21 de enero de 2015

Marta Beatriz Roque habla sobre la reunión diplomática en Cuba


Marta Beatriz Roque habla
sobre el encuentro de congresistas demócratas
y opositores cubanos

La disidente cubana Martha Beatriz Roque participó en el encuentro que sostuvieron el pasado domingo en La Habana congresistas demócratas y opositores cubanos, en la residencia del Jefe de la Sección de Intereses y reseña las posturas que asumieron los participantes en el evento.

Un café a las 4 de la tarde, que se extendió hasta después de las 6 pm, fue lo que reunió a congresistas demócratas de Estados Unidos de América y opositores cubanos, en la residencia del Jefe de la Sección de Intereses.

Por la parte americana estuvieron presentes los senadores demócratas: Patrick Leahy (Vermont); Sheldon Whitehouse (Rhode Island); Debbie Stabenow (Michigan) y Richard Durbin (Illinois); también los representantes Chris Van Hollen (Maryland) y Peter Welch (Vermont).

Participaron por la oposición: Antonio G.Rodiles, Berta Soler, Eliécer Ávila, Elizardo Sánchez, Héctor Maseda, José Daniel Ferrer, Laritza Diversent, Manuel Cuesta Morúa, Miriam Celaya, Miriam Leyva, Yoani Sánchez y yo.

Todos los disidentes tuvieron la oportunidad de expresar sus criterios, que fueron oídos con atención por tan importante audiencia. En algunas ocasiones surgieron preguntas por parte de los congresistas que fueron respondidas; para todos quedó claro que las opiniones con respecto a las medidas del presidente Barack Obama, no tienen consenso en la oposición.

Hay quienes no están de acuerdo con ese paso diplomático y así lo hicieron saber; otros que consideran que es algo bien hecho y un tercer grupo no opinó al respecto. Casi en unanimidad estuvo la idea de que la solución de los problemas de Cuba, está en manos de los cubanos.

Un tema, que aunque no fue tratado en bloque, ha causado mucha molestia en la oposición, es la excarcelación de los presos. Tuve la impresión de que no todos los que formaban parte de la audiencia entendían la diferencia entre libertad y excarcelación y además el hecho de que casi el 30%, había salido de prisión antes de que se anunciara que iban a ser "liberados".

Por mi parte dejé claro que las conversaciones comenzaron con el pie izquierdo, por la falta de transparencia con que se hizo esta operación, sobre todo sin que la sociedad civil interviniera, aunque hay quien se asigne el mérito de los nombres; hay que decir que no fuimos consultados al respecto.

De forma muy respetuosa, José Daniel Ferrer agradeció la excarcelación en nombre de los presos de la UNPACU (Unión Patriótica Cubana) y sus familiares.

He estado siempre en contra de las listas de presos, porque ellas contienen criterios personales de quienes las elaboran, que se transfieren al exterior y que en ocasiones como esta, quitan espacio a reales presos políticos, que no estuvieron considerados.

Los congresistas pueden decir en sus respectivas Cámaras que se reunieron con la sociedad civil, a pesar de que el régimen no fue partidario de ello. También pueden comunicar a sus electores que han estado en Cuba apoyando las medidas del Presidente, que traerán oportunidades de comercio a aquellos empresarios que aportan fondos a las campañas políticas de cada uno de ellos, en particular los vinculados a la venta de alimentos. Lo que permite ver un escrenario concerniente a una política local en Estados Unidos.as

Sin embargo, lo que realmente ocurre en nuestro país, a pesar de sus profundos conocimientos de política internacional, me parece que le es ajeno. Es por eso que quise señalar que todos los presentes desarrollábamos nuestra actividad contestataria por el pueblo de Cuba. Que si bien es cierto que a algunos de los que estábamos allí, nos han dado golpes y nos han reprimido, también lo hacen con la población en general y la oposición no es más que la punta de la lanza de la sociedad civil.

Baste con recordar, sucesos tan bochornosos y repetitivos como las mal llamadas "extracciones", por las que se hacen desalojos colectivos de personas que han logrado -al menos- hacer una "choza" en algún lugar, y después de permitirles vivir allí por años, incluso formar una familia y tener hijos, un día para "ordenar" la planificación física del país, los sacan de sus humildes viviendas, los tiran a la calle a su suerte y si es necesario allí están las Brigadas de Respuesta Rápida para también golpearlos, incluyendo a mujeres y niños.

Quizás haya unas decenas de presos políticos que queden aun sin ser excarcelados, es muy difícil de determinar con exactitud la cantidad y sobre todo el rango que los conceptúa como tal, pero: ¿quién podría contar cuántos presos hay a lo largo del país que ni siquiera fueron a un "falso juicio" y cumplen 4 años de privación de libertad por Peligrosidad Predelictiva; que es lo mismo que decir que no cometieron ningún delito, pero que están presos "por si acaso".

El régimen, de hecho, está conduciendo el país de una forma anticonstitucional, y para que se cumpla lo que plantea el presidente Obama, habría que continuar con estas violaciones.

Nada hace pensar que la gerontocracia vaya a realizar un cambio de su política interna y en particular de sus leyes, para agradar a los americanos, porque esto les podría costar el poder.

Así las cosas y con las dos cámaras en mayoría de los republicanos, es recomendable que se midan bien los giros que se darán, porque ir un paso hacia delante y dos hacia atrás, en vez de proporcionar alguna ayuda al pueblo cubano, lo que hará será desestabilizar aún más la sociedad que quiéranlo algunos o no, ha fijado ciertas esperanzas en estas medidas.

Poco lograrán hacer los que nos visitaron, incluso cuando se van sabiendo que no todos están de acuerdo; pero sí pueden llevar claro el mensaje: "este es un problema de la nación cubana, que por muchos años ha aspirado a democratizar el país y si el Gobierno de los Estados Unidos de América comete los mismos errores con los que se ha empezado todo este proceso, estará destinado al fracaso total, que incluye el endurecimiento de la pobre vida de los que viven en esta isla bajo la dictadura castrista, que ya suman tres generaciones".
Reproducido de Martinoticias.com
 

20 de enero de 2015

Conferencia sobre Sta. Teresa de Jesús en Miami




El español que retó a Castro


Hace 55 años 
El español que retó a Castro

La Vanguardia, Barcelona

Aquella noche el Marqués de Vellisca se hallaba en su casa de la Embajada española viendo tranquilamente la televisión. En su San Sebastián natal se celebraba la tradicional tamborrada por lo que el diplomático se hallaba de buen ánimo. De pronto en la pantalla irrumpió Castro que desde los estudios de la CMQ, ‘Telemundo’, pronunciaba uno de sus ya célebres discursos. Lojendio se arrellana en su sillón dispuesto a seguir la arenga.
 
Fidel Castro tiene en sus manos una carta de un pariente del jefe de  la Fuerza Aérea, Pedro Díaz Lanz, huido a Estados Unidos en la que se afirma que desde las Embajadas española y norteamericana se ayudaba a los movimientos contrarrevolucionarios. En ella el firmante Antonio Miguel Yehor, huido también a aquel país hacía pocas semanas tras haber pertenecido a las fuerzas del líder revolucionario, denuncia según explica Castro que Lanz había sido ayudado por sacerdotes españoles en Cuba y que hay armas, dinamita y una imprenta clandestina ‘escondidas en alguna iglesia de este país’. El jefe del Gobierno muestra la carta a la pantalla y afirma que la pone a disposición de las entidades eclesiásticas para que puedan decidir acerca de su autenticidad.

Tras su lectura uno de los tres periodistas que acompañan a Castro, se refiere a la misma pidiéndole que comente la reciente visita de varios sacerdotes al embajador de España.

En su sillón, Lojendio no puede dar crédito a lo que oye, indignado y dispuesto a defender el honor patrio, el aguerrido diplomático abandona la embajada sita en uno de los suburbios de La Habana no muy alejado de los estudios televisivos.

A las 12’38 en punto el embajador, un hombre de presencia imponente, grueso y fornido, de negra y lustrosa cabellera entra en los estudios. Resuelto se dirige al moderador, y director del programa, Alfredo Muñoz Pascual, y le inquiere: ‘Un momento por favor. Vengo a rebatir las acusaciones que se hacen contra la Embajada de España’. Como este le corta el paso sentencia: ‘Esto es una democracia y el señor moderador es el que dirige’. A lo que Castro replica airado: ‘Me va a hablar de democracia el embajador de la mayor dictadura de Europa’. Lojendio se exalta aún más y manifiesta que ha sido ‘injuriado’ por sus manifestaciones calumniosas y decidido, sube impetuoso a la plataforma en la que se encuentra el revolucionario y pide que se le deje contestar ante el micrófono. Castro abrumado por la vehemencia del aguerrido español, reacciona claramente enojado e inquiere a Lojendio, con voz contenida si tiene permiso del ‘jefe del Gobierno para hablar’ a lo que el embajador replica que no lo había pedido porque había sido ofendido.
 
Mientras tanto, el estudio se ha convertido en un auténtico pandemónium, policía, guardaespaldas de Castro, periodistas y personal de la televisión rodean al embajador. Todos profieren gritos y exabruptos. El programa se hace en directo con presencia de público y se retransmite a todo el país. La emisión es interrumpida pero no así el sonido lo que permite a los televidentes seguir al corriente del episodio.
 
Hasta siete minutos más tarde no se reanuda. Castro continua su discurso. Lojendio a quien por supuesto se le prohíbe el derecho a hablar es obligado a abandonar el recinto acompañado por oficiales del Ejército cubano. Fidel Castro pide que el embajador abandone el país en 24 horas, orden que es inmediatamente transmitida por el presidente de Cuba, Oswaldo Pórticos que se hallaba presente durante el incidente. El líder revolucionario acusa al representante español de abusar de su situación como diplomático, al tiempo que anuncia que se ha telegrafiado al embajador cubano en Madrid, José Miró Cardona,  ordenándoles regresar a La Habana de inmediato.

En las horas sucesivas el director del programa de televisión lee un comunicado en el que se declara al embajador español, Juan Pablo Lojendio, Marqués de Vellisca persona ‘non grata’, informando de su expulsion del país. 

Tras el incidente y antes de abandoner La Habana,  la Embajada española da a conocer un texto escrito por el patrio embajador en el que ratifica categóricamente que las imputaciones realizadas durante el programa contra la Embajada carecen de fundamento. Y concluye con un mensaje  haciendo gala, esta vez  sí, de su buen hacer diplomático: ‘Deseo para Cuba todo lo mejor’.

Tres días después, el 23 de enero, a la una y media en punto arriba al aeropuerto de Barajas, donde es recibido en loor de multitudes.   Personalidades oficiales, prensa y centenares de ciudadanos le aclaman y aplauden. El estrafalario comportamiento del Marqués le ha convertido en un auténtico héroe. Antes de dirigirse a Madrid declara a los periodistas que agradece la calurosa acogida, apostillando que a su paso por Nueva York se le había dispensado un recibimiento similar, añadiendo que ni allí ni en ese momento podía hacer ninguna declaración tanto no presentase su informe al ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Mª Castiella.

Se dice que Franco recibió a Lojendio con frialdad que socarrón, le espetó: ‘Como español, muy bueno…como diplomático, muy malo’. Sea como fuere, el fervoroso comportamiento patrio del embajador nunca fue premiado por el dictador, si bien tampoco fue castigado ya que prosiguió con su carrera diplomática.

Tras el incidente, el dictador siempre empecinado en no romper con Cuba mantuvo las relaciones si bien se rebajaron a nivel de encargado de negocios durante 10 años, manteniéndose un intercambio comercial discreto y debidamente acordado.

Pero sabido es que la España de Franco, no participó nunca en el embargo decretado por Estados Unidos contra Castro. No sería hasta 1975 cuando todo volvería a la normalidad tras la visita de Nemesio Fernández Cuesta, ministro de Comercio, que sería recibido en La Habana por el revolucionario quedando normalizados los vínculos con el nombramiento de embajadores.

Ese mismo año, el hombre que retó a Castro fallecía en el desempeño de su cargo como embajador en la Santa Sede,   a los 67 años, dejando tras de sí una brillante carrera diplomática.
Remitido por Rogelio Zelada

19 de enero de 2015

Países de Hispanoamerica que visitará el P. Francisco este año


Estos son los países de América Latina
que el papa Francisco quiere visitar este año

Ene. 15 / 02:02 pm (ACI/EWTN Noticias).- ¿Inminente viaje pastoral a América Latina? El Papa Francisco manifestó su deseo de hacer una gira este año por varios países del continente e incluso adelantó la relación de países que estarían en su agenda de viajes.

Durante la conferencia de prensa a bordo del avión papal en el vuelo de Roma a Filipinas, el Pontífice dijo que espera visitar al menos seis países de Sudamérica en dos viajes separados para los siguientes dos años.

En ese sentido, se indicó que Ecuador, Bolivia y Paraguay están siendo estudiados para un viaje; mientras que Chile, Argentina, Uruguay y posiblemente Perú están siendo anotados dentro de la agenda para visitarlos entre 2016 y 2017.

“Hemos pensado para este año, pero todo aún está en proyecto, ir a Ecuador, Bolivia y Paraguay. Estos tres países. El próximo año, Dios mediante, me gustaría ir a Chile, Argentina y Uruguay. Ahí está faltando Perú pero no se dónde lo podemos poner”, dijo el Pontífice

Sobre África, el Santo Padre dijo que “el plan es ir a República Centroafricana y Uganda. Estos dos, este año”.

El Pontífice llamó a este viaje “un poco atrasado”, revelando que si no hubiera sido por la epidemia el ébola, habría viajado más pronto a África.

“Es una gran responsabilidad realizar grandes concentraciones (por la posibilidad de) contagio, ¿no? Pero, en estos países no hay problema”, añadió.

El Santo Padre los llamó “hipotéticos” destinos, pero especificó que el viaje “será este año”. Asimismo, dijo que está planeando ir a fines de año para evitar la temporada de lluvia.

Por su parte, el Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, aclaró que los planes están todavía en sus etapas iniciales. “Todo es provisional, nada está todavía decidido”, señaló.

Tras las huellas de Teresa: Ávila, el Real Monasterio de Sto. Tomás

Ávila,
el Real Monasterio de Santo Tomás

Don Hernán Núñez Arnalte, tesorero y secretario de los Reyes Católicos, es el fundador de la parte más antigua del monasterio. Falleció antes de empezar su proyecto, y dejó un testamento en el cual pidió a Fr. Torquemada y a Doña María Dávila que continuaran su trabajo, construyendo un convento dedicado a Santo Tomás de Aquino, de la orden de Santo Domingo.

La edificación comenzó el 11 de abril de 1482 bajo la dirección de Martín de Solórzano. Se construyó el claustro del noviciado que por si solo ya podía constituir un convento.

Es fácil imaginarse que el proyecto de construir un convento con una iglesia costaba mucho dinero, y que el millón y medio de maravedíes que poseían Fr. Tomás de Torquemada y Doña María Dávila no era suficiente.

Entonces, los Reyes Católicos intervinieron para la edificación de la iglesia sobre todo en la capilla mayor, lugar destinado para el sepulcro del Príncipe Don Juan. Los Reyes participaron también en la construcción de los otros dos magníficos claustros: el del Noviciado y el del  Silencio. El tercero, el de los Reyes, cuyo destino fue servir de Palacio de Verano para la corte, alberga hoy un Museo de Arte Oriental de una gran riqueza.

Estos tres claustros con los que cuenta el Real Monasterio de Santo Tomás lo hacen único, al igual que el retablo del altar mayor de la iglesia   realizado por Pedro Berruguete, que es la obra más importante de la iglesia del Real Monasterio de Santo Tomás, conjuntamente con el sepulcro del Infante Don Juan, hijo de los Reyes Católicos. 



La nave principal de la iglesia es  una joya del gótico flamígero. El crucero, delimitado por cuatro columnas, semejando ramas de palmera, forma un joyero para el sepulcro del Infante Don Juan.  En las ocho capillas podemos encontrar esculturas como el sepulcro de los Ávila o el grupo que representa a Domingo de Guzmán y Francisco de Asís.   
 
Destaca también la Capilla del Cristo de las Angustias o de la Agonía, donde se conserva el confesionario que utilizaba Santa Teresa, y donde ella tuvo una visión el 15 de agosto de 1561, en la que la Virgen y San José la vestían con un manto azul y un collar, tema del retablo mayor de la iglesia de La Santa, también en Ávila
 

 

 

18 de enero de 2015

Los 5 errores de Obama en su nueva política cubana

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Los 5 errores de Obama
en su nueva política cubana

Carlos Alberto Montaner

La visita a Cuba el 21 de enero de Roberta Jacobson, subsecretaria del Departamento de Estado de EE.UU. para Asuntos del Hemisferio, encaminada a retomar oficialmente el diálogo con la dictadura de los Castro, será problemática. La diplomática, siempre muy preocupada por los temas de Derechos Humanos, llega a la Isla en una posición muy débil debido a que Obama entregó previamente todas las bazas de negociación con que contaba Estados Unidos. La señora Jacobson tendrá en su contra, por lo menos, los cinco peores errores de Barack Obama en su nueva política cubana.

▪ El primer error de Barack Obama es suponer que le puso fin a una política que no había funcionado.

Eso no es cierto. El propósito de liquidar el régimen comunista no existe desde 1964, cuando Lyndon Johnson terminó de un plumazo las operaciones subversivas contra Castro y puso en marcha una estrategia de “contención”, en alguna medida similar a la utilizada frente a la URSS, basada en tres elementos primordiales: propaganda, restricciones a las relaciones económicas y aislamiento diplomático.

Eran medidas de Guerra Fría contra un país que nunca ha dejado de combatir a Estados Unidos. Washington desde entonces no ha tratado seriamente de eliminar el castrismo. En la primera mitad de los noventa, cuando había desaparecido la URSS y el castrismo carecía de aliados, hubiera sido muy fácil ponerle fin a la dictadura cubana, pero a Bill Clinton no le interesaba erradicar el régimen vecino.

Pudo hacerlo, con el apoyo o la indiferencia de aquella Rusia de Boris Yeltsin y su canciller Andrei Kozyrev, cuando Castro desató el “balserazo” en 1994. Pudo hacerlo después en 1996, cuando derribó las avionetas de Hermanos al Rescate y autorizó el asesinato de varios norteamericanos en aguas internacionales. Pero Clinton ni siquiera consideraba a Cuba un país enemigo y se limitó a firmar la Ley Helms-Burton.

Cuba le parecía un anacronismo histórico, un fenómeno de Parque Jurásico, pero no estaba interesado en eliminar a ese gobierno de la faz de la tierra. Entonces prevalecía la idea de que se trataba de una tiranía decrépita que colapsaría con el tiempo. Era, pensaba, una verruga que se caería sola. No había que extirparla.

Tal vez Obama debió decir que cancelaba unas medidas de Guerra Fría contra un país que había superado ese periodo de la historia, pero ¿cómo explicar que en julio del 2013 detuvieran en Panamá un barco clandestinamente cargado en Cuba con 250 toneladas de pertrechos de guerra? ¿Cómo reclasificar como “país normal” a una nación calificada como terrorista, aliada de las peores tiranías islamistas –Irán, la Libia de Gadafi– que se confabula con Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua para articular una gran campaña antinorteamericana, como en los peores tiempos de la Guerra Fría? ¿No continúan en Cuba, protegidos por las autoridades, decenas de delincuentes norteamericanos, políticos y comunes?

Cuba no era un ex enemigo. Mantenía intacta su virulencia antiamericana.

▪  El segundo error ha sido cancelar esa política de contención sin tener una visión estratégica que defina con qué sustituirla y cuáles son los objetivos que se persiguen.

Es obvio que lo que debiera interesarle a Estados Unidos es que en esa isla tan cercana a sus fronteras, y que tantos percances le ha causado, haya un gobierno democrático, pacífico y políticamente estable, para que no se produzcan espasmos migratorios como los que ya han trasladado al 20 por ciento de la población cubana a territorio norteamericano. Costa Rica es un buen ejemplo de ese modelo de nación tranquila latinoamericana que describo.

Asimismo, lo conveniente para todos, y especialmente para los cubanos, es que en Cuba haya una sociedad próspera, desarrollada y amistosa, con la cual realizar muchas transacciones comerciales, mutuamente satisfactorias. La tonta “teoría de la dependencia”, caracterizada y resumida en Las venas abiertas de América Latina, carece de sentido. Para Estados Unidos lo preferible es una Cuba rica y sosegada, antes que una Cuba tumultuosa y empobrecida.

¿Se consiguen esos objetivos democráticos y estabilizadores potenciando a una dinastía militar empeñada en el colectivismo, el partido único y la falta de derechos humanos? ¿Se logra fomentar una sociedad rica ignorando que Raúl y sus militares se han dividido el aparato productivo a la manera mafiosa de Rusia? ¿No es obvio que, al no crear instituciones de derecho capaces de absorber los cambios y transmitir la autoridad ordenada, pacífica y democráticamente, esa isla está abocada a nuevas confrontaciones y conflictos a medio plazo?

Obama cree que ha resuelto un problema enmendando las relaciones con Raúl Castro. Falso: lo que ha hecho es aplazarlo. En el futuro próximo se presentarán otras crisis que arrastrarán a Estados Unidos. Así ha sido desde el siglo XIX. Es lo que ocurre cuando no se curan permanentemente las heridas.

▪  El tercer error es el daño que le ha hecho a la oposición democrática. Tal vez es el más grave de todos. Durante décadas, el mensaje de los disidentes más acreditados a la dictadura fue muy claro: “Sentémonos a conversar y entre cubanos busquemos una salida democrática. El problema es entre nosotros, no entre Washington y La Habana”.

A ese planteamiento –que, con matices, fue el de Gustavo Arcos, de la Plataforma Democrática Cubana, de Oswaldo Payá– el régimen respondía con represión y acusaciones de que se trataba de una maniobra de la CIA. Pero ese desenlace, como en Europa del Este, como en el Chile de Pinochet, como en la Nicaragua de 1990, era el mejor para todos, incluido Estados Unidos, y era el camino obvio para cualquiera que heredara el poder de los Castro, ambos ya en su etapa final por razones biológicas.

No obstante, para lograrlo, Washington debía mantenerse firme y remitir a la dictadura a la aduana opositora, cada vez que directa o indirectamente se insinuaba la posibilidad de la reconciliación. El problema era entre cubanos y debía solucionarse entre cubanos. Esto lo entendieron muy bien Bill Clinton y George W. Bush, los dos presidentes norteamericanos de la era postsoviética, y es lo que irresponsablemente acaba de invalidar Obama, eliminándole a la oposición toda posibilidad de ser un actor importante en la forja del destino de la Isla.

¿Para qué hacer reformas democráticas, dirán los herederos de Castro, si ya se nos acepta tal y como somos? ¿No declaró Roberta Jacobson, a nombre del gobierno norteamericano, que no se hacían ninguna ilusión con respecto a que los Castro permitieran las libertades? A los 13 días exactos de anunciada la reconciliación, el 30 de diciembre del 2014, la policía política cubana detuvo o inmovilizó en sus casas a unas cuantas decenas de intelectuales y artistas que trataban de realizar un performance en la Plaza de la Revolución. ¿Cuál es el incentivo que le queda a Washington para inducir el respeto a los derechos humanos, si ya ha hecho la mayor parte de las concesiones unilateralmente?

Lo dijo con toda claridad el alto oficial de inteligencia Jesús Arboleya, diplomático y experto cubano en las relaciones con Estados Unidos y Canadá, respondiendo a una entrevista que le hicieran en El Nuevo Día de Puerto Rico el 30 de diciembre del 2014. El periódico le preguntó si temía a la nueva política de Obama: “¿Por qué si antes, que tenían todo el poder para imponer sus valores, no les funcionó, les va a funcionar a partir de ahora?”.

La dictadura está eufórica. Siente que tiene carta abierta para aplastar a los demócratas sin pagar por ello el menor precio. Obama ha contribuido insensiblemente a debilitar a la oposición.

▪  El cuarto error es de carácter moral. Desde la época de Jimmy Carter, en Estados Unidos se fue generando una doctrina democrática para América Latina. Se planteó la excepcionalidad de la región a los efectos de defender la democracia y la libertad.

Estados Unidos, por razones estratégicas, o por realpolitik, podía no exigirle a China que tuviera un comportamiento democrático, pero, de la misma manera que América Latina podía ser declarada región libre de armas nucleares, era factible declararla libre de dictaduras y de abusos contra los Derechos Humanos.

Este espíritu culminó en la firma de la Carta Democrática Interamericana, suscrita por todos los países del Hemisferio en Lima el 11 de septiembre del 2001, el mismo día del ataque de los islamistas a Nueva York y Washington. En el documento, se describían los rasgos y comportamientos de las naciones aceptables para formar parte de la OEA. Cuba no cumplía con ninguno de esos requisitos. Era una despreciable dictadura calcada del modelo soviético-estalinista.

De alguna manera, el texto de esa Carta, en la que trabajó arduamente Estados Unidos, ponía fin a la tradición vergonzosa de permanente componenda entre Washington y las peores dictaduras latinoamericanas a lo largo del siglo XX: Trujillo, Stroessner, Somoza, Batista y un largo etcétera. Ya no tendría validez el cínico dictum de “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Tras la reconciliación entre Obama y Raúl Castro, Estados Unidos vuelve a las andadas. Hace en casa el gran discurso de la libertad, pero lo desmiente en su conducta diplomática. Es verdad que eso es lo que deseaban muchos países latinoamericanos, pero no deja de ser una pena que en las relaciones interamericanas no haya espacio para las consideraciones morales. Estados Unidos ha sacrificado inútilmente su posición de líder ético y ha regresado al peor relativismo moral. Una gran pena.

▪  El quinto error de Obama es de carácter legal. Estados Unidos es una República dirigida por los delegados de la sociedad seleccionados por medio de elecciones democráticas. Entre ellos el presidente es el principal representante de la voluntad popular, pero no el único. Hay un poder legislativo que comparte muchas de las funciones con la Casa Blanca, y existe una Constitución, interpretada por el poder judicial, a la que todos deben atenerse. Como sabemos, la esencia de la República es la división de poderes para evitar la dictadura y para obligar a la dirigencia a buscar fórmulas de consenso.

Es posible que las encuestas reflejen que una mayoría de la sociedad norteamericana apoya coyunturalmente la reconciliación con la dictadura cubana –como en 1939 la mayoría apoyaba la neutralidad frente a los nazis–, pero ese dato tiene una importancia relativa. Estados Unidos, insisto, es una República ajustada a derecho y es una democracia representativa. Eso es lo que cuenta y tiene muy poco que ver con las encuestas o con las decisiones asamblearias.

Pues bien: es muy posible que una parte sustancial de los dos años de mandato que le quedan al presidente Obama tendrá que dedicarlos a defender en la Cámara y en el Senado por qué engañó a la opinión pública y por qué engañó a los otros poderes del Estado, diciéndoles, hasta la víspera del anuncio junto a Raúl Castro el 17 de diciembre del 2014, que no haría concesiones unilaterales, a menos que la dictadura cubana diera pasos hacia la libertad y la apertura. No fue una maniobra diplomática silenciosa. Fue engañosa.

En las dos cámaras hay cinco congresistas y tres senadores cubanoamericanos, republicanos y demócratas que tienen un enorme expertise en el tema. ¿No debió el Presidente conversar previamente con ellos sobre su política cubana en busca de opiniones y consejos? ¿No existe la cordialidad cívica en la Casa Blanca? ¿Ni siquiera le merecía ese tratamiento el senador demócrata Bob Menéndez, chairman del Comité de Relaciones Exteriores del Senado?

Es verdad que la política exterior es una prerrogativa de quien ocupe la presidencia, pero los legisladores tienen un claro papel que desempeñar en ese campo y todos sienten que el presidente los ha estafado. Algunos legisladores, además, suponen que el presidente violó la ley y tratarán de demostrarlo.

Lo que Obama piensa que es parte de su legado –tener relaciones plenas y cordiales con una dictadura militar–, tal vez se le convierta en una pesadilla. Por lo pronto, es un terrible error en el que no había caído ninguno de los 10 presidentes que lo precedieron en el cargo. Por algo sería.

Reproducido de El Nuevo Herald, Miami

Islamofobia? Mas bien cristofobia y judeofobia


¿Islamofobia?
Mas bien cristofobia y judeofobia

Ramón Pérez-Maura

MOHAMED Merah, el yihadista que en marzo de 2012 perpetró una matanza en un colegio judío de Toulouse, causó una conmoción en Francia. Y al poco se empezó a hablar de islamofobia. Después de los atentados del 11-M en Madrid, se habló con insistencia del peligro de islamofobia. Tras el atentado contra «Charlie Hebdo» y la tienda kosher de París existe una enorme preocupación por la posible propagación de la islamofobia. Pues a día de hoy yo sólo puedo constatar que existe judeofobia y cristofobia. Pero no islamofobia. Y no veo a ninguno de esos políticos bien pensantes, de Merkel a Hollande, hablar de esas fobias que de verdad deben de ser las que nos preocupen.

Todos conocemos infinidad de ejemplos a lo largo de la historia y hasta nuestros días de atentados contra comunidades judías por todo el mundo. Bastantes de los cuales acaban con muertos a los que se finiquita su vida por ser judíos. En la hora presente estamos viviendo un genocidio en Irak y Siria de comunidades cristianas. Se les está asesinando por no ser musulmanes. Se les mata en nombre de Alá. ¿Por qué nadie se atreve a hablar de cristofobia? ¿Porque no es políticamente correcto?

Como no paramos de mejorar, he leído el pasado jueves en «El País» la última aportación intelectual a este problema. La ha engendrado el académico Juan Luis Cebrián y no tiene desperdicio. Según podía leerse en el diario que pertenece a la sociedad que él preside, en un acto reivindicativo de las víctimas de los atentados contra «Charlie Hebdo», Cebrián hizo también un llamamiento al Gobierno español y a la jerarquía religiosa para que la mezquita de Córdoba no deje de llamarse mezquita como pretende la Iglesia. «Hay que reclamar más tolerancia, menos fanatismos religiosos. Que el obispado de Córdoba deje de agredir a los españoles de Al Andalus. Es una ofensa innecesaria. Actitudes como esa son las que abonan las actitudes del odio y el fundamentalismo». O sea, que el fanatismo y el odio de los asesinos de París lo engendra el obispo de Córdoba. Insuperable.

Claro que yo no sé con cuánta efectividad se puede defender la libertad de expresión, pilar básico de nuestro sistema de libertades, cuando se hace un acto como el que describía «El País», evocando las víctimas de la revista satírica y no se hace la más mínima mención a los cuatro judíos muertos en esas horas por un tercer terrorista aparentemente compinchado. Parece ser que hay muertos de primera y de segunda categoría. Y los judíos están en segunda clase. Como ellos sólo estaban haciendo la compra, su muerte es menos relevante que las de la revista.

El islam no es una religión orgánica. No tiene un jefe supremo que la encabece e interprete. Hay múltiples islames. Y entre esos practicantes del islam hay una minoría creciente que cree que el islam les obliga a promover el califato por todo el mundo y asesinar a los infieles. Y ellos descalifican a los otros musulmanes con la misma legitimidad que los musulmanes que no creen en el califato les descalifica a ellos: su interpretación del Corán. Y en nombre de su Dios y para imponernos la sharía a usted y a mí, matan a cristianos y judíos y a muchos musulmanes que consideran desviados de la verdadera fe. Hace muchísimos años, siglos en realidad, que se dejó de matar en el nombre de Cristo. Como los judíos pueden estar casi en guerra con los palestinos, una guerra territorial como casi todas a lo largo de la historia del hombre. Pero no matan a quien no se convierte a su religión. Es más. Es bien difícil poder ser admitido en la religión judía. Pero el buenismo obliga a hablar de fanatismos por igual en un lado y en otro. No cuenten conmigo.

Je suis chrétien, seulement


Je suis chrétien, seulement

Es una ventana que muestra un horizonte oscuro, como cambiando los contornos de la esperanza por los trazos de la tristeza. Sus brumas nos imponen un rictus de preocupación, y en algunos casos un razonable miedo y sobresalto. ¿Qué cuadro nos dibuja este momento tras nuestro cristal blindado cuando nos asomamos al ventanal de estos días? Que la vida es vulnerable. Mucho. Que no hay paraguas atómico ni medidas de seguridad ante gente que decide segarte la vida si no te pliegas a sus dictámenes y credos. En nombre de un dios inexistente que se les aparece en el fantasma de su fanatismo para pedirles que maten al infiel a sangre fría o a sangre caliente, se alejan del verdadero Dios clemente y misericordioso, un Dios que no odia lo que Él ha creado y que siempre es amigo del hombre, como dice la Biblia. Por eso no hay fisura en la condena que tantos hemos hecho ante este último atentado contra la vida que ha asesinado vilmente a unas personas, independientemente de lo que ellas pensasen, creyesen, escribieran o dibujasen. La vida vale más que todo eso, es más sagrada que todo eso, motivo por el cual “eso” (lo que piensan, creen, escriben o dibujan) es menos importante, tan infinitamente inferior que jamás legitima que por ello te puedan asesinar.

Pero dicho esto, deberíamos abrir una reflexión sobre la indignación dolida de nuestro herido occidente ante este ataque por parte de unos extremistas radicales. La revista francesa L’homme nouveau ha publicado un artículo sereno, lúcido y valiente por firmarlo contracorriente cuando estábamos en el punto álgido de la tragedia de los asesinatos de París en estos días. Frente al eslogan que ha sido repetido por doquier como un mantra, esta otra revista francesa ha dicho lo siguiente: «Yo no soy Charlie: la libertad de expresión y la libertad de prensa no dan derecho a insultar, despreciar, blasfemar, a pisotear o burlarse de la fe o de los valores de los ciudadanos, ni a atacar de modo sistemático a las comunidades musulmana o cristiana.
 
No, yo no soy Charlie y nos choca ver a Mahoma como una boñiga con turbante o a Benedicto XVI sodomizando niños. No es cuestión de tolerancia o librepensamiento: el insulto es una violencia. Charlie murió por haber minimizado los riesgos del Islam radical. Pensó que por vivir en un país cristiano podía insultar de forma segura. Yo no soy Charlie, pero soy cristiano. No he pensado ni por un solo instante que tenían que morir, o que habían encontrado lo que merecían. Paz a sus almas y que Dios les acoja, si ellos quieren, en su misericordia. Pero yo no soy Charlie».

Yo sólo soy cristiano. Por eso condeno esta matanza, al tiempo que leo con agrado a los que tienen la lucidez de condenar los execrables atentados que han acabado con estas vidas, y tienen la libertad de denunciar también la violencia que entraña siempre el insulto, el desprecio, la mofa, la ridiculización, la blasfemia, todo lo que injustamente hiere hasta la ofensa los sentimientos y las creencias de las personas que los tienen y las profesan, porque esto a su modo también es violencia.

Hay gente que está siendo asesinada por estos fanáticos extremistas por tener sencillamente un nombre cristiano, una fe cristiana, una vida cristiana. En Siria, Afganistán, Nigeria, Libia… matan a cristianos, secuestran a niñas cristianas, expulsan a cristianos de su tierra, roban sus casas y sus iglesias, sin que casi nadie de Occidente lo denuncie, ni se hagan conjuras intergubernamentales, ni se convoquen manifestaciones callejeras, ni se lloren a los que inocentes de toda provocación y ofensa, son masacrados sencillamente por ser diferentes, por ser cristianos sin serlo contra nadie.

         + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
         Arzobispo de Oviedo, España