1 de enero de 2017

El antiimperialista que quiso imponer su revolución al mundo


1 de enero: 57º aniversario de la dictadura castrista
 
Fidel Castro,
el antiimperialista que quiso
imponer su revolución al mundo

Ignacio Montes De Oca  
ABC, Madrid

Fidel quiso convertir la revolución cubana en un producto de exportación casi desde el momento mismo en que llegó al poder en 1959. Durante décadas intervino en los asuntos internos de muchos países con el mismo espíritu intervencionista que denunciaba en sus discursos contra «el imperialismo». La historia de sus pocos éxitos y sus muchos fracasos contradice aquella mirada que proponen sus seguidores del «genial estratega» de La Habana.

El deseo de Fidel Castro de convertir la isla de Cuba en la plataforma para irradiar su revolución comenzó apenas unos meses después de su llegada al poder. Sucedió el 19 de abril de 1959, cuando un grupo de 97 hombres partió hacia Panamá a bordo del buque Mayarí desde el puerto cubano en Batabanó. La mayoría eran cubanos, pero también había tres panameños, un argentino y un portorriqueño. La invasión tenía por objetivo establecer un movimiento insurgente que jaqueara el estratégico Canal de Panamá. El plan consistía en hacer llegar un total de 400 hombres en dos barcos más y que un grupo ingresara como turistas por medios tradicionales para sumarse a las operaciones.

El 24 de abril, las autoridades panameñas detectaron al Mayaría encallado en la zona de Playa Roja. Una patrulla de la Guardia Nacional panameña tomó por asalto al campamento rebelde en la región de Nombre de Dios. En la escaramuza fueron capturados dos cubanos, que rebelaron los planes de la invasión. En la semana siguiente, un nuevo foco insurgente fue sofocado en Cerro Tute y Fidel Castro debió recular ante la reacción coordinada de Panamá y los estados de la región, que denunciaron la invasión y mandaron buques y aviones para vigilar la costa panameña e impedir la llegada de refuerzos desde Cuba.

En mayo, una partida de 54 hombres partió en un avión desde Cuba para aterrizar en Costa Rica, desde donde iniciaron su marcha hacia Nicaragua. Integraban la «Columna Rigoberto López» liderada por el nicaragüense Rafael Somarriba. Cinco oficiales cubanos coordinaban las operaciones de logística con la isla. Ni bien llegaron, fueron perseguidos por la Guardia Nacional de Nicaragua. Cuando buscaron refugio en la vecina Honduras, fueron derrotados en el combate de El Chaparral el 24 de junio siguiente, durante el cerco conjunto tendido por las tropas del presidente Somoza y los militares hondureños. Solo 19 miembros de la columna lograron sobrevivir.

Apenas unos días antes del desastre en Nicaragua, Castro había lanzado la «Operación Domeñar», que tuvo esta vez por objetivo a la República Dominicana. Un total de 200 irregulares cubanos y dominicanos desembarcaron el 14 de junio de 1959 en Playa Constanza y Puerto Plata. Pero Castro había cometido un error crucial; al buscar apoyo para su invasión entre los enemigos del presidente dominicano Rafael Leónidas Trujillo, había revelado sus planes y en consecuencia les había dado tiempo para preparar la defensa. La expedición cubana al mando de los oficiales Delio Gómez Ochoa y Enrique Jimenez Moya fue destrozada apenas llegó a la playa. Sólo siete de los invasores fueron capturados; otros 217 murieron en combate o fueron ejecutados donde fueron hechos prisioneros. El presidente dominicano usó la invasión fracasada como excusa para lanzar una campaña de represión anticomunista tan feroz como desproporcionada, lo cual aumentó el número de víctimas que provocó el error de Fidel Castro.

En agosto, Fidel perseveró e intentó otro movimiento en Haití. El gobierno cubano lanzó el 14 de ese mes la «Operación Haití», comandada por los militares cubanos Henry Fuentes y Ringal Guerrero. En total, la partida estaba formada por 18 cubanos, 10 haitianos y dos venezolanos, que desembarcaron en la playa de Les Irois. Supuestamente, el grupo tendría que fijar una posición en las montañas de Caracusse, a la espera de una rebelión militar contra el gobierno de François Duvallier comandada por el político local Louis Dajoie. En lugar de recibir noticias de cuarteles sublevándose, la expedición cubana vio llegar a las tropas que rodearon su posición y los masacraron sin piedad. Apenas cinco oficiales cubanos escaparon de las ejecuciones y fueron exhibidos en la prensa junto al anuncio de la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba. El haitiano Dajoie logró escapar a La Habana y luego a Miama, donde fue arrestado.

El fracaso de las invasiones directas marcó el comienzo de una nueva etapa. Desde 1960 en adelante, Castro comenzó a promover a los grupos locales que estuvieran dispuestos a sumarse a una rebelión similar a la que había protagonizado en Cuba, pero sin enviar sus soldados directamente desde la isla. Es así que en Guatemala inició el contacto con los líderes rebeldes Yang Sosa y Luis Turcio, a quienes ayudó con armas para establecer el bastión rebelde de Sierra de Minas. Lo mismo sucedió con los seguidores de Roberto Carias en El Salvador. La intervención cubana en El Salvador fue crucial para que los diferentes grupos guerrilleros se unificaran en el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), alianza que funcionó gracias a las armas y entrenamiento cubano y al aporte de otros aliados del bloque oriental que llegaban seducidos por el sueño «internacionalista». Desde entonces el FMLN fue dirigido por la Habana. Ernesto Jovel, líder del FMLN, intentó resistir la influencia de Castro y retirar sus tropas del frente. Pero no llegó a concretar su amenaza; el avión que lo llevaba cayó al mar el 17 de septiembre de 1980.

En Venezuela, Castro intentó organizar un foco rebelde a su medida, pero la operación falló cuando dos lanchas que intentaban ingresar ilegalmente desde Cuba, fueron descubiertas el 8 de mayo de 1967 en la playa de Maracuchuto, en la región de Miranda. El hallazgo provocó la movilización de patrullas militar y a un breve combate con los insurgentes. Luego de mostrar en la televisión cubana a dos militares cubanos capturados en las refriegas, el gobierno venezolano denunció la injerencia de La Habana y rompió relaciones con el régimen de Castro.

Las denuncias constantes por las sucesivas intromisiones del gobierno cubano no frenaron de modo alguno los planes de exportación de Castro. Luego de la fallida invasión norteamericana de Bahía de los Cochinos en abril de 1961 y la posterior Crisis de los Misiles de 1962 provocada por el intento soviético de instalar misiles nucleares en la isla, había quedado claro que La Habana era un aliado prioritario de Moscú. Y, relacionado con ello, que cualquier intento por cortar de raíz la injerencia cubana en la región implicaría un conflicto aún más grave son su protector soviético. De manera que Fidel siguió moviendo los hilos y redobló su apuesta.

A partir de 1963, comenzó a recibir y entrenar a los grupos políticos latinoamericanos que veían en la violencia un método aceptable para lograr sus sueños revolucionarios. Ese mismo año, Fidel aceptó el pedido del comandante argentino cubano Ernesto Che Guevara para hacer un intento insurgente en Argentina. El grupo de 22 guerrillero estuvo liderado por el periodista argentino Jorge Masetti, hasta ese entonces integrante de la agencia de noticia Prensa Latina. Por debajo de él, estaban los cubanos Horacio Peña Torres, jefe de seguridad de «el Che» y el guardaespaldas personal, Alberto Castellanos. Se autodenominaron Ejército Guerrillero del Pueblo e instalaron un campamento rebelde en el norte argentino en junio de 1963. Menos de un año después, todos los hombres del EGP estaban muertos o fueron capturados. El apoyo general de los pobladores pobres de la zona nunca se materializó sino que, por el contrario, su presencia fue delatada por aquellos que en principio habían venido a liberar.

Aquella lección no fue aprendida siquiera por el propio Che Guevara, que también cayó por factores similares cuando intentó crear un grupo insurgente en la zona del Ró Ñancahuazú en 1966. Los pertrechos y refuerzos nunca llegaron desde La Habana y el Ejército de Liberación Nacional de Guevara quedó reducido a un grupo de hombres más apurados por resolver los problemas planteados por el hambre y las deserciones, que por lograr el apoyo de los campesinos de la zona.

Pese a que Fidel Castro cosechaba más fracasos que victorias, su fama revolucionaria permaneció intacta, incluso luego de la muerte de su hombre más cercano, el Che Guevara, a manos de los rangers bolivianos el 9 de octubre de 1966, también como consecuencia de los errores estratégicos que habían cometido desde su gobierno.

Es así que La Habana siguió siendo en el centro de reunión de un nutrido grupo de visitantes entre los que estaban los integrantes de los movimientos guerrilleros más celebres de Sudamérica. Desde la Argentina, acudieron miembros de Montoneros y del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP); desde Uruguay, llegaban militantes del Movimiento de Liberacion Nacional Tupamaros; desde Chile, los miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y desde Bolivia el Ejército de Liberación Nacional.

Pero al tiempo que se multiplicaban los grupos insurgentes promovidos y entrenados Fidel Castro en Latinoamérica, también se hacía más terrible y eficiente la represión por parte de los sistemas policiales y militares regionales, coordinados ahora por los militares de los EEUU. En un intento por revertir el retroceso militar a manos de las fuerzas gubernamentales, el gobierno cubano organizó en 1974 la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR).

La JCR fue un intento de La Habana por hacer más efectiva la lucha revolucionaria entre los grupos guerrilleros sudamericanos. Pero, nuevamente, Fidel no calculó el poder de sus adversarios y la JCR apenas sirvió para que sus integrantes estuvieran mejor informados de las derrotas que recibían sus camaradas en otras latitudes. La última actividad conocida de la JCR fue el llamado para que sus integrantes acudieran a luchar a Nicaragua del lado de los antisandinistas. Lo poco que quedaba de los grupos guerrilleros latinoamericanos luego de los asesinatos, arrestos y defecciones en sus países, encontró en Nicaragua por fin un triunfo con la victoria del Frente Sandinista de Liberación Nacional el 19 de julio de 1979.

Fidel y la Guerra Fría

Además de la obsesión por hacer de la Revolución Cuban un asunto latinoamericano, Fidel Castro intervino en otros continentes como alfil del bloque socialista durante la Guerra Fría. Ya desde 1963, Fidel Castro envió a través de territorio de Tanzania a un grupo de combatientes cubanos para que intervengan en favor de las guerrillas socialistas congoleñas que operaban desde Dolissie y Point Nore. La expedición fue un fracaso y los «voluntarios» de La Habana tuvieron que retirarse tras un par de años de lucha.

En 1965, envió al Che Guevara a Angola para apoyar a Agostinho Neto, líder del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) que luchaba para arrancarle la independencia a Portugal. De paso, las tropas cubanas en Angola también apoyaron a los insurgentes de Guinea Bissau, aunque esa ayuda no logró cambiar el balance militar en el país vecino.

La lucha en Angola continuó por años y Fidel Castro llegó a enviar unos 25.000 soldados a ese conflicto, en el marco de la “Operación Carlota” iniciada en noviembre de 1975. Esta vez, la ayuda cubana sin embargo fue decisiva y el MPLA declaró la independencia el 11 de noviembre de 1975. Allí, entraron en combate directo con las tropas sudafricanas que apoyaban a grupos afines dentro de la guerra civil angoleña que no aceptaban el gobierno. Sudáfrica envió columnas blindadas a Angola y se trabaron en feroces combates con los blindados cubanos y soldados del MPLA, mientras otras unidades de La Habana ayudaban a contener otra invasión desde el norte protagonizada por grupos occidentales que entraron desde El Zaire. El 27 de marzo de 1976, todas las tropas que invadieron Angola se retiraron.

Le siguió una guerra de baja intensidad entre Sudáfrica y los cubanos, en la que los aviones MIG piloteados por pilotos cubanos se cruzaron en constantes combates con reactores sudafricanos sobre Namibia, el territorio que aun dividía a los contendientes. La independencia de Namibia en 1988 dio por cerrada la intervención cubana en la región. Para ese entonces, unos 50.000 soldados de Castro habían pasado por Angola y unos 2.000 murieron en combate.

Fidel Castro también envió sus soldados a otras guerras. En 1962, un contingente de 500 cubanos llegó a Argelia, justo a tiempo para luchar del lado de los argelinos en la disputa con Marruecos, en lo que se conoció como «La guerra de las Arenas». En 1973, una brigada de tanques se desplegó en los Altos del Golán, en la frontera sirio israelí, aunque no se tiene seguridad que hayan entrado en combate contra los israelíes durante la guerra de Yom Kippur. En septiembre del año siguiente, La Habana acudió con tropas en ayuda del general etíope Mengistu Haile Mariam, quien había declarado el estado socialista tras el derrocamiento del emperador Haile Selassie. El apoyo a Mengistu, es contemporáneo con el envío de 50 asesores cubanos a Etiopia, que bajo el mandato del general golpista Mohamed Siad Barre se había declarado también socialista. El problema es que Etiopía y Somalia estaban en guerra por la posesión de la provincia de Ogadén, no obstante lo cual Fidel Castro –y los soviéticos en mayor proporción– continuaron con su presencia militar en ambos estados. Y la enorme cantidad de armas y el entrenamiento que brindaron a ambos países, solo provocó que la guerra y sus consecuencias se extendieran hasta el presente.

En la única ocasión en que las tropas enviadas por Fidel Castro entraron en combate con soldados norteamericanos fue en la isla de Granada, en los 51 días que duró la invasión de los EEUU a esa isla caribeña entre octubre y diciembre de 1985. Allí, un grupo de «asesores» cubanos comenzó a trabajar en la construcción de una gran pista de aterrizaje que, en opinión de la inteligencia norteamericana, serviría como base para los bombarderos soviéticos frente a sus costas. Cuando desembarcaron las tropas norteamericanas para derrocar al gobierno granadino de Maurice Bishop, encontraron una furiosa resistencia de parte de los cubanos que se habían atrincherado en varios puntos de la isla y que hicieron que la operación durara más de lo previsto.

El ocaso del patriarca

Con la caída del Muro de Berlín en 1989, Cuba entró en el «periodo especial», eufemismo para denominar a la tremenda crisis ocasionada por el fin de los subsidios masivos que recibió durante décadas desde el bloque oriental. Las aventuras militares en el exterior ya no podían ser sostenidas por la economía exhausta y el antiguo protector que residía en Moscú parecía más interesado en resolver sus crisis internas que en seguir transportando y aprovisionando a las tropas cubanas dispersas en tres continentes.

Es así que Fidel Castro perdió el sponsor para sus sueños de exportar la revolución y debió traer de regreso sus soldados y concentrarse en enfrentar una crisis que superaba sus peores previsiones.

Pero eso no significaba quedarse aislado en la isla. Para un viejo zorro de la política como Fidel Castro, aquello apenas implicaba esperar la ocasión para volver a practicar su juego de ajedrez más allá de las costas cubanas. La oportunidad vino en 1995 con el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela. El discurso antinorteamericano del nuevo hombre fuerte en Caracas coincidía con las necesidades políticas y económicas de Fidel Castro. Donde Chávez quería construir un modelo de socialismo moderno, apareció Castro para darle su bendición a cambio de precios diferenciales para importar petróleo a razón de 80.000 barriles diarios y obtener «donaciones» de materiales y maquinarias desde Venezuela.

Castro encontró en la figura mítica que habían construido en torno suyo los militantes de la izquierda latinoamericana, un recurso salvador. Y en lugar de enviar soldados, comenzó a enviar maestros y médicos cubanos a países cuyos líderes populistas expresaban su admiración por el comandante cubano. El sucesor de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, y los presidentes de Bolivia, Ecuador, Brasil y Argentina peregrinaron a La Habana y aceptaron recibir los servicios de la nueva camada de «internacionalistas». En Venezuela, la cifra de profesionales cubanos de diversas especialidades civiles alcanza probablemente unos 20.000. Solo en Argentina, llegaron cerca de 400 médicos cubanos favorecidos por un cambio en los convenios bilaterales firmado en 2007, que les dio privilegios para prestar servicios en donde antes trabajaban profesionales locales, En Bolivia, hay unos 1700 profesionales cubanos en «misiones humanitarias» cuyos sueldos, al igual que en el resto de los países de la región, son abonados en dólares directamente al gobierno cubano y solo una parte es recibida por quienes hacen el trabajo.

El sueño de exportar su revolución en 1959 se añejó y volvió transformado en el deseo de mostrar la superioridad de su revolución a través de las bondades de su sistema educativo representado por médicos y maestros itinerantes, que de paso le acercaban unos dólares al estado cubano.

El balance de las intervenciones de Castro en el exterior es cuestionable. Ninguno de los países en donde envió a sus soldados logró construir un socialismo exitoso. En algunos, muy pocos, el socialismo devino en gobiernos personalistas que replicaron el modelo que traían en sus mochilas los soldados cubanos. La empobrecida Venezuela bajo el liderazgo de Nicolás Maduro y la corrupción rampante del gobierno de José Do Santos en Angola, son apenas dos ejemplos.

En otros, como Somalia y Siria, aquella visita de los «voluntarios» es apenas otro rosario más dentro de una larga historia de episodios bélicos y guerras intestinas. En América Latina, el legado de Castro es objeto de controversia. Su muerte reciente despertó grandes muestras de afecto, pero también críticas muy poderosas por su intervención en los asuntos de otros países a lo largo de la historia. Y entre los que más atacaron los honores a favor de Castro, están los numerosos colombianos que creen ver su sombra detrás del más reciente fracaso del estadista cubano al intentar imponer un proceso de paz que, en opinión de muchos, favorece la posición de las FARC, antiguas admiradoras del paraíso socialista cubano.

A la luz de los hechos, no puede negarse que Fidel Castro intervino en la política interna de casi todos los estados de la región durante muchos años. Y que esa injerencia trajo aparejada violencia y reacciones igual de sangrientas. Pero aquella actitud del último patriarca de la izquierda pareciera ser perdonada entre los que al mismo tiempo lo siguen admirando y se oponen a que otros países hagan metan sus narices en asuntos ajenos, con razonamientos que combinan interpretaciones propias, dogmas políticos e indulgencias ideológicas.

21 de diciembre de 2016

MAGIA Y RITUALES DEL SOLSTICIO DE INVIERNO


 
Magia y Rituales
del Solsticio de Invierno

El solsticio de invierno, que suele ocurrir alrededor del 21 de diciembre (ha tenido lugar hoy), es un evento clave que marca un cambio en los ciclos naturales y astronómicos: coincide con la noche más larga en el hemisferio Norte y el día más largo en el hemisferio Sur. Además, marca el momento a partir del cual las noches comienzan a acortarse día a día, hasta llegar a la primavera y luego al verano. De hecho, se puede decir que determina el momento a partir del cual la larga oscuridad del invierno es derrotada por la luz, de modo que llega el turno para que la naturaleza despierte y las cosechas puedan crecer.

Hace miles de años esta fecha era un momento de celebración para los paganos: se celebraba en el Stonehenge y en las profundidades de los bosques germanos en forma de rituales y festivales. En Guatemala se sigue celebrando hoy en día a través del ritual de la «Danza de los voladores», en los que varias personas giran y danzan en torno a una estaca. Se cree que los romanos celebraban las festividades en honor a Saturno, Saturnalia, en este momento, y que en Escandinavia se celebraba el festival de Juul. Para los cristianos, esta fecha evolucionó probablemente hasta la celebración del nacimiento de Jesús, el 25 de Diciembre.

Para muchas culturas antiguas, que tenían que luchar contra largos y duros inviernos, el solsticio de invierno era un momento clave en el que la luz y la vida derrotaban a la oscuridad y a la muerte asociadas al invierno. Era el momento a partir del cual se podía conseguir más comida en los ríos y en los campos, y había que celebrarlo, cuando no venerar al Sol a través de sacrificios u otro tipo de rituales.

El círculo de Goseck

Formado por una serie de anillos concéntricos excavados en el suelo, (el mayor mide 75 metros), y situado en Sajonia-Anhalt, Alemania, tiene alrededor de 7.000 años, se cree que esta estructura fue un escenario de rituales religiosos y sacrificios. Cuando fue descubierto, los excavadores descubrieron que había dos puertas en el círculo exterior que estaban alineadas con el solsticio de invierno, lo que sugiere que esta construcción era en realidad un tributo a esta fecha.

Stonehenge, Gran Bretaña

Uno de los megalitos más conocidos del mundo, con 4.000 o 5.000 años de antigüedad, fue un importante escenario de rituales y observaciones astronómicas durante cientos de años.

En este lugar, cuando el sol se pone en el solsticio de invierno, los rayos se alinéan con el altar central y la piedra de los sacrificios. Hoy en día, visitantes de todo el mundo lo visitan para recordar los orígenes del monumento, quizás asociados al solsticio de invierno.

Newgrange, Irlanda

Al noreste de Irlanda, hay un túmulo construido hace 5.000 años cubierta por la hierba y repleta de túneles y canales. Solo durante el día del solsticio de invierno, el Sol entra en todas las salas principales, lo que, según algunos expertos, indica que la estructura se construyó para conmemorar esta fecha.

Además, en Maeshowe, Escocia, hay un túmulo similar al de Newgrange que se ilumina durante esta fecha.

Tulum, México

En la costa oriental de México, en la península de Yucatán, Tulum es una antigua ciudad amurallada que perteneció a los mayas. hasta que su población cayó con la llegada de los españoles. Uno de los edificios, tiene un orificio en la parte superior que produce un efecto de llamarada cuando el sol del solsticio de invierno y de verano se alinéan con él.

En algunos lugares de Perú, esta fecha ya estaba imprimida en la construcción de las pirámides para marcar el punto donde se encontraba el Sol en el solsticio de invierno.

 Reproducido de ABC, Madrid

19 de diciembre de 2016

FALLECE ZSA ZSA GABOR, LA TENTACIÓN DE HOLLYWOOD

De los tiempos que se han ido
 
Fallece Zsa Zsa Gabor,
la tentación de Hollywood

Luis Fernández
La Razón, Madrid

Pudo ser actriz pero prefirió ser una gran estrella del oropel de Hollywood. Zsa Zsa Gabor, la mujer que atesoraba maridos y joyas caras y las lucía con un esplendor aristocrático entre la realeza fingida de Tinseltown, acaba de morir en su mansión de Bel Air a punto de cumplir los 100 años: nació el 6 de febrero de 1917. Su acento húngaro, su extraordinaria belleza y su sentido del humor la convirtieron en el centro de atención de las fiestas del artisteo de Los Ángeles en su etapa del glamour envuelta en lentejuelas centelleantes y brillante tecnicolor.

La actriz nacida en Budapest cuando todavía existía el Imperio austrohúngaro, Zsa Zsa Gabor, era un presencia lujosa, un rostro felino que llenaba la pantalla del cinemascope y su cuerpo voluptuoso resplandecía, deseante, en las portadas de los calendarios satinados de las pin-ups más reconocibles. Utilizó el cine para convertirse en una estrella fulgurante más que para conseguir acreditarse como actriz, aspecto que a las verdaderas luminarias les importa un comino.

Su voz era perfecta para hacer de reina venusiana del espacio exterior, en una de esas películas del cine de culto que lucha por ser considerada una de las diez peores películas del cine friqui de todos los tiempos: «La reina del espacio exterior» (1958). Su mejor actuación fue en «Moulin Rouge» (1952), en el papel de la cantante Jean Avril, dirigida por John Houston. Resplandeció en un pequeño papel en «Lili» (1953) y en «Sed de mal» (1958), de Orson Welles en un papel sin acreditación de la estriper de un club. El cine fue la excusa para representar en la pasarela social una vida de cine.

Mientras que hubo actrices que lucharon por su supervivencia, Zsa Zsa Gabor destacó por acumular maridos, nueve en total, acaparar portadas de revistas sensacionalistas y hacer de su vida privada algo tan público como la mejor superproducción de amor y lujo de Douglas Sirk. Ella no necesitaba guiones ni decorados de ensueño. Ella los creaba a medida que ascendía en la escalinata esplendoroso del mundillo de dinero y poder y dejaba tras de sí una estela de maridos burlados y amantes satisfechos.

El noveno y último de sus maridos, con quien se casó hace treinta años, el falso príncipe alemán Frederic Prinz von Anhalt, es quien hasta ayer empujaba su silla de ruedas. Zsa Zsa Gabor tuvo un accidente de coche, al que siguió una trombosis y la amputación de una de sus piernas.

Frederic Prinz von Anhalt, muchísimo más joven que ella, reconoció en una entrevista que nadaba en millones pero que no podía gastarlos. «Yo siempre quise una estrella de Hollywood; ella, Zsa Zsa Gabor, quería un príncipe. Ese fue el trato». Con 98 años, la estrella «socialite» de un Hollywood más olvidado que esta fuerza de la naturaleza que ha sobrevivido al siglo XX y al XXI, vivía encerrada en su particular Sunset Boulevard, una mansión de Bel Air de 47 habitaciones. Poseía tres Bentleys, dos Rolls-Royces, cuatro docenas de caballos y 300 millones de dólares, dinero que su marido no podía gastar porque dependía de los cheques de su mujer.

A punto de cumplir los 99 años, el falso príncipe, hijo de un policía alemán, se aburría en su lujosa mansión, mientras su mujer vivía conectada a una máquina, alimentada por una sonda nasogástrica, en intermitente estado de inconsciencia. No tan profunda como para ignorar que seguirá siendo noticia del «showbiz» de Hollywood hasta que se reúna con sus ocho maridos y sus dos hermanas, Eva y Magda y su esplendorosa madre Jolie Gabor que la introdujo de joven en el mundo del espectáculo. Su fastuosa vida, que ella describe como «los días mágicos de vida, amor y diamantes», le ha dado para cien vidas, los años que estuvo a punto de cumplir.

15 de diciembre de 2016

CANTAR PARA DIOS

 
Cantar para Dios
La Coral Cubana de Miami ha estado de aniversario por partida doble durante este año. Celebran los 60 años de su fundación original, como Coral Juvenil Cubana (1956-1962), y su refundación en 1962, en Miami.

Dirigida por Carmen Riera, surgió como coro de la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana.

A la llegada del castrismo al poder, muchas de sus voces salieron al exilio y volvieron a reunirse en Estados Unidos, sumando voces nuevas. En Miami, donde contaron especialmente con el apoyo de Mons. Agustín Román, se convirtieron rápidamente en el coro de la Arquidiócesis.

Carmen Riera (1937-2011), una cubana nacida en Valencia, España, llegó a Cuba con cinco años. Aprendió la música con su madre, asistió al Conservatorio Peyrellada y recibió clases de Gonzalo Roig y de maestros corales alemanes. Enseñó música en el Colegio de las Dominicas Americanas desde sus 14 años. Su memoria es una gran inspiración para los miembros de la Coral, que destacan que su mérito radica no sólo en haber fundado el coro sino también en su labor para preservar la cultura cubana.

La Coral Cubana ha participado prácticamente en todos los actos solemnes sacramentales de la Arquidiócesis de Miami, comenzando por la Misa que ofrecieron los refugiados cubanos por la memoria del presidente Kennedy, oficiada por el Cardenal Richard James Cushing, en esa época Arzobispo de Boston.

Recuerdan especialmente la celebración del Bicentenario de Miami; la Misa por la muerte de los miembros de Hermanos al Rescate asesinados por Migs soviéticos de Cuba; la Misa en la iglesia Gesu por el descanso de Celia Cruz, y una oficiada por el Papa Juan Pablo II en Roma.

La Coral Cubana ha cantado en las iglesias de barrios humildes, en asilos de ancianos, cárceles, colegios y orfelinatos. Han participado en diversos programas radiales y televisivos y han grabado seis discos.

Ensayan una vez a la semana y no cobran por sus actuaciones ni perciben beneficio económico; son una organización cultural sin ánimo de lucro. Los ingresos que reciben en las pocas ocasiones en las que se cobra entrada para sus conciertos se destinan a obras de caridad y, en la actualidad, a una especial: para pagar al artista que esculpirá un busto de Carmen Riera, para el que el Condado de Miami ha concedido un espacio en el Dade County Auditorium.

Cantar en la Coral ha sido el ejercicio de un ministerio para sus miembros, que repiten palabras de Carmita: “Cantamos para Dios”.

Después de la muerte de su fundadora, Mons. Román le pidió al matrimonio Trujillo que no dejaran morir la obra de la Coral. Darleene toca el piano, su hija la flauta y Andrés Trujillo, su actual director, es un hombre asombroso que toca varios instrumentos y hace la proclamación de los salmos a capella.

“La Coral es una familia”, explica Andrés Trujillo. La forman unos 35 miembros. Entre sus integrantes hay personas de otras nacionalidades: Nicaragua, Puerto Rico, Santo Domingo, Venezuela, México, Perú, Honduras, Ecuador y Colombia.

Trujillo es como un niño travieso que disfruta de las actuaciones de la Coral de una manera muy peculiar. Con frecuencia, le auxilia la talentosa directora coral Greisel Domínguez porque, a la más mínima, Trujillo “echa mano del violín, del cencerro (¡nos parece que de todo lo que pueda sonar...!)  y le vemos todo el tiempo haciendo caras”.

El repertorio de la Coral Cubana incluye más de 200 piezas del arte vocal europeo, clásico polifónico, americano, cubano y arreglos afro. Y, aunque no es el coro de ninguna parroquia ni sus temas son exclusivamente religiosos, la coral tiene un amplio repertorio concebido para los dos momentos litúrgicos más importantes de la Iglesia: la Navidad y la Pascua de Resurrección.

http://www.miamiarch.org/CatholicDiocese.php?op=Article_cantar+para+dios_S

**** La Coral Cubana ofrecerá este domingo 18 de diciembre su tradicional Concierto de Navidad, en la iglesia St. Dominic, Miami, a las 3:00 PM. Entrada: $20.00

14 de diciembre de 2016

CARLOS III


Carlos III
Se conmemora este año el 300 aniversario del nacimiento de Carlos III. Antes de cerrar el calendario de 2016, y aprovechando que hoy, precisamente, es aniversario de su muerte, recordamos a este rey de España que ha pasado a la historia como el máximo representante del “despotismo ilustrado” del siglo XVIII, mediante un resumen de su vida de un artículo aparecido en el blog

Carlos III fue el prototipo de numerosos liberales españoles que vivirían en los dos siglos posteriores. Capacitado por casi tres décadas de reinado en las Dos Sicilias e inteligentemente secundado por un núcleo de eficaces y cultos ministros afines al emociclopedismo francés, bajo su gobierno España pudo experimentar un breve pero intenso resurgimiento, definitivo en muchos aspectos. Sometiéndolo a un profundo reformismo, sentó las bases para que el país, hasta entonces en franca decadencia, se preparase para el inmediato advenimiento del capitalismo.

Durante su reinado España pudo mostrar por última vez, su poderío. No sólo por la vasta extensión de sus posesiones sino por el tono cultural y europeo que el monarca imprimió a sus iniciativas de renovación y, en general, a todos los actos de Estado.

Las casi tres décadas de gobierno del rey Carlos III están consideradas por la mayoría de historiadores y estudiosos del siglo XVIII español como un paréntesis abierto en medio del proceso de decadencia de la monarquía; y buena prueba de ello fue el rápido declinar de tanta prosperidad en cuanto la muerte lo alejó del trono. A pesar de sus errores, fue el perfecto representante del déspota benévolo, y, como monarca ilustrado y preclaro, comparable a sus gloriosos contemporáneos Federico el Grande y José II.

Como este último, también, fue sin duda un doctrinario que, influido por los enciclopedistas franceses y sin un conocimiento profundo de la idiosincrasia de su país, quiso implantar en varias ocasiones reformas, ajenas y difíciles de arraigar en las circunstancias españolas.  

El fruto de la ambición

Primogénito del matrimonio formado por Felipe V de Borbón, primer monarca de esta dinastía que ocupó el trono español, y de su segunda esposa, Isabel Farnesio, Carlos III nació el 20 de enero de 1716 en Madrid, en el antiguo alcázar de los Austrias. A pesar de los adjetivos «robusto» y «hermoso» con que la Gaceta madrileña anunció el suceso, frente a aquel nuevo vástago rubio y pálido, menudo y decididamente poco agraciado, nadie podía sospechar que brillaría con mayor fulgor que muchos de sus antepasados, contemporáneos y sucesores.

Nadie excepto la reina consagró obsesivamente todos sus esfuerzos a lograrlo. Los hijos de primer matrimonio del rey con María Luisa Gabriela de Saboya, Luis, príncipe de Asturias, y los infantes Felipe y Fernando, ostentaban un indiscutible derecho de preferencia en la herencia de la corona de España; no obstante, el empeño de Isabel Farnesio sobre todo, y de otro lado el azar, iban a modificar el futuro previsto. Con la ayuda del destino, su ambición y la inestimable colaboración de sus ministros, Isabel Farnesio vería cumplirse como por milagro cada uno de sus sueños logrando que su hijo Carlos fuera, a pesar de todos los augurios, Rey de España.  

En la primavera de 1738, Carlos contrajo enlace por poderes con la princesa María Amalia de Sajonia; pero la futura reina, pese a su evidente desarrollo físico, no había dado aún, a sus doce años, señales de pubertad, por lo que debieron esperar al año siguiente para consumar la unión.   Unidos ya, desde mediados de 1738, llegarían a concebir, durante las dos décadas que duró el matrimonio, trece hijos.

España esperaba el arribo desde Nápoles de los nuevos monarcas con sentimientos encontrados. Si al fondear en el puerto barcelonés fueron recibidos con salvas lanzadas desde Montjuïc, en Madrid se los acogió con cierto recelo. Desconfiaban de un rey que, a sus cuarenta y tres años, había pasado veintiocho en el extranjero.    

Carlos III estaba entonces en el apogeo de su vida. Poseía gran experiencia de los hombres y los asuntos de gobierno e iba a reinar aún veintinueve años. Nunca volvió a casarse y de sus dos amores confesados, la reina y la caza, dedico su viudez al que le quedaba.

Sólo hacia el fin de su vida se quebranto su salud, ya que fue un hombre sano, que pasaba la mayor parte del tiempo al aire libre. Persuasivo antes que autoritario, inspiraba temor a sus ministros, pese a despertar admiración por el dominio de sí y por la gentileza que demostraba.

Su prolongada estancia napolitana le había dotado de un gran sentido del humor y una perspicacia muy de Italia. En España fue, con la posible excepción de su descendiente Alfonso XIII, el más cosmopolita de los Borbones. Pero de su país sabía poco, y lo iban a demostrar los acontecimientos.

Tuvo mano dura, sin embargo. Primero con sus ministros italianos, Grimaldi y Esquilache; más tarde, secundado por Floridablanca y el conde de Aranda, llevó una política interior y exterior activa y radical. Reprimió los amotinamientos y expulsó a los jesuitas cuando se opusieron a su decisión de convertir a la Iglesia en un mero departamento de Estado.

Contrarrestó asimismo la despoblación rural, reformó y unificó la moneda, fundó hospitales, asilos y casas de caridad por todo el país, cajas de ahorros e instituciones benéficas. Impulsó la industria y, contrario a las ideas neutralistas de su antecesor, reconstruyó e incrementó el ejército y la marina, interviniendo en cuanta contienda se librara en el extranjero que tuviese algún interés para España. Pero jamás vertió —como lo había hecho su padre por instigación de Isabel Farnesio— sangre española para fines dinásticos.

Uno de sus primeros actos fue tomar parte en la guerra de los Siete Años como aliado de Luis X. Éste fue un error, pues Inglaterra, gobernada por Pitt, no era ni mucho menos un contrincante fácil, y España se vio inmersa en sucesivos desastres, tanto en América como en Filipinas, debiendo ceder al final, por el Tratado de París de 1763, Florida a los ingleses.

Asimismo, su reorganización administrativa de la América hispana debilitó los lazos que la unían a la península y, como consecuencia del aumento del número de virreinatos, las poblaciones comenzaron a actuar unitariamente por su independencia. Si bien Carlos III murió antes de que estallara la tormenta, él fue quien sembró el germen de los movimientos de liberación.

También se le ha criticado la no recuperación de Gibraltar. Es posible que en 1783 tuviera la ocasión de obtener su devolución, pero para ello habría tenido que ceder en cambio importantes colonias en América. Si algo puede criticársele, fue el haber dado demasiada supremacía a la corona, que, al acaparar todos los poderes, se convirtió, por consiguiente, en la responsable también de todos los fracasos.

Carlos III murió el 14 de diciembre de 1788, afectado hondamente por el fallecimiento, ocurrido dos semanas antes, de su hijo predilecto, el infante Gabriel. Su sucesor, su hijo Carlos IV, llevaría el trono de España a la ruina.

http://historiaespana.es/biografia/carlos-iii-espana

La Avenida de Carlos III en La Habana


 
La Avenida de Carlos lll
en La Habana

Posted by Derubin Jacome in “Cuba en la memoria”

La Avenida de Carlos III, ubicada La Habana fue el paseo que el gobernador Miguel de Tacón puso en funcionamiento en el año 1836. Al crearla se le llamó “Paseo de Tacón”. Años más tarde se le llamó Carlos III en honor del rey de España y se le colocó una estatua del monarca. La Avenida de Carlos III comienza en la intersección con las calzadas Ayestarán y Presidente Menocal o Infanta. Continúa Infanta hacia el norte, a la derecha, haciendo cuchillo con la calle San Francisco que corre detrás del Edificio Manzanares.

La conocida con el monárquico nombre de Carlos III, con sus más de 50 metros de ancho contribuye como ninguna otra a descongestionar la circulación vial desde y hacia la zona más añeja de La Habana, sobre todo por sus cuatro carriles. Es la arteria citadina más ancha de Cuba.

El plan de embellecimiento de La Habana concedido por el ingeniero Mariano Carrillo de Albornoz por allá por la tercera década del siglo XIX, contemplaba la construcción de un buen paseo, cómodo y hermoso que sirviera para el esparcimiento de los vecinos de la ciudad, que iba extendiéndose cada vez más de sus originales límites ya enmarcados por el famoso cordón amurallado que la protegía de ataques extranjeros.

Al mismo tiempo dicho paseo debía propiciar una mejor comunicación con las tropas coloniales destacadas en el castillo del Príncipe, pues hasta ese entonces se hacía muy difícil llegar a esa instalación militar al tener que sortear un camino bajo y cenagoso que se hacía prácticamente intransitable en épocas de lluvias.

Posiblemente esa fue la razón por la que se le llamara “Paseo Militar”, aunque su nombre oficial fue el de “Miguel Tacón”, gobernador de la Isla entre 1834 y 1838 en cuyo mandato comenzó la construcción del paseo. Cuando cesó el gobierno de Tacón, todavía no se había concluido el Paseo y la obra continuó hasta terminarse en 1850, pero el monumento erigido al rey Carlos III, de España, a la entrada del Paseo, hizo que se le identificara con el nombre del monarca.

Sobre los motivos originales del Paseo, escribía el propio Tacón, que devino en algo así como el primer ecologista en Cuba: …“Carecía la capital de un paseo de campo, donde se pudiera respirar el aire puro y libre, y me resolvía a emprenderle desde el campo que llaman de Peñalver hasta la falda de la colina donde se halla el castillo del Príncipe.

“Quedó realizado el Paseo con arboleda, jardines, fuentes, cascadas y estanques que, sirviéndoles de adorno, hacen la atmósfera fresca y agradable y satisfacen a la concurrencia, que es siempre numerosa, particularmente en los días festivos.”

Constaba el “Paseo de Tacón” primitivo con tres calles y cuatro filas de árboles para dividirlas. Las dos calles laterales tenían bancos de piedra en sus intermedios, y la central, de triple ancho que las otras, se destinaba al tránsito de los carruajes. Embellecido además por además por cinco glorietas o rotondas, trazadas a distancias distintas y rodeadas de verjas y asientos circulares.

Las glorietas estaban adornadas con pinos de Nueva Holanda. La rotonda o glorieta más decorada era la primera, cerca de Belascoaín, que era la que iniciaba el Paseo. Ostentaba, a cada lado, dos pilares de piedra que sostenían sendos leones tallados en mármol y que miraban al Oriente. Exhibía también dos columnas dóricas, que es de lo poco que se conserva hoy en día.

En 1902, fecha de la instauración de la República tras la retirada de las tropas norteamericanas, el Ayuntamiento habanero cambió su nombre por el de “Avenida de la Independencia”, por el que nunca la llamó nadie. En 1936, el insigne historiador Emilio Roig consiguió del Alcalde de La Habana que se le restituyera su nombre de “Carlos III” pues nunca pegó entre los habaneros el patriótico nombre para su mayor avenida.

En 1955, para “modernizarla”, se le arrancó sin piedad su arbolado antiguo y frondoso. Muchas de sus estatuas y fuentes fueron suprimidas ese año. Las columnas que lo habían engalanado por siempre también fueron eliminadas, aunque al año siguiente fueron restituidas las que todavía se observan muy cerca del Gran Templo Masónico de la isla y que tienen que ver con la amplia simbología de la mundialmente conocida fraternidad.

Otro cambio de nombre sufriría en la década del 70, pero al igual que sucedió en 1936, nadie llama a esta vía por su nombre oficial de “Salvador Allende”. Para todos, sigue siendo, como siempre, Carlos III.

https://cubaenlamemoria.wordpress.com/2012/10/24/avenida-de-carlos-iii/

13 de diciembre de 2016

MIS 30 AÑOS CON FIDEL


Mis 30 años con Fidel

Alejandro Rodríguez Rodríguez

Este ha sido el año de Fidel en Cuba. Primero por su m,uy sonado 90 cumpleaños y segundo porque tres meses después se murió. Los locutores de la televisión deben estar que cierran los ojos de noche y sienten el eco de su nombre repicándoles el cráneo, y la gente, toda la gente, también.

Por eso yo iba a pasar del asunto, por respeto al derecho del internauta a leer cosas que no tengan que ver con Trump y con Fidel, pero entonces se hizo domingo y me aburrí.

Yo nací en 1986 y ya estaba muerta Ubre Blanca. La vida real en Cuba era mas jodida en la concreta que en los discursos de un Fidel Castro canoso.

En los 30 años que tengo siempre fue viejo Fidel; siempre pudo morirse “en cualquier momento” por causas bastantes naturales, de modo que no me sorprendió la noticia de su muerte, como no creo que haya sorprendido a nadie sobre la faz de la tierra.

En mi barrio nunca fue precisamente el héroe de los chistes populares y nadie se alegraba demasiado tras la inminencia de alguno de sus discursos las noches con 2 canales de televisión: las mujeres preferían aprovechar el alumbrón para ver el rostro del galán de la telenovela, y los hombres la película del sábado, por muy recontra malísima que estuviera.

Teóricamente había que odiarlo o amarlo, pero allí siempre fue posible sobrevivir ajeno a la dicotomía: la gente tenía la extraña costumbre de guardarle el cariño a sus hijos y el rencor al vecino enemigo que alguna vez le frustró la venta ilegal de croquetas de yuca mediante la polémica práctica del chivatazo cederista.

Durante los últimos 30 años, además, no recuerdo haber escuchado de la boca de Fidel ninguna noticia que me pareciera suficientemente alentadora, ni haber descubierto en su rostro la expresión con qué vibrar para siempre en sintonía. No a través de una imagen en colores.

Tampoco me sorprendió, tras su muerte, la reacción de quienes quedaron vivos.  

Cuando era niño, mi grupo de clases asistió a un acto fuera de la escuela y de regreso descansábamos en el portal de una casa en cuya puerta principal se leía: “Fidel, estamos contigo”. Niño al fin, se me ocurrió completar la rima con un “…lo juramos por el ombligo” o algo así, que no cayó muy bien a los adultos. Los dueños de la casa, por ejemplo, vociferaron que en su portal había que comportarse como un revolucionario; el maestro por su parte, vociferó que “¡Qué vergüenza de niño!”

Un niño que se divertía con la rima de una consigna  fidelista era un niño-vergüenza que nunca sería revolucionario en la Revolución de Fidel.

Desde entonces sé que para algunos cubanos los eventos naturales son motivo de exagerada reacción.

Así habrán trascendido los festejos de Miami y los funerales de la Carretera Central aunque en Miami celebraran mas personas de las que pueden declarar una sola razón para hacerlo y en la Carretera Central lloraran mas de las que en realidad van a extrañar a Fidel.

Yo, al saber de su muerte, no sentí alegría ni desconsuelo, ni angustia por el futuro, o esperanza en que una Cuba mejor se aproxima sin su apellido. Sentí lo mismo que seguramente hubiese sentido él al conocer la noticia de la mía. Así de justa fue nuestra relación.

Reproducido de su blog alejo3399