7 de julio de 2019

ENTRE LOBOS




Entre lobos

Rogelio Zelada

Las palabras del Maestro no encontraron esta vez un buen eco en el corazón de sus discípulos, tanto que de repente todos pensaron o quisieron pensar haber oído mal.  La mayoría no ha podido entender todo el alcance del anuncio de Jesús, pero ha tenido miedo de preguntar su significado. Solo Pedro, que no ha podido soportar que Jesús hable de rechazo, de padecer, de ser asesinado  por la conspiración de los sacerdotes y los maestros de la ley, y que, en privado, lo ha increpado por la imprudencia de lo que considera una locura sin sentido.  Al momento, Jesús, enérgicamente, rechaza la propuesta de Pedro  y lo compara nada menos que con el mismo Satanás: «Pedro, tus pensamientos vienen del mundo y no de Dios».

Una y otra vez Jesús anuncia su dolorosa muerte y el posible destino de martirio de los que deben compartir con él su cáliz. Un camino difícil que, por fidelidad a su maestro crucificado, deberá afrontar la Iglesia a través de los siglos. La vida gloriosa de la resurrección es el final de muchas historias dolorosas que tocará vivir desde el comienzo miso de la fe cristiana creyente.

A Esteban apenas le queda tiempo para perdonar a sus asesinos que lo aplastan tras una lluvia de piedras. Pedro, crucificado con los pies hacia arriba, regará con su sangre la arena de Roma, y Pablo, por ser ciudadano romano, tendrá el “privilegio” de una rápida muerte cuando el verdugo, con un golpe de espada, cercene su cabeza. El martirio será el signo que identifique el más alto honor de las comunidades cristianas de los primeros siglos, y también de toda la historia de la Iglesia.

Visitaba yo en París la iglesia del Convento de los Padres Carmelitas; un santuario que guarda las reliquias de ciento noventa y un mártires del terror, que en nombre de “la libertad, la igualdad y la fraternidad”, la revolución  francesa asesinó en varios lugares de la Ciudad Luz.

El templo guarda en sus nivel inferior  los cráneos de los arzobispos, obispos,  sacerdotes, religiosos y laicos  que, por fidelidad al Evangelio, se negaron a jurar la constitución civil del clero, por considerarla fundamentalmente opuesta a la Fe de la Iglesia.

El templo del Carmen, convertido en cárcel del clero, tenía, a ambos lados de la nave, dos escaleras que conducían a la huerta de los frailes carmelitas: por una debían bajar los que se negaban a firmar la constitución revolucionaria, y allí mismo recibían un disparo en le la sien y sus cuerpos eran arrojados al jardín, a una fosa común; por la otra puerta abandonaban el templo los que se plegaban al miedo y firmaban el acta que disolvía sus vínculos con la Iglesia de Roma.
Bajar a la cripta impresiona hondamente el ánimo del que la visita; cientos de cráneos humanos, cada uno de ellos con la huella de un disparo en la cabeza, se encuentran perfectamente colocados  en unos grandes relicarios encerrados en rejas de hierro.

Todas la víctimas de este martirio colectivo, que sucedió a principios del mes de septiembre de 1792, fueron beatificadas por Pío XI en 1926. Junto a estas reliquias  de los mártires de Francia, por expreso deseo personal, se encuentra la tumba de Federico Ozanam, un laico y político francés  que fundó la Sociedad de las Conferencias de San Vicente de Paúl.

Dos años después del crimen de los mártires de París, diez y seis Madres Carmelitas del Monasterio de Compiégne fueron a la guillotina  por la misma razón que éstos. A las religiosas contemplativas, como a todas las monjas de Francia, les confiscaros sus monasterios , ya que todos los conventos, también en nombre de la “libertad”, fueron suprimidos. La terrible persecución contra la Iglesia y las comunidades religiosas, amparada por una ley del 13 de febrero de 1790, declaró que la vida  conventual y claustral eran “enemigas de la razón”. Las carmelitas descalzas fueron obligadas a dejar no sólo el monasterio, sino también los hábitos religiosos, forzadas por una “revolución” ansiosa por “liberarlas” de aquel “sometimiento contrario a la libertad que era la vida religiosa” y de algo tan ”innecesario“ como el “dedicarse a la oración y a la vida contemplativa”. Las religiosas, desde el más absoluto anonimato, siguieron su vida de comunidad clandestinamente, en algunas casas de fieles católicos.
El culto fue eliminado y sustituido  por el “culto a la diosa razón, con una prohibición que alcanzaba incluso el ámbito privado. Toda expresión religiosa detectada y denunciada podía ser considerada  como alta traición a la revolución, un delito que conllevaba la pena de muerte.

Una denuncia anónima al Comité de Salud Pública desató las iras de las autoridades que detuvieron a las monjas acusadas de burlar la leyes al vivir en comunidad, y fueron condenadas a muerte por “conspirar para restablecer la monarquía  y la preponderancia católica”.  Las trasladaron con las manos atadas a la espalda  la Conciergerie de Paris, repleta de sacerdotes y religiosos condenados a muerte, acusadas de fanatismo, de mantener los votos religiosos, vivir en comunidad y de “apego a esas creencias infantiles y a sus tontas prácticas religiosas”, y de ocultar armas en el convento.

La priora, la M. de San Agustí, bandindo su crucifijo respondió al tribunal: «Esta es la única arma que guardamos en el convento, y jamás hemos tenido otra».
El 17 de julio de 1794, junto a la guillotina, las religiosas renovaron sus promesas bautismales y los votos que las unían al Carmelo. Cantaron el “Te Deum” y subieron tranquilas al cadalso, y las diez y seis  Carmelitas fueron guillotinadas mientrasiban cantando el “Veni Creator Spiritus”. El Papa San Pío X las inscribió en la lista de los beatos mártires el 27 de mayo de 1906.

Como antes, y desde entonces, la lista de mártires de la Iglesia Católica ha crecido y se ha extendido a todas partes del mundo, desde las dictaduras comunistas del este de Europa, al Asía, al mundo árabe, a Latinoamérica, África, India, etc.

Ya lo sabemos, los discípulos no podemos ser menos que el Maestro, y el leño seco no podrá ser mejor tratado que el verde. En definitiva, desde las palabras proféticas de Cristo, no podemos perder de vista  que hemos sido enviados como ovejas en medio de lobos.

Reproducido de la revista “La Voz Católica” de la Arquidiócesis de Miami. Rogelio Zelada es Director Asociado de la Oficina de Ministerios Laicos.

Ilustración: San Esteban conducido al martirio. Juan de Juanes. (Óleo sobre tela, Museo del Prado, Madrid).

22 de mayo de 2019

EL CONGRÍ




El Congrí

Carmencita San Miguel
Tomado del “Diario Las Américas”, Miami.

Congrí es un vocablo que nos viene de Haití, donde a los frijoles colorados se les dice “congo” y al arroz “riz” como en francés. “Congrí” en voz del creole haitiano significa “congos con arroz”. El congrí no equivale a “moros con cristianos”, que es un plato de origen africano.

La cuna del congrí en Cuba fue la provincia de Oriente por su proximidad a Haití. A continuación se transcribe lo escrito por el folclorista oriental Ramón Martínez: «Ha mucho tiempo, un negro de nación echó a hervir el arroz y los frijoles y casi se cocinaron al mismo tiempo  porque los frijoles eran frescos.  Más tarde se cocinaron con más cuidado  y se pusieron primero los frijoles hasta que estuvieron blanditos. Luego se sazonaron y se les incorporó el arroz y cuando se hubo reventado se eliminó un poco de agua y se dejó secar a fuego lento, y así nació este plato cuyo nombre no aparece en el diccionario pero sí en las listas de comida… Pasó el tiempo y se mejoró el congrí agregándole manteca de puerco y masitas de carne cerdo frita o chicharrones (Nota: no está cerrada la cita en el texto original).

Congrí Oriental (Carmencita San Miguel)

1 taza (½ lb) de frijoles colorados
5 tazas de agua
2 tazas de arroz de grano largo
1 pimiento verde, cortado en tiras
1 cebolla, picadita
1 cda de sal
2 sobres de sazón Goya
1½ taza de masa de cerdo picada y frita hasta dorarla.

En una olla se ponen los frijoles en agua fría para remojarlos. Se cubre con un paño y se dejan en remojo durante la noche. Al siguiente día se ponen a cocinar en la misma olla en que se remojaron y en la misma agua del remojo. Se ponen sobre calor alto hasta que hasta que rompa a hervir a borbotones y entonces se reduce el calor (simmer) y se tapa.  Se cocina lentamente hasta que los frijoles estén blandos. Se escurren y se mide el agua de la cocción para obtener tres tazas. Si no da exacta la medida se agrega agua. En una cacerola apropiada, preferiblemente de material pesado, se vierten los frijoles bien escurridos y el agua medida. Se pone sobre calor alto hasta que comience a hervir de nuevo y entonces se revuelve dentro el arroz, el pimiento, la cebolla, la sal y la sazón Goya. Se añaden dos cucharadas de manteca de cerdo (de la que destiló la carne al freírla). Se deja que hierva a borbotones. Se reduce el calor al mínimo, se tapa y se cocina lentamente durante 25 minutos. (Durante este tiempo no se destapa ni se revuelve).

Pasados los 25 minutos se revuelve bien y se añaden las masas de puerco fritas y unas tiras de  pimiento verde adicionales.  Se tapa y se deja reposar por 5 minutos. Da 6 raciones abundantes.   


20 de mayo de 2019

LAS HERMANAS DE JOSÉ MARTÍ


Las hermanas 
de José Martí

Teresa Fernández Soneira

Han permanecido en el anonimato por más de 100 años. Nunca nos hablaron de ellas, ni nos dijeron sus nombres, y en las escuelas no nos enseñaron sus vidas. La mayoría de los cubanos desconoce que José Martí tuvo siete hermanas, siendo él el primogénito. Y aunque quizás, al igual que Leonor Pérez Cabrera, la madre, ellas no estaban de acuerdo con la posición política de su hermano(1), es necesario dar a conocer a estas mujeres que también formaron parte importante de nuestra historia.

Leonor Pérez Cabrera(2) contrajo matrimonio con Mariano Martí Navarro(3) en 1852 en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Monserrate en La Habana. Poco más de un año después del nacimiento de José Martí y Pérez en La Habana en 1853(4), vendría al mundo la primera de las hembras.

Leonor Petrona Martí y Pérez, (La Habana, el 29 de julio de 1854-México, 1900), conocida cariñosamente como “La Chata”, fue bautizada en la capilla del Castillo del Morro. El 16 de septiembre de 1869 Leonor Petrona contrajo matrimonio con Manuel García y Álvarez con quien tuvo cuatro hijos: María M. Andrea, fallecida a los tres años de edad; Alfredo, Oscar y Mario, este último nacido en México entre 1875 y 1876. Leonor fallece del corazón en La Habana, en julio de 1900.

El tercer hijo del matrimonio fue Mariana Salustiana “Ana” Matilde Martí y Pérez que nace en La Habana el 8 de junio de1 1856. Fue novia del pintor mexicano Manuel Ocaranza e Hinojosa(5). Falleció en México, D.F., el 5 de enero de 1875, a los 19 años. Se conserva un poema de su autoría dedicado a la madre. De ella escribió Martí una crónica y unos versos. He aquí un fragmento: “Impaciente y estúpido el correo, lucha y vence mi amor y mi deseo. Carta es mi carta, más si bien la peso, me une a tu imagen tan estrecho lazo, que es cada frase para ti, un abrazo, y cada letra que te escribo, un beso”(6). (1868)

El 2 de diciembre de 1857, estando la familia residiendo en Valencia, buscando hacerse de un futuro en esa ciudad española, y estar junto al resto de la familia, les nace María del Carmen (La Valenciana) Martí y Pérez, (1857-1900), de ahí que la apodaran «La Valenciana». En 1882 María del Carmen se casa con Juan Radillo y Riera, y de esa unión nacen: Juan Paulino, María del Carmen Eleuteria, Pilar, Enrique y Angélica Mauricia. María del Carmen murió en La Habana, el 14 de junio de 1900.

Se cree que la familia también residió por poco tiempo en Santa Cruz de Tenerife, donde por entonces vivía la madre de doña Leonor. Pero la familia decide regresar a Cuba al no poderse encaminar don Mariano en la Península. Es muy probable que en el viaje de regreso para Cuba doña Leonor fuera embarazada, ya que el 13 de noviembre de 1859 nace en La Habana, María del Pilar Martí y Pérez. Pero la niña fallece en la niñez, cuando contaba solo 6 años, el 12 de noviembre de 1865.

Rita Amelia Martí y Pérez (1862-1944), la sexta de las hembras, nace en La Habana, el 10 de enero de 1862. En 1883 contrae matrimonio con José García y Hernández con el que tiene varios hijos: José Joaquín, Amelina, Aquiles, Alicia, Gloria - que murió a los diecisiete años -, Raúl y José Emilio. Rita Amelia vivió los últimos años de su vida en una casita que le había donado el gobierno de Fulgencio Batista(7). Rita muere en La Habana, el 16 de noviembre de 1944.

La séptima hija del matrimonio, Antonia Bruna Martí y Pérez (1864-1900), nació en La Habana, el 6 de octubre de 1864. En 1885 contrajo matrimonio con Joaquín Fortún y André. Sus hijos fueron: Joaquín, Ernesto, María y Carlos. Algunos historiadores apuntan que estos dos últimos hijos se establecieron en México donde aún quedan descendientes. La historiadora Olivia América Cano Castro(8) afirma que estos descendientes residen en la ciudad de Tepic, capital del estado de Nayarit. Antonia Bruna falleció en La Habana el 9 de febrero de 1900, pocos meses antes que su hermana María del Carmen.

La última hija que tuvieron Leonor y Mariano fue Dolores Eustaquia «Lolita» Martí y Pérez. Nace el 2 de noviembre de 1865, diez días antes del fallecimiento de su hermana Pilar. Lolita muere en la niñez, el 23 de diciembre de 1873.

Cuando en Cuba corrían los terribles años de las conspiraciones y el comienzo de la guerra de los Diez Años (1868-1878), José Martí, todavía un joven de solo 16 años, se declara opuesto al gobierno de la Metrópolis, y es encarcelado por encontrársele escritos en contra del régimen. Su madre trata sin éxito de que sea liberado, y luego el gobierno decide expatriarlo para España. En el hogar de los Martí y Pérez hay preocupación y desasosiego por el futuro de aquel hijo que les ha resultado tan rebelde.

En 1875, al terminar sus estudios en la Península, Martí, ya graduado en leyes, va reunirse con su familia que ha viajado a México para estar junto a él. Nos podemos imaginar el alborozo y también las lágrimas en ese encuentro; llevaban seis años sin verse. Don Mariano Martí llega a México sin dinero ya que todo lo que tenía ahorrado lo había gastado en los trámites de la cárcel de su hijo José. Pero entonces conoce a Manuel Mercado(9) quien lo ayuda, y por el obtiene un contrato de suministros de arreos y mochilas para el ejército mexicano. Toda la familia se dedica a confeccionar estos artículos lo cual contribuye a poder salir de la penuria y poner casa propia, aunque es Martí quien más los ayuda económicamente con sus honorarios como periodista. En febrero de 1877 la familia regresa a La Habana.

En México Martí se relaciona con la camagüeyana Carmen Zayas Bazán con quien más tarde se casa. El matrimonio regresa a Cuba donde les nace en 1878 su único hijo, José Francisco(10). Estando en La Habana el gobierno español le pide a Martí que renuncie a sus ideas revolucionarias y que apoye al gobierno colonial, pero Martí se niega y una vez más es deportado a España. Pensamos que a partir de entonces José y las cuatro hermanas que quedaban vivas: Leonor, María del Carmen, Rita Amelia y Antonia Bruna, nunca más se volvieron a ver. Ellas habían constituido sus familias, y prosiguieron con sus vidas, aunque estarían al tanto de la trayectoria de su hermano, y habrían sentido la angustia y la incertidumbre por su futuro.

Martí muere en Dos Ríos al comienzo de la Guerra de Independencia. Las hermanas de Martí fallecerían, tres antes que él, y otras tres pocos años después que él. Rita Amelia sería la única que viviría hasta casi mediados del siglo XX. Fue Rita la que acompañó a su madre hasta el final. Debió haber sido muy duro para Leonor Pérez sobrevivir a todos sus hijos. Ciega y viviendo en la penuria, se ve obligada a solicitar del gobierno interventor norteamericano un puesto de oficial tercero en la Secretaria de Agricultura, Industria y Comercio. Pocos años después fallece en La Habana, el 19 de junio de 1907. Doña Leonor fue enterrada junto a su esposo en el Cementerio de Colón en un panteón que los emigrados revolucionarios de La Habana erigieron para ellos frente a las tumbas de Máximo Gómez y de la familia de Gonzalo de Quesada.

Esta es, a grandes rasgos, la historia de las mujeres de una familia insigne en la que el padre y la madre enseñaron a sus hijos el respeto por los padres; por las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, y sobre todo, entre todos los miembros de la familia. Como dicen algunos historiadores, la unidad familiar de los Martí-Pérez nunca se fragmentó a pesar de ausencias y desarraigos.

Hace falta que los historiadores continúen la investigación y nos hablen más de las vidas, anhelos y pesares de los miembros de esta ilustre familia. Es importante que los investigadores sigan rastreando en archivos y museos para que los cubanos sepamos más de nuestros héroes y mártires. Sobre todo, que nos hablen de las mujeres, porque como dijo Gaspar Betancourt Cisneros (11): «las mujeres […] son el punto de partida de los pueblos; de ellas salen los héroes o los tiranos; los sabios o los ignorantes; los patriotas o los traidores; los filósofos o los libertinos»(12).

Conozcamos nuestra historia. Sin historia no tenemos raíces ni identidad. Y sin pasado, no hay futuro.

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1.          En una carta de 1882, doña Leonor amonesta a Martí diciéndole: «…Dentro de 3 días cumplirás 29, me resigno, pero no me conformo a que a esa edad, con tantos elementos de vida, sufras tantas angustias, y que mis muchas reflexiones nada hayan podido en tu destino…».
2.          Leonor Pérez Cabrera nació en Santa Cruz de Tenerife, en1828, y falleció en La Habana en 1907.
3.          Nació en Valencia en 1815 y falleció en La Habana en febrero de 1887.
4.          La historiadora Olivia América Cano Castro indica en sus investigaciones que José Martí nació en la enfermería de la Fortaleza de la Cabaña, y que estuvieron residiendo él y sus padres en la barraca no. 7 por un tiempo. Por ser don Mariano sargento de artillería, existía una orden que obligaba a estos militares a residir en la Fortaleza.
5.          Manuel Ocaranza e Hinojosa (1841-1882), fue un pintor mexicano modernista, amigo de José Martí.
6.          Obras completas de José Martí, «Hermanita mía», Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2002, vol. 17, pp. 18
7.          Fulgencio Batista y Zaldívar, (Banes, 1901-Marbella, España, 1973), fue el presidente electo de Cuba de 1940 a 1944, y gobernante de facto entre 1952 y 1959.
8.          Ver Olivia América Cano Castro: Leonor y Mariano, padres de Martí, Grupo de Comunicación Galicia en el Mundo, S.L., Vigo 2009, p. 62.
9.          Manuel Antonio Mercado y de la Paz (1838-1909). Oficial Mayor de la Secretaría de Gobierno, diputado al Congreso de la Unión. Desempeñó diversos cargos en los tribunales de justicia y en el gobierno, Secretario del gobierno del Distrito Federal. Al arribar José Martí a México, Mercado residía en la casa contigua a la de don Mariano Martí, y comienza así una amistad que perduraría toda la vida. Mercado conservó con cariño más de un centenar de cartas que Martí le escribiera, y gracias a ello se han conocido valiosos aspectos de la vida y el pensamiento del héroe cubano.
10.       José Francisco Martí y Zayas Bazán (2 de noviembre de 1878 –22 de octubre de 1945), contrajo matrimonio con la cubana María Teresa Bancés y Fernández-Criado (1890-1980) en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús del Vedado en La Habana, el 21 de febrero de 1916. El matrimonio no tuvo descendencia.
11.       Gaspar Betancourt Cisneros. El Lugareño, (Puerto Príncipe, 28 de abril, 1803 – La Habana, 12 de diciembre, 1866. Periodista, escritor y revolucionario independentista.
12.       Gaspar Betancourt Cisneros: Costumbristas cubanos del siglo XIX, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003.

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Bibliografía

Betancourt Cisneros, Gaspar: Costumbristas cubanos del siglo XIX, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003.

Cano Castro, Olivia América: Leonor y Mariano, padres de Martí, Colección Crónicas de la Emigración, Grupo de comunicación Galicia en el Mundo, Vigo, 2009.

Fernández Soneira, Teresa: Mujeres de la Patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba, (Guerra de 1895), vol. II, Ediciones Universal, Miami, 2018.

Mañach, Jorge: Martí el Apóstol, Editorial Verbum, Madrid 2015.

Obras completas de José Martí, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2002.



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Teresa Fernández Soneira (La Habana 1947), es una historiadora y escritora cubana radicada en Miami desde 1961. Ha hecho importantes aportes a la historia de Cuba con escritos y libros de temática cubana, entre ellos, CUBA: Historia de la educación católica 1582-1961, Ediciones Universal, Miami, 1997, Con la Estrella y la Cruz: Historia de las Juventudes de Acción Católica Cubana, Ediciones Universal, Miami, 2002. En los últimos años ha estado enfrascada en su obra Mujeres de la Patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba, (Ediciones Universal, Miami 2014 y 2018). El volumen I dedicado a la mujer en las conspiraciones y la Guerra de los Diez Años, y el volumen 2, de reciente publicación, trata sobre la mujer en la Guerra de Independencia. En estos dos volúmenes la autora ha rescatado la historia de más de 1,300 mujeres cubanas y su quehacer durante nuestras luchas independentistas.

Teresa Fernández Soneira es Miembro Correspondiente de la Academia de Historia Cubana radicada en el Exilio.

 Reproducido del Blog “Gaspar, El Lugareño”


7 de mayo de 2019

LUISA PEREZ DE ZAMBRANA

Luisa Pérez de Zambrana

Luisa Pérez y Montes de Oca pasó a la historia con el apellido de su esposo, por eso se la conoce como de Luisa Pérez de Zambrana. Fue una poetisa cubana de marcado acento elegíaco. Luisa Pérez de Zambrana nació en la finca El Melgarejo, cerca de las minas de El Cobre, Santiago de Cuba,    el 25 de agosto de 1837.    Huérfana de padre tempranamente, se mudó con su familia a la ciudad de Santiago donde se dio a conocer como poeta. Al casarse se estableció en La Habana.  
Es una de las poetisas de las que se dice «nació con el don de la poesía» y está considerada entre las mejores de Cuba y Hispanoamérica. Su padre era originario de las Islas Canarias.  A la edad de 14 años compuso su primer trabajo literario y sus versos, que recogió en un cuaderno publicado con la ayuda de los intelectuales que la rodeaban y admiraban su poesía en Santiago.

El libro dio la vuelta a la Isla.  El intelectual don Ramón Zambrana quedó prendido de su obra, yendo a Santiago de Cuba para conocerla y comprometerse con ella, una vez que la conoció por una foto, para luego llevársela a La Habana. 
Por sus grandes dotes poéticas y su gracia y finura, Luisa fue elegida para coronar a la gran Gertrudis Gómez de Avellaneda en el Teatro Tacón  en 1860.
Contrajeron matrimonio en 1858 y tuvieron cinco hijos pero a los ocho años de casada quedó viuda. Más tarde murió su hermana Julia, también poetisa, y vio a morir a sus cinco hijos. Esto tuvo consecuencias tanto en su estado de ánimo como en su obra.
A causa de que su vida estuvo marcada por la presencia constante de la muerte, su obra estuvo llena de sensibilidad, melancolía, pasión y ternura, con reflexiones religiosas y de toque filosófico sobre la muerte: estas dos últimas características se dan a notar en sus elegías.
En el año 1918 recibió un homenaje por parte del Ateneo de La Habana   y posterior a esto apareció una nueva edición de sus poesías con prólogo de Enrique José Varona, quien la bautizó como «la más insigne elegíaca de nuestras líricas».
Fue fundadora del Liceo Artístico y Literario de Regla.  Sus obras fueron premiadas en los selectos Juegos Florales de la ciudad de Madrid. Entre dichas obras se encuentra el libro de oraciones llamado DevocionarioLa vuelta al bosqueDolor supremoMartirio. De ella dijo José Martí:   «se hacen versos de la grandeza, pero sólo del sentimiento se hace poesía».
Vivió sus últimos años en el municipio habanero de Regla,  donde murió el 25 de mayo de 1922. 

Fuente: Wikipedia  

  

Fragmento de “Mi casita blanca

En medio de esta paz tan lisonjera
que nunca turba doloroso invierno
no sé por qué de mi alma se apodera
siempre un recuerdo pesaroso y tierno.
Un recuerdo tan grato como triste,
que convida a llorar, pero no abruma,
un celeste recuerdo que se viste
de aromas, de celajes y de espuma.
Que trae de un bosque la amorosa sombra,
que trae de un río el cariñoso ruido,
cuyo rumor dulcísimo me nombra
algún pasado que me fue querido.
No sé si es sueño; pero entonces creo
conocer el murmullo de la ola,
y entre las ramas levantarse veo
mi casita de guano, blanca y sola.
¡Oh mi verde retiro! quién pudiera
ver otra vez tus deliciosos llanos,
y quién bajo tus álamos volviera
como antes a jugar con mis hermanos.
Y ver mi lago de color de cielo
donde yo con mis pájaros bebía,
mi loma tan querida, mi arroyuelo,
mi palma verde a cuyo pie dormía.
Mis árboles mirándose en el río,
mis flores contemplando las estrellas,
mis silenciosas gotas de rocío
y mis rayos de Sol temblando en ellas.
¡Oh mi casita blanca! Recordando
el tiempo que pasara sin congojas,
viendo correr el agua y escuchando
el himno cadencioso de las hojas,
he llorado mil veces; que allí amaba
una rama de tilo, un soto umbrío,
un lirio, un pajarillo que pasaba,
una nube, una gota de rocío.
¡Oh mi risueño hogar! ¡Oh nido amado!
lleno de suavidad y de inocencia!
que en tu musgo sedoso y azulado
se deshoje la flor de mi existencia.
Y cuando llegue entristecida y grave
la muerte con las manos sobre el pecho,
mire vagar como un celaje suave
el ángel de la paz sobre mi lecho.
Y al cerrar mis pupilas dulcemente
que vaya la virtud sencilla y pura
a apoyar melancólica la frente
en la cruz de mi triste sepultura.

6 de mayo de 2019

AMPARO, LA HISTORIA DE CUBA EN UN TRAGO DE RON


Amparo,
la historia de Cuba
en un trago de ron



Top of Form
Dicen que no hay mejor forma de conocer una cultura que a través de su comida. En el caso de Cuba, eso es mejor hacerlo a través del ron. Así parecen sugerirlo los creadores de  "Amparo", la pieza teatral que está agotando localidades en Miami.
Estrenó el 12 de abril y estará en escena hasta el 2 de junio.
Aunque muchas personas han escuchado sobre el ron Havana Club y otras lo han degustado alguna vez en su vida, lo cierto es que la mayoría de la gente no conoce la maravillosa historia que se esconde detrás de lo que los expertos consideran el mejor ron del mundo.
La puesta en escena de “Amparo” recrea el surgimiento del famoso Ron Havana Club, cuando Ramón Arrechavala manejaba la icónica empresa licorera en Matanzas (Cuba). La trama también retrata el triunfo de Fidel Castro y sus partidarios, quienes incautaron la propiedad del empresario y lo enviaron a prisión, hasta que éste pudo salir a España y llegar a Estados Unidos.
Pero “Amparo”, escrita por Vanessa García y dirigida por Victoria Collado, bajo la producción del grupo Broadway Factor, no es una aburrida clase de historia ni otra radiografía más sobre la revolución cubana. La trama arranca cuando Ramón (René Granados) y Amparo Alvaré (Bertha Leal) se conocieron y se enamoraron en el legendario Club Náutico, ubicado en el hermoso balneario de Varadero.
Esta escena que da comienzo a la obra, transcurre durante la víspera de año nuevo en 1957. El Club Náutico es recreado con intenso verismo: Mientras una banda cubana ejecuta música en vivo y muchas parejas bailan en el recinto, el espectador de repente se vuelve partícipe de la fiesta en la obra.

La actriz Bertha Leal encarna a Amparo Arechabala y el actor René Granado hace de su esposo Ramón Arechabala, patriarcas de la marca de ron Havana Club en la obra “Amparo”. (CORTESIA/TEAM)
Teatro de inmersión
Lo de obra teatral es un decir porque “Amparo” es mucho más que eso. Jugando con el tan de moda concepto “teatro de inmersión”, los espectadores son llevados de la mano por el elenco no solo para bailar y cantar, sino también para hacer un rápido recorrido a través de las seis últimas décadas de la historia cubana.
En el ‘teatro de inmersión’ que propone “Amparo”, el espectador no se limita a estar sentado en una silla y ver a los actores actuar. Aquí el espectador participa activamente junto al elenco y se involucra en la obra de principio a fin. Hasta que en algún momento, el legendario músico Roberto Torres aparece en escena.
Para hacer de “Amparo” una auténtica experiencia que involucra al espectador, sus creadores adecuaron una vieja villa ubicada en Downtown Miami y la transformaron en un escenario multifuncional con diferentes espacios escénicos donde se recrean las distintas secuencias que componen la obra. Mientras recorre las instalaciones de la vieja casona, el espectador conoce la historia cubana y su ron Havana Club.

La dramaturga Vanessa García, izq., y la directora Vicky Collado son las creadoras de “Amparo". (CORTESIA/TEAM)
Ingrediente especial
Además de la música y la danza cubana que tanto exaltan los sentidos, los creadores de “Amparo” han agregado otro ingrediente especial: el ron.
Antes de que empiece la función teatral, los asistentes son recibidos en un bar donde se ofrecen los cócteles que estaban de moda en la época que recrea la obra. Cinco expertos bartenders preparan a gusto del cliente sus bebidas predilectas sin ningún costo.
Luego de esta breve pero exquisita experiencia etílica, el espíritu del espectador está listo para ser llevado de la mano por un elenco de 23 actores. Entre estos figuran conocidas figuras del cine cubano como Francisco Gattorno (“Fresa y chocolate”), Héctor Medina (“Viva”) y Roberto Escobar (“The Perez Family”).
”Amparo” estrenó el 12 de abril. En escena hasta el 2 de junio.
Cuándo: jueves a sábado, 7 and 10 p.m.; domingos, 3:30 y 6:30 p.m. (Se ofrecen cocteles cortesía de Havana Club una hora antes de cada función)
Dónde: Villa Amparo, 221 NE 17th St., Miami
Boletos: Desde $79 (más los cargos de servicios)
Informes:
theamparoexperience.com, https://www.therealhavanaclub.com/amparo/ o 877-542-8262

Hernado Olivares,
Reproducido de El Sentinel

5 de mayo de 2019

LA LARGA SAGA DE H. UPMANN

La larga saga de H. Upmann




Ciro Bianchi Ross

Hubo mucho de casualidad en la fundación de la fábrica de tabacos y la creación de la marca H. Upmann. Corría el año de 1839 cuando Hermann Dietrich Upmann, hijo de un maestro relojero nacido en Bremen 23 años antes, decide dejar atrás su ciudad natal y cruza el Atlántico con ansias de venir a «hacer la América». Durante la larga y monótona travesía, un pasajero de origen británico que viajaba con destino a La Habana lo convenció de que probara suerte en la capital de la Isla y lo tentó con el giro de la fabricación de puros, rubro económico que prosperaba en la Colonia.
Proveedor de su majestad
Soltero y soñador, Hermann Dietrich siguió las recomendaciones del viajero desconocido. Aprendió lo que tenía que aprender acerca de los habanos y el 1ro. de marzo de 1844 abría su fábrica en la calle San Miguel 75. Su prestigio creció por días y con el tiempo alcanzó la calificación de «Proveedor de Su Majestad don Alfonso XII», y que se le adjudicara el sello del «Privilegio del uso de las reales armas», que hacía aparecer en las cajas de cedro en las que envasaba sus producciones; uno de los primeros manufactureros en recurrir a esos envases. H. Upmann llegaba a ser considerada, en su esfera, una de las cinco fábricas más poderosas de la Isla, y, por su seriedad, su propietario pasaba a formar parte de la directiva de la entonces recién creada Havana Cigar Brand Association, entidad que pretendía enfrentar la creciente falsificación de habanos.
En esa época, los grandes comerciantes asumían en sus empresas funciones de banqueros. Apoyado en la solvencia de su fábrica, Hermann Dietrich creó, en 1868, la agencia bancaria de la Sociedad H. Upmann y Compañía, con sede en la esquina de Amargura y Mercaderes, en La Habana Vieja, que ya a finales del siglo XIX era la firma bancaria más importante, seria y solvente de todas las Antillas. Contaba además con la naviera Gudewill Upmann, que garantizaba la transportación de sus insumos y producciones.
Hermann Dietrich fallece en 1894. Moría sin hijos. En su testamento, redactado siete años antes, dejaba a su sobrino Heinrich Upmann, alias «Henrique», al frente de la marca y la fábrica de tabacos, en tanto que Hermann Friedrich Heinrich, otro sobrino, asumiría la conducción de la agencia bancaria. Los negocios de la familia avanzaban viento en popa al crecer sus exportaciones. Los años finales del siglo XIX y la década inicial del XX fueron la etapa de mayor prosperidad para la firma. En 1907 H. Upmann rompía sus propios récords al producir 25 millones de unidades para la exportación.
En la lista negra
Es por entonces que Hermann Albert, hijo de Hermann Friedrich Heinrich, asume el mando de la empresa. No demora en unírsele su hermano. Conducen con tino los negocios, pero el emporio Upmann en La Habana está tocando a su fin. Transcurre la Primera Guerra Mundial. El 7 de abril de 1917 Cuba declara la guerra a Alemania y el 5 de diciembre del mismo año el Gobierno cubano formula una llamada Lista Negra que incluye a las principales personalidades alemanas radicadas en la Isla, 27 nombres en total encabezados por Hermann Albert Upmann, el alemán más prominente y rico. Su hermano figura asimismo en el listado. Se veía un enemigo y un posible espía en todo súbdito alemán radicado en cualquiera de los países en guerra contra Alemania. Al año siguiente, el 16 de octubre, 24 alemanes avecindados en La Habana son detenidos e internados en las prisiones de la Cabaña. La fortuna y su amistad con el presidente Mario García Menocal salvan a los Upmann del calabozo, pero, bajo fuerte vigilancia policial, cumplirían prisión domiciliaria en la residencia de Hermann Albert, en 17 y K, en el Vedado.
En quiebra
La desgracia, se dice, nunca viene sola. Finaliza la Guerra Mundial y sigue en la Isla un período de bonanza o «vacas gordas». Pero se desploma el precio del azúcar, que cae de 23 centavos en 1920 a 1,8 centavos la libra a comienzos de 1921, y se van a pique los bancos cubanos y españoles asentados en Cuba que especularon con el alza azucarera. El desastre fue total y la desmoralización del mercado provocó la ruina de productores y exportadores. La prosperidad, apuntalada además por el auge del turismo, quedó atrás y el país se sumió de manera brusca en las llamadas «vacas flacas».
Quebró el Banco Mercantil Americano de Cuba y depositarios y ahorristas, sospechando lo que se avecinaba, se lanzaron desesperados a extraer su dinero de todas las casas bancarias. No tardarían —9 de octubre de 1920— en suspender pagos el Banco Español, el Banco Internacional y el Banco Nacional de Cuba, entre otros, que confiados en que el azúcar se cotizaría entre 15 y 20 centavos/libra especularon con el alza y concedieron préstamos por más de 80 millones de pesos. Es lo que se llama el crack bancario. La moratoria decretada por el Gobierno calmó en algo los ánimos, pero solo de manera pasajera.
En mayo de 1922 quebraba el banco Upmann. Aseguran especialistas que ya para entonces estaba quebrado. La inclusión de su propietario en la Lista Negra obligó a la entidad bancaria a suspender operaciones. Sus valores fueron entonces congelados e incautados en Cuba y corrió igual suerte lo que la agencia tenía depositado en bancos de sus socios ingleses. En esa misma fecha la fábrica de puros fue entregada como resarcimiento y amortización de las deudas bancarias. Se remató por la irrisoria suma de 30 000 pesos, equivalentes a dólares, la décima parte de lo que valía realmente.
Por otra parte, los hermanos Upmann se vieron inculpados por fraude al ser acusados de una supuesta estafa y quiebra fraudulenta y por disponer de valores en depósito. Acusación que quedó sin efecto en octubre de 1922. La quiebra no dejó a Hermann Albert Upmann en la miseria. Logró salvar no pocas propiedades, si bien su posición no fue ya la misma en el panorama empresarial y financiero de la Isla. Falleció en La Habana el 3 de septiembre de 1925, a los 75 años de edad.


H. Upmann. Imagen: LAZ.
H. Upmann. Imagen: LAZ.

Vestida de griega
Su viuda, María Dolores Machín Iglesias, «asumió cabalmente todas las propiedades y negocios heredados de su esposo y sus propios negocios y mantuvo en funcionamiento cada uno de ellos con su invariable y proverbial dedicación al trabajo», escribe Raúl Martell Álvarez en su libro Fumando en La Habana, de donde el escribidor toma la información vertida en esta página. Entre otros temas relativos al tabaco, que llevó a varios títulos, Martell ha pasado años dedicado a seguir las huellas de Hermann Dietrich Upmann, el fundador de la marca, y su descendencia cubana. De ahí que la obra lleve el subtítulo de Los Upmann; Una familia cubano-alemana. Interesante grupo ese en el que sobresalen empresarios, deportistas, músicos, profesionales de diversas ramas y un combatiente como Gustavo Machín, que se enfrentó a la dictadura de Batista y formó parte de la guerrilla del Che en Bolivia, donde encontró la muerte.
María Dolores Machín nació en Sagua la Grande, el 31 de agosto de 1883, y en 1907 contrajo matrimonio con Upmann, con quien tuvo un hijo. Hizo estudios de magisterio y aunque parece que provenía de una familia acomodada, su matrimonio con el alemán le dio acceso a un mundo hasta entonces vedado para ella. Fue una de las invitadas al famoso Bal Watteau que en 1916 auspició Lila Hidalgo de Conill en su residencia de 17 y Paseo; uno de los actos sociales más resonantes y memorables de la Cuba republicana al que ella asistió vestida de griega, mientras Lila lucía un flamante traje de bailarina rusa.
No se limitaba la Machín a recepciones y saraos. Estrechamente vinculada a la Iglesia Católica, fue miembro del Comité de Damas para la conmemoración en 1922 de la canonización de Santa Teresa de Jesús. En 1944, al acceder a la Presidencia de la República, su amigo y vecino Ramón Grau San Martín, que vivía en 17 y J, la nombró presidenta del Patronato de la Corporación Nacional de Asistencia Pública, adscripta al Ministerio de Salubridad, que tenía bajo su responsabilidad las creches (guarderías infantiles) y los asilos de ancianos. Dice Raúl Martell en su libro Fumando en La Habana que «El Viejo» le había tirado el ojo a la bella María Dolores.
Grafos
La viuda de Upmann es una mujer interesante. Fue vicepresidenta y socia fundadora de Pro Arte Musical y socia del Lyceum Lawn Tennis Club. Codirigió con María Radelat de Fontanills la revista Grafos, que comenzó a aparecer en mayo de 1933 y debe haber durado hasta 1946. Una publicación lujosamente impresa y dedicada a la alta sociedad habanera que fue esencialmente gráfica, sin olvidar por eso la parte literaria. Colaboraron en sus páginas Nicolás Guillén y José Lezama Lima, Emilio Ballagas y Eugenio Florit, Cintio Vitier y Gastón Baquero, Jorge Mañach y Alfonso Hernández Catá, entre otros muchos. Esas viudas ilustres fueron asimismo las editoras del Directorio Social de La Habana, que tenía su Redacción en la casona de Línea donde radica la coordinadora nacional de los CDR y que fue la morada del doctor Eduardo Fontanills, médico de la casa de salud de la Asociación de Dependientes, y hermano de Enrique, maestro de la crónica social.
Antes, por mediación de su esposo y su cuñado, consiguió que el banco alemán Muller-Schall, radicado en Nueva York, otorgara al caricaturista Conrado W. Massaguer el crédito de 40 000 dólares que le permitió adquirir las máquinas de impresión off set, modernísimas entonces, que el publicista utilizó en su importante revista Social.
Era propietaria de una ferretería gruesa, sita en la calle Muralla, de la finca El Kuko, en Arroyo Arenas, y entre otros bienes inmuebles, de la casa donde residía, en 17 y K. A finales de la década de 1950 la viuda de Upmann arrienda, por una elevada suma, el terreno que ocupaba su residencia y construye en J entre 17 y 19 una casa de tres plantas a fin de residir ella misma e instalar a su hijo y su familia. En el espacio de la vieja casona el empresario panameño de origen judío David H. Brando Maduro construyó un moderno supermercado. Brando Maduro era propietario de la cadena de supermercados Ekloh S. A., y presidente de Minimax Supermercados, la principal cadena de venta al por menor de alimentos, vegetales, frutas, vinos y licores, con un almacén y 11 tiendas. Ahora funcionan allí un mercado comunitario y un agromercado.
En esa casa María Dolores Machín dio refugio a la célula especial, comandada por Pío Álvarez, el corajudo militante antimachadista, encargada por el Directorio Estudiantil del ajusticiamiento del capitán Calvo, jefe de la Sección de Expertos (Policía Política) de la Policía Nacional, Clemente Vázquez Bello, presidente del Senado y del mismo Machado, los dos primeros de estos acometidos con éxito,
María Dolores Machín falleció en La Habana, en 1972. Su corazón, recuerdan sus familiares más cercanos, batalló por la vida hasta el último momento. Su hijo, notable tenista, con éxitos en competencias organizadas dentro y fuera de Cuba, murió en 1998, también en La Habana.
Reproducido de Juventud Rebelde

Enviado por Mary Acebo. Muchas gracias, Mary, por este interesante aporte.