6 de octubre de 2013
Frases de sabiduría
Le digo a los matrimonios: peléense cuanto quieran, pueden volar los platos, pero nunca terminen el día sin pedirse perdón.
4 de octubre de 2013
Hace más de ocho siglos
Hace más de ocho siglos
En 1181 o en 1182, Francisco nace en Asís, en la
verde y dulce Umbría (Italia). Sus padres se llamaban Pietro Bernardone Y
Madonna Pica. Pudo tener también un hermano, llamado Angelo. El nombre originario de Francisco es Giovanni. Su infancia y juventud
primeras discurren según los gustos de la época. Recibe una buena educación,
sensible, cristiana al uso y con tintes franceses por influencia de su
madre.
En 1202, Francisco es hecho prisionero en la
batalla de Ponte San Giovanni, en el mes de noviembre. Pudo estar cautivo un
año. Francisco es joven de éxito mundano, con gran capacidad de
liderazgo.
Tres años después, en 1205, cuando se disponía a
realizar un viaje a la Apulia para batallar –esta época del Medievo italiano
era muy dada a las guerras entre ciudades, comarcas o regiones y clanes
familiares-, en la noche, en Spoleto, escucha una voz que le invita a regresar
a Asís. Comienza su proceso de conversión. Son los años de San Damián:
“Francisco, ve y repara mi casa”. Entre los años 1207 a 1209, se desarrolla y
culmina el proceso de conversión. El Señor le da hermanos. Y Francisco, con
todo, duda sobre si su carisma será de Dios.
Por eso, en 1209, Francisco viaja en la primavera
a Roma para conseguir del Papa Inocencio III la aprobación de su Orden o
Fraternidad con la primera regla de la misma. El Papa así lo hace verbalmente,
después de reconocer en él a una persona que, en sus sueños, había sostenido su
templo que se derrumbaba. Francisco regresa, acompañado de sus primeros
hermanos, a Asís y se establecen en Rivotorto, primero, y, después en Subasio y
finalmente en la Porciúncula.
Los años 1212 a 1215, Francisco quiere viajar a
Siria con afanes evangelizadores. Pudo viajar también a Santiago de Compostela.
Mientras tanto crece vertiginosamente su Orden, llamada ya de los Hermanos o
Frailes Menores. En 1212 nace la Segunda Orden Franciscana, las Clarisas, de
manos de Clara de Asis, la compañera
ideal de Francisco, y destinada a mujeres que quisieran vivir dentro de la vida
monacal el espíritu franciscano.
En 1216, el Papa Honorio III promueve la
indulgencia plenaria a favor de todo aquel que visite la Iglesia de Santa María
de los Ángeles o La Porciúncula, donde vivía Francisco. Allí morirá diez años
después.
La misión, la prueba, los estigmas
Corren los años 1217 a 1219. La Orden de los
Hermanos Menores sigue creciendo, se establecen las primeras provincias y
surgen las primeras disensiones a propósito de la pobreza radical impulsada por
Francisco. Mientras tanto, Francisco decide viajar a Tierra Santa, que está
bajo el poder musulmán. En 1219 Francisco se encuentra con el sultán de Egipto
al-Malik al-Kamil. Desde entonces es ininterrumpida la presencia franciscana en
Tierra Santa.
Año 1221: Continúan las disensiones entre los
Hermanos Menores. Incluso se elige a un nuevo ministro general en la persona de
Elías Bombarone y se redacta una
nueva regla no bulada. En este mismo año nace la Tercera Orden Franciscana,
destinada a los seglares que desearan adherirse al carisma y espíritu
franciscano.
El Papa Honorio III aprueba el 29 de noviembre de
1223 la regla franciscana definitiva, que ha sido redactada por Francisco, en
medio de grandes turbaciones, desolaciones y penitencias, en Fontecolombo, en
el valle del Rieti, junto a Roma.
Un mes después, en Greccio, también en el valle
rietano, Francisco escenifica en la noche de la Navidad el primer Belén del que
se tiene noticia.
Francisco asiste en junio de 1224 a su último
capítulo de la Orden. Después marcha al Monte Alverna, a unos 160 kilómetros al
norte de Asís, en la región de Azzo. Se hace construir una cabaña y vive en
soledad, en penitencia y en éxtasis.
Probablemente el 14 de septiembre –fiesta de
la Exaltación de la Santa Cruz- recibe los estigmas de Jesucristo Crucificado,
que le acompañarán hasta el final de sus días. La familia franciscana celebra
este hecho de la estigmatización de San Francisco en el día 17 de septiembre.
Cántico de las Criaturas, la muerte y la pascua
Corren ahora los años 1224 a 1226. La salud de
Francisco empieza a quebrarse gravemente. Aparte de los sufrimientos que le
ocasionaban los estigmas, pierde la vista y los ayunos y penitencias merman y
debilitan al extremo su cuerpo.
Francisco viaja desde el Monte Alverno o La
Alverna a La Porciúncula. Pasa el verano de 1225 en San Damián, donde compone
el Cántico de las Criaturas. Visita Rieti y Fontecolombo, donde fue intervenido
quirúrgicamente por un médico. No mejorando de sus dolencias, fue atendido en
Siena, sin éxito, por otro facultativo. Pide regresar a La Porciúncula.
Llega ya 1226, el último año de su vida terrena.
De acuerdo con sus deseos Francisco es trasladado a La Porciúncula. Se le
habilita una cabaña al lado de la capilla. Allí fallece en la tarde del 3 de
octubre. Al día siguiente tiene lugar su entierro: el cortejo fúnebre se
encaminó hacia San Damián y después a San Giorgio, donde fue sepultado.
“Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución.
¡Ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
¡No probarán la muerte de la condenación!
Dos años después de su muerte, en 1228, el Papa Gregorio IX –el antiguo cardenal
Hugolino- amigo de Francisco y protector
de la Orden- lo proclama santo en Asís el día 16 de julio de este mismo año.
Sus restos mortales –sus reliquias- son trasladadas a la basílica que comienza
a erigirse en Asís en su honor.
Su fiesta litúrgica es establecida en el día 4 de
octubre.
Si antes ya era cierto, desde ahora y por
siempre, quien por fraile o por el hermano, todo el mundo es franciscano.
¿Cuál es la clave, el secreto de San Francisco de Asís?
¿Cuál es la razón, la clave, el misterio, el
secreto de Francisco? ¿Cómo es posible que ocho siglos después siga de moda,
vivo, interpelador? La respuesta es
sencilla: su condición de enamorado y apasionado de Jesucristo, su Dios y su
todo. Francisco no es solo una “marca”
de moda, una referencia sólo humanamente atractiva. Lo es, sobre todo, desde su
radicalidad en la imitación de Jesucristo pobre y crucificado. Lo es desde su
itinerario de permanente conversión, desde su búsqueda de la santidad, desde su
seguimiento fiel y fecundo del Evangelio “sin glosa”.
La historia de Francisco es la historia de la
gracia y de la conversión. Es la historia de la respuesta fiel, generosa y
abnegada de quien se siente irresistiblemente atraído por Jesús. Es la historia
de un hombre para los demás, que fue un hombre para Dios y de
Dios. Francisco es testimonio elocuente y grandioso de que Dios es, de
que Dios existe, de que Dios es Amor,
de que el Amor ha de ser amado, de que no podemos vivir sin este Amor,
sin este Dios.
revistaecclesia.com/
Frase de sabiduría
Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor.
- Antoine de Sanit-Exupery (1900-1944)
3 de octubre de 2013
El éxtasis del Tea Party
El éxtasis del Tea Party
Antonio Cano, El País, Madrid.
Desde su aparición en la escena
norteamericana, en el verano de 2009, pocos meses después de la toma de posesión
de Barack Obama, el Tea party ha pasado por momentos de gran relevancia, como
en las elecciones legislativas de 2010, y otros de cierto repliegue, como en
las presidenciales de 2012. Pero su protagonismo nunca había llegado a ser el
factor dominante de la situación política del país. Hasta ahora, con el cierre
de la administración federal, cuando ha arrastrado a toda la nación a un estado
extremo de ingobernabilidad.
Pocas horas antes de que se
consumara la suspensión de la actividad pública, Obama decía que «una facción
de un partido en una cámara de uno de los poderes del Estado no puede paralizar
todo un país». Se equivocaba. Sí pudo.
Pudo, en parte, porque su
radicalismo no se detiene ante consideraciones como la estabilidad política,
los riesgos económicos o la imagen de una gran potencia. Pero pudo también
porque al Tea Party le sobra la determinación y el arrojo que les falta a todos
los demás políticos del país.
John McCain, que desaprueba por
completo las tácticas del Tea Party, tenía razón cuando decía anoche que, en el
fondo, los congresistas de esa tendencia no estaban haciendo más que cumplir
con el compromiso asumido ante sus electores. Prometieron en sus campañas que
harían todo lo humanamente posible para parar la reforma sanitaria de Obama, y
eso es lo que están haciendo, todo lo posible, sin límites, sin excusas sobre
intereses de Estado.
Al Tea Party se le podrá acusar
de muchas cosas excepto de incoherencia. Defiende el aislacionismo en política
internacional, y se plantó en el Congreso contra la intervención militar en
Siria. Se opone a los anticonceptivos, el aborto y el matrimonio homosexual, y
obstruyen cualquier avance en esa dirección en cualquier instancia de poder a
la que acceden. Abominan del Gobierno, y lo paralizan.
Las huestes del Tea Party en
Washington no son, precisamente, políticos convencionales. En su origen, muchos
de ellos son simples vendedores de coches, fontaneros o médicos. Vinieron a
esta ciudad para hacer la revolución, no para hacer amigos. Muchos de ellos
duermen en sus despachos, entregando cada minuto de sus vidas a una labor que
no es un oficio, sino un sacerdocio, una misión, una causa.
Este Washington de hoy, con el
Gobierno cerrado, está mucho más cerca de su ideal. Les importa un rábano la
crítica de que están dividiendo al Partido Republicano. Esta crisis es su
éxtasis. No van a ceder fácilmente.
Remitido
por Antonio Montes
Francisco en Asís
Francisco en Asís
Un
intenso, conmovedor e interpelador programa aguarda al Papa Francisco mañana viernes 4 de octubre,
fiesta de San Francisco de Asís, en
la ciudad de este último. Con el alba, al Papa lo reciben niños discapacitados
y enfermos. Poco después, en el palacio arzobispal se encuentra con pobres, con
quienes posteriormente almuerza en un centro de acogida de Caritas cerca de la
estación ferroviaria. Dice misa en la plaza de la basílica, a cuya cripta con
la tumba en tierra del santo peregrina. Visita y ora en San Damián, en Santa
Clara, en Rivotorto… Se encuentra con sacerdotes, consagrados y laicos en la
catedral de San Rufino y con jóvenes en la Porciúncula. Francisco regresa, sí,
a Asís.
Y es que
decir Francisco de Asís, es, en efecto, decir paz, pobres, armonía, encuentro,
sencillez, pequeñez, fraternidad, alegría, humildad, frescura… Es decir
seguimiento a Cristo y a este crucificado, y este pobre. Decir Francisco de
Asís es decir «bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los
cielos». Decir Francisco de Asís es decir Evangelio sin glosa. Es decir –ahora
con palabras del escritor británico Gilbert Keith Chesterton «el cristiano que
más se ha parecido y mejor ha imitado a Jesucristo».
Y este es
el ideal que el Papa Francisco se ha marcado para su ministerio apostólico
petrino. Por ello, bueno será evocar la figura que, desde Jesucristo, le
inspira: el mínimo y dulce, el inmenso y gigantesco Francisco de Asís.
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