23 de marzo de 2016

La Habana que no vio Obama


 
La Habana que no vio Obama
Javier Molina
Enviado Especial a La Habana
ABC Madrid    

Obama aterrizó en Cuba y lanzó su mensaje. Adentro del Palacio de la Revolución, mientras los acordes estadounidenses sonaban, muchos cubanos contenían la respiración. Afuera, con media ciudad cortada y literalmente colapsada, todo lo que iba mal ha ido a peor. Y los gritos, las protestas y las quejas se multiplicaban minuto a minuto. «La Habana sigue igual o peor», se quejaban taxistas y viandantes en La Habana Vieja.
«Este infierno, esta atrocidad, es culpa toda de Obama», exclama el taxista cuando, por tercera vez en cinco minutos, le indican que la calle está cortada. Lo que desde hace días era entusiasmo y preparativos de bienvenida se ha convertido de pronto en una pesadilla. La Habana, ciudad de por sí difícil para trasladarse debido a las estrechas callejuelas del centro, a los agujeros y desconchones de las carreteras y a la ausencia de un transporte público eficaz, es hoy un laberinto de calles cortadas al que se ayer se sumó el chaparrón caribeño. Primero fueron las calles de La Habana Vieja, ahora es toda la ciudad. En cada esquina se escuchan pitidos e imprecaciones caribeñas de gente que discute con policías mientras el agua va inundando las maltrechas aceras. «Todo merece la pena si nos llega el cambio», afirma Yoseli, una vecina de Centro Habana, un barrio céntrico pero especialmente abandonado.

Pero no todo es cambio e ilusión en la capital cubana. Saliendo del circuito turístico habitual, uno encuentra los mismos barrios míseros, las casas absolutamente ruinosas, las calles oscuras y destrozadas y el mismo ambiente de decadencia y abandono que lleva reinando décadas en la capital cubana.

No hace falta recorrer los barrios pobres de la periferia (Playa, al oeste, y Regla, en la costa este de la bahía, sufren un abandono absoluto), basta con salir del centro de La Habana Vieja -cuyas cinco plazas empiezan a exhibir el esplendor colonial de antaño- para toparse con edificios completamente en ruinas, fachadas que se sostienen con tablones de madera y calzadas que parecen haber sobrevivido a un seísmo.

Uno de los principales problemas de los habaneros es el desabastecimiento. «Un día no hay leche, al otro no hay huevos, el agua falla constantemente», cuenta Yaris, una vecina del barrio de Cerro, al sur de la Plaza de la Revolución. «Por las noches, el suministro de agua se corta y si tienes la mala suerte de llegar tarde del trabajo no puedes ni ducharte», añade la vecina. En las inmediaciones del barrio no hay ninguna tienda a la vista. Para comprar agua o pan los vecinos tienen que hacer largos y penosos recorridos hasta encontrar un supermercado abierto. También tienen problemas para trasladarse; las llamadas «maquinas» o «carros americanos», son enormes automóviles individuales que los cubanos usan para viajar desde las afueras hasta el Capitolio, punto neurálgico de la ciudad. En ellos pueden verse hasta nueve cubanos apretujados. «Es la única forma de llegar a la ciudad», cuenta Hugo, vecino del Vedado. «Nos cobran unos pocos pesos cubanos, mientras que los taxis turísticos cuestan cinco CUCs, es decir cinco dólares. Solo con un viaje gastaríamos el sueldo de un mes».

Ese es otro de los problemas económicos a solucionar: la sempiterna dualidad económica. La presencia de una moneda para uso ciudadano popular (los pesos cubanos) y otra para el turismo y las clases altas (los pesos convertibles en dólares), genera una desigualdad insalvable. Un CUC equivale a 24 pesos cubanos y el salario medio rara vez llega a los 20 CUCs, unos 300 pesos cubanos. Los productos de primera necesidad como alimentos, medicinas y productos higiénicos se compran con pesos y son accesibles a todo el mundo, siempre que los haya, pero cualquier otra cosa, como ir a comer a un restaurante o tomarse una cerveza en un pub, se cobra con pesos convertibles (dólares), es decir resulta carísimo para el cubano medio.

Hay, por supuesto, posiciones privilegiadas. Quien se dedica al turismo puede conseguir fácilmente 1.000 CUCs mensuales, entre propinas y comisiones extra. También los médicos y los militares ganan más: los primeros por ser una profesión importante (llegan a ganar 1.500 CUCs) y los segundos por estar cerca del poder (su sueldo es indefinido,pero gozan de privilegios).

Los privilegiados

¿Pero es que existen cubanos de clase alta en una sociedad comunista? Existen, aunque muchos de ellos suelen confundirse con el turista. Cuando uno entra en la discoteca Sarao, del barrio Vedado (al oeste de La Habana), encuentra gente de piel clara vestida a la última, con zapatillas de marca Nike, camisetas de diseño, gafas Rayban y pantalones Levis. Consumen copas sin parar y tienen acceso privado a internet en sus celulares (un servicio casi imposible de conseguir en Cuba). Al principio puede pensarse que son turistas españoles o italianos, pero cuando uno habla con ellos el acento no deja lugar a dudas: son cubanos de clase alta que emulan la vestimenta y el estilo de los hipsters europeos. En el Sarao las copas valen cinco dólares y los cócteles siete y no se escucha salsa ni cumbia, sino reggeton y música de Enrique Iglesias. «Aquí tienes a la élite cubana», me dice Leonardo, taxista del barrio. «Hijos de militares y funcionarios. Lo que ustedes llaman, los pijos».

«Nosotros no somos ricos, somos sólo cubanos modernos», cuenta Aire, una chica con pechos operados y vestido ceñido que baila reguetón en el Sarao. «No tenemos nada que ver con esos elementos de Centro Habana». Cuando dice “elementos”, se refiere a los afrocubanos que pululan por las calles de Centro Habana (entre el Vedado y La Habana Vieja), una zona desastrada y repleta de prostitución y de locales de salsa en los que aún se ve la triste imagen de un turista vicioso y envejecido besándose con una joven y esbelta mulata. «Me asqueo solo de pasar por allí», sentencia Aire tapándose la nariz.
 
Hay un detalle nuevo que llama bastante la atención: en ciertas esquinas se congregan docenas de jóvenes que miran a sus teléfonos móviles con pasmosa atención y enganche. Se trata de zonas de wifi en las que, por dos o tres CUC (el equivalente cubano de los dólares) consiguen conectar sus aparatos y asomarse al mundo.

22 de marzo de 2016

Castro ante la democracia

 
Castro ante la democracia
Federico Ysart,
columnista de ABC, Madrid
 
Acabo de ver la conferencia conjunta de prensa que han celebrado en La Habana Obama y Castro. Pocas veces habrá sudado tanto el americano para hacerse acreedor del Nobel de la Paz que le fue concedido aún antes de entrar en la Casa Blanca. El papelón ha sido antológico. Castro habló poco; Barak le cubría las cuestiones sobre libertades y derechos humanos mientras Raúl hacía como que no le funcionaban los auriculares. Pero cuando al fin hablaba lo hacía con los auriculares puestos ¿quizás atendiendo al guionista? 
 
En el colmo de la desfachatez repreguntó a una periodista si sabía cuántos derechos humanos hay, y en el mundo entero cuántos países los cumplían en su integridad. Ninguno se apresuró a auto responder, pero Cuba es el que más cumple: hasta sesenta y uno. Ni más ni menos.
 
Y no satisfecho con la balandronada, concretó desafiante ante el sucesor de Jefferson: “No concebimos que un gobierno no defienda el derecho a la salud, a la salud social, al salario igual por trabajo igual y los derechos de los niños. Nos oponemos a la manipulación política por los derechos humanos. Cuba tiene mucho que decir y mostrar en esta materia“. Con un par.
 
Bajo la casulla del Nobel de la paz, Obama había confesado con delicadeza: “Seguimos teniendo diferencias muy serias, incluidos la democracia y los derechos humanos“, para añadir poco después, “estén seguros de que EE.UU. va a seguir hablando en nombre de la democracia para que la gente de Cuba defienda su propio futuro“.
 
Seguí la conferencia a través de la retransmisión que ofrecía en directo The New York Times.  Naturalmente ningún medio local estaba en esas, Granma y la televisión cubana difundían comida enlatada sobre el cambio de relaciones entre las “dos potencias independientes” mientras recordaban que el deshielo no cambiará nada sustancial.
 
Así lo demostró el presidente del partido, del gobierno y general de los ejércitos cubanos cuando un periodista norteamericano, nacido en Estados Unidos de cubanos exiliados, le preguntó por los presos políticos, el dictador replicó airado como el profesor del chiste ante el alumno sabihondo: “nombres, nombres”. Pero sin cara de chiste; le salió la rabia del policía malo hasta entonces oculta tras un par de gracietas en plan Fidel. Y cuando otra voz quiso tener respuesta a pregunta tan insólita en la corte castrista, Raúl miró el reloj y dio el recreo por terminado.
 
En cuestión de minutos, John Kirby, del norteamericano Departamento de Estado replicaba “no sé si tenemos una lista exhaustiva pero claramente aún hay personas detenidas por razones políticas y eso sigue preocupándonos”. Y un par de horas más tarde apareció una lista con cuarenta y siete nombres y apellidos.
 
Que la visita tiene rango histórico está fuera de dudas; la llegada de los americanos a través de los vuelos comerciales, ferrys marítimos, internet, comercios, nuevas empresas, y todo aquello con que soñaban las buenas gentes castellanas de “Bienvenido míster Marshall”, terminará con el castrismo. Nadie sabe en cuántos años, seguramente menos de lo que ellos mismos piensen; las libertades tienen efectos demoledores, el ansia de vivirlas derribó muros y sistemas como bien sabemos en la vieja Europa.
 
Durante más de medio siglo los Castro han mantenido aislado del resto del mundo a lo que ha ido quedando de aquel pueblo que les abrió puertas y corazones en nombre de un mundo mejor. Al bloqueo decretado por la administración demócrata de los Kennedy/Johnson tras aquellos trece días de septiembre de 1962 sucedió un embargo del que apenas queda otra cosa que el nombre; el eslogan con que los gerifaltes cubanos justifican la caribeña Muralla China con que mantienen la finca indemne de contagios.
 
Y aquí, en la España de hoy, medio país preocupado por si Iglesias, Echenique y Errejón levantan su embargo particular a las infinitas ansias de llegar a la Moncloa de un tal Sánchez.

21 de marzo de 2016

¿Sabía usted que todavía estamos en cuaresma?


…todavía estamos
en cuaresma?




Es idea generalizada que la cuaresma termina cuando comienza la Semana Santa, es decir tan pronto como llega el Domingo de Ramos. No es así. Es el Miércoles Santo cuando se cumplen los cuarenta días de cada cuaresma. Al concluir la cuaresma, comienza el Triduo Pascual: Jueves, Viernes y Sábado Santo, que ahora se conoce también como el día de la   "Vigilia Pascual".

La cuaresma termina propiamente el Jueves Santo, cuando concluye la Hora de Vísperas de la Liturgia de las Horas de ese día. Mas o menos hacia el mediodía del jueves, todavía es Cuaresma.

20 de marzo de 2016

El sueño americano en el circo nacional cubano

 El sueño americano
en el circo nacional cubano

Luis Leonel León

El circo cubano está listo para recibir a su nuevo invitado. Sin dudas el más notorio de todos los que hasta hoy han actuado en sus tarimas. El país entero está en función del recibimiento de tan ilustre y simbólico personaje, incluso a los que poco importa, ya sea porque no les gusta el circo o porque han perdido la esperanza o la capacidad de sonreír, no pueden escapar a la parafernalia urdida para los tres días de Barack Obama en la isla. Pocas horas faltan para que el presidente del país más poderoso del mundo aterrice en Cuba, el país con la más antigua dictadura de América. Para muchos será la imagen más cercana del Sueño Americano. Para otros un show que durará unos días para luego volver a la pereza cotidiana.

De más está describir el itinerario de Obama en Cuba. Será una visita dirigida al circo nacional, a cuyas funciones no se puede entrar libremente, ni siquiera se pueden comprar tickets. Todo está absolutamente maquinado y controlado por el régimen, pues es ésa y no otra su naturaleza. La sociedad civil organizada realmente no existe, pues el gobierno la desmontó hace mucho tiempo. Los cubanos, obnubilados por el acontecimiento, lo concientizan menos, e incluso les importa menos, pues para muchos es un show inusual, pero Obama sabe perfectamente que su viaje será así. De todos modos, no podía perderse la oportunidad de ser el primer presidente estadounidense en visitar la isla después de casi 60 años de dictadura. Puede hacer bien o puede hacer mal.

Su tesis es la siguiente: todo este tiempo la política de aislamiento no ha funcionado para democratizar la isla y por ello es hora de cambiar y hacer justamente lo contrario. Obama confía en que el abrazo pondrá fin al absolutismo y a mediano o largo plazo los dictadores se convertirán en demócratas o entregarán sus poderes a quienes el pueblo elija. Un Happy End hecho a mano. Unos creen en esta presunción y otros dudan de ella, pues tal estrategia jamás ha surtido efecto cuando de autocracias se trata.

Obama le hablará en televisión al pueblo de Cuba. La pregunta clave es ¿qué va a decirle Obama a los cubanos de a pie? ¿Lo mismo que los medios de comunicación le han dicho durante más del año que llevan jugando al cambio de relaciones, pero ahora en inglés? ¿Agregará al inicio o al final del discurso, como buen populista, alguna frase esperanzadora aprendida en español para que todos sonrían y regresen un poco más felices a su Cuba, que linda es Cuba, de siempre?

La libertad y los derechos humanos, pese a ser lo primordial, han sido una materia casi ausente en las conversaciones (a puertas cerradas, como le conviene al régimen) entre los gobiernos de Obama y Castro. Aunque la mayoría de los medios de comunicación del mundo presenten las penurias materiales como el mayor problema de los cubanos, esa no es la verdad. El mayor obstáculo para salir de la miseria, del cautiverio y la enajenación, es la falta de libertades. No es posible que una sociedad progrese sin libertades. Y la libertad en Cuba, pese a ser un sexagenario anhelo, es un concepto que poco a poco perdió su significado, y hace ya varias décadas está asociado más al miedo que a la búsqueda de la felicidad.

De ahí que es hacia la búsqueda de la libertad que debería encaminar su discurso Obama. A los cubanos no les interesa que le digan, otra vez, que las relaciones con Estados Unidos son un paso adelante, que no hacemos nada con estar peleados, que así no vamos a ninguna parte y que ahora, siendo amiguitos, se acabarán las presiones. Eso es lo mismo que les dice Castro y no hace falta que Obama viaje a la isla a reafirmarlo.

Los cubanos, señor presidente Obama, no necesitamos otro discurso que no sea el de la libertad, que es de lo que nos han privado los Castro y lo que desean seguir haciendo, pues de lo contrario su régimen no tendría sentido, no existiría. Hábleles a los cubanos de libertad, para que dejen de ser robots y pierdan ese pánico a ser libres que le vienen inoculando desde hace más de medio siglo. El cubano promedio no conoce otro modo de vida que subsistir, entre miedos y prohibiciones, en su ancestral calabozo decorado de país. Y necesita mucho que le hablen de eso.

Pocas veces el Sueño Americano ha actuado en medio del colectivismo. Obama puede hacer mucho por Cuba o disfrutar mucho su viaje. Y aunque “por no dañar las relaciones diplomáticas”, no les diga a los cubanos que él sabe que viven en una dictadura, la realidad es ésa y no otra. Eso sería lo más significativo que haría por Cuba. Más que permitir que los estadounidenses viajen libremente a la isla, que negocien con el gobierno, más importante que transformar o eliminar todas las leyes. Obama bien sabe que la libertad es lo primero. Y si de verdad quiere ayudar a los cubanos, debe aprovechar la única oportunidad que realmente tiene para hacerlo: demostrarles, como el presidente del país más democrático, que no pueden continuar viviendo así. Todo lo demás será un acto de política circense, malabarismo de Estado, marketing internacional.

Mientras esta realidad no sea expuesta con la importancia que tiene, cualquier discurso, incluso del presidente del país más libre del mundo, no será más que una pirueta en el circo nacional del régimen. Y al parecer, ese será el fin del primer acto del Sueño Americano en la isla. Tantos quisiéramos vernos sorprendidos.

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Domingo de Ramos



Asciende y entra, Rey y Señor, a Jerusalén,
porque si no lo haces, tampoco nosotros
podremos ascender a la gloria que nos prometes.
Déjate aclamar,
aunque suenen a hueco y flameen estériles
muchos de nuestros ramos y palmas.
Adéntrate camino de la Pasión, porque sin ella
estaríamos descorazonados.
No mires, Señor,
a la tiniebla que mañana te espera,
pues necesitamos de Ti
para que la nuestra no sea eterna.
 Te esperábamos, Señor,
aunque hoy te digamos ¡viva!
y mañana gritemos ¡muera!
Hoy nos adherimos a Ti, Señor,
para luego aun siendo los mismos
decir no conocerte.
Sube humildemente, Rey, amigo y Señor,
y si te escandaliza este triunfo
cuando tanta sangre espera,
perdónanos, Señor.
Somos así, incluso los que te queremos,
los que en la intimidad
mas hemos convivido contigo:
No entendemos esta entrada
en humillante pollino, no comprendemos
el por qué una cruz al mejor hombre,
nos resistimos al triunfo
si ha de pasar primero por la muerte.
¡Cómo no bendecir tu nombre, Señor!
Si eres Palabra cumplida al detalle.
Esperanza de los profetas.
Manos apropiadas y valientes para el madero.
Cena que, en Jueves Santo, esperamos gustar.
Frases que, en Viernes Santo,
estremecerán todavía más nuestro llanto.
¡Cómo no exaltar tu nombre, Señor!
Cuando sabemos que al final,
después de las espinas y del dolor,
del vértigo y de la muerte,
gritaremos lo que Tú tantas veces nos repetiste:
hay que morir para dar abundante fruto.
               Javier Leoz, betania.es

19 de marzo de 2016

Delia Fiallo, la cubana que detuvo una guerra

Delia Fiallo,
la cubana que detuvo una guerra

Marlene María Pérez Mateo
Secuencia: Esas si son cubanas

       La madre de la telenovela latinoamericana nació hace casi un siglo en la capital cubana. Su nombre, Delia Fiallo. Debido a la remota ubicación laboral de sus padres, un médico y una enfermera, vivió Delia buena parte de su infancia en  poblaciones diversas  y colindantes de los ferrocarriles cubanos. Fue ese entorno cambiante la génesis de una necesidad de fantasear y crear historias donde los rostros fugaces de los pasajeros y el ir y venir de los trenes fueron el hilo protagónico. Esta ingenuidad fue sin quererlo y sin saberlo un gran entrenamiento para su devenir profesional futuro.

       Delia se licenció y doctoró en Filosofía y Letras, en la Universidad de La Habana, en 1948. Aunque sus inicios como escritora fueron en la narrativa corta, llegando a ser ganadora del concurso de cuento  Hernández Cata, fue  lo contrario, “La narrativa larga”, por la cual ha sido conocida.

        La primera radionovela de su autoría fue Soraya, 1957. De sus manos nacieron Lucecita, Cristal, Kassandra, Esmeralda, México Indómito (sobre el contexto histórico mexicano de la ocupación francesa) y muchas otras. Todas ellas con la estructura del melodrama y el romance como conductor del relato.                                           

 
          Aunque mucho se pudiera decir de Delia y del medio que le ha dado a conocer, quisiera fijar la atención y focalizar este recuento en un hecho bélico por increíble que parezca en medio de tanto quehacer  amoroso. Se trató de la trágica confrontación entre 1992 a 1995, el conflicto armado entre Bosnia  y Herzegovina, cuyos ecos y consecuencias aun se escuchan.  Por entonces se trasmitía la telenovela Kassandra en la ex-Yugoslavia y a las horas de emisión las armas cesaban. Los pobladores enfrentados, cruzaban las montanas y en localizaciones previamente notificadas se daban cita para oralmente contar cuando de uno u otro lado de la frontera había un par de capítulos mas adelante de emisión. La OTAN, aceptó como gesto de buena voluntad restaurar la sede de la emisora televisiva, previamente destruida por un bombardeo aéreo, por el intermedio de la cancillería venezolana. De ese modo la telenovela proseguiría con sus capítulos. Kassandra ha sido trasmitida en 182 países, incluido el remoto Japón y está por dicha razón inscrita en los Record Guines.  

Junto a su esposo Bernardo Pacual
        Delia Fiallo radica actualmente en el estado de Florida, con su esposo Bernardo Pascual, ex director de Radio, sus cinco hijos y trece nietos. Continúa enfrascada en nuevos proyectos.

       Ojala existieran muchas “Kasandras”, que siendo una simple novela logro acallar fusiles y desactivar bombas, por tener el detonador en lo bueno del  ser humano. Enhorabuena a Delia por este hecho fortuito y por todo lo demás.                 

15 de marzo de 2016

Las Rutas de la Seda

 
La ruta de la seda,
-aspectos históricos culturales-
 
Alfredo Pastor Ugena

La Ruta de la seda estaba estructurada por una red de rutas comerciales entre Europa y Asia que se extendía entre Xian, en China, Antioquía y Constantinopla y que llegaba hasta los reinos de la zona occidental de Europa.

Fue una de las grandes rutas comerciales de tipo internacional e intercontinental de todos los tiempos, a través de la cual se intercambiaron, no sólo productos de uso y  consumo (telas de lana o de lino, ámbar, marfil, laca, especias, vidrio,    materiales manufacturados, coral,  y, especialmente, de lujo -como la seda, las piedras y metales preciosos- sino también se produjo un intercambio de culturas: ideas, costumbres, idiomas, pensamientos o religiones como el budismo o el islamismo, penetrando a través de este tejido de caminos, también  las doctrinas de Confucio, Mahoma y Jesucristo

Este conjunto de caminos, que  antiguamente unía Asia con Europa, -no olvidemos su importancia militar- estaba integrada por ciudades de China, Uzbekistán, (aquí destacamos Tashkent, Samarcanda, Bujara y Jiva), Turkmenistán, Turquía, Irán e Irak.  

El aspecto más importante del entramado comercial de esta ruta es el papel de intermediarios que ejercían los comerciantes islámicos.   Éstos, conscientes de los beneficios económicos que dejaba este trasiego comercial, no permitieron la entrada de comerciantes europeos o asiáticos en la ruta, convirtiéndose en los elementos que hacían funcionar el sistema. Las caravanas procedentes de Siria y Mesopotamia cruzaban todo el continente asiático para adquirir -a bajo precio- los productos que después venderían a precios desorbitados a los comerciantes o intermediarios europeos. Para ello, las caravanas hacían uso de una red de albergues llamados caravanzarays para pernoctar, protegerse y proveerse.

Por un lado el Islam -“el gran agente comercial de la ruta de la seda”- se enriqueció  y estructuró con diversos monopolios comerciales la base de su economía de forma desproporcionada,  haciendo dependiente a Europa de un conjunto de productos insustituibles por los que se pagaron ingentes cantidades de dinero. Durante mucho tiempo no hubo vías ni productos alternativos que rompieran la monopolización islámica.

Rutas comerciales  e inmensos corredores  de transporte diseñaron este magno espacio económico estructurado en un inmenso tejido de intercambios (culturales, religiosos y económicos) que comenzaban en China y terminaban en Roma, desde mediados del siglo II a de C. hasta finales del siglo XV, en que fue posible encontrar nuevos caminos para el comercio en el mar: caminos más baratos, seguros y más abiertos a todas las direcciones. Desde entonces Asia central pasó a un segundo plano neoeconómico con poco atractivo para tales menesteres.

 Los eslabones más sólidos de esta cadena  eran los que enlazaban a Turquía con Siria, a Irak con Persia, al Cáucaso con las fronteras de la India y China. Los centros comerciales en los que se realizaban las primeras y las últimas  transacciones, dependiendo si se avanzaba hacia Changan (actual Xian), en China, o hacia el Caspio.

Eran las ciudades próximas al valle de Fergana (Fergana es la región más fértil y poblada de toda el Asia Central, atravesada por los ríos Naryn y Kara Darya), entre las que destacamos  las anteriormente mencionadas Bujara, Jiva y Samarcanda, las que tuvieron un protagonismo importante en esta ruta de la seda. O también las situadas en el inhóspito desierto de Tala-Makan, comoKashgar, Yarkant y Hotan, en las que por imperativo del clima los comerciantes se tenían que detener obligatoriamente.

Los tres caminos principales que se estructuraron fueron los siguientes: La ruta más meridional, que circulaba por el sur del mar Caspio; otra ruta que venía desde Rusia por el Volga y el Caspio y la vía intermedia que cruzaba los mares Negro y Caspio prosiguiendo hasta Bujara y Samarcanda.

Los recorridos de las caravanas eran casi siempre los mismos y predominaban los de cercanías, es decir cada transportista se especializaba  en determinados trayectos hasta enlazar con otros que llenaban la ruta siguiente diseñándose así el tejido comercial.

Varios ingredientes fueron necesarios para que progresaran los intercambios y las relaciones comerciales: la validez de los contratos, la estabilidad política, el lucro, la prosperidad del comercio y la demanda de los productos comercializados.

China exportaba  seda, cerámica, jade, objetos de bronce y pieles que cambiaban por los procedentes de Ucrania y el Cáucaso. A Xian llegaban diversos productos agrícolas desconocidos hasta entonces: uvas, el vino, la alfalfa, cristalerías de Venecia, pieles, marfil, oro, piedras y metales preciosos, como he indicado anteriormente.

Como ya se ha apuntado anteriormente, a partir del siglo XV, con el auge de la navegación y las nuevas rutas marítimas comerciales, así como el apogeo de los Imperios árabe, mongol y turco,     fue languideciendo lentamente la importancia de la Ruta de la Seda como principal arteria comercial entre Oriente y Occidente, y algunas de las más florecientes e imponentes ciudades a lo largo de su recorrido fueron perdiendo importancia e influencia. 

Un país vamos a destacar en esta ruta de la seda: Uzbekistán.  Un espacio geográfico de sol y desiertos, pero también de valles fértiles y antiguas ciudades. El origen de sus ciudades se remonta al imperio Persa, cuando los antiguos pueblos nómadas comenzaron a asentarse en sus bellísimas ciudades de Samarcanda, Bajara o Jiva (patrimonio de la Humanidad). Estas ciudades fueron un punto de paso obligado para los comerciantes que recorrían la Ruta de la Seda. Su importancia se percibe en la belleza de sus monumentos, de estilo islámico como los abundantes minaretes, mausoleos, madrazas y mezquitas, especialmente durante la época de Tamerlán y sus sucesores.
Revista La Alcazaba. España

14 de marzo de 2016

La Habana de la que no se enterará Obama


LA HABANA
(De la que no se enterará Obama)

(Advertimos del lenguaje crudo en el contenido)

IVÁN GARCÍA
Especial / EFE / 02 de Marzo de 2016

La Habana se convierte en un baño público por falta de servicios. Tras 57 años de involución y supervivencia, los capitalinos tratan de vivir el día a día, mientras optan por mirar al otro lado para ignorar la realidad

Mientras hace la cola para pagar la factura del teléfono, Yordanka, una mulata regordeta que fuma sin cesar, le cuenta a una amiga que su familia hace las necesidades en bolsas de nailon y luego las botan en un contenedor de basura.

-“Mi’ja, el baño hay que descargarlo a cubos y el agua no nos alcanza”. Y sin un ápice de vergüenza abunda en detalles: -“Todas las semanas mi marido o yo compramos 20 o 30 bolsas de nailon. Hacemos nuestras necesidades y luego, pum, las tiramos al latón de basura de la esquina. Estábamos pensando comprar un tibor, pues de verdad que es incómodo ensuciar dentro de un nailon, tienes que tener tremenda puntería”, cuenta jovial, como si fuese un chiste en un festival del humor.

Su amiga, lejos de reprocharla, aporta más leña al fuego. -“Niña, si yo se lo digo a mis dos hijos varones. Después de las 9 de la noche orinen por el balcón de la casa p’afuera, porque hay que ahorrar agua”.

Y no son historias aisladas. Después que terminan los conciertos bailables organizados por instituciones culturales, a golpe de cerveza y reguetón, es habitual observar a mujeres y hombres orinando en cualquier recodo.

-“Cuando terminan las pachangas en la Plaza Roja, en el barrio de La Víbora, al día siguiente tengo que limpiar el portal y la escalera. Amanece llena de orine y mierda”, apunta Rafael, quien reside en la planta baja de un edificio de apartamento cercano al lugar.

El café Pain de Paris, situado en la ruidosa Calzada de 10 de Octubre, y donde antaño ofertaban dulces y panes franceses, se ha transformado en un bar. La administración habilitó un baño, pero después que se robaran piezas y herrajes, lo cerraron al público. Ahora los parroquianos orinan a un costado del café, en plena vía pública. -“Es que la cerveza da muchas ganas de orinar”. 

-“Pura, mire para otro lado”, le dice un joven a una señora que camina por la Calzada. Según las normas de las empresas gastronómicas estatales, las cafeterías y bares que expenden cervezas deben tener baños para los clientes. Pero eso es letra muerta.

-“Ellos (el Gobierno) exigen mucho, pero pagan poco y no nos dan recursos para poder reparar el baño. Si no vendemos cerveza no cumplimos el plan de venta mensual y dejamos de ganar dinero”, confiesa un administrador de una mugrienta pizzería estatal.

Después de que en 2010 el régimen de Raúl Castro ampliara las licencias del trabajo por cuenta propia, varios locales clausurados han sido rescatados como baños públicos regentados por privados. Pero son insuficientes y la higiene es espantosa. Son atendidos por mujeres y hombres jubilados, que reciben lo justo para comprar viandas, carne de cerdo y pan de corteza dura.

-“Los cuidadores de baños cobramos un peso por orinar y tres por ensuciar (defecar). Es que luego tenemos que acarrear más cubos de agua para descargar. Nos buscamos de 40 a 60 pesos diarios. Yo pago 100 pesos mensuales de impuestos”, expone Celia, una anciana delgada y encorvada que cuida un baño público en la calle Monte.

En restaurantes y cafeterías de primera, los encargados de cuidar baños tienen aromatizantes y muestras de perfumes. En una pequeña cesta a la entrada, las personas depositan monedas en pesos convertibles.

-“He tenido noches de reunir hasta 15 chavitos (alrededor de 17 dólares). Pero tengo que estar alerta, pues los clientes, aunque parezcan educados y decentes, si pueden, cargan con la taza del inodoro y el lavamanos”, acota Elsa, empleada en el Barrio Chino, en el corazón de la capital.

En un retrete plástico de azul desteñido en la Avenida del Puerto, al octogenario Osvaldo le fue bien mientras estuvieron abiertos tres bares aledaños. -“Pero con la jodedera de hacer un puerto para ferries y cruceros, quitaron los bares y ya nadie viene a mear aquí. Descargaba con una lata grande vacía de mermelada de guayaba, que tenía amarrada a una soga, la tiraba al mar y con el agua de la bahía mantenía el retrete descargado y limpio. Pero como la cosa se puso mala y tengo artrosis, me fui pa’l carajo”.

Desde el pasado lunes 22 de febrero la autocracia verde olivo de Raúl Castro desplegó un intenso operativo para combatir al mosquito Aedes Aegypty, los salideros de agua y la mugre que invade La Habana. En San Lázaro y Vista Alegre, detrás de la Iglesia de los Padres Pasionistas, en 10 de Octubre, a las dos horas de haber recogido escombros y desechos sólidos, los vecinos volvieron a llenar de tarecos el solar yermo.

-“Es que ya la gente está acostumbrada a vivir rodeada de basura y se pasan por el fondillo las normas de convivencia. Y no les digas nada, porque entonces te quieren comer vivo”, señala Marta, residente del lugar.

Tampoco las instituciones del Estado ayudan. En las avenidas y calles concurridas apenas existen cestos donde echar papeles, cucuruchos de maní vacíos o latas vacías de refrescos y cervezas.

El respeto por las normas de urbanidad es algo que los cubanos no se toman muy en serio. En cualquier esquina hay grupos de personas bebiendo como corsarios y los conductores de vehículos en cualquier lugar se detienen y se toman un par de cervezas antes de seguir su camino.

Ciudadanos indolentes rompen teléfonos públicos, rayan los ómnibus o escriben en las paredes citas amorosas de mal gusto. En su estrambótica guerrilla urbana, a su paso, desbaratan objetos situados en parques y calles, incluidos monumentos.

-“Quizás sea una manera inconsciente de demostrar su apatía hacia el gobierno. Nunca levantan la voz o convocan una huelga por ganar bajos salarios. Lo suyo es disparar ráfagas de vulgaridades. Donde quiera y contra cualquiera”, alega Carlos, sociólogo.  Y La Habana paga las culpas. 

13 de marzo de 2016

Ayúdame a mirar como Tu, Señor















Ayúdame a mirar como Tu, Señor:
A no dejarme llevar por mis juicios,
interesados, duros y  excesivamente crueles.
A observar, no tanto los aspectos negativos,
cuanto la bondad y lo noble de los que me rodean.

A no conspirar ni levantar castillos
en las ruinas sufrientes de tantos hermanos.
A no señalar defectos e historias pasadas
que, entre otras cosas,
sólo sirven para causar sensación o daño

A ser prudente, como Tu lo fuiste
con aquella mujer, que adulterada en su vida,
comenzó otra vida nueva
ante tu forma de mirarle y corregirle.

A ver el lado bueno de las personas.
A no recrearme con el sufrimiento ajeno.
A no ser altavoz de calumnias y mentiras.
A ser humano y no jugar a ser juez

A no manipular ni airear
las cruces de las personas que las soportan.
A no enjuiciar ni condenar
los defectos de tantos próximos a mi vida.
A no hacer estandarte ni burla
de los que están hundidos en sus miserias.

Ayúdame a mirar como Tu, Señor,
para que frente a la mentira, reine la verdad,
para que frente a la condena, brille tu misericordia,
para que frente a la burla, salga la comprensión,
Para que frente a la humillación, despunte la bondad.
Javier Leoz, betania.es
Reflexión para el 5º Domingo de Cuaresma