15 de febrero de 2016

Mario García Menocal

Hoy en Palmas Amigas hace 2 años
 
 
Presidente Mario García Menocal Deop

Por Marlene María Pérez Mateo

En 1913, tomó la presidencia de la República de Cuba, Mario García Menocal Deop, siendo su tercer presidente.

Nació en Jaguey Grande en 17 de diciembre de 1866. Como muchas familias cubanas la suya radicó en el extranjero durante la etapa colonial.  Estudió hasta graduarse como Ingeniero Civil en la Universidad de Cornell y formó parte de la fraternidad Delta-Kappa- Epsilon.

Ingresó en el Ejercito Libertador en Santa Cruz, en junio de 1895, alcanzando el grado de Mayor General. Luego de licenciarse del ejército se desempeñó como Jefe de policía Municipal  de La Habana y luego como inspector de Obras Publicas. Creó la Asociación Nacional de Veteranos del Ejercito Mambí en 1906. Encabezando a la agrupación Conjunción Patriótica fue electo presidente para el periodo 1913-1921. Promulgó en 1914 la ley de la Defensa económica y por ella se creó la moneda nacional y mas tarde la impopular implantación del Servicio Militar Obligatorio. Declaró la guerra a Alemania durante la primera guerra mundial y ello devino en un alza desmesurada del precio de la azúcar y de allí la “Danza de los millones o vacas gordas” y luego obviamente “Las vacas flacas”, la ruina bancaria.

Menocal profesionalizó la enseñanza en Cuba. Estableció la división entre escuelas públicas urbanas y rurales e introdujo la asignatura agricultura en la enseñanza y el servicio de los maestros ambulantes. Creó el sistema de Escuelas Normales con cátedra de oposición. Construyó en la Universidad de La Habana los pabellones de Astronomía, Física y Química.

Tras su periodo como presidente viajó por Europa. Fue profesor de Universidades en Norteamérica y se dedicó a los negocios de la industria azucarera. Luchó contra Machado y lideró la oposición a Batista. Murió el 8 de septiembre de 1941.

 Marlene María Pérez Mateo
 

Cuba: ajiaco, no caldosa

Roberto Fabelo, XII Bienal La Habana

Cuba: ajiaco,
nunca caldosa

Williams Iván Rodríguez Torres

En las últimas cinco décadas los cubanos hemos mal aprendido a no tomar las cosas por lo que son; tenemos doctorados en sacudir la mata por los gajos y no por el tronco, en darle al que no te dio, y en partir la soga por la parte más débil. Pareciera que somos másteres en brincar la talanquera, ponernos en la acera de la sombra, en mirar para el otro lado y cubrirnos de grasa deslizable; somos especiales a la hora de emitir criterios ajenos, o de permanecer como espectadores en un debate para dar “nuestra” opinión cuando sepamos de qué lado está la mayoría para ponernos de esa parte, aún sabiendo que creemos todo lo contrario.

En la Cuba de hoy todo es causa y efecto. Todo es parte de un engranaje que aunque no funciona, porque a veces marcha adelante, otras muchas lo hace hacia atrás, y otras tantas, apenas se percibe movimiento. Pero sin dudas es un mecanismo triturador y aplastante.

No soy ecónomo, ni dado a los números; soy solo un ciudadano más que es parte de la masa que constantemente ha sido aplastada por los mazos, por los que somos pasados una y otra vez para sacarnos hasta la última gota de jugo. Soy parte de la masa, pero no soy masa, soy individuo con criterio propio y con vivencias múltiples, casi incontables, como las de cualquier cubano a lo largo de esta isla.

Constantemente veo con dolor cómo se culpa a quienes son resultado y no causa, por ejemplo: Se culpa a los carretilleros de los altos precios. Es cierto que son elevados, ¿pero no son insuficientes los salarios? Se culpa a los merolicos de acaparar lo que se saca en las tiendas, ¿no será que existe un perenne desabastecimiento de todos los productos comenzando por los más necesarios y terminando por los más insignificantes? Se culpa a la población por el derroche de agua ¿No se derrama más en los miles, o millones de salideros en las conductoras y acometidas que en su mayoría tienen entre sesenta y cien años a lo largo del país? (dato ofrecido por el sistema informativo de la Televisión Cubana).
 
Criticamos constantemente el precio del transporte público, de los camiones, camionetas y autos privados, ¿no es peor el que le sube el precio al combustible y promete revisar el precio del mismo cada tres meses y no lo hace, aún cuando el precio en el mercado mundial ha bajado más del doble del precio que tuvo al tomarse la medida? ¿Quién será peor, el que golpea, o el que manda a golpear?

Los cubanos estamos en momentos de definición, aún cuando muchos simulan que nada está sucediendo; en lo que va de año el éxodo de compatriotas se ha cuadriplicado, o quintuplicado, al punto que alguien me comentó: Estamos ante un nuevo Mariel, otro Boca de Camarioca, o una nueva crisis de los balseros, con la diferencia que ese número creciente y significativo de hermanos que sale huyendo, lo hace por mar, por terceros, cuartos y cuantos países tenga que cruzar. Es preocupante ver el número de profesionales y deportistas que están abandonando sus colaboraciones, misiones o abusivos contratos oficiales en el extranjero. ¿Aún así insiste alguien en decir que nada está sucediendo?

Una vez más nos corroen la apatía y la desidia, la falta de proyectos de vida como individuos y el miedo a “coger el rábano por las hojas”, a enfrentar de cara la verdad, nuestra verdad, sin relativismos; de manera que no nos dejemos zarandear por las circunstancias, que no seamos veleta ante el cambiante viento, que antes soplaba del este-noreste, luego del suroeste y hoy casi de un norte franco.

Nadie tiene derecho a decidir por nosotros, nadie tiene derecho a hablar por nosotros, nadie es dueño de esta isla y su destino. Solo estas once millones de almas pueden ser capaces de enrumbar el futuro. Nadie, ni de adentro, ni de otras tierras tiene derecho a someternos a lo que fue un malogrado proyecto de nación a su antojo. Nadie ha de traernos de afuera un proyecto para nuestro futuro. Nos toca a nosotros reconstruirlo, reconstruirlo con la ayuda de todos aquellos que estén dispuestos a darnos la mano, donde las arbitrarias prohibiciones y los caprichos queden fuera.

Invito a cada hermano cubano a mirar a su alrededor, basta ser un poco observador para ver lo que fue este país durante los primeros cincuenta años del siglo pasado. Miremos nuestras ciudades, la arquitectura y las construcciones que heredamos de aquellos que se esforzaron en la construcción de un país que permaneció a la vanguardia de este continente y de la misma manera, veamos qué va quedando de aquel esplendor, qué nos queda de nuestras ciudades colmadas de vertederos, baches, parques oscuros, monumentos ultrajados, cientos de edificios en peligro de derrumbe, zonas industriales en ruinas y abandono. El deterioro es de San Antonio a Maisí.
 
Lo más triste de todo es que a mi entender, esa destrucción es solo la física, la material; la cual a lo largo de estos casi eternos cincuenta y tantos años ha tenido miles de justificaciones, o de culpables externos. Pero la vida no es para pasarla quejándonos, o buscando culpables, es para encontrar soluciones, para resolver las dificultades que se nos presenten, con ingenio y ayuda, sin soberbias y caprichos que a nada conducen, solo al fracaso. Quien no es capaz de resolver las crisis de su casa, que le entregue las llaves al vecino. La historia nos lo ha mostrado de la manera más cruda.

Mucho más preocupante es que de esa misma manera se ha ido destruyendo el alma de la nación, una nación domesticada, pero de alma rebelde, un país de personas emprendedoras que apostaron al proyecto equivocado, pero capaz de despertar y salir adelante sacudiéndose el polvo de la larga caída, del letargo que va pasando.

Espero que por el bien de nuestros hijos, las divisiones de los cubanos por la política termine más temprano que tarde, que nuestro parlamento sea plural y representativo, donde se apele a la voluntad del único a quien se debe servir, el pueblo y no al gobierno. Espero que para un futuro cercano Cuba pueda ser dirigida por un gobierno incluyente, no por un partido único y rector. Confío en que el desarraigo de la juventud quede atrás, que sean los jóvenes de hoy quienes hagan carrera política inclusiva y no de vetos, cercas y alambradas.
 
Ojalá y los cubanos de hoy acabemos de hacernos conscientes de que nuestros hijos no tienen por qué seguir escapando, ojalá y no sigamos permitiendo que nuestra nacionalidad siga siendo caldosa donde todo está batido, apachurrado y sin identidad propia, mejor que sea ajiaco donde hay de todo, pero donde todo se identifica, donde cada ingrediente difiere de los demás enriqueciendo el sabor. Tomemos conciencia para que los que se han ido puedan regresar y nadie más tenga que marcharse de Cuba.

Williams Iván Rodríguez Torres (Pinar del Río, 1976).
Técnico en Ortopedia y Traumatología.
Artesano
 Revista Socio Cultural Convivencia
Enlace: Dagoberto Valdés Convivencia

14 de febrero de 2016

Señor, no me dejes caer en la tentación

Señor, no me dejes caer en la tentación
de abandonarte y olvidarte,
ni de dejar de saber que eres mi fuerza,
ni de abandonar la oración
creyendo que no escuchas mis plegarias.
 
Que no sea más importante lo  material que lo espiritual,
que no dé mas importancia a las cosas que a Ti.
Que el ruido no sea mas fuerte que el silencio,
que las dificultades no sean mayores que mi fe.
Que la caridad salga siempre por mis manos
y que mis labios siempre te alaben y te bendigan.
Javier Leoz, betania.es

13 de febrero de 2016

¿Ya viene llegando... el Zika?


 
¿Ya viene llegando… el Zika?
 
Alejandro Rodríguez Rodríguez
 
Por alguna razón, y según declaran los que pueden declarar, el virus del Zika no ha llegado aún a Cuba.
 
“Hasta el momento no se han detectado casos con sospecha clínica o epidemiológica”, dijo el director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud, en un reportaje publicado hoy por el diario Granma.
 
¿Por qué todavía no tenemos a Zika en Cuba?… bueno, puede ser que el tipo tenga miedo a que le quiten la mitad de su Ácido Ribonucleico en la Aduana, o que esté esperando turno para venir en un crucero nuevasrelaciones de estos que entran al puerto de La Habana.
 
En cualquier caso la probabilidad de que llegue pronto es bastante alta, y la de que se riegue como mismo se riega el Dengue también. Anda ya por 26 países del área y en cualquier momento se tira aquí y nos muerde, de modo que deberíamos informarnos lo mejor posible sobre este virus.
 
Su nombre, por ejemplo, no aporta a una adecuada percepción del riesgo. Compárelo con “Sarampión”, “Malaria”, “Sífilis”: pronúncielos en voz alta y escúchese… ¿No es verdad que esos sí suenan a enfermedades temibles?
 
Pero “Zika” no; Zika suena demasiado noble: a juguete electrónico japonés, a marca de carro barato o de zapatilla plástica china,…a futbolista brasileño de segunda división, a cualquier cosa menos al virus superrecontrapeligroso que es en la vida real.
 
Debían haberlo bautizado con un nombre más espantante, porque detrás del nombrecito guanajo ese, ya Zika logró lo que no lograron juntos sus medio-hermanos con calificativos terroríficos, Dengue y Chikungunya: la OMS lo tiene en la categoría de emergencia sanitaria, la misma en que estuvo el Ébola el año pasado.
 
De llegar— o cuando llegue—, Zika se va a encontrar aquí con un pueblo heroico y muy culto en materia de tenerle odio al mosquito que lo transporta, y con un Sistema de Salud Pública que ya hace casi todo cuanto puede para controlar los focos de propagación de enfermedades mosquitosas.
 
Es muy triste ser un pueblo tan culto y heroico, y con un Sistema de Salud tan bueno, y que entonces venga un bicho de mierda que no pesa un gramo a tumbarnos el helado de la barquilla…
 
En Cuba los periódicos, funcionarios de Salud Pública y mensajes de bien público en la televisión, no suelen ponderar el uso de repelentes industriales para evitar la picadura del Aedes.
 
Pasa que el producto no se comercializa en cantidades notables, que no alcanza a tanta demanda de isla tropical, y en virtud de lo anterior, alguien entiende que es contranatura invitar a la gente a echarse lo que no tienen. Cosa similar a la supuesta justificación del por qué los políticos cubanos no tienen cuentas de Twitter.
 
Sin embargo, más contranatura me parece el hecho de no brindarle a la gente información útil que puede llegar a ser vital.
 
Ante la ausencia de repelentes, hay quien se levanta por la mañana y se traga 6 Polivit de un solo palo, o 4 pastillas de vitamina B, porque les contaron que el exceso de vitaminas se excreta a través de la piel, y que ese sudor apestoso es perceptible y rechazado por el mosquito.
 
Entonces uno se pregunta:
¿Será que llegaremos a embadurnarnos la piel en manteca de tenca o aceite quemado para evitar que el Aedes nos pique y fastidie constantemente con nuevos y cada vez más jodidos virus?
 
¿Cuesta tanto fabricar o importar el puñetero repelente industrial, para que sirva de última cortina, después del autofocal voluntario, la fumigadera obligatoria, la “tela-metálica-plástica” en cada hueco de la casa y el mosquitero sobre la cama ahogando de calor al pueblo sin aire acondicionado?
 
¿Si el Zika es tan pero tan peligroso, no deberían las autoridades sanitarias ponerle nuevos detalles al asunto, y plantearse una línea de contención más amplia, en vez de hacer solo lo mismo que siempre han hecho y recomendar a la gente lo mismo que siempre recomiendan, y que si antes no fue suficiente es poco probable que ahora lo sea?
 
Me gustaría encontrar esas respuestas leyendo la última página del Granma, porque la campaña y la épica social antivectorial estarán muy bien, pero algo tiene que poder hacer la gente, en el orden individual, para no sufrir daños colaterales a la actitud del vecino que no le abre la puerta al fumigador, o al fumigador que vende los insumos de su trabajo en la puerta del vecino.
 
Para mí es puro sentido de autoconservación: ahora mismo tengo un imán que atrae microbichos donde debería ir un sistema inmunológico, y si llega el Zika, y se masifika… ¡Dios me guarde!
Alejo3399.com

10 de febrero de 2016

Cuaresma: 40 días para crecer en el amor a Dios y al prójimo

 
 
Conviértenos Señor,
a una vida mejor y mas feliz,  
a una oración mas sincera y mas frecuente,  
a una solidaridad mas cristiana y provechosa,
a una Iglesia mas santa y verdadera,
a una vida mas austera y menos artificial,
a una verdad frente a la mentira,
a tu Palabra que nos salva y nos da vida,
conviértenos, Señor.

Javier Leoz, betania.es

9 de febrero de 2016

Final del carnaval: el entierro de la sardina


El Entierro de la Sardina, Francisco de Goya
 
Final del carnaval:
El entierro de la sardina

Estos días de Carnaval en muchas localidades de España y hasta de la América hispana asistimos al popular ENTIERRO DE LA SARDINA, una fiesta pagana cuyos orígenes se remontan nada menos que al siglo XVIII, cuando al rey Carlos III se le ocurrió organizar una fiesta un Miércoles de Ceniza con el propósito de que el pueblo cumpliera con el deber de no comer carne durante la Cuaresma.

A la fiesta mandó llevar sardinas, pero el día fue tan caluroso que todo el producto se perdió, hasta tal punto que no pudieron degustarse por el olor que desprendían. Inmediatamente el rey ordenó enterrarlas en la Casa de Campo. Este hecho, lejos de aguar la fiesta, la animó de tal modo que desde entonces, año tras año, se celebra esta curiosa procesión.

A partir del Miércoles de Ceniza, según la tradición cristiana, se inicia la cuaresma (los cuarenta días de ayuno anteriores a la Pascua), sustituyendo el consumo de carne roja por pescado y marisco. Pocos años después del fallecimiento de Carlos III, Nicolás Appert descubriría el sistema de conservación de los alimentos. El rey no hubiera tenido el problema con la sardina, pero nos hubiéramos perdido una jubilosa celebración.

Hay también otras explicaciones sobre esta festiva costumbre que precede al inicio de la cuaresma.  

El historiador Gómez Salazar plantea una explicación que tiene mas que ver con lo político que con lo religioso. Parece que Grimaldi, el último de los ministros de Carlos III, apodado como “la sardina” por su delgadez y su atildada figura luciendo tisú de plata, cuando abandonó España fue despedido por el pueblo de Madrid con una mascarada en la que el citado hombre llevaba una sardina.

Otra versión sobre el origen  nos explica que la costumbre de enterrar la sardina nació hace tres siglos en Madrid durante las fiestas que se celebraban para anteceder a la Cuaresma. Tal día como hoy se reunía la gente en el campo y lo que se enterraba, en efecto y como reclama la lógica, no era un pez, sino un cerdo abierto en canal al que se llamaba “cerdina“. La tradición se fue extendiendo por otros pueblos y ciudades del país, en forma oral y, confundiendo los términos, la “cerdina” acabó en sardina, y así, por la vía de la confusión lingüística, la sardina se ha convertido, sin lugar a dudas, en la protagonista del final de las fiestas de carnaval.

Cualquiera que fuese el origen, lo cierto es que esta tradición echó raíces. En 1839, Mesonero Romanos describe la fiesta y a las personas que la celebran con todo tipo de detalles, desde el pelele que previamente había estado expuesto ante la vista de todo el barrio hasta los coros que acompañaban y seguían a la extraña procesión.  

7 de febrero de 2016

¿Un "cubano" en la Casa Blanca?

 
¿Un “cubano” en la Casa Blanca?

Carlos Alberto Montaner

Donald Trump, víctima de un acceso de furia, había decidido no acudir a un debate entre republicanos de la cadena Fox. Ante esa circunstancia, a Chris Matthews, notable periodista de la televisión norteamericana, se le escapó frente a la cámara un comentario racista: “¿quién quiere ver una discusión entre dos cubanos?”. Luego presentó excusas y pidió que lo perdonaran.

Se refería a los senadores Marco Rubio de Florida y Ted Cruz de Texas, dos de los candidatos favoritos, hijos de cubanos. Los padres de Rubio son unos laboriosos inmigrantes de origen humilde, mientras los de Cruz lo forman un matrimonio mixto. Él es un ingeniero cubano convertido en pastor evangélico y ella una estadounidense nacida en Delaware. Cruz ni siquiera habla español.

En efecto, como entonces se dijo mil veces, si hubieran sido dos judíos, dos afroamericanos o dos viejos anglos blancos, Matthews no se hubiese atrevido a decir una cosa así. Tampoco si se hubiera tratado de dos mujeres, dos homosexuales, o dos religiosos. El freno de la “corrección política” habría funcionado de manera automática e instantánea.

En todo caso, el periodista norteamericano mentía. Ni Rubio ni Cruz son cubanos. Son absolutamente norteamericanos. Llevan en su memoria social el equipamiento necesario para asumir de manera auténtica la identidad que el país les otorga a sus habitantes naturales: el conocimiento absoluto de la lengua, el relato histórico, los mitos y leyendas, los cantos infantiles, la literatura y la cultura popular. Todo.

Sólo que tienen algo más. Como buenos nativos del país, asumen “el discurso” de Estados Unidos desde cierta perspectiva e influencias extranjeras. Eso sucede siempre. ¿Cuánto de Irlanda había en la personalidad norteamericana de John F. Kennedy? Los abuelos de Trump nacieron en Alemania (el apellido originalmente era Drumpf) y, aunque no tendría sentido presentar al candidato como un germano-americano, ¿por qué creer que ningún elemento de su naturaleza y comportamiento procede de ese origen por vía del aprendizaje?  

A mi juicio, el matiz cubano de los antecedentes familiares de Rubio y Cruz, al margen de la otra gran lengua y cultura del Nuevo Mundo, lo que nunca está de más, les agrega un elemento valioso desde el punto de vista moral y los hace portadores de personalidades complejas, como le sucede a cualquier persona que crece en un ámbito sacudido por una experiencia estremecedora.

Han escuchado en sus casas las trágicas historias de una sociedad devastada por el totalitarismo y el mal gobierno –sus familias han sido víctimas de este modo monstruoso de estabular a la sociedad–, y seguramente le conceden un valor especial a la libertad individual y al rule of law. Aprendieron que donde no se respetan las leyes y las instituciones todos están abocados a la catástrofe en algún momento de la vida.

Supongo que a Bernie Sanders, muy familiarizado con el Holocausto por su condición de judío, le sucede algo similar. Su padre perdió a unos cuantos familiares polacos durante la barbarie nazi. Los asesinaron. Esa oculta cicatriz en el corazón de Sanders seguramente no le sobra si le tocara gobernar.

Él sabe, en carne propia, o en la de sus parientes lejanos, el peligro de la gente dogmática dispuesta a imponer sus prejuicios a sangre y fuego. Ese triste bagaje, como el que se transmite en los hogares de origen cubano, es útil a la hora de ejercer el poder, especialmente hoy que en el Medio Oriente se alarga la sombra criminal del Estado Islámico.

Es curioso que el presidente Obama esté a la búsqueda de su legado. Lo tiene desde el momento mismo en que resultó elegido. No ha sido el mejor presidente, y no hay duda de que ha cometido numerosos errores en la conducción de la política exterior, pero, junto a un desempleo por debajo del 5%, le deja al país el hecho importantísimo de haber roto con la tradición de enviar siempre a la Casa Blanca a varones blancos de origen más o menos “anglo-sajón”. Él fue el primero.

Su elección encajó en la realidad norteamericana actual, mucho más variada y mestiza, en la que no ya no caben los viejos estereotipos. De ahí que en las elecciones generales del próximo noviembre, si la candidatura de Donald Trump es derrotada en el proceso de primarias del partido republicano –algo que muchas personas inteligentes desean ardientemente por el bien del país–, y si se mantiene la tendencia observada en las primarias de Iowa, es probable que se enfrenten un norteamericano de padres cubanos y una mujer o un judío.

 
¡Viva esa democrática variedad!
 
© El Blog de Montaner

 
 
 
 
 
 
 

 

6 de febrero de 2016

Centenario de la Muerte de Rubén Darío

Centenario de la Muerte de
Rubén Darío
Carlos Marsal

Con el paso del tiempo, los escritores que sobreviven en la memoria colectiva del universo lector adquieren cierta condición marmórea: en el panteón de los ilustres, se transforman en efigies solemnes. Es el caso de Rubén Darío (Metapa, Nicaragua, 18 de enero de 1867- León, Nicaragua, 6 de febrero de 1916), de quien hoy se cumple el primer centenario de su muerte.

Los frecuentadores de «Luces de bohemia», además, sufrimos una huella psíquica inevitable, y Rubén se nos aparece caracterizado como en la obra teatral de Valle-Inclán; una suerte de tótem precolombino, hermético y borrachín, que en sus raptos de lucidez emite agudas sentencias acerca de la vida y la muerte, y que por lo general contesta a las preguntas de sus interlocutores con una exclamación de elogiosa perplejidad: ¡Admirable!

La biografía de Rubén corresponde punto por punto a los requisitos del perfecto modernista. Se llamaba en realidad Félix Rubén García Sarmiento. El «Darío» proviene de un mote de familia: un tatarabuelo llevó ese nombre, y desde entonces todos los descendientes fueron los Daríos. De haberse tratado de un torero español, el asunto se habría zanjado del modo siguiente: Rubén de Darío. Pero el niño, desde muy pequeño, apuntaba maneras de poeta: aprendió a leer a los tres años y publicó su primer soneto, «Una lágrima», a los trece, en el diario «El Termómetro», de la ciudad de Rivas. Lo criaron sus tíos abuelos, Bernarda Sarmiento y Félix Ramírez, porque sus padres, Rosa Sarmiento y Manuel García, se separaron pronto y desaparecieron de su vida. Por lo visto, don Manuel era muy aficionado a mezclar el alcohol con las visitas a las casas de caridades amorosas.

Estrecheces domésticas

Como mandan los cánones del artista finisecular, Rubén se pasó la vida entera tratando de sortear las estrecheces domésticas, mediante colaboraciones periodísticas y el desempeño de labores diplomáticas de cartón piedra, procuradas por sus amigos y protectores. El presidente colombiano Miguel Antonio Caro, por ejemplo, lo nombró, en el año 1893, cónsul honorífico en Buenos Aires. Fue uno de sus mejores empleos, según el propio Rubén, porque en aquellos tiempos apenas residían colombianos en la Argentina, y las transacciones con el país eran inexistentes. De manera que pudo dedicarse en cuerpo y alma a sus principales pasiones: la literatura, la bebida y las mujeres.

Rubén fue a lo largo de su existencia un viajero contumaz por toda Centroamérica, Europa y los Estados Unidos. Más tarde o más temprano, regresaba a su patria, donde desde muy pronto se le solía recibir con honores y agasajos triunfales de gloria nacional, porque por aquel entonces aún se creía, con razón, en algunos rincones de la tierra, que los poetas significaban un bien público, un patrimonio con el que educar en la belleza del idioma propio a las generaciones venideras.

En diciembre de 1881 llegó a Managua por primera vez el joven Rubén Darío, para que el Estado dilucidara si debía o no marchar a París, a costa del erario público, con la idea de convertirse en poeta oficial. La idea no prosperó y Rubén se entregó a la bohemia. En uno de sus devaneos conoció a Rosario Murillo, con quien mantuvo desde entonces amoríos intermitentes. Se casó por vez primera en San Salvador, en 1890, con Rafaela Contreras, hija de un reputado orador local. El general Ezeta tuvo la cortesía de aplazar el golpe de estado que derrocó al día siguiente al presidente salvadoreño Francisco Menéndez, para así poder asistir como invitado al banquete nupcial. Como puede inferirse de los hechos, por aquel entonces el golpismo hispanoamericano no estaba reñido con la buenas maneras en sociedad.

Rafaela Contreras murió en 1893, y Rubén regresó a Managua, para reemprender sus amores sincopados con Rosario Murillo. Pero la familia de Rosario, que no veía con buenos ojos aquellos alborotos sentimentales, obligó a la pareja a contraer matrimonio y a ingresar en el universo del decoro. Ahora bien, durante una de sus residencias en España, Rubén conoció a Francisca Aguirre, una campesina analfabeta, mientras paseaba por la Casa de Campo en busca de la inspiración al aire libre, y cayó muerto de amor. Desde entonces, pese a no estar divorciado de Rosario Murillo, Francisca fue su compañera hasta el final de sus días.

Con sus tres libros imprescindibles -«Azul» (1888), «Prosas profanas» (1896) y «Cantos de vida y esperanza» (1905)- Rubén moldeó el lenguaje poético español contemporáneo, que, con la excepción de Bécquer, se inclinaba hacia la ranciedad retórica. Los jóvenes modernistas españoles de la época (Juan Ramón Jiménez, los hermanos Machado, Valle-Inclán) lo supieron ver y adoraron su poderosa novedad. La revolución de Rubén proviene tanto del hecho de apropiarse en español de la gran poesía francesa de la época -el romántico Víctor Hugo y los poetas simbolistas y parnasianos-, como de la voluntad de llevar la lengua hasta el extremo de sus posibilidades sonoras. Salvando las distancias, su drástico experimento es sólo comparable al de Góngora en el Siglo de Oro. El verbalismo de Rubén representa la antonomasia de lo melodioso en español, por su pericia musical, por su inclinación hacia la palabra exótica, por sus caprichos métricos y rítmicos. Fue, a grandes rasgos, un celebrador de la existencia, porque contemplaba el mundo con ojos sensuales, a pesar de sus prospecciones meditativas.

Como en sí mismo al fin, reposa para siempre en la gloria, ese mausoleo insípido. Metapa, la ciudad en que nació, hoy se llama Ciudad Darío.

3 de febrero de 2016

Nos merecemos a Sánchez

Nos merecemos a Sánchez
Salvador Sostres

Los españoles merecemos que Pedro Sánchez haya recibido el encargo de formar gobierno. Es exactamente lo que merecemos. Un país que da 90 diputados a un PSOE liderado por un mequetrefe tercermundista e indocumentado, y 69 a la extrema izquierda anticapitalista y -valga la redundancia- merece un escarmiento, aunque sea en forma de susto, porque aunque todo puede suceder, parece poco probable que Sánchez pueda lograr los apoyos que necesita.

Merecemos, nos merecemos que el Rey le haya acabado encargando a Pedro Sánchez, merecemos vernos en este espejo de nuestra propia mediocridad, en este espejo degradante, humillante para cualquier sociedad articulada. Lo peor en España no ha sido la crisis, sino la gente. Ese histerismo. Esa virilidad en entredicho. Esa ingratitud que es la característica de los pueblos bárbaros, de la tribu.

Es cierto que el Partido Popular ha descuidado durante sus últimos cuatro años su agenda política, que ha tenido casos de corrupción, y que podría haber ido un punto más allá en la reforma y adelgazamiento que sin duda precisa la administración del Estado.

Lo peor en España no ha sido la crisis, sino la gente. Ese histerismo. Esa virilidad en entredicho

Pero Mariano Rajoy llegó a La Moncloa cuando España vagaba perdida en su noche más oscura, con la economía destrozada, la moral por los suelos y unos horizontes francamente poco halagüeños. Y mientras una Rosa Díez tremenda -nunca vamos a olvidarlo- agitaba el espantajo del rescate, como si prefiriera nuestro mayor sufrimiento a cambio de tener razón; y en Cataluña la espuma secesionista parecía estar a un paso de lograr sus objetivos, el presidente del Gobierno tuvo el acierto y el aplomo de trabajar sin hacer ruido y sin perder la calma, desoyendo a los que le acusaban de no hacer nada, e insistiendo en su receta que se ha demostrado cierta: España es hoy un país que goza de una salud económica remarcable, con unos notables índices de crecimiento y que por supuesto necesita seguir tomando medidas serias y no siempre fáciles para consolidarse. En Cataluña, la estrategia marianista de no añadir leña al fuego, se ha demostrado la correcta, y el independentismo, cuando no ha podido crecer en el agravio del enemigo, se ha hecho un lío.

Todo ello lo han podido conseguir el presidente Rajoy y su gobierno sin altercados remarcables, con tranquilidad en la calle, y sin que en ningún caso ni en ninguna esfera la sangre llegara al río. Entre lo vertiginoso de la situación y las histéricas del otro extremo que le pedían mano dura, ha sabido mantener un muy meritorio equilibrio.

Si la respuesta de la sociedad española a estos logros es darle a la izquierda invertebrada 159 diputados, más los dos de Izquierda Unida, más los ocho de Democràcia i Llibertat, que se supone que vienen de la burguesía catalana, resulta innegable que nos encontramos ante un conjunto de individuos que como los niños buscan los límites, y juegan a tocar el fuego, por ver si de verdad quema. Que una auténtica nulidad como Pedro Sánchez esté formalmente negociando un gobierno es una derrota salvaje para lo que se supone que es un país civilizado.

Es una tendencia muy española hacerse un lío completamente innecesario cada tantos años. Es una tendencia bastante extraña, pero no poco habitual si repasamos nuestra Historia.

Esperemos que esta vez, con la humillación de Sánchez intentándolo, tengamos bastante, y no buceemos en los terribles errores de nuestro pasado, que tan trágicas y nefastas consecuencias nos procuraron.

 

Desde el "in-xilio"

 
Desde el “in-xilio”
Wendy Guerra

Y entonces se van

Cierras la puerta y te despides de todo. Te despides, incluso, de lo que se habló en el último minuto e incluye el resumen de tu propia vida. Tratamos de enmendar todo lo que se pueda para que sea un final feliz.

¿Pero por qué te dejan?

Por las mismas razones que te irías tú misma. Se van también por hacer menos pesada la carga de esta balsa, isla con agravantes, doloroso deseo que sucumbe y emerge, nos pare y nos impulsa, nos remite al mundo sin fecha de regreso. A ese ser que se despide le queda un largo viaje que ignoras, un tránsito que incluye los procesos más dolorosos y versátiles que haya vivido hasta el momento.

¿Y a ti, qué te espera?

He aquí lo que algunos no vieron. He aquí lo que pasa cuando parten sin ver nuestro teatro, nuestro soliloquio en el in-xilio, nuestro modo de acomodarlos allí dentro del alma y del país.

El drama no termina con la confesión de que parten, con el minuto de la despedida, ese es solo el inicio del desprendimiento.

Empiezas por recordar su cara cada amanecer. Una a una las pecas y las venas de las manos, cierta cicatriz en las rodillas y un rictus en los labios que te hace llorar. Tú eres y has sido parte de su angustia. No puedes perderlo, la desmemoria no te puede quitar a ese ser que se ha ido, su cuerpo significa parte de tu cuerpo, su alma es el testigo de todo lo que sabes de ti, incluso de lo que ignoras y él te recuerda.

Las fotos de los que se fueron no deben ser vistas en un día lluvioso y melancólico, sin alguien que te ayude a curarte, a levantarte

¿No habrá una cura que impida fugarse? Cuatro generaciones no han encontrado el antídoto.

En el que fuera el cuarto de los niños existe un museo de las pérdidas. Ese espacio fue destinado para almacenar todo lo que ellos nos dejan.

Un lienzo que no permitieron sacar, las tazas de cierta vajilla incompleta, los abrigos de verano que no nos sirven ni allá ni aquí, los diarios de un ex asaltante o ex asaltado ¿Por qué no conservarlos? Ahí descansan los objetos que no deben perderse. Es la prueba de que ellos existen y de que yo soy el nexo.

Las fotos son el arma mortífera, la granada más peligrosa, porque esa bomba sí que puede explotarte en la cara, sobre todo los domingos por la tarde a eso de las siete de la noche. Las fotos de los que se fueron no deben ser vistas en un día lluvioso y melancólico, sin alguien que te ayude a curarte, a levantarte. Las fotos son el peor veneno de esta larga y penosa enfermedad para la cual nadie conoce cura.

Sales de la casa pensando que conversar con viejos amigos puede ser el mejor de los alivios. Ellos recuerdan lo que tú recuerdas. Paseas, respiras, vives en una zona céntrica, caminas varias manzanas, buscas las calles que antes recorrías abrazada por… las casas han cambiado de dueño, esos nombres residen en otras direcciones y esos hogares ya no lo son, y si hoy siguen siéndolo, las habitan nuevos rostros que no logras identificar. La música alta te despide sin preguntar, el silencio te borra del portal, te sacude.

Regresas a casa pensando que todo esto es una pesadilla.

Abres la guía telefónica, buscando apellidos que puedas identificar, marcas, por fin da timbre, alguien toma la llamada.

– Oigo, hola. Digo desde aquí.
– Oigo. Respondo también yo.
Puedo reconocer mi voz, se trata de mí. Estoy sola en la ciudad.

Escritora cubana residente en La Habana. Reproducido de su propio blog.