25 de marzo de 2017

PALOMA, AMIGA

Paloma, amiga
Jesús de las Heras Muera

Hizo realidad aquel deseo, convertido en canción por Roberto Carlos, “Yo quiero tener un millón de amigos”. Y un servidor, sin importarle el número que hacía dentro de este inmenso millón de amigos, ha sido desde hace más de décadas amigo de Paloma. Paloma era así. Era tan así que era igual en el trato que en la tele: cercana, cariñosa, veraz. Era alguien que transmitía confianza. Nada más lejos de una diva, de la diva de la comunicación que era. Y lo era siempre: en la cumbre del éxito, que le acompañó durante casi su vida profesional y también en su atardecer.

Le dabas cuatro ideas y en la servilleta de una cafetería pergeñaba una crónica para la radio, que sonaba luego a  las mil maravillas. Las llamaba por teléfono y te lo cogía… y te respondía. Siempre estaba dispuesta. Era un todoterreno de la comunicación e igual hacía una crónica para la radio, una tertulia para la tele, un artículo a mano para el periódico o la revista, que recitaba como nadie a santa Teresa de Jesús o a san Juan de la Cruz.

Para tantos y tantos miles y millones de personas fue la voz traducida, concreta y cercana de Juan Pablo II, su testigo permanente, su defensora aguerrida y amable en los mil debates de la comunicación social y de la vida.

Gracias, Paloma, amiga. Ha sido un honor ser también tu amigo y así más fuerte poder cantar y volar… Volar como tú ahora)

A última hora de la tarde del viernes 24 de marzo (en torno a las 20 horas), falleció en un hospital de Madrid Paloma Gómez Borrero, mítica corresponsal de radio y de televisión en Roma y en el Vaticano. Llevaba dos semanas ingresada en este hospital, aquejada de una grave enfermedad (un cáncer de hígado). A causa de su hospitalización, tuvo que aplazar diversos compromisos que tenía adquiridos, como una conferencia en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo bajo el título “Una periodista y cuatro Papas”.

Paloma Gómez Borrero nació en Madrid el 18 de agosto de 1934. Estaba casada y era madre de tres hijos y abuela de varios nietos. Estudió Periodismo en la entonces Escuela Oficial de Madrid. Concluyó sus estudios en 1955, Trabajó en distintos medios de comunicación (“El Alcázar”, “Crítica”, “Senda”, “El Correo Español-El Pueblo Vasco”, “Blanco y Negro”, “El Pueblo Gallego”, “Sábado gráfico”). En 1976 fue destinada a Roma como corresponsal de TVE para Italia y el Vaticano, siendo cesada en 1983. Desde entonces y hasta 2012 fue la corresponsal en el mismo destino de la Cadena Cope. Después y hasta su muerte, ha sido colaboradora de COPE y de 13TV. También fue habitual colaboradora de radios y televisiones de América Latina (México, Colombia, Venezuela). Fue la primera mujer corresponsal en el extranjero de TVE.

Asimismo ha participado como contertulia e invitada en numerosos programas de TVE, Antena 3, Telemadrid, y Tele 5, entre otros muchos medios. Ha sido autora igualmente de varios libros sobre temática muy variada: los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, la ciudad de Roma y hasta de gastronomía (Huracán Wojtyla, Juan Pablo, amigo: la vida cotidiana en el Vaticano, Santas del siglo XX, en colaboración,  Los fantasmas de Roma, La Alegría,  Adiós, Juan Pablo, amigo, De Benedicto a Francisco. El cónclave del cambio, Juan Pablo II. Recuerdos de la vida de un santo,  Dos Papas, una familia, Caminando por Roma, Los fantasmas de Italia, Una guía del viajero para el Jubileo, El Libro de la pasta, Pasta, pizza y mucho más, Comiendo con Paloma Gómez Borrero, Cocina sin sal, Nutrición infantil,…

Con más de 60 años de profesión Paloma Gómez Borrero ha dado más de 29 vueltas al mundo siguiendo los viajes del Papa, singularmente de Juan Pablo II (cumplió prácticamente todos ellos). Siguió informativamente cuatro cónclaves (los de 1978 y los de 2005 y 2013).

Entre las numerosas condecoraciones recibidas, destacan las de Isabel la Católica del Reino de España, Dama de la Orden  Pontificia de San Gregorio Magno, Premio Calandria al mejor corresponsal extranjero en Italia (1980), Premio Bravo de la CEE (en dos ocasiones), Cruz Pro Ecclesia et Pontifice, Premio Espiritualidad,  Premio Europeo del Ayuntamiento de Roma, Premio Rodríguez Santamaría de la Asociación de la Prensa de Madrid, Premio Iris  de la Academia de Televisión a toda una vida,  Premio Julio Camba de Periodismo, Micrófono de Oro,  etc.

22 de marzo de 2017

EL ABANICO ESPAÑOL


El Abanico Español

No existen noticias sobre el origen exacto de los abanicos, pero es de suponer que ha existido desde el comienzo de los tiempos. Una hoja de palma pudo ser el primer objeto que el hombre utilizó para abanicarse, y los países cálidos fueron los primeros en utilizarlo.  Luego se usaron las plumas de avestruz, las sedas, etc., y el abanico se convirtió en obra de arte, hasta llegar a ser un objeto de culto y un accesorio establecido de la moda femenina, como los guantes o el bolso.

Existen muchas leyendas para explicar el origen de los abanicos. Una de las más bellas es una leyenda china cuenta que el invento del abanico se debe al exceso de calor durante la "Fiesta de las antorchas", en la que las mujeres tenían que acudir con el rostro cubierto por un antifaz para preservarse de las miradas de los hombres. completamente prohibidas. Cuentan que una de ellas,  Kau-si, hija de un rico mandarín, no pudiendo resistir más el calor, se quitó el antifaz y lo agitó rápidamente delante de su rostro para darse aire, actitud que imitaron inmediatamente el resto de las mujeres.
Otra leyenda dice que el abanico surgió de los amores de Cupido que, al tratar de congraciarse con Psique, arrancó una pluma de la espalda de Zéfiro con el propósito de refrescar a la diosa mientras dormía. En la antigüedad también fue usado como objeto ceremonial que denotaba cierto estado social y, a través de la Historia, fue adoptando esta doble función: ornamento útil y símbolo de prestigio social.

Etimológicamente, la palabra “abanico” deriva del vocablo latino vanus, que designa un instrumento que se usaba para aventar el grano y avivar el fuego.

Los tipos de abanico son fundamentalmente dos: el abanico fijo y el plegable. El abanico fijo ha sido utilizado en todos los tiempos y en todas las culturas. Los faraones egipcios, entre quienes gozó de una alta consideración, lo utilizaron ya desde el siglo XVIII a.C. El abanico fijo más usado en Europa fue el abanico de plumas que traían los conquistadores desde el Nuevo Mundo como parte del botín. Este tipo de abanico fue el que se utilizó en todas las cortes europeas durante el siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII, tal y como puede apreciarse en los retratos de corte.

El abanico plegable, tal y como se conoce en la actualidad, se inventó en Corea en el siglo IX y fue introducido en China en el siglo XV por los embajadores coreanos. En el siglo XVI llegó a Europa por vía comercial: de China a Portugal, desde este último país a España e Italia y, unos pocos años después, a Francia y Alemania. 

Pese al creer popular, la existencia y uso del abanico plegable en España no se remonta a épocas muy antiguas. Cuando hicieron su aparición, éstos se introdujeron en Europa a través de Portugal y España. La innovación que aportó el nuevo diseño fue rápidamente copiada.  Con todo, los maestros abaniqueros italianos y franceses superaron paulatinamente la factura española debido a la perfección con que trabajaban y a las medidas protectoras de sus respectivos gobiernos. En la actualidad, sin embargo, estos países ya hace tiempo que dejaron de fabricar abanicos, mientras que en España aún perdura la artesanía abaniquera.

A finales del siglo XVIII ya se fabrican abanicos en toda España, aunque el mayor centro de producción estaba radicado en Valencia. En el año 1802 se inaugura  la Real Fábrica de Abanicos. El uso del abanico en España estaba tan extendido en el siglo XIX que el escritor francés Teófilo Gautier llegó a escribir «nunca, he visto una mujer sin su abanico. La sigue a todas partes, hasta en la iglesia, las veo en grupos de todas las edades, arrodilladas o sentadas, con zapatos de tela, rezan y se abanican con el mismo fervor».

Las influencias de la moda y la entrada de nuevas costumbres hacen que decaiga la demanda, pero aun así, por los condicionantes climáticos de España, ha perdurado el uso del abanico no sólo como elemento de adorno y moda, sino también por necesidad. De ahí que, no sólo sea utilizado desde siempre tanto por las mujeres como por los hombres, aunque éstos hasta principios del siglo XX utilizaban abanicos más pequeños que guardaban discretamente en los bolsillos de sus levitas.

La forma del abanico ha permanecido inalterable a través de los siglos. Lo único que ha variado según los dictados de la moda ha sido “el país”, llamada así la parte alta del abanico, compuesta de tela o papel. Esta es la parte que normalmente se ha venido decorando con representaciones de escenas costumbristas de la vida española o con todo tipo de motivos florales. “El país”, según las épocas podía ser de tules, gasas, etc., o adornado con pedrería o marfiles. La parte baja del abanico, normalmente de madera, marfil o nácar, se llama “baraja”. Hay abanicos que carecen de “país” recibiendo el nombre de abanicos de baraja. 

El único taller-escuela de abaniquería estrictamente artesanal que existe hoy en España es el de Cádiz a éste le cabe el prestigio y puede ufanarse de haber modificado por primera vez en la historia la forma del abanico. En la concepción y diseño de los abanicos, la Escuela de Cádiz centra su interés en las formas que, aun no siendo funcionales, en virtud de su categoría pictórica, compositiva, creativa o por su originalidad, hacen del abanico una obra de arte.

El abanico no sólo es para abanicarse; además es un objeto de arte codiciado por más de un enamorado coleccionista. El abanico fue siempre un leal compañero de la mujer en el arte de seducir.

21 de marzo de 2017

EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA

El Sacramento de la Reconciliación
en la Historia de la Iglesia

En el Antiguo Testamento ya se practicaba la reconciliación y penitencia de un pecador según el ritual de la Ley Mosaica. En ella vemos (Levítico cc. 4 y 5) que Dios exigía un sacrificio ceremonial por los pecados cometidos. El sacrificio se realizaba en el Tabernáculo (luego en el Templo) y delante de los sacerdotes, lo cual en sí era una admisión pública del pecado. El ejercicio de estas ceremonias no solo era público sino que además enseñaba a los pecadores la inevitable consecuencia del pecado, la muerte, porque el animal que se sacrificaba moría en lugar del pecador.  

Al surgir el cristianismo, la facultad de la Iglesia católica para conceder en nombre de Dios el perdón de los pecados se sostiene en las palabras del mismo Cristo, que confirió esta facultad a sus apóstoles y que se lleva a cabo a través del sacramento de la Confesión o Reconciliación. Dos mil años de existencia han dado lugar a profundas transformaciones en el modo en que la Iglesia, -sus obispos y sacerdotes-, otorgan el perdón a pecadores arrepentidos.

En los comienzos, la confesión era pública delante del obispo y la comunidad de fieles. Se hacía regularmente una sola vez en la vida y por faltas graves tales como la apostasía, el adulterio y el asesinato. A comienzos del siglo III, esa única penitencia eclesiástica posterior al bautismo ya estaba perfectamente organizada y se practicaba con regularidad tanto en las iglesias de lengua griega como en las de lengua latina. El obispo Hipólito de Roma escribió que la potestad de perdonar los pecados la tenían solo los obispos. En ambas tradiciones, y hasta fines del siglo VI, no se conocía sino esa única posibilidad de penitencia.

La práctica de la penitencia comenzaba con la exclusión de la Eucaristía   y terminaba con la reconciliación, que volvía a dar al penitente el acceso a ella. Ese tiempo penitencial generalmente era largo, días, meses o años de ayuno severo, de acuerdo a la gravedad del pecado y al criterio del obispo. Durante ese tiempo debía mostrar su condición  de penitente con el uso de ropas características que acentuaban aún mas la humillación a la que se le sometía. Además, debía dar testimonio de su conversión y perseverancia con obras de penitencia (oraciones, limosnas y ayunos).

Quedaba excluido de la Iglesia en la medida que no podía recibir la Eucaristía y era apartado de la comunidad pues se le prohibia asistir a sus reuniones.  Finalmente, después que la comunidad hubiera orado por él, y transcurrido el tiempo señalado por el obispo, el penitente obtenía la reconciliación, mediante la imposición de manos por obispo, acto que se  celebraba preferentemente el Jueves Santo.

La práctica de esa penitencia canónica, después del siglo IV no modificó sustancialmente su estructura y severidad, pero el Tercer Concilio de Toledo, (circa 589) condenó  el uso reiterado de la reconciliación que, por influencia céltica se había introducido en España.   
 
En el siglo IV se sabe de penitencias de tres, cinco años y hasta de toda la vida, autorizadas por el Concilio de Elvira. Fue a partir del siglo V que la institución de esta forma de la penitencia canónica entró en crisis. Las cargas que comportaba eran extremadamente duras; entre estas destacaba la de la continencia perpetua, razón que invocó, por ejemplo, el Concilio de Arlés para no admitir a la penitencia a un pecador casado sin consentimiento de su esposa. Tratándose de hombres y mujeres de edad inferior a los 30 o 35 años, los obispos y concilios se mostraron partidarios de retrasar la imposición de la penitencia, a fin de evitar castigos mayores, como el de la excomunión en caso de abandono de la práctica penitencial.   
 
Muchos pecadores esperaban los últimos momentos de la vida para pedir la penitencia, y una vez que se sentían recuperados de su enfermedad, rehuían al sacerdote para evitar someterse a la expiación. La penitencia eclesiástica no se aplicaba por lo general a los clérigos y religiosos que incurrían en pecados graves, ya que se pensaba que su dignidad podía recibir agravio; solo se le deponía de su cargo, podían acogerse a la penitencia privada y llevar una forma de vida monástica, que era considerada como un segundo bautismo que permitía el acceso a la Eucaristía.

Comenzó a surgir entonces la práctica de la penitencia privada, cuyos orígenes se encontraban en las prácticas penitenciales de la vida monástica y, sobre todo en la llamada “penitencia tarifada o arancelaria”. Los "libros penitenciales", comenzaron a aparecer a mediados del siglo VI,  bajo la influencia de comunidades monásticas implantadas en las Islas Británicas.  

Su uso no estaba sometido a unos tiempos litúrgicos determinados ni a una forma solemne de celebración que exigiera la presencia del obispo, sino que se realizaba de forma individualizada, con la sola intervención del penitente y del presbítero confesor. Este, oída la confesión del penitente, le imponía una “penitencia” proporcionada a la gravedad de su culpa o su estado de monje, clérigo o casado, y le remitía a un nuevo encuentro para darle la absolución, una vez que hubiera cumplido la penitencia impuesta. La confesión se hacía espontáneamente o por medio de un cuestionario que utilizaba el confesor.

Los «libros penitenciales» recogían el conjunto de faltas graves y leves en que puede incurrir un cristiano, para ayudar a los confesores a fijar equitativamente la duración y el sacrificio de las penitencias, según   correspondían al número y gravedad de las faltas. La «tasación» desciende a todo tipo de detalles, y fija con absoluta precisión los tipos de mortificaciones, vigilias y oraciones. Las penas podían durar hasta años. El más antiguo de los penitenciales conocidos es el Penitencial de Fininan, escrito a mediados del siglo VI en Irlanda. La penitencia tarifada tendía a una exagerada cuantificación de la realidad moral del pecado y a su compensación penitencial o penal, subordinando excesivamente el perdón a la obra material que realizaba el penitente como satisfacción por el pecado. Este materialismo dio paso con el tiempo a conmutar penas por dinero en limosnas o misas.  

A partir del siglo IX, los libros litúrgicos, que hasta entonces contenían solamente el rito de la penitencia eclesiástica o canónica, incluyeron ya el ordo de la penitencia “privada”. A partir del año 1000 se generalizó la práctica de dar la absolución inmediatamente después de hacer la confesión, reduciéndose todo a un solo acto, que solía durar entre veinte minutos y media hora. A finales del primer milenio, la penitencia eclesiástica se aplicó únicamente en casos muy especiales de pecados graves y públicos. La penitencia privada, en cambio, se fue convirtiendo en una práctica extendida en toda la Iglesia.

De esa manera nació y se fue transformando el sacramento de la Reconciliación que conocemos en nuestros días. En la actualidad, la Iglesia nos exhorta a que confesemos por lo menos una vez al año, o lo antes posible después de haber cometido un pecado grave.

Fuentes:
http://es.catholic.net/op/articulos/16816/el-sacramento-de-la-penitencia-en-la-historia.html
Fray Gilberto Cavazos-Glz., OFM
https://es.wikipedia.org/wiki/Penitencia

20 de marzo de 2017

DOÑA PRIMAVERA, POEMA DE GABRIELA MISTRAL

Doña Primavera

Gabriela Mistral

Doña Primavera
viste que es primor,
viste en limonero
y en naranjo en flor.
Lleva por sandalias
unas anchas hojas,
y por caravanas
unas fucsias rojas.
Salid a encontrarla
por esos caminos.
¡Va loca de soles
y loca de trinos!
Doña Primavera
de aliento fecundo,
se ríe de todas
las penas del mundo...
No cree al que le hable
de las vidas ruines.
¿Cómo va a toparlas
entre los jazmines?
¿Cómo va a encontrarlas
junto de las fuentes
de espejos dorados
y cantos ardientes?
De la tierra enferma
en las pardas grietas,
enciende rosales
de rojas piruetas.
Pone sus encajes,
prende sus verduras,
en la piedra triste
de las sepulturas...
Doña Primavera
de manos gloriosas,
haz que por la vida
derramemos rosas:
Rosas de alegría,
rosas de perdón,
rosas de cariño,
y de exultación.

18 de marzo de 2017

DEL DICHO AL HECHO NO VA MUCHO TRECHO

 

Del dicho al hecho…

“Cría  cuervos y te sacarán los ojos”
 
Marlene María Pérez Mateo

       Don Álvaro de Luna (1390-1453), condestable de los reinos castellanos, en una de sus caserías cuya fecha no se precisa encontró a un aldeano con el rostro marcadamente desfigurado. Fue tan grande su curiosidad e imprudencia que interrogó al desconocido sobre el origen de su apariencia. La historia narrada le desconcertó. El campesino había criado a un pichón de cuervo por él descubiertos. La pequeña ave quedó al desamparo al caer de su nido. El esmero y la dedicación del “padre adoptivo” fueron encomiables y el animalito creció sano. Al llegar a la adultez en un descuido de su cuidador el cuervo se viró contra su cuidador y violentamente le agredió a picotazos los dos ojos dejándole inevitablemente ciego. Alvaro de Luna quedó estupefacto ante el relato y ante el infortunado dijo a los hombres de su séquito:

   -Ya ven, cría cuervos y te sacarán los ojos.

28 de febrero de 2017

MARÍA MOLINER, LA MUJER QUE ESCRIBIÓ SOLA Y A LÁPIZ UN DICCIONARIO

 
María Moliner,
la mujer que escribió sola y a lápiz
un diccionario mas largo
que el de la DRAE
Karina Sainz Borgo.
vozopuli.com

«María Moliner hizo una proeza con muy pocos antecedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario mas completo, mas útil, mas acucioso y mas divertido de la lengua castellana», dijo García Márquez.

El influjo que ejercen las palabras sobre las personas tiene en María moniler una expresión poderosa e iluminadora, ese tipo de experiencia que demuestra la forma en las frases empujan mas que cualquier ventisca.
 
María Moniner fue una bibliotecaria comprometida e impulsó la creación de una red de bibliotecas rurales. Hacia 1950 inició la que sería su gran obra, el Diccionario de uso del Español. Lo hizo con el objetivo de crear «un instrumento para guiar en el uso del español tanto a los que lo tienen como idioma propio como a aquellos que lo aprenden».

Comenzó a escribirlo, exactamente, en el año 1952: «Estando yo solita en casa una tarde cogí un lápiz, una cuartilla y empecé a esbozar un diccionario que yo proyectaba breve, unos seis meses de trabajo, y la cosa se ha convertido en quince años», aseguró en una entrevista concedida a la prensa.
 
Tras una larga y lenta labor, la primera edición contó con la fe y el apoyo de Dámaso Alonso, director entonces de la biblioteca Románica de la editorial Gredos, quien decidió impulsar el proyecto. Se publicó entre los años 1966 y 1967, en dos volúmenes.

Nada mas salir a la luz el Diccionario de uso del español, escritores como Miguel Delibs o Francisco Umbral comenzaron a mostrar su fervor por él; por su utilidad y la sencillez de su estilo, que rompía con la costumbre de definir los términos mediante frases enrevesadas y estereotipadas.
 
Ese es, tal vez, su mayor logro: un estilo propio, moderno  práctico, que recogía en muchas ocasiones el habla de la calle, y que María Moliner supo imprimir a todas y cada una de las definiciones con explicaciones claras, sin pretensiones, utilizando un vocabulario accesible para cualquier lector pero no por ello vacío de contenido ni falto de elegancia o sentido del humor.

Una mujer brillante en tiempos oscuros.

Hija de un médico rural y de una madre con un especial sentido de la supervivencia y agudeza, María Moliner fue la segunda de tres hermanos. Entre 1918 y 1921 cursó la Licenciatura de Filosofía y Letras en la universidad de Zaragoza (sección de Historia), obtuvo un sobresaliente y Premio Extraordinario.  Al año siguiente, ingresó por oposición en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y obtuvo como primer destino el Archivo de Simancas.
 
 De ahí pasa al Archivo de Hacienda de Valencia, ahí conocerá a Fernando Ramón y Ferrando, catedrático de Física, con quien se casa en 1925. Durante esos años  nacen sus dos hijos, a la vez que continúa su vida profesional, comienza a participar  en las empresas culturales que nacen con el espíritu de la II República. 

Su inclinación por el archivo, por la organización de bibliotecas y  la difusión cultural, la llevó a reflexionar  y trabajar sobre las Bibliotecas rurales y redes de bibliotecas en España e incluso asumió un papel activo en la redacción de instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas, un trabajo vinculado a las Misiones Pedagógicas de la República.
 
Dirigió la Biblioteca de la Universidad de Valencia, participó en la Junta de Adquisición de Libros e Intercambio Internacional, que tenía el encargo de dar a conocer al mundo los libros que se editaban en España, y desarrolló un amplio trabajo como vocal de la Sección de Bibliotecas del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico, creado en febrero de 1937, en la que Moliner fue encargada de la Subsección de Bibliotecas Escolares.

Pero estalló la Guerra Civil Española y todo se vino abajo, derribado por los fuertes estragos de la contienda y los ajustes de cuentas que vendrían en los años siguientes. Tras la derrota del bando republicano, su marido perdió la cátedra de Física y fue trasladado a Murcia. María Moliner regresó al Archivo de Hacienda de Valencia: dieciocho niveles por debajo del que tenía en el escalafón. 
 
En la década de 1950, comienza la que sería su obras más luminosa en aquellos años de dictadura: el Diccionario de uso del español, en cuyos dos tomos se incluyen 1.750 entradas y más de 190.000 definiciones. Aunque ella ya confeccionaba anotaciones para un diccionario que corrigiera las deficiencias del DRAE, un hecho el terminó de acelerar su decisión de ponerse a trabajar: su hijo Fernando le trajo de París un libro que llamó profundamente su atención, el Learner’s Dictionary of Current English de A. S. Hornby (1948).

Semejante hazaña: escribir ella sola un diccionario cuya claridad y acierto fue reconocido de forma unánime no pareció mérito suficiente a los académicos de la RAE para incluirla entre sus filas. Dámaso Alonso, Rafael Lapesa y Pedro Laín Entralgo la postularon para que fuera ella la primera mujer en entrar a la Academia.
 
Pero el elegido, sería Emilio Alarcos Llorach. «Sí, mi biografía es muy escueta en cuanto a que mi único mérito es mi diccionario. Es decir, yo no tengo ninguna obra que se pueda añadir a esa para hacer una larga lista que contribuya a acreditar mi entrada en la Academia (...) Mi obra es limpiamente el diccionario».
 
Más adelante agregaba: «Desde luego es una cosa indicada que un filósofo -por Emilio Alarcos- entre en la Academia y yo ya me echo fuera, pero si ese diccionario lo hubiera escrito un hombre, diría: ¡Pero y ese hombre, cómo no está en la Academia!», dijo Moliner en una entrevista en El Heraldo de Aragón, en  1972. La escritora Carmen Conde, primera académica, reconoció que tenía que haberlo sido antes Moliner. Y lo sugirió en su discurso de ingreso en 1979: «Vuestra decisión pone fin a una tan injusta como vetusta discriminación literaria».

26 de febrero de 2017

LOS VIEJOS CUBANOS

Los Viejos Cubanos

Ahora que está de moda criticar a los viejos cubanos, vale la pena abrir el álbum familiar. Ahí están bajando del avión, en los años 60, con sus ropas de domingo y una sonrisa nerviosa, todavía mojada por las lágrimas de la partida. La sonrisa de los náufragos. La sonrisa frágil y encubridora de los expulsados del reino. Y el equipaje mínimo, confuso, inútil, porque nadie sabe qué ropas necesita vestir en otra vida.

Si hay grados en el dolor, esa ola inicial de exiliados del castrismo será, sin duda, la más dolorosa de nuestra historia. Con todas las taras de un inmaduro contexto cívico fue la generación cubana más próspera, creativa, democrática y feliz. Por supuesto, esa Cuba no era un paraíso. Sin embargo, al cabo de medio siglo, es la única aproximación al paraíso que podemos citar.

Puestos a sacar cuentas, admitamos que hacía falta una revolución. Hoy, hacen falta diez. En 1959, se trataba de tener una política a la altura de las virtudes nacionales. Mañana, nos daremos golpes en el pecho si encontramos la nación. Si la nación quiere elevarse a su antigua virtud.

A muchos, sobre todo a los jóvenes, les cuesta entender que en la década de 1950, incluso con la dictadura batistiana, Cuba era un mejor lugar para vivir que Estados Unidos. En lo social. En lo económico. En lo humano. Acostumbrados a una cultura mediterránea en todo su esplendor y tolerancia, con una creciente permeabilidad entre clases, razas y credos, no es difícil imaginar el desgarramiento, el temor y la amargura de aquellos exiliados que al buscar apartamento tropezaban con un letrero de "No Cubans. No Pets."

La mas pujante clase media de América Latina recogiendo tomates en Homestead. Un exquisito caudal derrochado en los pantanos de la Florida. Cierto que no teníamos democracia. No menos cierto que, fuera de la esfera política, existían unos sorprendentes espacios de solidaridad, bienestar social y desarrollo educacional imposibles de hallar entonces en la escena norteamericana mas allá de muy pocos grandes centros urbanos. Miami, que hoy es un campo de contradicciones, era un campo a secas.

El rencor desfigura. Y el rencor de esos exiliados suele ser ciego, arrollador y encarnado. Me lo explico perfectamente. Yo perdí, en 1980, una Cuba que pudo haber sido. Ellos perdieron una Cuba que "ya" era. Y que nunca volverá a ser. La diferencia es abismal. Para contar esa catástrofe no bastan las coordenadas al uso. En cada hogar late una tragedia, una irresuelta y ramificada herida. Esa primera década de refundación a partir de cero debió constituir una descomunal prueba para un pueblo que ya casi tenía en sus manos un porvenir envidiable. Basta mirar las ruinas para comprobar lo que estaba en pie.

Pasamos la página del álbum y vemos a nuestros héroes con carro del año, casa propia y los hijos a punto de entrar a la universidad. La bonanza de un lento sacrificio. Y las arrugas prematuras. Y la consternación de las ilusiones que se fueron en sobrevivir con dos trabajos. En morderse la lengua en inglés y español. En poner las dos mejillas muchas veces. Ya perdida la esperanza de volver. Es natural, pues, que odien a Fidel con saña inmisericorde y fanática. Y que ese odio con frecuencia paralice su razón. Porque la razón que les toca comprender es salvajemente injusta.

En la estridencia de sus denuncias, en sus banales suspicacias, en su renuencia a tender civilizadas trampas contra un adversario brutal, se revela una insondable y alevosa mutilación. De ahí también su fuerza. De ahí su debilidad. En el bosque de la política local y nacional van dejando un rastro de fáciles votos. Y los demagogos no tardan en hallar su rastro. Si alguien les promete castigar la tiranía, ellos le extienden un cheque en blanco. Abandonados por la opinión pública, hartos de clamar en el desierto, no han sabido evitar que sus estafadores sean sus voceros, o viceversa. Así, de la quimera al desengaño, se aferran a la recreación doméstica de un diluido ideal nacional. Su rabia es su tesoro. Su inocencia es su castigo.

Sobre esos hombros encorvados se levanta una callada y preservadora lección. Del pastel de guayaba a la devoción constitucional, del taburete a la guayabera, esas canas coronan una larga batalla por nuestra identidad. Académicos, campesinos, comerciantes, artistas, médicos, pícaros y mártires, soñadores y pragmáticos, ricos y pobres, restituyeron a la nación el patrimonio dilapidado por Fidel.

A ratos, el país de sus sueños es mas concreto que el país real. Ellos guardaron la receta y recordaron la canción. Raiz de roble y piedra de toque.

En la última página del album, con el cuello almidonado y el pelo fragante a agua de colonia, tienen el candor de las piedras lavadas por la tormenta. Los viejos cubanos: clave y aliento. Ellos horadaron en la roca, con uñas y dientes, las puertas que yo encontré abiertas.
 
 Ellos protagonizaron, a noventa millas, toda una epopeya de reafirmación nacional.

Déjalos quejarse. Déjalos refugiarse en sus pesares. La taza de café se les demora en las manos mientras leen las noticias de la isla. Y vuelven a oler las magnolias de desaparecidos patios. Y en el frío cristal de la tarde vuelven a tocar el rostro de sus muertos. De pedernal, de terco y vertiginoso pedernal es su memoria. Los viejos cubanos, curtidos a la intemperie. Déjalos que sean como son. Porque son la sal de nuestra tierra.

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Remitido por Gudelia Creus
Reproducido del blog “Buenavista Cuba”. donde fue publicado en el año 2007 con la siguiente aclaración:

Nota del Editor: Como muchas informaciones, esta nos llega por correo electrónico y no tenemos el autor del artículo; si usted conoce al autor enviar el dato para incluirlo. Gracias

23 de febrero de 2017

EL CARNAVAL DE CÁDIZ

Tiempo de CARNAVAL en Cádiz
 
El Carnaval de Cádiz hunde sus raíces en fastos paganos cuya característica es la de ser un periodo de permisividad y desinhibición: las fiestas en honor a Baco (dios del vino) o las saturnales (dedicadas al Dios Saturno) y lupercales (al Dios Pan) de Roma; las dionisiacas (a Dionisios) de Grecia; las ofrecidas al buey Apis en Egipto u otras que se remontan a Sumeria, hace más de 5.000 años.

Desde Roma se extendieron a Europa y fueron llevadas a América por los barcos de España y Portugal a partir del siglo XV, aunque para entonces el carnaval ya estaba asociado principalmente al catolicismo, siendo un tiempo de relajación de la moral y las buenas costumbres antes de adentrarse en el periodo de penitencia y sacrificio de la cuaresma.

El carnaval de Cádiz pasó por todas las vicisitudes que han acompañado históricamente a esta fiesta, que ha sido prohibida y tolerada de manera intermitente en España lo largo de los siglos, según el rigor o la tolerancia de los gobernantes.

Pero aún en los tiempos oscuros de las prohibiciones, los gaditanos siempre han mantenido esta fiesta. El Carnaval de Cádiz fue enriquecido por las aportaciones que desde Italia trajeron los comerciantes genoveses desde el siglo XV; tras el desplazamiento hacia el Mediterráneo de los turcos, ellos encontraron en Cádiz un lugar desde donde extender sus negocios por el norte y centro de África. Los antifaces, las caretas, las serpentinas y los confetis son elementos asimilados del carnaval italiano.

Las primeras referencias documentales de los carnavales de Cádiz que ahora tienen fama mundial son de finales del siglo XVI; ya entonces gozaban de gran arraigo, si bien por vicisitudes, a veces de tipo práctico, han venido celebrándose en distintas épocas del año. En la actualidad, y desde 1977, coincidiendo con el primer carnaval de la restaurada democracia española, se celebra en febrero, en fecha variable según el calendario religioso que marca el inicio de la cuaresma. Desde entonces ha ido creciendo en participación, atractivo e interés mediático, siendo objeto de informaciones y reportajes en prensa nacional e internacional y de retransmisiones televisivas.


Comparsa "Las Manolas", 1886

El Carnaval de Cádiz se extiende desde el jueves anterior al Miércoles de Ceniza, que marca el inicio de la cuaresma, hasta el domingo siguiente, Domingo de Piñata, si bien sigue presente en la vida de los gaditanos en distintos momentos del año con el Carnaval de los Jartibles (o “Carnaval Chiquito”) del segundo domingo de Cuaresma, la Gala “Lo mejó de lo mejó”, el Festival “Me Río de Janeiro”, el Concurso de Antologías y el Carrusel de coros de verano.

Ni qué decir que la ciudad es una pura fiesta durante el Carnaval y que las calles de Cádiz, adornadas con iluminación festiva, están abarrotadas, en especial la calle Columela, una de las más céntricas. El ambiente se va caldeando desde días antes del inicio oficial del Carnaval con eventos bautizados como La Pestiñada, La Erizada y La Ostionada, todos de carácter popular como consta pr su nombre.

Durante el ciclo festivo se suceden desfiles, cabalgatas, bailes y carruseles de coros; fuegos artificiales, homenajes y quemas (del Dios Mono y la Bruja Piti), actos protagonizados por las agrupaciones oficialmente constituidas, que son más de un centenar, y por otras muchas de carácter paraoficial que toman las calles en esos días.

Pero así como en el Carnaval de Río de Janeiro (Brasil) destacan los deslumbrantes desfiles a ritmo de samba, la impronta del Carnaval de Cádiz reside en la gracia y la chispa con que las agrupaciones ciudadanas hacen burla y mofa musical de los asuntos de la más rabiosa actualidad en las letras de composiciones originales o modificadas con las que compiten en el Concurso Oficial de Agrupaciones de Carnaval (COAC).

La competición, a la que se apuntan más de un centenar de agrupaciones y se celebra el Gran Teatro Falla, consta de distintas fases eliminatorias que desembocan, después de un mes, en la gran final del viernes anterior al Miércoles de Ceniza. En ella toman parte gran número de agrupaciones de toda la geografía andaluza que participan en diferentes formaciones (coros, chirigotas, comparsas y cuartetos) y modalidades de copla (presentación, pasodoble, tango, parodia, cuplé, estribillo, popurrí o tema libre). Se sirven para ello, en función del tipo de agrupación de que se trate, de instrumentos tales como la caja y el bombo, el güiro o pito de caña, el kazoo, la guitarra, la bandurria, el laúd o las claves.  

Es larga la lista de carnavaleros que han pasado a la historia como intérpretes o autores de coplas y en la de pregoneros del Carnaval destacan, desde 1959, los nombres de los escritores José María Pemán, Joaquín Calvo Sotelo, Fernando Quiñones o Rafael Alberti.y de los músicos o artistas Rocío Jurado, Mario Moreno (Cantinflas), Isabel Pantoja, Alejandro Sanz, Sara Baras o Pasión Vega. El concurso de coplas satíricas es el sello de identidad del Carnaval de Cádiz, uno de los Tesoros de España

Desde el año 2002, la organización del Carnaval, hijo pródigo del cristianismo y del orden pasional del tiempo en el que alternan los momentos de alegría y tristeza, recae en el Patronato del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas y Fiestas del Carnaval de Cádiz.

http://espanafascinante.com/fiestas/carnaval-de-cadiz-fiestas-de-cadiz/

13 de febrero de 2017

SE ACABÓ COMO LA FIESTA DEL GUATAO

Del dicho al hecho
 
 
Se acabó como la fiesta del Guatao

Marlene María Pérez Mateo                    

Esta frase de cubanismo nos lleva de la mano a una municipalidad habanera. Guatao, fundado en 1750, se ubica al norte de La Habana cerca del arroyo Bauta, saltando al dicharachero  popular como lugar festivo y de dramático final.

Según se cuenta, varias historias pueden haber llevado a su bien o mal habida popularidad. Una de ellas recuerda a Ma'Kimdimba pobladora del lugar y organizadora de fiestas los fines de semana en su propio hogar. Era un baile a ritmo de tambores africanos, al cual asistían trabajadores de los ingenios azucareros vecinos: Taoro, Maurin, San Joaquin y San Antonio de Macasta.

Entre ellos había cierta rivalidad y lo iniciado como una controversia dentro del repentismo campesino terminaba a palos y puñetazos. La segunda versión señala algo bastante similar, solo apuntando a Fela Cuesta, preciosa criolla y vecina del lugar, asistente a los ya mencionados holgorios como la razón de inicio de una trifulca y un final igualmente violento.

La tercera versión enfoca su motivación a un zapatero de la zona, quien tuvo la idea de dar un especial de rebajas a sus productos, lo que motivó un alza en sus ventas. El buen ánimo se trocó en belicosidad al  notar los compradores la baja calidad del calzado adquirido y por supuesto la estafa. El pueblo se sublevó contra el comerciante y la inicial alegría se tornó en batalla pública.

Ello lo declaró en 1940 una centenaria ex-esclava nombrada Ramona, quien decía haber sido testigo de los hechos. En 1896, durante un festividad popular, los guardias españoles acometieron contra la población provocando 18 muertos y treinta dos heridos graves.

En 1955 el periodista Gregorio Ortega hizo una investigación al respecto para su publicación en la revista Carteles sobre dicho tema sin encontrar total explicación, solo indicios. 

Acabar como la fiesta del Guatao es comenzar bien con la mejor de las intenciones  y terminar mal y muy lejos del motivo iniciador.

9 de febrero de 2017

BRINDIS, POEMA DE JOSÉ ÁNGEL BUESA

 
Brindis

José Ángel Buesa

He aquí dos rosas frescas, mojadas de rocío:
una blanca, otra roja, como tu amor y el mío.
Y he aquí que, lentamente, las dos rosas deshojo:
la roja en vino blanco, la blanca en vino rojo.

Al beber, gota a gota, los pétalos flotantes
me rozarán los labios como labios de amantes;
y,en su llama o su nieve de idéntico destino,
serán como fantasmas de besos en el vino.

Ahora, elige tú, amiga, cuál ha de ser tu vaso:
si éste, que es como un alba, o aquel, como un ocaso.
No me preguntes nada; yo sé bien que es mejor

embriagarse de vino que embriagarse de amor…
Y así, mientras tú bebes, sonriéndome. Así,
yo, sin que tú lo sepas, me embriagaré de ti…