3 de marzo de 2013

INFORMACIÓN SOBRE LOS FUNERALES DE JUAN CLARK

Información sobre los funerales de Juan Clark

Lunes 4 de marzo, de 4:00 PM a 11.00 PM. Funeraria Caballero, 11655 SW  117 Avenida

Martes 5 de marzo, 10:00 AM.  Misa Funeral en la Iglesia de San Luis, 7270 SW 120 St., desde donde partirá el sepelio hasta el Cementerio Our Lady of Mercy.

Descanse en paz Juan Clark. El buen Dios lo reciba y lo haga partícipe de la Gloria de su Reino.  Los cubanos, que como él la tuvo, no hemos perdido la esperanza de que algún día nuestra Patria pueda ser libre, nunca lo olvidaremos.

Información recibida de Oilda del Castillo

EN LOS PASILLOS DEL CÓNCLAVE


En los pasillos del Cónclave

Juan Vicente Boo / Corresponsal en el vaticano
ABC, Madrid

Dentro de la Capilla Sixtina, el Cónclave es lento. Muy lento. No hay discursos, no hay debate, no hay corrillos. El ambiente no se parece en nada a un congreso electoral sino a un lentísimo acto litúrgico.

Los 115 cardenales estarán sentados y callados durante ratos interminables, escuchando como cada uno de ellos pronuncia el juramento completo, en latín, antes de depositar su voto en la urna. Es monótono casi hasta la crueldad. Cada escrutinio es también lento pero, al menos, tiene emoción. Muchos cardenales van marcando los votos en unos impresos con todos los nombres y una marca en el «listón» de los dos tercios.

En realidad, la elección del Papa se perfila esta semana en las «reuniones generales» de cardenales y se ultima, durante el Cónclave, en las comidas y cenas en la Casa Santa Marta: los únicos momentos en que pueden hablar en privado o en grupos.

La rigidez del mecanismo exige llegar al Cónclave con los «deberes hechos»: una idea clara de la persona que hay que votar. Por eso son tan importantes las «reuniones generales» de todos los cardenales –incluidos los de más de 80 años- que empiezan el lunes. Ahí jugará un papel clave el cardenal Julian Herranz, investigador de «Vatileaks», autorizado por Benedicto XVI  a responder a dudas de los cardenales.

Aunque la Curia vaticana les robará mucho tiempo con informes aburridos, los cardenales podrán tomar la palabra en público para exponer las prioridades que debe abordar el próximo Papa. Pero, sobre todo, comentarán entre ellos en privado quién es la persona más adecuada para asumir esas tareas. Buscan un papa espiritual, misionero, buen organizador y joven, quizá no tanto en años como en espíritu positivo y capacidad de comunicar con el mundo contemporáneo.

Los «posibles» y los «imposibles»

Desde la inesperada renuncia de Benedicto XVI, el cardenal canadiense Marc Ouellet, de 68 años, prefecto de la Congregación de los Obispos, ha mantenido el silencio. Está preocupado, y con razón, pues es muy «papable». Puede que esté disfrutando los últimos días de vida normal antes de que caiga sobre sus hombros un peso abrumador. Para muchos observadores es «el mejor de los posibles» entre todos los candidatos.

El cardenal de Boston, Seán O´Malley, de 68 años, bloguero y tuitero veterano, ha reducido al mínimo sus palabras, víctima del mismo temor. El capuchino de la barba blanca, que ha hecho limpieza en varias diócesis podridas por abusos sexuales, es un pastor, un apóstol, un políglota y un intelectual.

O'Malley tiene el valor para hacer la reforma de la Curia Vaticana

Para muchos es, sencillamente, «el mejor de los imposibles», ya que resulta peligroso para algunos grandes burócratas con mando en plaza. O’Malley tiene la capacidad intelectual, el valor y la energía para hacer la reforma de la Curia vaticana, podando la hojarasca inútil y poniendo el resto a trabajar al servicio de los misioneros de la vanguardia. Una «vanguardia» que hoy por hoy no está sólo en tierras lejanas sino también en las grandes ciudades de Occidente, necesitadas de una «Nueva Evangelización» en la que se juega el futuro de la fe.

El bullicioso cardenal de Nueva York, Timothy Dolan, de 60 años, disfruta como nadie en Roma, pues está seguro de no ser elegido. Reconoce que «estoy en la lista de papables de mi madre», pero en ninguna más, pues quien le considere como tal «ha fumado marihuana».

Dolan ha abierto la posibilidad real de elegir a un «Papa norteamericano», pero sabe que no va a ser él pues hay un candidato muy bueno para la primera ronda y otro para la segunda.

A su vez, el extraordinario cardenal de Manila, Luis Antonio Tagle, de 55 años, ha abierto la posibilidad de elegir a un Papa asiático. Pero el «Wojtyla de Asia», con más de cien mil seguidores en varias redes sociales, sabe que es demasiado joven. Se limitará a asumir una posición de liderazgo intelectual como ya hizo en el Sínodo de la Nueva Evangelización.

Favoritos y «elegibles»

Muchos cardenales electores llegarán al Cónclave con un claro favorito en mente, y escribirán ese nombre en la papeleta. Pero sólo el primer escrutinio permitirá ver si su candidato resulta «elegible» o tendrán que apoyar a otro. En abril del 2005, tan sólo dos cardenales tenían experiencia de haber participado en un Cónclave. Ahora son nada menos que cincuenta, los que han visto desde dentro las reglas del juego.

El primer día del Cónclave tiene una parte pública por la mañana. Es la misa «por la elección del Papa», en la basílica de San Pedro, con participación de todos los cardenales, incluidos los octogenarios, y homilía a cargo del Decano, Ángelo Sodano, que no participará en el Conclave pues tiene ya 85 años.

El programa de la tarde incluye la procesión hasta la Capilla Sixtina, el primer juramento de cada uno de los cardenales y, a continuación, la famosa frase del maestro de ceremonias: «Extra omnes!» (“¡Todos fuera!”) antes de cerrar con llave, «cum clave», el viejo portón de madera.

La única votación de esa tarde tiene importancia decisiva pues revela quiénes resultan elegibles y quiénes no.

En abril del 2005, el cardenal Dionigi Tettamanzi era el gran «papabile» de los italianos, e incluso dejó en su hotel una nota muy edificante en caso de ser elegido. Pero la primera votación -según fuentes anónimas que han violado el secreto y no son, pues, demasiado de fiar- arrojó un panorama completamente distinto.

«Como los garbanzos en agua hirviendo»

Joseph Ratzinger recibió 47 votos; el cardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, 10 votos; el legendario Carlo María Martini, 9 votos; el vicario de Roma, Camillo Ruini, 6 votos; el secretario de Estado, Ángelo Sodano, 4 votos; el hondureño Oscar Rodriguez Maradiaga, 3 votos; y el cardenal de Milán, Dionigi Tettamanzi, 2 votos.

Esos números dejaban en la pista sólo dos candidatos reales, y la segunda votación fue de 65 a 35 en favor de Ratzinger sobre Bergoglio. Martini y Ruini ya no sacaron ningún voto. Habían pasado a ser «grandes electores» y orientaban a sus seguidores hacia uno de los dos finalistas.

La tercera votación aumentó la ventaja de Ratzinger por 72 a 40, pero sin llegar al listón de los dos tercios de los votos, que entonces eran 77 sobre 115 electores.

Tan sólo al cuarto escrutinio, en que recibió 84 votos, Ratzinger resultó elegido Papa. No se produjo el «efecto avalancha» de los dos escrutinios finales del 1978, que dieron 99 votos a Albino Luciani y 98 a Karol Wojtyla, de un total de 111 electores.

El Cónclave más largo de la segunda mitad del siglo XX fue el de 1958, que requirió cuatro días y once escrutinios para elegir a Ángelo Roncalli. Romper el secreto se castiga con la excomunión, pero el buen Juan XXIII, reveló que su principal rival había sido el armenio nacionalizado italiano Krikor Bedros Agagianian. Durante una visita al Colegio Armenio de Roma, les dijo sin más a los sacerdotes: «¿Sabíais que vuestro cardenal y yo estábamos empatados en el Cónclave del pasado mes de octubre? Nuestros nombres se alternaban, subiendo y bajando, como los garbanzos en el agua hirviendo…».

Candidatos de reserva

Si ninguno de los dos favoritos consigue los dos tercios de los votos, la única salida es echar mano de «candidatos de reserva» y empezar a hacer pruebas.

En ese momento pasarían a primer plano el cardenal de Washington, Donald Wuerl, de 72 años, y el cardenal de Budapest, Peter Erdö, de sólo 60 aunque parece mucho mayor. Ambos han evitado llamar la atención pero tienen todas las condiciones para el cargo. También las tiene el cardenal de Lyon y primado de las Galias, Philippe Barbarin, de 62 años, que no quiere ni oír hablar de esa posibilidad.

En caso necesario pueden ser llamados al terreno de juego tanto el cardenal de Viena Christoph Schoenborn, de 68 años, como el de Sao Paulo, Odilo Scherer, de 63, que son también personajes extraordinarios. El cardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, de 76 años, volverá a recibir votos, pero está fuera de las quinielas.

Lo más llamativo es el silencio de los italianos, que dominan la Curia vaticana y tienen una presencia masiva de 28 cardenales electores. Su gran candidato es el cardenal de Milán, Ángelo Scola, de 71 años. Su estrategia consiste en sacar como «finalistas» a Ouellet y Scola en la primera votación. Si Scola no resulta elegido, Ouellet es perfectamente aceptable.
 

UNA RENUNCIA PROFÉTICA


UNA RENUNCIA PROFÉTICA


La renuncia del Papa se ha analizado desde casi todos los puntos de vista, todos ellos interpretando un acto referido al pasado, ¡pero es posible que a nadie se le haya ocurrido contemplarla como un acto profético, propio del carisma atribuible a un Papa! Se ha dicho que Benedicto XVI se ha bajado de la cruz, a diferencia de lo que hizo Juan Pablo II, pero creo que a nadie se le ha ocurrido pensar que él no nació el Viernes Santo, sino casualmente, o no por casualidad, nació un Sábado Santo; tal vez ésta sea la clave.

 Esta forma de pensar e interpretar las cosas puede ser consecuencia de una deformación moderna desde Maquiavelo, consistente en analizar toda la realidad como hechos estáticos, mirando hacia atrás; cuando la realidad es dinámica, pues una flor se marchita siempre, y una bellota se convierte siempre en encina salvo que se la coman los cerdos. Por qué no pensar que un filósofo y teólogo de la categoría de este Papa ha podido realizar un acto profético, cuando además tiene un don especial para ello.

La idea del sábado le obsesionó siempre a Joseph Ratzinger, puede decirse que su historia es la de un hombre que nació en Sábado Santo. Él escribió: «El Sábado Santo es el día del silencio, el día de la oscuridad divina, de las tinieblas de Dios, en palabras de Martin Buber».

 La liturgia y el símbolo de la fe lo representa como el día de la cruz vacía en el que Cristo muerto baja a los infiernos; mas, como escribió el Papa: «Sólo a través del silencio del Sábado Santo los discípulos pudieron ser llevados a la comprensión de lo que era verdaderamente Jesús y de lo que su mensaje significaba en realidad: Dios debía morir por ellos para poder vivir realmente en ellos»; la realidad es dinámica, así un grano de mostaza se convierte en un gran arbusto como el Reino de los Cielos.

Ratzinger comparaba el Sábado con la escena evangélica de la barca a la deriva en medio de la tempestad: «Dios duerme mientras sus cosas parecen naufragar. La Iglesia, la fe, ¿no se asemejan a una pequeña barca que parece naufragar?» Y añade: «Cuando la tempestad amaine nos daremos cuenta en qué medida nuestra fe estaba cargada de insensatez».

Resulta que la cruz de Joseph Ratzinger no es sólo la Cruz de la pasión del Gólgota, es la Cruz de los primeros cristianos, una Cruz representada con destellos de luz: «No importa tanto una referencia al Señor que ha pasado, cuanto al Señor que está por venir. Para el cristiano antiguo, la Cruz es signo sobre todo de esperanza».

Él se consideró siempre Sábado, símbolo de tiempo entre la muerte y la esperanza, entre las tinieblas y la luz, entre la Cruz y la resurrección. Por eso se puso el nombre de Benedicto XVI, en continuidad con Benedicto XV, un Papá de transición entre la guerra y la paz, cuyo gran mensaje fue el anuncio de la urgente necesidad de una nueva evangelización. Así lo explicó en su día cuando eligió el nombre de Benedicto: un Papa de transición entre dos colosos, su predecesor y el que vendrá.
Él es consciente de las amenazas que acechan a la Iglesia, tanto desde dentro como desde fuera. Cuando Juan Pablo II fue elegido Papa, el gran enemigo de la Iglesia era el marxismo, orquestado por el PCUS Soviético. Para acabar con ese peligro hubo que traer a alguien desde allí, detrás del telón de acero, para luchar con ellos y vencerlos.

Ahora el enemigo existe en otra forma y viene de Occidente, se trata de una ideología cada vez más potente, a la que yo llamo IPC (ideología políticamente correcta). Un pensamiento único que expulsa a Dios de la historia y a la verdad de la realidad. Niega al hombre como criatura de Dios, a la naturaleza humana imagen de Dios y a la gracia sobrenatural semejanza de Dios. Impone la dictadura del relativismo en nombre de la tolerancia más intolerante, utilizando medios técnicos de una potencia incalculable, tales como las grandes «networks» de la comunicación, las series de televisión, las películas de cine, los controles de internet. Y, por supuesto, los grandes discursos políticos enteramente correctos.

El Papa, un viejo y sabio cristiano, ha denunciado claramente todo esto. Su Dios no es el absolutamente otro lejano, que abandona a la humanidad a la crisis. Es un Cristo histórico, el Hijo de Dios, encarnado en un judío nacido en Belén en tiempos de Augusto que, después de morir y resucitar, se quedó con nosotros para hacerse presente en la existencia de todo aquel que quiera escucharlo.

El Papa sabe humildemente que no tiene fuerzas para poder responder adecuadamente ante lo que le viene. Tal vez cuando dice que no tiene vigor espiritual y físico no está contemplando el pasado, sino el futuro. Por eso vuelve a hacerse Sábado Santo para guardar silencio; pues «el cristianismo no es sólo una religión del pasado, sino del futuro. Su fe es al mismo tiempo esperanza, ya que Cristo no es sólo el muerto y resucitado, sino también aquel que está por venir».

Pero esto no lo puede decir él, lo debemos interpretar nosotros.

La Razón, Madrid.

REFLEXIÓN



El domingo de las higueras sin frutos

Y les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía una higuera plantada en su viña,
y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró».
Dijo entonces al viñador:
«Ya ves: tres años llevo
viniendo a buscar fruto en esta higuera,
y no lo encuentro. Córtala.
¿Para qué va a ocupar terreno en balde?»
Pero el viñador contestó:
«Señor, déjala todavía este año;
yo cavaré alrededor y le echaré estiércol,
a ver si da fruto. Si no, la cortas».
Lucas 13, 1-9

¿Qué frutos darte, Señor?
Deseas el fruto de mi constancia y,
 a la menor,
me dejo enredar 
por los hilos de la pereza,
la tibieza o las dudas, 
la fragilidad o la torpeza…

Estoy en la higuera,
pero la higuera de mi vida
no siempre
 fructifica en lo santo, noble y bueno.
Miras a las ramas de mis días
y, lejos de comprobar
 cómo despuntan sus yemas
me limito a vivir bajo mínimos,
a dar aquello que me conviene 
y no me molesta
a fructificar, poco o nada,
 si no es beneficio propio.

Mira mi miseria
y  perdona mi débil cosecha.
Sigue sembrando, Señor, 
para que tal vez mañana
puedas descubrir en mí
aquello 
que hoy brilla por su ausencia:
frutos de verdad y de amor,
de generosidad y de alegría,
de fe y de esperanza,
de confianza y de futuro,
de vida y de verdad.

Y no te canses, Señor, 
de visitar tu viña,
tal vez hoy, ya sé que no,
pero mañana, 
con tu ayuda y mi esfuerzo,
deberá brotar con todo su esplendor
la higuera de mi vida.

Javier Leoz.

FRASE DE SABIDURÍA

Belleza cuya contemplación no nos hace mejores no es tal belleza.
- Miguel de Unamuno (escritor y filósofo español, Bilbao, 1864–Salamanca, 1936)