pero nada sofisticadas poco tienen que ver con la arquetípica femme fatale, ellas encarnan de algún modo la fatalidad del evento revolucionario, esa fuerza a la que ninguna razón podía oponerse; justamente su simplicidad, su inconsciencia, su imprevisión, las convierten en el vehículo por excelencia de la rebelión de las masas.

Ciertamente, son las mujeres las que mejor encarnan esta faceta de la época que empezó con el año 59. Si al comienzo del desfile estuvieron las hijas de los Pupos dando la buena nueva al adolescente protagonista del relato de Arenas, al final están las dos muchachas del tercer cuadro de Utopía que, en medio de una sesión de manicure, llegan a las manos por causa de una discrepancia sobre la autoría de La Traviata.

Magistral sátira de los programas educativos de los tiempos de la "Batalla de ideas" (2000-2005), este cortometraje de Arturo Infante viene a renovar la crítica de la Revolución como paradójico regreso a la barbarie, una crítica tan antigua como el propio anticastrismo. A pesar de la naturaleza elevada del tema en discusión, no hay modo incruento de resolver el conflicto, y la violencia sobreviene inevitablemente. Es lo que priva cuando el espacio de la política, que es el del diálogo civilizado, ha sido clausurado por el monólogo revolucionario: "pin, pon, fuera/ abajo la gusanera".

Mas no aparecen ya en los hilarantes cuadros de Utopía aquellas consignas de los primeros tiempos, hoy olvidadas, desconocidas por las jóvenes generaciones. Yoyanka podría ser hija de Elena o de Leonor, pero su tiempo es el "período especial", esa fase terminal de la era revolucionaria donde el fuego de los primeros años se ha apagado del todo. Extintos aquellos valores socialistas que reemplazaron a la educación formal burguesa, pareciera que sólo queda en Cuba la chusmería, libre de todo contenido revolucionario, como único legado de la revolución de 1959, su resto grotesco. 

Consumada la tabula rasa, el cubano no aparece ya como un ser ligero, vicioso o debilitado sino más bien como el paradójico engendro de un sueño de la razón, como un monstruo. Pero no el rebelde Calibán, sino la Pup de Cobra de Severo Sarduy: "No es más que tu desperdicio, tu residuo grosero, lo que de ti se desprende informe, tu excremento".

Reproducido de diariodecuba.com