8 de diciembre de 2020

LA NOCHE DE LAS VELITAS

 

La noche de las velitas:




Redacción ACI Prensa

 

Durante la noche del 7 y la madrugada del 8 de diciembre, las casas y calles de Colombia se iluminan con miles de velas multicolores, en medio de un gran ambiente de fiesta.

Esta tradición de luces se conoce popularmente como “La noche de velitas”, el tradicional festejo en honor a la Inmaculada Concepción y que este año se vivirá de un modo diferente por la pandemia de COVID-19.

En este día las familias se juntan y encienden velas afuera de sus casas o las cuelgan para trazar el camino por donde pasará la Virgen. Se prepara una comida especial y en algunos lugares se reza el Rosario y se hacen novenas.

El origen de esta práctica se remonta a la bula Ineffabilis Deus que fue emitida en 1854 por el Papa Pío IX y donde se afirma que la Virgen María fue concebida sin pecado original. Se dice que en ese día los católicos de todo el mundo encendieron velas y antorchas para celebrar este acontecimiento.

En Colombia, desde 1854 el día de las velitas sirve para homenajear a la Virgen Inmaculada y es la celebración que marca el inicio de las festividades navideñas.

En algunas ciudades como Medellín se colocan luces a lo largo del río, y en Barranquilla se adornan las calles con velas. Las decoraciones y los desfiles que se organizan varían según la provincia. También se colocan banderas de colores blanco y azul. Estos colores son utilizados por la Virgen durante esta celebración.

Los colombianos que emigraron han trasladado esta tradición a los países de destino, enriqueciendo a otros pueblos con su gran amor a la Virgen María.

 

 


5 de diciembre de 2020




Origen e Historia
de las tarjetas postales navideñas 

Ana Dolores García

Ya ha comenzado la temporada navideña y con ella un cada vez más complicado quehacer para cumplir con las tradiciones que han enriquecido o desfigurado la Navidad a través de los siglos. Cuatro semanas de preparación al nacimiento de Cristo Jesús en las que el sentido religioso del “Adviento” cristiano como si se encogiera al mismo tiempo que el estrés se desborda con las tarjetas postales, la larga espera en oficinas de correos, y el decorar el hogar, comprar y envolver regalos, compartir y corresponder con fiestas, reuniones, comidas…

Se atribuye a Aristóteles el haber definido al ser humano como un “zoon politikón”, es decir, un animal político, más suavemente dicho: un ser sociable y comunicativo. Los primitivos somerios que se establecieron en la antigua Mesopotamia unos 3,000 años a.C., y que entre muchas otras cosas crearon la rueda, el ladrillo de adobe, el concepto de ciudad y la construcción de arcos, también inventaron la escritura cuneiforme. Al igual que el hombre de las cavernas plasmaba símbolos en las paredes de las cuevas, los sumerios escribieron sus mensajes en tablillas de arcilla. Eran generalmente “avisos” no tarjetas de felicitación, pero sin lugar a dudas, la milenaria evolución hasta nuestras tarjetas de felicitación la comenzaron ellos.

Wikipedia sintetiza las etapas siguientes informando que «la costumbre de enviar tarjetas de saludo se puede remontar a la primitiva China, donde desde muy antiguo se intercambiaban mensajes escritos de buena voluntad para celebrar el nuevo año, y a los antiguos egipcios, que también transportaban sus saludos a familiares y amigos en rollos de papiro.

A comienzos del siglo XV, las tarjetas de saludo hechas a mano en papel eran intercambiadas entre la alta sociedad de Europa. Se sabe que los alemanes tenían saludos de Año Nuevo impresos en madera (xilografía) desde 1400, y tanto poesías como felicitaciones hechas a mano en papel para San Valentín, eran intercambiadas en varias partes de Europa desde comienzos a mediados del siglo XVI.
Sin embargo, por el 1850, la tarjeta de saludo fue transformada de un regalo relativamente costoso, hecho a mano y entregado en mano a un medio popular y comprable y de comunicación personal, debido en gran parte a los avances en la impresión y la mecanización.»

¿Dónde y cuando aparecieron las primeras tarjetas de Navidad impresas? ¿Participarían María y José el nacimiento de Jesús a sus amistades? ¡No, qué va! Ni a los Magos de Oriente, porque a ellos los guió una estrella hasta Belén.
Al menos se ha podido averiguar que las primeras tarjetas navideñas se imprimieron en Londres y fueron diseñadas en Torquay, Australia. Habrá que ir hasta el Reino Unido según lo publicado en la página web de la BBC y llegar hasta el año 1843, en plena época victoriana:

« Sir Henry Cole era un hombre muy ocupado que trabajaba en la Oficina de Registros Públicos de Londres. Tan ocupado, de hecho, que no tuvo tiempo de escribir a toda su familia y amigos en Navidad. En 1840 se le ocurrió una idea: ¿Por qué no pedirle al conocido artista John Calcott Horsley que diseñara una tarjeta con un mensaje que pudiera enviar a la gente?

Horsly vivía en ese momento en Orestone Manor entre Torquay y Maidencombe. Fue allí donde se diseñó esa primera tarjeta. A cada lado de ella se muestran algunos pobres y una dama caritativa que les ofrece ayuda. En el centro hay una familia feliz tomando de una copa y disfrutando de las festividades navideñas. Las palabras impresas en la tarjea eran “Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo para ti”. Puede verse que no han cambiado mucho desde entonces.


La tarjeta se hizo tan popular que en 1843 se imprimieron mil de ellas para la venta comercial al precio de un chelín cada una, lo que la convirtió en la primera tarjeta navideña de producción en masa de la que se tiene noticia.

Sin embargo, no todo el mundo lo aprobó. Los puritanos se opusieron a la imagen que mostraba personas levantando una copa por Navidad. Esas objeciones fueron dejadas de lado. El resto, ¡es historia!

Por su parte y en 1860, Thomas Nast, el creador de la imagen de Santa Claus, organizó la primera venta masiva de tarjetas de Navidad, en las que también aparecía la frase “Feliz Navidad”. Fue en 1893 cuando la costumbre recibió la confirmación real, al encargar la Reina Victoria 1,000 tarjetas a una empresa británica.

La tradición también recoge que la primera tarjeta navideña probablemente se hizo en Alemania siglos antes, pero la tarjeta diseñada en Torquay es la que realmente marcó el nacimiento de la tarjeta navideña comercial.
Se cree que todavía existen unas doce tarjetas originales de Horsley. Una de ellas puede verse en la biblioteca nacional de Arte en Londres. (...Y al comienzo de este relato).

10 de abril de 2020

VÍA CRUCIS, ORIGEN E HISTORIA




VÍA CRUCIS
Origen e historia de esta devoción

Vía crucis viacrucis (en latín: «camino de la cruz») es una de las devociones o prácticas de oración más extendidas entre los católicos.  Refiere los diferentes momentos vividos por Jesús de Nazaret desde su prendimiento hasta su crucifixión y sepultura. La expresión se usa también comúnmente para expresar todo tipo de dificultades que se presentan en la vida cuando se quieren alcanzar ciertos objetivos.

También conocido como "estaciones de la cruz" y "vía dolorosa", se trata de un acto de piedad, un camino de oración que busca con la meditación de la pasión y muerte de Jesucristo en su camino al Calvario.

El camino se representa con una serie de catorce imágenes de la Pasión, denominadas estaciones, correspondientes a incidentes particulares que, según la tradición católica, Jesús sufrió por la salvación de la humanidad basados en los relatos evangélicos y la tradición. También se llama via crucis al recorrido de cruces que señalan un camino o una ruta donde se puede realizar este ejercicio piadoso.

La costumbre es hacer un recorrido grupal que puede tener lugar dentro del templo o por las calles, deteniéndose en cada estación y rezando una oración en cada una, una lectura de algún pasaje del evangelio y también un cuento. La piedad dejó o hizo que el arte produjera obras maravillosas para representar las distintas escenas del vía crucis.  

 Existen vía crucis monumentales en muchos lugares, como el vía crucis de Lorca, que finaliza en un lugar único en el mundo, el de Ortigueira, que recorre las principales calles de esta villa costera, acompañando a Jesús Nazareno, el Monte Calvario, cerro sobre el que se construyeron una serie de ermitas a comienzos del s. XVII como alternativa a los peregrinos que no pudieran desplazarse a Tierra Santa, o en Mérida. Otros vía crucis conocidos se encuentran en LourdesMontserrat.

La forma tradicional de esta práctica piadosa consta de las siguientes catorce estaciones:


·       Primera estación: Jesús es condenado a muerte.
·       Segunda estación: Jesús con la cruz a cuestas.
·       Tercera estación: Jesús cae por primera vez.
Cuarta estación: Jesús encuentra a su madre María.
·       Quinta estaciónSimón el Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.
·       Sexta estaciónVerónica limpia el rostro de Jesús.
·       Séptima estación: Jesús cae por segunda vez.
·       Octava estación: Jesús consuela a las mujeres que lloran por él.
·       Novena estación: Jesús cae por tercera vez.
·       Décima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
·       Undécima estación: Jesús es clavado en la cruz.
·       Duodécima estación: Jesús muere en la cruz.
·       Decimotercera estación: Jesús es bajado de la cruz y puesto en los brazos de su madre María.
·       Decimocuarta estación: Jesús es sepultado.

La costumbre de rezar las estaciones de la Cruz comenzó en Jerusalén. Ciertos lugares de la Vía Dolorosa (aunque no se llamaba así antes del siglo XVI) fueron reverentemente marcados desde los primeros siglos. Hacer allí las estaciones de la Cruz se convirtió en la meta de muchos peregrinos desde la época del emperador Constantino (siglo IV).

Según la tradición, la Santísima Virgen visitaba diariamente las estaciones originales y San Jerónimo, Padre de la Iglesia, escribió sobre la multitud de peregrinos de todos los países que visitaban los lugares santos en su tiempo. Sin embargo, no existe prueba de una forma fija para esta devoción en los primeros siglos.

Desde el siglo XII los peregrinos escriben sobre la "Vía Sacra", como una ruta por la que pasaban recordando la Pasión. No sabemos cuándo surgieron las estaciones según las conocemos hoy, ni cuándo se comenzó a concederles indulgencias, pero probablemente fueron los franciscanos los primeros en establecer el vía crucis, ya que a ellos se les concedió en 1342 la custodia de los lugares más preciados de Tierra Santa. Tampoco está claro en qué dirección se recorrían, puesto que, según parece, hasta el siglo XV muchos lo hacían empezando en el Monte Calvario y retrocediendo hasta la casa de Pilato.

Ferraris menciona las siguientes estaciones con indulgencias, que se fueron levantando en distintos lugares como escenario de devoción: En los siglos XV y XVI se erigieron estaciones en diferentes partes de Europa. El Beato Álvaro de Córdoba, fraile dominico (m. 1430), que en su regreso de Tierra Santa construyó una serie de pequeñas capillas en el convento dominico de Córdoba en las que se pintaron las principales escenas de la Pasión en forma de estaciones.

Por la misma época, la Beata Eustochia, clarisa, construyó Estaciones similares en su convento en Mesina. Hay otros ejemplos. Sin embargo, la primera vez que se conoce el uso de la palabra "Estaciones" utilizada en el sentido actual del vía crucis, se encuentra en la narración del peregrino inglés Guillermo Wey sobre sus visitas a la Tierra Santa en 1458 y en 1462. Wey ya menciona catorce estaciones, pero solo cinco de ellas corresponden a las que se usan hoy día, mientras que siete solo remotamente se refieren a la Pasión.

En los tiempos medievales, pocas de las Estaciones mencionan la segunda (Jesús carga con la cruz) ni la décima (Jesús es despojado de sus vestiduras). Por otro lado, algunas que hoy no aparecen, eran antes más comunes. Entre estas, el balcón desde donde Pilato pronunció Ecce Homo (he aquí el hombre).

Comprendiendo la dificultad de peregrinar a la Tierra Santa, el papa Inocencio XI concedió en 1686 a los franciscanos el derecho de erigir Estaciones en sus iglesias y declaró que todas las indulgencias anteriormente obtenidas por visitar devotamente los lugares de la Pasión del Señor en Tierra Santa las podían en adelante ganar los franciscanos y otros afiliados a la orden haciendo las Estaciones de la Cruz en sus propias iglesias según la forma acostumbrada (siendo el franciscano Leonardo de Puerto Mauricio su mayor propagador)
Inocencio XII confirmó este privilegio en 1694 y Benedicto XIII lo extendió en 1726 a todos los fieles. En 1731 Clemente XII lo extendió aún más permitiendo las indulgencias en todas las iglesias, siempre que las Estaciones fueran erigidas por un padre franciscano con la sanción del ordinario (obispo local).

Al mismo tiempo fijó definitivamente en catorce el número de Estaciones. Benedicto XIV exhortó en 1742 a todos los sacerdotes a enriquecer sus iglesias con el rico tesoro de las Estaciones de la Cruz. En 1773 Clemente XIV concedió la misma indulgencia, bajo ciertas circunstancias, a los crucifijos bendecidos para el rezo de las Estaciones, para el uso de los enfermos, los que están en el mar, en prisión u otros impedidos de hacer las Estaciones en la iglesia. La condición es que sostengan el crucifijo en sus manos mientras rezan Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria un número determinado de veces.

Estos crucifijos especiales no pueden venderse, prestarse ni regalarse sin perder las indulgencias, ya que son propios para personas en situaciones especiales. En 1857 los obispos de Inglaterra recibieron facultades de la Santa Sede para erigir ellos mismos las Estaciones con indulgencias cuando no hubiese franciscanos. En 1862 se quitó esta última restricción y los obispos obtuvieron permiso para erigir las Estaciones, ya sea personalmente o por delegación, siempre que fuese dentro de su diócesis.

Las Estaciones de la Cruz se pueden hacer con gran beneficio todo el año y son especialmente significativas durante la Cuaresma. Cada Viernes Santo, el Papa dirige las Estaciones de la Cruz desde el Coliseo en Roma para recordar a los mártires y nuestro llamado a seguir sus pasos.

Reforma de san Juan Pablo II

El Viernes Santo de 1991,  con la autoría de san Juan Pablo II, se creó un nuevo viacrucis con 15 Estaciones basadas todas ellas en momentos del Nuevo Testamento, ya que el primigenio se basa en pasajes recogidos de la Tradición cristiana, algunos recogidos en los evangelios apócrifos, entre los que se encontraban el encuentro de Jesús con María, su madre y el acto en el que la Santa Mujer Verónica le enjuga el rostro a Jesús.

Este nuevo viacrucis comienza con la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní y finaliza con la sepultura de Jesús. A veces, se añade una Decimoquinta Estación dedicada a la Resurrección de Cristo. Fue un intento de acercar ecuménicamente a todas las confesiones cristianas, y aunque se usa alternativamente al tradicional, en ningún caso lo ha sustituido.

 El nuevo via crucis es:

·       Primera Estación: Jesús en el huerto de los Olivos.
·       Segunda Estación: Jesús, traicionado por Judas, es arrestado.
·       Tercera Estación: Jesús es condenado por el Sanedrín
·       Cuarta Estación: Jesús es negado por Pedro
·       Quinta Estación: Jesús es condenado a muerte por Pilato
·       Sexta Estación: Jesús es flagelado y coronado de espinas.
·       Séptima Estación: Jesús carga la cruz.
·       Octava Estación: Jesús es ayudado por Simón el Cirineo a llevar la cruz.
·       Novena Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
·       Décima Estación: Jesús es crucificado.
·       Undécima Estación: Jesús promete su reino al buen ladrón.
·       Duodécima Estación: Jesús en cruz, su madre y el discípulo
·       Decimotercera Estación: Jesús muere en la cruz.
·       Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.
·       Decimoquinta Estación: Jesús Resucita de entre los muertos [Vigilias Pascuales].


4 de enero de 2020

¿EXISTEN LOS REYES MAGOS?





¿Existen los Reyes Magos?

Sí, Leslie, los Reyes Magos existen.


José Ignacio Rivero a Leslie Ricardo.


Querida Leslie:

 Pena me da decírtelo, pero tus amiguitas quizás tengan razón. Si tú no crees en los Reyes Magos, corres el riesgo de que los Reyes Magos no te visiten y se olviden para siempre de ti. Las cosas, Leslie, dejan de tener realidad cuando comenzamos a no creer en ellas. Tú ahora no lo comprendes porque eres una niña; mañana, estoy seguro de que sí.

Te han dicho tus amiguitas mayores que es absurdo aceptar la asombrosa rapidez con que unos cansinos camellos visitan en una noche de esperanzas a millones de niños; que es más lógico suponer que esos juguetes que aparecerán en millones de camitas la mañana del 6 de enero, habrán sido dejados ahí por las manos temblorosas de emoción de otros tantos millones de papás y de mamás que, al dejar los regalos, renuncian incluso a la gratitud de sus hijos atribuyéndoselos a los magníficos Reyes Melchor, Gaspar y Baltasar, que tan buenos fueron con el hijo de Dios cuando vino al mundo.

Esta versión ha sembrado en tu ánimo la duda; y ya no estás muy cierta de si son tus padres los que acordarán de ti esa noche venturosa o los tres monarcas orientales que tanto quieren a los niños que se portan bien.

Pues mira, Leslie, el que existan o no, ello dependerá de ti. Si crees en los Reyes, los Reyes existen y seguirán acordándose de que existe Leslie; pero si Leslie no cree en los Reyes, ¿por qué los Reyes van a creer en Leslie?

Con ellos te ha de suceder ahora lo que te acontecerá, cuando ya no seas niña, con infinidad de cosas en las que tendrás que poner una fe muy grande para estar segura de su existencia. Mañana ya no serán unos Reyes sino quizás un príncipe (¿qué hombre no es un príncipe para una enamorada?) que te ofrendará algo muy distinto de tus juguetes de hoy, y tendrás que creer en el amor, en la eternidad y en lo que parece más imposible: en la eternidad del amor.

Tendrás que creer, sí, pues de lo contrario te será negada esa tremenda y dolorosa dicha que consiste en asomarse a una ventana de fuego para percibir ligeras ráfagas y sordos murmullos del infinito y de la eternidad, esas dos dimensiones de Dios.

Cree, Leslie, cree en los Reyes Magos. Una de las razones porque el mundo está tan triste es porque los niños dudan demasiado pronto de que los Reyes vengan todos los años a la tierra y de que los hombres, muchos hombres, dudan de que hayan venido alguna vez.

¡Si supieras, Leslie, cómo se empobrece el mundo cuando los niños participan de la incredulidad de los hombres, cuando los hombres pierden la ingenuidad de los niños!

Antiguamente, Leslie, los hombres eran más sabios. Supieron enriquecer al mundo con bellas leyendas, y de cada una hicieron una antorcha, y con ellas lo alumbraban. De aquellas claridades aún estamos viviendo, y aunque infinidad de hombres yacen poseídos de la furia de apagarlas todas para asumir en las espantosas tinieblas de sus elucubraciones sin gracias, otros millones de hombres luchan por mantenerlas encendidas. Por eso, Leslie, vivimos aún con alguna claridad. Pero si algún día los niños todos de la tierra dejasen de creer en los Reyes Magos, y los hombres todos de la tierra dejasen de creer en el Niño que tuvo por cuna un pesebre, nos quedaríamos a oscuras como si el género humano hubiese perdido la vista o el sol dejase de alumbrar.

Si supieras, Leslie, lo que te ha de costar con el tiempo creer en la existencia de seres benevolentes que dan algo a cambio de nada, hoy te aferrarías a la idea sana de que existen tres seres reales que te dan algo al precio mínimo de que creas en ellos.

Te han dicho que son tus papás los que compran los juguetes y los ponen junto a tu cama. Si fuese así, no por ello dejarían de existir los Reyes Magos. ¿Quién ordena a los padres que premien a los hijos buenos sino Melchor, Gaspar y Baltasar? Tus padres no tendrían por qué comprarte juguetes en esta ocasión si no fuera por complacer a los Reyes Magos ¿Es que tus padres no te lo dan ya todo? Todo, todo, todo...¡Y a cambio de nada!

¿Quién puso en el corazón de tus padres por ti sino el buen Dios que hizo todas las cosas? Alguien te dirá que hasta los irracionales quieren a sus hijos. Pero es por breve tiempo. Al perro poco le importan sus cachorros, y la perra les disputará a dentelladas la comida, no bien puedan valerse por si mismos. Aunque entre los humanos, tribus hay donde los padres venden a sus hijos como si fuesen terneros, y en algunos países, fuertes y civilizados, donde no se adora a Cristo, los padres se valen de sus hijas para pagar sus deudas.

Los Reyes Magos existen, Leslie. Si fueran unos seres fantásticos, existirían también, porque no hay nada más real que la fantasía. Ella ha poblado el mundo de personajes que tienen mucha más vida que las miríadas de individuos que tus ojos pueden ver y tus manos tocar. Si un prodigio telúrico, desde algún remoto planeta se estudiase este otro en que vivimos, al referirse a, los seres que lo habitan quedarían registrados Don Quijote, Hamlet, Fausto, Don Juan, Ulises y un centenar más de personajes que, al decir del vulgo, no han existido nunca. Y es que los hombres de carne y hueso, querida Leslie, son tanto más reales cuanto más se aproximan a aquellos otros que forjaran o la fantasía de los poetas o el genio de los noveladores o la musa popular.

El mundo, Leslie, está hecho de quimeras, y dile a quien te diga que no existen los Reyes Magos que es un mentiroso delirante, pues existirán, Leslie, hasta que tú misma los destruyas.

Que ellos te colmen de dones, como compensación anticipada de las penas que te reserva la vida, son los fervientes deseos de este tu amiguito que cree en los Reyes Magos como una de las pocas cosas serias en que todavía se puede creer.

José Ignacio Rivero,
Diario de la Marina, 1940.

26 de diciembre de 2019

LA CELEBRACIÓN DEL NACIMIENTO DE CRISTO




La celebración del
Nacimiento de Cristo

Por Martín A. Cagliani
En el siglo II de nuestra era (100 años después del nacimiento de Cristo), los cristianos sólo conmemoraban la Pascua de Resurrección, ya que consideraban irrelevante el momento del nacimiento de Jesús y, además, desconocían absolutamente cuándo pudo haber acontecido.
Durante los siglos siguientes, al comenzar a aflorar el deseo de celebrar el natalicio de Jesús de una forma clara y diferenciada, algunos teólogos, basándose en los textos de los Evangelios, propusieron datarlo en fechas tan dispares como el 6 y 10 de enero, el 25 de marzo, el 15 y 20 de abril, el 20 y 25 de mayo y algunas otras.
Pero el papa Fabián (236-250) decidió cortar por lo sano tanta especulación y calificó de sacrílegos a quienes intentaron determinar la fecha del nacimiento del nazareno. La Iglesia armenia fijo el nacimiento de Cristo el 6 de enero, mientras otras iglesias orientales, egipcios, griegos y etíopes propusieron fijar el natalicio en el día 8 de enero.
Finalmente, dado que en el concilio de Nicea (año 325) se declara oficialmente que Jesús es una divinidad, ya que el Padre y el Hijo son el mismo, se decidió fijar el natalicio de Cristo durante el solsticio de invierno en el hemisferio norte, que por entonces se fijaba en el  25 de diciembre, fecha en que se festejaba el nacimiento de variadas deidades romanas y germanas.
Se tomó por fecha inmutable, durante el pontificado de Liberio (352-366), la noche del 24 al 25 de diciembre, día en que los romanos celebraban el Natalis Solis Invicti, el nacimiento del Sol Invicto, un culto muy popular y extendido y, claro está, la misma fecha en que todos los pueblos contemporáneos festejaban la llegada del solsticio de invierno. Las iglesias orientales siguieron y siguen festejando la Navidad el 6 de enero.
Con la instauración de la Navidad también se recuperó en Occidente la celebración de los cumpleaños, aunque las parroquias europeas no comenzaron a registrar las fechas de nacimiento de sus feligreses hasta el siglo XII.
En un principio la Navidad tuvo un carácter humilde y campesino, pero a partir del siglo VIII comenzó a celebrarse con la pompa litúrgica que ha llegado hasta hoy, creando progresivamente la iluminación y decoración de los templos, los cantos, lecturas y escenas piadosas que dieron lugar a representaciones al aire libre del nacimiento en portal de Belén, el famoso Pesebre.
Aunque la tradición nos ha llevado a creer que Jesús nació en el primer año de nuestra era, lo cierto es que no fue así, ni mucho menos, si nos atenemos a los únicos datos conocidos sobre el particular, eso es a las informaciones vagas y contradictorias reseñadas por sus biógrafos, Mateo y Lucas, que, además, situaron el domicilio habitual de José y María en dos lugares diferentes y muy distantes entre sí: Belén (Judea) y Nazaret (Galilea).
 El mismo Lucas relata en su texto el nacimiento de Jesús en dos fechas distintas, una en el año 6-7 d.C. y otra en el 4 a.C. De esta forma un mismo evangelista, en las cuatro primeras páginas de su texto, dató el nacimiento de Cristo en dos fechas separadas entre sí por un mínimo de 10 años. Mateo fijó el nacimiento de Jesús "en los días del rey Herodes" (Mt 2,1) y, por tanto, antes del año 4 a.C., durante el cual murió el monarca judío.
Los principales expertos actuales fechan el nacimiento de Cristo entre el año 9 y 5 a.C., habiendo un gran consenso alrededor del año 7 o 6 a.C. Lo sitúan en el contexto de la población judía de Palestina, y piensan que Jesús residió en Nazaret (Galilea), hasta la edad de cuarenta años, poco más o menos, trabajando en el oficio familiar de carpintero albañil hasta que lo dejó para ir al encuentro de Juan el Bautista, tras lo cual inició el corto período (alrededor de 2 años) de vida pública que relatan los Evangelios.
Si bien el lugar exacto del nacimiento de Jesús no se sabe, ya que los evangelista callan al respecto, una tradición cristiana tardía dio por cierta la suposición de que el nacimiento tuvo lugar en alguna de las muchas cuevas calizas que existen en las cercanías de Belén.
Habiendo sobrevenido el nacimiento de Jesús, según la tradición católica, mientras sus padres estaban refugiados en una cueva que contenía un pesebre por todo mobiliario, y estando aparentemente faltos de medios materiales y de calefacción (era invierno en esa zona), aparecen en escena los dos personajes infaltables en los pesebres, el buey y el asno, que con su aliento calentaron devotamente al niño recién nacido.
Esto es aceptado por la Iglesia, a pesar de que no figuran en ninguno de los Evangelios, sino en el evangelio apócrifo (no oficial) denominado Pseudo Mateo, del cual proviene el relato en el que está basado el pesebre que adorna todos nuestros belenes o nacimientos.
Recogido de ACIPRENSA